Hola a todos. Lo primero, me gustaría daros las gracias por las reviews que habéis escrito, me alegro mucho de que os haya gustado mi fic. Espero que disfrutéis el segundo capítulo tanto o más que el primero
Empecé a abrir los ojos, poco a poco, intentando no deslumbrarme con la luz de la habitación. Me había quedado dormido mientras Makoto me secaba el pelo. Me sentía muy a gusto mientras me lo secaba, pero nunca pensaba que me quedaría dormido en una situación así. Giré la cabeza para mirar detrás de mí, Makoto se había tumbado y se había quedado dormido también. Me levanté del suelo y dejé la toalla colgada de la silla que había enfrente del escritorio. Ya levantado pude observar mejor a Makoto. Su cara mientras dormía tenía una expresión muy calmada, si me lo preguntasen nunca lo admitiría pero diría que hasta era adorable la forma en la que dormía. Con cuidado de no despertarle, me senté en el borde de la cama, por su posición diría que siguió secándome el pelo y luego se tumbó para descansar, aunque se quedó dormido, aún tenía las piernas colgando fuera de la cama.
Aproveché para mirar su cara más de cerca. Su piel se veía suave y se notaba que estaba bien cuidada, tenía la boca entreabierta y respiraba por ella mientras dormía, sus labios eran finos y tenía unas pestañas algo largas para ser un hombre. Algunos mechones de pelo le caían sobre la frente, cuando fui a retirarlos me di cuenta del pelo tan suave que tenía, a pesar de nadar en la piscina casi todos los días no lo tenía estropeado sino que estaba muy bien cuidado.
Me había quedado embobado observándolo un buen rato, así que decidí volver a la realidad y me senté erguido otra vez. No podíamos dormir de esa manera, por lo que tenía que despertar a Makoto. Puse mi mano en su hombro y empecé a zarandearlo.
-Makoto, despierta, tenemos que abrir la cama para poder dormir.
-Ha…Haru…-Se levantó poco a poco frotándose los ojos-Lo siento, me he quedado durmiendo mientras te secaba el pelo.
-Deberíamos abrir la cama y acostarnos ya.
-Sí, tienes razón, se nos ha hecho bastante tarde.
Retiramos la colcha dejando solo las sábanas, era verano por lo que no hacía tanto frío como para taparse con algo más grueso. Apagamos las luces y nos tumbamos, los dos dándonos las espaldas. La cama no era pequeña, pero no era tan grande como para que estuviésemos los dos durmiendo muy anchos. Nuestras espaldas se tocaban. La espalda de Makoto era cálida, pero a pesar de ser verano no era un calor agobiante, el calor de Makoto era un calor reconfortante. Cada vez que sentía su calor daba la impresión de que no tenía por qué preocuparme más por nada, de que él estaría ahí para ayudarme y protegerme de todo lo que pudiese pasarme, a su lado dormía seguro, aunque sabía que de todas formas no tenía nada por lo que preocuparme mientras dormía.
Sentí la necesidad de dar la vuelta en la cama, de dormir mirando hacia Makoto, así que lo hice. Habíamos sido amigos desde la infancia y teníamos confianza, no debía resultar extraño que conociéndonos de tantos años no intimásemos ni aunque fuese un poco, dormir juntos de esa manera debía ser algo natural entre amigos que se conocían de hace ya tiempo. O al menos eso es de lo que intentaba convencerme a mí mismo. Me volteé mientras seguía repitiendo en mi cabeza que lo que estaba haciendo eran cosas normales para dos personas que se conocían de hace tantos años. Extendí mis brazos para poder rodear toda su espalda mientras trataba de acomodarme en ella, primero pasé mi brazo derecho por debajo de su costado, luego pasé el brazo izquierdo por encima de él, hasta acabar sujeto firmemente con mis brazos. Makoto así se sentía mucho más cálido, notaba su corazón latiendo en las palmas de mis manos, bajé mi cabeza de la almohada al colchón, para poder hundir mi cara en su espalda. La espalda de Makoto era ancha por lo que me había costado rodearla, aún así una vez que lo había hecho me sentía reconfortado. Había dejado de autoconvencerme una y otra vez sobre el mismo tema, solo quería relajarme y dormir tranquilo.
Los latidos de Makoto empezaron a ir cada vez más rápidos, parecía que el corazón se le iba a salir del pecho en cualquier momento.
-Haru, ¿qué estás haciendo?-Su voz sonaba algo nerviosa, no era el tono calmado que Makoto siempre tenía.
-Tenía ganas de dormir para el otro lado y tu espalda es cálida y cómoda. ¿Estás cómodo así?
-Estoy bien así, no tienes de qué preocuparte.
-Entonces mejor, buenas noches Makoto.
-Buenas noches, Haru
Al poco rato me quedé dormido abrazando a Makoto, tengo la impresión de que, aunque yo dormí perfectamente, él no pudo pegar ojo en toda la noche.
La luz que entraba por la ventana llenaba el cuarto. Bostecé y empecé a frotarme los ojos. Me sentía muy ancho en la cama, al poco me di cuenta de que era porque Makoto ya no estaba tumbado a mi lado. ¿Dónde estaba? ¿Por qué no me había dado cuenta de que se había ido? Me levanté de la cama y fui a buscarlo, quizás ya había bajado a desayunar porque veía que no me despertaba. La cocina estaba vacía, al igual que el salón o el estudio. No había nadie en la casa. Me dirigí a las escaleras, antes pasando por el baño, pero entonces me choqué contra alguien que justo salía de él. Era Makoto. Llevaba una toalla atada a la cintura y otra sobre los hombros, se estaba secando el pelo. Intentaba no mirar a otro sitio que no fuese su cara, en vano, mis ojos no paraban de distraerse mirando su cuerpo. Sus músculos estaban bien definidos a causa del entrenamiento diario, en la piscina se notaban más aún. No es que mirase a Makoto solamente, como capitán debía estar al tanto de la forma física de cada uno, pero no puedo negar que no me fijase más en Makoto que en los otros dos.
-Parece que ya te has despertado, Haru. Como aún estabas durmiendo no quería despertarte para decirte que me iba a dar una ducha.
-Me he preocupado porque cuando he bajado a mirar dónde estabas no había nadie.
-Mis padres se han ido de excursión con Ren y Ran hace ya unas horas, por eso solo estamos tú y yo en la casa.
-Tengo algo de hambre.
-¿Quieres que desayunemos?
-Por mí sí.
-Voy a subir a vestirme ¿Quieres que te preste ropa para cambiarte?
-No, no de momento estoy bien con esto. Empezaré a preparar el desayuno.
Fui para la cocina mientras Makoto subía las escaleras para ir a su habitación. Era imposible para mí estar ahí mientras se vestía. Aunque intentase negarlo cada vez, hacía tiempo que me había dado cuenta de que estaba enamorado de Makoto. Había pasado sin que me diese cuenta, no sé si por culpa de todos los años que llevábamos juntos o por cualquier otra cosa, pero simplemente había pasado. No tenía planeado contárselo de momento, no sabía de qué manera reaccionaría Makoto, o sí, a partir de mi confesión, se sentiría incómodo con nuestra relación. A la vez solo quería que se diese cuenta de mis sentimientos y abordase él el tema. Es muy incomodo sentir esto por alguien con quien he pasado tanto tiempo y tengo tantos recuerdos.
-¿No puede él sentir lo mismo?-me pregunté mientras seguía haciendo el desayuno.
