SHAORAN
Solo una última vez. Si pudiera, me gustaría volver atrás en el tiempo e intentarlo una vez más...
-¿Te gusta lo que haces?
Ojalá las cosas hubiesen sido diferentes. Yo podría haber sido un gran hombre; alguien capaz de decidir por sí mismo y avanzar en la vida.
-Dime ¿Te gusta?
Pero había gente como esa, que decidía por sí misma, y gente como yo, que se limitaba a hacer lo que más le convenía, lo quisiese o no. Y ahí estaba, de nuevo, haciendo lo que me convenía, como siempre.
-¿Te gusta?
La tercera era la vencida, miré al pobre desgraciado y sonreí, aunque sabía que él no podía verme por tener los ojos vendados.
-Más o menos, realmente no importa demasiado.
Estiré el brazo para alcanzar la daga que se encontraba sobre el pequeño escritorio. Todavía me sorprendía que lugares como estos, que solo servían para saciar los placeres de personas sucias e impúdicas, contaran con pequeños escritorios de madera. Y creo que no es necesario decir más que eso para que se entienda donde me encontraba.
-Debería importarte.
-¿Ah sí?
Pasé las yemas de mis dedos sobre el frio metal. Me encantaba esa sensación. Era una verdadera lástima tener que usar esta preciosura para algo tan cruel...
Suspiré y me dispuse a comenzar mi trabajo. Después de todo, no era algo que pudiera retrasar por más tiempo, o yo tendría problemas más tarde. Una sonrisa traviesa escapó de mis labios mientras apoyaba en su garganta el arma que acabaría con su sufrimiento.
El cuerpo de él se tensó y se removió en la silla, como quien sabe que está indefenso ante una amenaza letal.
Me sentí mal por el idiota. Había tenido la mala suerte de tratar con las personas equivocadas. O quizá no ¿Qué me aseguraba que era su culpa?. Tal vez él no había hecho nada malo, y todo esto fuese un capricho de alguna de las personas que yo tanto odiaba.
-Perdóname...- Mi susurro desapareció junto con su vida cuando corté sin piedad la carne de su cuello. Un corte limpio, como a mí me gustaba.
Y ya todo había acabado, al menos por hoy.
Miré el cadáver, que seguía despidiendo sangre. No había hecho lo correcto, pero ese hombre debía agradecer que fuese yo quien se haya encargado de él porque de lo contrario era probable que no lo hubiera pasado tan bien.
Aunque no había sido precisamente una fiesta, ¿Cierto?
El sonido de aquel líquido rojo golpeando contra el suelo me revolvió el estómago, y recordé que mi preciosa compañera de metal estaba bañada en él. En serio, ¿Es que jamás podría acostumbrarme?
Me desperecé y salí en busca de un baño donde limpiar de impurezas la única cosa que era importante para mí. Aferrado a mi daga ensangrentada, avancé por el pasillo mientras escuchaba ruidos tras las puertas que me ponían los pelos de punta del asco.
Odiaba estos lugares. Ahora y siempre.
-Li
La voz severa y firme de Kurogane me obligo a levantar la mirada del suelo y clavarla en sus ojos. Mantuve el contacto visual durante varios segundos, y luego desvié la cabeza, incapaz de aguantar mucho más. El color de sus ojos me recordaba demasiado a la sangre, aun cuando solo fueran lentes de contacto.
-Pueden ir a limpiar- le comuniqué.
-Mandaré a alguien.
Siempre lo mismo. La misma frase y la misma respuesta. Jamás hablábamos mas de lo que era absolutamente necesario e imprescindible. Y daba gracias a dios por eso, pues me desagradaba tener que tratar con él.
Comencé a avanzar en dirección a las escaleras. En la planta baja había un baño, y quería lavar mi daga cuanto antes.
-¿Sigues pensando que lo que haces esta mal?
Me giré, sorprendido de que volviera a hablarme. Ciertamente hacia no mucho tiempo yo había estado diciendo toda clase de estupideces sobre el tema, pero eso ya era cosa del pasado, al menos para él y cualquier otra persona con las agallas de hacerme semejante pregunta.
-No.
Mentiras. De nuevo mentiras. Parecen ser todo lo que me queda, y también lo único que me protege, en parte, de mi mismo.
Frunció el ceño, obviamente dudando de mi respuesta, pero yo lo imité. En mis años aquí, he aprendido que si pierdes tu credibilidad pierdes todo. Y si había algo que no iba a perder, era...
"¿Quieres que algo le pase a esa niña?"
... mi credibilidad.
SAKURA
"¿A dónde vamos?"
¿Han tenido esa sensación extraña de que lo que hacen no está bien? Igual que cuando eres niño y sabes que vas a cometer una travesura, pero sabes que lo harás de todos modos.
"Tengo que ver a alguien"
Esa sensación era la que tenía en ese mismo instante. Allí, parada frente a la pequeña puerta verde, mi cabeza había comenzado a jugarme malas pasadas.
Y con malas, me refiero a terribles...
Las manos me sudaban, y mi corazón palpitaba realmente rápido. Podía imaginarme la escena que ocurriría a continuación, justo después de que tocara a la puerta. Y no estaba lista para eso.
Diablos, no estaba lista.
"¿Es amigo tuyo?"
"Te recomiendo que no hables con él"
Aquella vez no comprendí por completo lo que él me quiso decir con eso, y me descuidé. Al igual que hice con Shaoran, recuerdo haberle contado a esa persona muchas cosas sobre mí, sobre mi vida, y sobre mi familia. No me había parecido alguien malvado, sino todo lo contrario: Me generaba tranquilidad.
"Mucho gusto, mi nombre es Fye"
Pero yo caí en la trampa que su sonrisa de cheshire cerró sobre mí.
No cometería el mismo error otra vez, esta vez estaba al tanto de lo que podía pasarme, y no caería de nuevo en su juego sucio. No caería...no cómo...
"¡Shaoran!"
Cerré los ojos, y todo volvió a mí.
Sangre. Liquido vital derramado por todos lados. Lagrimas, gritos. No puedo respirar, y me agarro a la camisa de mi padre con fuerza. No hay nadie, nadie más que nosotros.
Todo cobra sentido.
"¡Detente!"
Mi cuerpo comenzó a temblar, y me di cuenta de que llevaba bastante tiempo parada frente a la puerta.
Intentando sacar aquellos recuerdos de mi cabeza, tomé del bolsillo de mi abrigo la nota que me había traído hasta aquí, y en un repentino ataque de rabia arrugué el papel y lo tiré contra la puerta.
¿Qué se suponía que estaba haciendo? Yo no quería... volver a pasar por nada así...nunca.
Me sobresalté cuando alguien me tocó el hombro, y giré mi cuerpo para encontrarme frente a frente con unos hermosos ojos azules.
-Fye...
Me respondió mi "saludo" con otra de sus cálidas y aparentemente sinceras sonrisas. Tal y como yo lo recordaba, sus finos rasgos estaban totalmente relajados y nada parecía andar mal en su vida.
Él era la persona que buscaba.
La persona me hacía sentir que no había nada que temer.
Y la persona de la que quería escapar.
-Me alegra verte por aquí pequeña Sakura, si estas aquí- entrecerró sus ojos-, quiere decir que has recibido mi nota, ¿No es así?
Desde la primera vez que mis ojos se habían cruzado con los suyos había comprendido que Fye no era una persona común y corriente. No tenía pruebas, pero era un hecho para mí que no era tan inocente como aparentaba. Siempre con sus sonrisas y su postura de "todo está bien", al mismo tiempo que entreteje en su mente quien sabe que oscuros planes.
No me fiaba en lo absoluto de su falsa sonrisa, ni de su rostro sereno. Ni de nada que pudiera decirme.
Sin soltar las bolsas de comestibles que llevaba en sus manos, me indicó que me corriera. Un momento más tarde, yo me encontraba sosteniendo una de sus bolsas para que él pudiera abrir la puerta.
Tragué saliva cuando escuché el tan esperado "click". Debería haberme ido, haber corrido mucho antes de que él llegara, debería...no debería haber venido en primer lugar.
-Pasa.
-Si- Pero ya no podía evitarlo, ¿cierto? No podía negarle nada a ese hombre, que me miraba tan cálidamente.
Di un paso, y luego otro. La puerta se cerró tras de mí, y yo sabía que probablemente Fye había sido quien la cerrara, pero algo en mi me decía que en cuanto di el primer paso dentro del lugar todo había dejado de ser lo que era.
De pronto sentía que me había metido en alguna especie de juego en el que yo era la heroína y todos los demás eran mis enemigos. Podía sentir como mi corazón palpitaba fuerte y aquella dulce excitación enfermiza se apoderó de mi por completo. Todo estaba en mi poder, y yo podía hacer lo que quisiera.
Respiré profundo el aire que para mí fue como una droga exquisita, y saqué de mi bolsillo mi pequeña tableta de orientación. Frente a mí, podía ver claramente la puerta secreta que me sacaría del calabozo y me llevaría a la próxima ciudad, pero no había forma de abrirla. Había pequeños seres cuadrados protegiéndola.
Ya qué, tendría que deshacerme de ellos...
-¿Sakura?
El mago oscuro estaba detrás de mi, pero no podía hacer caso de sus mentiras o acabaría muerta. Debía permanecer con la vista en mi objetivo. Si, debía ser fuerte.
Comencé a correr hacia ellos, y materialicé mi espada anti veneno justo antes de asestar un golpe a la puerta. La puerta crujió, y antes de que pudiera hacer algo los seres ya me habían atacado. Perdí el equilibro y caí en la piedra fría.
Una mano tocó mi hombro. Y supe en ese momento, que era mi final.
Relajé mi cuerpo, y esperé a que todo terminara.
-¿Estás bien?
¿Eh?
Como un golpe, la realidad volvió a mí; miré a mi alrededor y me di cuenta de que todo era producto de mi mente una vez más. No había calabozo, ni monstruos, ni nada. Solo yo, sosteniendo una lapicera que ni siquiera servía. Una estantería de libros se alzaba imponente frente a mí, y a mi alrededor muchos libros desparramados. Tuve que esforzarme por comprender que había pasado con todos los monstruos.
Un delicioso olor a café se metió en mis fosas nasales, como si quisiera calmarme entre tanta confusión. Y pronto recordé donde me encontraba.
-¿Sakura?- me di vuelta y lo miré, presa de una excitación y de un desconcierto de seguro evidente.
-Oh, sí, lo siento...yo...- guardé la lapicera de vuelta en mi bolsillo. Sentía la sangre que subía a mi rostro. De pronto tenía mucho calor.
Era una completa estúpida.
Fye apoyó las bolsas sobre una mesa de madera y me indicó que lo siguiera por unas escaleras. Pensé que era extraño que no me dijera nada, pero también me aliviaba no tener que darle ninguna explicación. Si comenzaba a hablar, cabía la posibilidad de que yo hablara de más.
Aunque...supongo que esta vez no importaba.
¿Qué mas tenía para perder?
-Supuse que vendrías- su voz tranquila, como siempre, me sirvió de guía en la penumbra que atravesábamos.
Podía sentir los escalones bajo mis pies, estables y seguros. Justo lo contrario a como yo solía sentirme.
Una y otra vez me metía en lugares así. Gracias a Shaoran había conocido todo lo malo que ignoraba debido a mi, antes fuerte, coraza de inocencia exagerada. No sabía si debía agradecerle que me mostrase una realidad que desconocía, o detestarle aun más por no darme siquiera una herramienta para protegerme, dejándome totalmente indefensa. Y a su merced, como siempre.
Vislumbré a Fye que abría una puerta y pronto la luz proveniente de la habitación iluminó su delgado cuerpo. Tuve que entrecerrar los ojos debido a que la luz fue demasiado para mí.
Me adentré a una especie de sala rectangular, que si no estuviese en mi situación quizá me hubiera parecido encantadora.
Pensé que quizás ese era el estudio donde trabajaba en su cosas, ya que había un escritorio con varios libros depositados prolijamente, y una lámpara que me pareció innecesaria teniendo a su disposición la luz proveniente de la que estaba en el techo.
-Ponte cómoda.
Sin meditar demasiado, me senté en uno de los sillones frente a una pequeña mesita ratonera. Mientras él cerraba la puerta, yo reunía fuerzas para comenzar a hablar.
-Fye...-comencé a hablar cuando se sentó frente a mí.
-Puedes dejar tu abrigo en la percha.
-Ah...si- no había notado que aún lo tenía puesto, y eso que en la sala hacía bastante calor, quizá debido a una estufa que parecía ser bastante nueva. Me lo quité y lo apoyé en mis muslos.
-Me intrigas...
-¿Eh?- por un momento, me había parecido que realmente no me hablaba a mí.
-No importa. ¿Has venido por la carta no es así? - sus rasgos se ensombrecieron por un instante. Tragué saliva.
La pregunta había sido demasiado repentina. Yo no sabía exactamente que deseaba, o por qué había decidido venir, o por qué me encontraba ahí sentada frente a él. Me acomodé en mi asiento, avergonzada y un tanto intimidada.
-Pues...yo solo vine porque sentí que debía hacerlo.
Él rió, haciendo que me sintiera aún mas estúpida. Pero en su sonrisa había algo tierno que no había visto antes, y gracias a eso me sentí más segura.
-¿Estas preocupada por Shaoran? -sacudí la cabeza nerviosamente, y el volvió a sonreír.
¿Cómo podría preocuparme por él después de lo que me había hecho?
Si había algo que me preocupaba, era no poder ahorcarlo con mis propias manos, para luego dejar que lo poco que quedaba de mi vida se extinguiera.
Si, no había razón para algo como eso, él lo sabía, lo sabía y aun así lo preguntaba...¿Por qué me tendría que preocupar por él? No había razón.
-Esa persona no...no me interesa.
Me sentía realmente una niña, pensando toda clase de cosas horribles para luego asustarme y decir solo una frase tonta y poco creible.
- ¿Entonces qué haces aquí?
-Quizá...-dudé un momento antes de continuar- ¿Podría preguntarte algo?
-Lo que quieras.
-Pues...me gustaría que me contases...que me...- ¡¿Que estaba haciendo?! No podía asustarme ahora. Debía hacer la pregunta...esa pregunta que desde aquel día me carcomía el alma-. Mi papa...
-¿Quieres saber cuál fue el motivo de su muerte?- De pronto sentí ganas de vomitar. Para Fya aquello podía ser simplemente un tema que le divertía, pero para mi...- ¿O te interesa más la razón de por qué fue Shaoran quien lo asesinó?
Sha...
¡No! ¡Basta!
Me levanté de mi asiento e intenté hacer una reverencia. No podía...Pensé que quizá tenía el valor necesario, pero no...no podía enfrentarme a lo que intentaba dejar en el pasado. Vomitar, iba a vomitar.
-Baño...
No quería saber nada acerca de eso.
"¿Fujitaka siempre está en casa?"
Siempre me parecieron extrañas sus preguntas...
"¿Que hace tu padre cuando no estás en casa?"
Detente...
"¿Que quieres hacer ahora?"
"Quiero ir a tu casa"
¡No!
Me abalancé hacia la puerta presa de un repentino ataque de pánico. Todo se repetía dentro de mi cabeza. Una y otra vez tenía que ver las mismas imágenes, recordar los mismos recuerdos...
No se abría, ¡La puerta no se abría! ¡La peurta! ¡¿Por qué...?!
Comencé a llorar y a gritar, mi vida estaba en peligro, podía sentirlo, ahora alguien aparecería y acabaría conmigo...yo soy la hija de la persona que asesinaron, así que a mi también...
-Es porque la cerré para que nadie nos molestara- Fye apareció a mi lado y metió la llave en la cerradura- ¿Ves? Ya está abierta. No tienes por qué asustarte- me giré y lo abracé. Basta, ¡que alguien detenga esto!
Aún en contra de mi voluntad, levanté mi mirada para verlo.
Me sonreía.
Eso me espantó. Corrí escaleras abajo mientras mi cabeza volvía a mostrarme aquellas escenas que no quería ver. Casi me caigo al terminar de bajar, pero no pude detenerme. Pronto, sentí un fuerte golpe en el rostro, y supe que había chocado con alguien.
Un hombre enorme me miraba. Y sus ojos...sus ojos...
...eran como la sangre.
Grité y salí de allí, rumbo a cualquier lugar lo suficientemente lejos.
SHAORAN
El frio chocó contra mi rostro en cuanto abrí la puerta del local y salí al exterior. En esta época, lo único que podía calmar mis ansias era el alcohol. Y hoy no había sido la excepción a mi rutina de todos los días en los que el frío era insoportable.
En mi camino hacia la parada del colectivo me detuve un momento para darle algo de dinero a un niño que lloraba en la calle. No es que lo hiciera siempre, pero podría decirse que los niños son mi debilidad...en el buen y en el mal sentido de la palabra.
Al final de cuentas, hoy no había sido un día del todo malo. Y me sentía extrañamente animado, si se le puede llamar así.
Busqué dentro de mi bolsillo mi billetera, con la obvia intención de sacar mi tarjeta de autobús, pero saqué algo diferente que me dejó algo confundido por varios segundos. Solo cuando me senté a descansar en el banco de la parada recordé qué hacía algo así en mi bolsillo.
Sakura.
La imagen de una joven castaña volvió a mi por segunda vez en el mismo día, lo cual no era algo que me agradara. La primera había sido cuando me tropecé con una prostituta en el vestíbulo de aquel lugar, y ahora nuevamente aparecía frente a mí. Aquello me irritó, yo nunca vuelvo a pensar en un trabajo que ya terminé.
"¿Te llamas Shaoran no? ¿Puedo llamarte por tu nombre?"
Que chica más curiosa...
"Siempre estás solo ¿No tienes amigos?"
Ja...
"Yo seré tu amiga"
Así que mi amiga...
La luz del negocio frente en la calle del frente se apagó.
Mi mano apretó con fuerza el pequeño accesorio para celular con forma de oso, e iba a tirarlo a la basura cuando su voz me detuvo.
"¡Detente!"
A veces me pregunto si siento lástima por ella. Siempre me dio la impresión de ser algo lenta, y probablemente no haya sospechado nada hasta la noche final.
Para mi suerte, no tuve que esperar mucho en la parada. Hoy no parecía estar del todo bien de la cabeza, pues las cosas más insignificantes parecían volverse realmente importantes para mí. Era su culpa por confiar en mí, yo no le pedí que fuese mi amiga ni le dije que haría nada por ella.
"¿Te gusta lo que haces?"
Eso también era un claro ejemplo de mi mal día. La pregunta seguía repitiéndose una y otra vez, pero ahora era ella la que me torturaba con esa pregunta, y no el hombre que probablemente ahora yacía en una bolsa de basura. Yo no podía pensar en otra cosa no fuera mi daga bañada en sangre. Lo único que sabía, era que a mi arma no parecía molestarle en absoluto. Y mientras ella no se negara, yo no me detendría.
Y sí, eso significa nunca, porque los objetos no hablan.
Me bajé en mi parada, repitiéndome mentalmente que debía dejar de pensar en todo lo que me agobiaba. La brisa nocturna acarició mi rostro, y visualicé a lo lejos el edificio en el que vivía. Estaba en bastante buen estado, teniendo en cuenta lo barato que era.
Era la primera vez en mucho tiempo que me sentía a gusto en mi "nido". Y estaba realmente agradecido por haber encontrado este lugar cuando me topé por casualidad con el letrero de "se alquila". Desde que mi madre me había quitado el sustento, me costaba encontrar buenos lugares para vivir, y la mayoría de las veces terminaba yéndome porque no aguantaba vivir en esas condiciones.
Pero no esta vez. Hacía casi 5 meses que vivía en ese departamento, y ni una sola vez se me pasó por la cabeza la posibilidad de irme. El encargado era bueno, y los vecinos no se molestaban si ponía la música a todo volumen. Tampoco nadie me preguntaba sobre mi trabajo o que hacía para ganarme la vida. Al igual que a mí, a nadie le importaba quien mas vivía en el edificio.
Oh si, un gran lugar para vivir...
- Hoy llegas más temprano de lo habitual- un hombre gordo de sonrisa amable me saludó en la entrada. Era el portero y también el encargado.
Un tanto fastidioso, pero me agradaba. Tenía la costumbre de saludarme cada vez que me iba o volvía. De hecho, creo que era la única persona que lo hacía.
Me encogí de hombros y tiré el cigarrillo que había encendido cuando baje del autobús.
-No hubo mucho trabajo.
-Que bueno, puedes aprovechar para dormir.
-Supongo- no quería alargar mas la conversación, así que me forcé a sonreírle y abrí la puerta del ascensor.
Me relajé en cuando la puerta se cerró, y me permití mirarme al espejo que había dentro. Hoy mi aspecto no era tan terrible, a excepción de mis habituales ojeras no parecía un indigente a punto de morir. Mi cabello estaba despeinado, seguramente a causa de la pelea en la que me vi envuelto gracias a la maldita de Nakuru. Esa puta...
Me palmee el rostro con las manos. Tenía que dejar de pensar o acabaría volviendo a lo mismo...
"¿Pensabas en Kinomoto?"
Siempre hablando de más. Aún no comprendía que yo no me preocupaba por nadie más que por mí mismo. Parecía tener la tonta idea de que esa niña había hecho algún efecto en mí, y se la pasaba molestando con eso.
Y mi noche había terminado de maravilla, pues nos encontramos con algunos de sus "amigos" que tanto la "querían". Yo por supuesto tuve que adoptar el papel de héroe y defender a la princesa que no tiene nada de princesa.
Aunque bueno, como dice el dicho, "cosechas lo que siembras".
-Princesa...- reí. No podía haber nada más alejado de lo que realmente era ella.
Pronto llegué a mi piso, y lo primero que hice tras entrar a mi departamento fue tirarme sobre la cama. Debía descansar al menos por hoy.
Mañana sería un día complicado...
Hola holaaa! =)
¿como andan? Acá llegué con el capitulo dos de Sueños destrozados. Algo mal redactado, en mi opinión, pero eso fue lo que salio u.u
¿Que les pareció? Me gustaría saber sus opiniones n.n
Y ahora, contesto a la gente que me envió reviews =)
kinesukikinomoto: Hola!
¡Que buena pregunta! Creo que la respondí bastante bien en este capitulo, haber que opinas de lo que le hizo Shaoran...
Sakuritabi: Todos comenzamos a leer una historia cuando nos da curiosidad, y me alegra haber conseguido eso en vos. Bueno, ya sabes que le pasó, y de quien era la dirección...¿Alguna otra pregunta? jeje...
elianamz-bv: Hmmm te parece? Si, quizá esta muy lastimada Sakura...pero creo que tiene derecho a estarlo.
Claro, no te preocupes por eso. Ella es fuerte y se repondrá (uff, y no te imaginas como...). Creo que la fortaleza siempre nace de una debilidad. Porque si no tenes nada que te motive a ser mas fuerte ¿cual es el caso?
Espero que me hagas saber tu opinión sobre este capitulo, ya que sos la única que realmente me dio su sincera opinión y una critica que me agradó bastante. Voy a estar esperando =)
