DISCLAIMER: Los personajes y serie no me pertenecen, son propiedad de Julietta Suzuki. Únicamente el fic es de mi entera propiedad, no se aceptan adaptaciones y/o plagios. Muchas gracias.

SUMMARY: Serie de Drabbles sin co-relación. El lenguaje de las flores ha llegado para representar la primavera, donde cada uno de nuestros personajes se encontrará con una flor especial que dará la personificación de cada uno de los episodios. Nanami es inocente como el lirio, Mizuki se siente abandonado, una rosa roja le dará un tono picante a nuestra pareja preferida ¡Y mucho más!

° La anémona significa abandono.

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«En la segunda primavera, la anémona reemplaza al narciso de mejillas descoloridas por la muerte del invierno.»

Anémona

Era un día soleado, no había nubes y la temperatura era perfecta para salir a pasear. Era sábado y los deberes en el templo acababan de finalizar, al menos para la Diosa de la tierra que miraba satisfecha los frutos de su trabajo, ni una pizca de tierra se asomaba por entre las rendijas de las maderas del templo. Debían de tener una bien merecida recompensa, pensó.

Claramente no fue del todo una buena idea el ir a decírselo a su familiar zorro, que siempre estaba ocupado en quién sabe qué. Apenas terminó de decir su "increíble idea" llegaron los gritos.

—¿Y si tú te vas entonces quién se queda a cuidar el templo?

—Onikiri y Kotetsu pueden cuidarlo, sería solo esta tarde. Además hace tiempo que no salgo de paseo.

—Un templo sin un Dios no parece más que un chiste, no irás y punto. No puedes irte sola. —el zorro miró, desafiante, a su maestra. No creía que se atreviera a contradecirlo.

El silencio se hizo presente durante algunos segundos. Los ojos de Nanami perdieron su brillo y comenzó a mostrarse resignada, era cierto que ir sola perdía bastante la gracia. Himemiko estaba en una cita con Kotaro y sus amigas probablemente seguirían durmiendo ¿Qué más daba?

Comenzó a encaminarse de vuelta a la sala, al menos podría deprimirse viendo televisión, solo unos cuantos pasos más y…

—¡Yo te acompañaré, Nanami-chan!

¿Lo que sus oídos acababan de escuchar era real? ¿No estaría simulando ella misma la voz del ojiverde? Volteó su rostro solo para comprobar que quien se encontraba allí parado era su familiar serpiente que, como siempre, cargaba su jarrón con sake.

—¿En serio, Mizuki? ¿Vendrías conmigo? —los ojos de la castaña destellaron nuevamente mientras terminaba de girarse hacia su oyente.

—Por supuesto Nanami-chan, así Tomoe-kun no tendrá problemas con dejarte ir sola, ¿No es así? —el albino molestó a su compañero sacándole la lengua, un pequeño tic comenzó a aparecer en la ceja del ojivioleta al intentar contenerse para no golpear a la serpiente.

—¿Ya terminaste tus deberes? —de no ser así entonces no podrían irse ni de chiste. El zorro sonrío para sí mismo por su astucia.

—Claro, terminé hace horas y me senté a descansar. —Mizuki contestó de la manera más distraída posible, como si le hubiese costado mucho trabajo limpiar los jarrones del templo.

Luego de que Tomoe casi golpeara a Mizuki por no haber hecho nada en tanto tiempo y de que Nanami interrumpiera la pelea, finalmente se les permitió irse. Al menos así el zorro podría relajarse y no tendría que preparar el almuerzo esta tarde.

—¿A dónde iremos, Nanami-chan? —el albino se acercó a su maestra, mirando todo lo que ella metía en su bolso.

—¡Al acuario! —gritó la castaña, emocionada—Verás que te va a gustar, hay muchos peces y puedes mirarlos todo el día. Comeremos algo en el camino y estaremos volviendo al anochecer.

Luego de que su compañero asintiera y terminara de preparar todo, se encaminaron hacia dicho lugar.

El viaje fue largo y entretenido. Tuvieron que ir a la capital de Japón y tomar el metro hasta el acuario, esquivando a las personas e intentando que el pelo blanco de Mizuki no llamase demasiado la atención. Entre risas y algunas indicaciones pudieron llegar a destino, el tan afamado acuario.

—¿Y ahora qué, Nanami-chan? —Mizuki veía, asombrado, el enorme lugar sin saber bien lo que debía hacer.

—¡Ahora hay que disfrutar!

Nanami tomó la mano de su acompañante y lo guío al interior del lugar. Todo estaba bellamente adornado con la temática del mar y su fauna, estrellas marinas cubriendo las paredes y algas simulando ser cortinas, era precioso.

Vieron los enormes estanques, alimentaron a algunos patos silvestres y admiraron a los cardúmenes. Nanami no paraba de sacarle fotos a todo, estaba tan feliz de que por fin pudiese ir con alguien al acuario. Lo cierto es que la actitud de Mizuki al ver todo le resultaba tan infantil que era imposible no contagiarse de aquella energía.

La noche caía poco a poco y los visitantes empezaban a irse. Las familias se retiraban con los niños dormidos sobre sus hombros y bolsas repletas de abrigos que no se había puesto. Los locales comenzaban a cerrar y una voz casi irreconocible anunciaba: Muchas gracias por su visita, esperamos que se hayan divertido. ¡Hasta pronto y buen viaje!

—Mizuki, creo que es hora de que nos vayamos. Dentro de poco cerrarán. —Nanami dejó de mirar el parlante para ver a su acompañante, que seguía ensimismado en una de las peceras más coloridas del lugar. —¿Mizuki?

—Ese pez… Me gusta ese pez. —el ojiverde miraba, embobado, un punto fijo en aquel lugar. Uno que Nanami no supo encontrar.

—¿Mmm? ¿El que tiene franjas azules? —ese era el hábitat de unos peces color azul, casi fluorescentes y que llamaban mucho la atención.

—No, el que está en el suelo y tiene esas… Esas cosas largas y esponjosas arriba.

—Ah, la anémona —al fin supo de qué se trataba—. No es un pez, es una planta marina —corrigió.

—Eso… ¿Sabes? Me da algo de pena, es la única de su tipo que está aquí. Ningún otro pez se le acerca, de hecho la evitan… —algo en su tono cambió, se notaba desanimado— Me recuerda a mí.

—¿A ti? —la Diosa no entendía del todo bien.

—Sí, a mí. Porque así me sentía cuando tenía mi templo bajo el agua, ningún Dios venía a visitarnos y, aunque había otros templos en el mismo lugar, nunca repararon en el de Yonomori-sama. Eso me entristecía. —los ojos del chico comenzaban a opacarse, realmente extrañaba a su antigua Diosa.

—Bueno, yo no creo que seas como la anémona—la ojicanela atrajo la atención de su compañero, que la miraba algo sorprendido. —. No eres una anémona porque nos tienes a nosotros ¿Recuerdas? Tienes a Onikiri, a Kotetsu, Tomoe… Me tienes a mí—agregó—. Puede que Yonomori se haya ido, pero no te dejó del todo solo porque pudiste encontrar amigos y un nuevo templo donde vivir. —Nanami abrazó ligeramente a Mizuki, intentando consolarlo. —Nosotros nunca te vamos a abandonar, ¿Escuchaste?

Mizuki dejó ir una ligera lágrima y enterró su rostro en el cuello femenino.

—Muchas gracias, Nanami-chan.

El acuario cerrará en los próximos diez minutos. Muchas gracias por su visita, esperamos que se hayan divertido. ¡Hasta pronto y buen viaje!

Ya era hora de irse.

FIN