Disclaimer: Nada me pertenece

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02. Paso a paso

De entre todas las sorpresas que le podía haber dado la vida, esta es una que jamás se habría esperado: su hermanita pequeña también tenía poderes. Sinceramente, Cornelia no sabía de qué se sorprendía tanto; William, al igual que su hermana mayor, también tenía el don de la magia, y la teoría que habían estado manejando era que el pequeño lo llevaba en la sangre.

Cornelia suponía que, al fin de cuentas, que Lillian pudiera usar la magia no era tan importante. También suponía que se lo tendría que contar a sus padres un día de estos, tanto lo de Lillian como lo suyo, pero de momento se contentaba con enseñar a su hermanita a usar sus nuevos poderes.

Todo era diferente desde entonces. Toda su vida se la habían pasado peleando la una con la otra, pero era como si este nuevo secreto que compartían las hubiera unido más que nunca. A Lillian le encantaba, saber hacer algo que el resto de sus amigas no podrían hacer ni aunque quisieran aprender.

– ¿Seguro que no se lo puedo contar a nadie?– le dijo Lillian, como siempre.

– Ya te he dicho que no, es peligroso.

– ¿Ni siquiera a Sharon?

– Ni siquiera a ella. Y además, ¿para qué quieres contárselo a nadie, enana? Algunos de los niños en la escuela que tienen tu edad.

– No es lo mismo – murmuró Lillian. – Sharon es mi mejor amiga, no ellos.

Cornelia soltó un suspiro y abrazó a su hermana pequeña. No era que no se fiera de Sharon, era una buena chica, pero ella era una hermana mayor y, como toda buena hermana mayor, era bastante protectora con su hermana, sobre todo ahora que compartía un secreto con su hermana que no debe de ser descubierto por la persona equivocada. Verdaderamente, ella había tenido suerte de que sus amigas hubiesen resultado ser también Guardianas o la reina perdida de un mundo mágico.

– Lo sé, enana.