Me despierto con el sonido de fondo de lo que parece ser un documental. Deduzco que es un documental porque la voz del narrador es inconfundible. Grave, profunda, neutra… Intento estirarme, algo incómodo. Es entonces cuando me doy cuenta que estoy tumbado en el sofá. Inhalo el olor a cuero y junto a él, percibo un ligero toque a café y a cerezas.

Incorporo torpemente la cabeza. Tengo un libro sobre mi regazo, abierto. Debo de haberme quedado dormido en el sofá mientras leía. Me percato de que la habitación está tenuemente iluminada. Deben ser las cinco de la tarde.

¿Dónde estará ella? Agudizo mi oído. Oigo pasos descendiendo por las escaleras del loft. Ahí está. Entrada triunfal que no puedo ver. Maldito respaldo del sofá.

Vuelvo a apoyar la cabeza contra el cuero y cierro los ojos. Me concentro en oír sus pasos descalzos sobre la madera. Si no me equivoco, se dirige hacia la cocina diáfana. Se para. Debe de estar cogiendo algo. Y está feliz. ¿Que cómo lo sé? Canturrea. Muy bajo, pero audible. Sonrío para mí. El tintineo de unas tazas me dice que ha preparado café. Nuestro pequeño ritual… Entonces el sonido molesto de su móvil estropea la belleza y simplicidad de la escena. Suelta una maldición. Toso. Me giro, quedando tumbado de costado. El libro se cae al suelo.

- Beckett.

Me encanta la manera con la que coge el teléfono. Tan directa. Tan dispuesta a cumplir con el motivo de la llamada.

- No, no. No me interrumpes… Espera…

Oigo que se acerca. Me hago el dormido, pero tengo los ojos entrecerrados. Llega hasta donde estoy. Con un rápido movimiento apaga la televisión. Sujeta el móvil entre su mejilla derecha y su hombro. Coge un bolígrafo de la mesilla y se dispone a anotar algo en la pequeña libreta que lleva en la mano.

- Lo tengo… Sí, yo aviso a Castle.

Intento no sonreír al oír mi nombre. Me mira por el rabillo del ojo. Está de pie, al lado del sofá. Deja la libreta sobre la mesilla y cuelga después. Se pasa una mano por el pelo, agitándolo. No tiene ganas de ir. Recoge el libro del suelo.

Vuelve a desaparecer de mi vista. Me muevo un poco. Dejo que uno de mis brazos cuelgue del sofá, mientras que el otro lo posiciono contra mi pecho. Me doy cuenta que Kate sigue con lo que estaba haciendo. Las tazas comienzan a llenarse de café. Sus pasos vuelven a oírse. Regresa a mi lado.

La porcelana toca la madera. Noto cómo se hunde una pequeña porción del sofá, situada junto a mi cadera. Siento el roce de su cuerpo contra el mío. Luego su mano llega hasta mi costado derecho y comienza a masajearme lentamente. Sabe perfectamente cómo despertar a alguien de la manera más dulce. Gimo suavemente. Doblo una pierna.

- Rick…

Se acerca más a mí.

- Sé que estás despierto.

Su respiración alcanza la piel de mi cuello. Coloca un beso sobre el ángulo de mi mandíbula.

- Tenemos que irnos.

Abro los ojos. Comienzo a acariciar con lentitud el brazo con el que me ha despertado.

- ¿Quién era? –mi voz suena dormida.

- Ryan.

Con su otra mano, intenta peinar mi cabello. Inevitablemente cierro los ojos.

- No. Tenemos que irnos.

Deja de hacerlo. Vuelvo a abrirlos justo a tiempo para ver esa pequeña sonrisa.

- Bébete el café y nos vamos, gran Rick.

Se inclina para besarme. Intento captar sus labios. Prolongar el beso. Se separa otra vez con esa sonrisa y se levanta. Alcanzo a cogerla de la mano para que aún no se vaya.

- ¿Puedo conducir?

- Ni lo sueñes.

Había que intentarlo.


Este ha sido más largo que el anterior. Espero que lo disfrutéis. Un comentario siempre es bienvenido. Sugerencias incluidas. Merci (: