Hacía unos meses que nos habíamos mudado a Georgia. Aquí todo era distinto, para mí, era mejor. Veníamos de otro país, de una ciudad más grande, y encontrarnos ahora en un pueblo era muy distinto. Un pueblo donde nada sucedía. Mystic Falls era mi nuevo hogar.
Primer día de clases y aún no tenía nada preparado, ni siquiera había recogido mi horario. Nuestra nueva casa era hermosa, por donde fuese que miraras te deslumbraba. Estaba terminando de arreglarme para ir a la escuela. Había optado por vestir un jean, una camiseta blanca junto a una camisa leñadora turquesa y mis zapatillas Vans favoritas. Me peiné el largo cabello castaño que llegaba hasta la cintura y tomé mis libros.
Al bajar a desayunar, me encontré a Jeremy, mi hermano mayor, sirviendo la comida. Él había cambiado mucho desde que papá había… fallecido. Era más protector y se había convertido en la figura paternal que nos faltaba a Nate, mi hermano menor, y a mí. Jer era el más alto y fuerte, su estado atlético era envidiable y su capacidad de cuidarnos a todos seguía asombrándome. Al igual que yo, tenía pelo castaño, pero la diferencia era que sus ojos eran color verde grisáceo y los míos avellana.
-Buen día Jer. –dije y acaricié a mi perrita, Millie, que se encontraba descansando en su canasta.
-Tu horario, sé que no habías ido por él. –me dice mientras me lo entrega. Luego de desayunar tomé mis cosas y las llaves del coche y salí.
-Oye, no puedes manejar eres menor. Recuerdas? –me gritó Jer mientras se acercaba hacia mí.
-Tengo 17 y aquí sí puedo. –le guiñé el ojo y me subí al coche. Era una preciosa camioneta negra BMW x6, mamá me la había regalado cuando nos mudamos aquí así no tenía que depender de ella o de Jer. –Te amo Jer.
Todo era hermoso, la tranquilidad, el paisaje, el comenzar de nuevo. Mamá había conseguido un trabajo como profesora en una Universidad que quedaba a 30km de Mysticwood, por eso no la veía a la mañana ya que ella se iba demasiado temprano.
Ya estaba en la escuela, guardando unos libros en el casillero cuando apareció Emma, mi mejor amiga.
-Vamos, tenemos historia con el nuevo profesor. Hay que ver que tan bueno está. –Emma era única, y por única me refiero a... única. Decía lo que pensaba, y no le importaba lo que pensaban los demás. Nos habíamos hecho amigas ni bien llegué a aquí. Lo mismo con Natalie, ellas eran mis mejores amigas.
-Es profesor de historia, no creo que esté tan bueno como los de gimnasia… -Le decía a Em cuando tropecé con un chico. –Lo lamento. –Dije y seguí caminando. Luego antes de entrar al salón me di vuelta para ver si el chico seguía ahí, pero no lo vi por ningún lado asique entré.
En el pizarrón estaba escrito el nombre del profesor, "Ryan Parks". Era un hombre de estatura mediana, cabello rubio oscuro, ojos avellana y un buen físico para los 40 y tantos que tendría.
Al entrar me senté en un banco que había libre cerca de Emma y al rato vi entrar a Natalie, que nos saludó con la mano y se sentó.
Cuando la clase finaliza me pongo de pie y al darme vuelta me doy cuenta que el chico con el que había tropezado estaba justo enfrente mío. Se había sentado toda la clase detrás de mí y no había dicho ni una sola palabra. Creo que me quede mirándolo unos segundos de más porque el salón estaba vacío y Natalie me llamaba desde la puerta. –April, vamos!
-Lamento haber tropezado con vos hoy. –Le dije antes de irme, y escuché que él susurró un "no hay problema".
El resto del día pasó rápido y al mediodía fuimos las tres a almorzar al Grill. Allí es donde se reunía la mayoría de los chicos de la escuela. Y del pueblo, también. Era un lugar bastante bonito, en ocasiones especiales lo decoraban y quedaba de maravilla. Nos sentamos en una mesa dentro y pedimos una pizza y gaseosas.
-Cuéntanos sobre ese sexy chico con el que te cruzaste unas cuantas veces hoy. –Era obvio que Emma no se perdía ni un solo aspecto de mi vida. No me había puesto a pensar en ello, pero sí que era sexy… No tenía ganas de hablar de eso, simplemente era un chico con el que había tropezado varias veces en unas pocas horas. De acuerdo, suena extraño pero no lo era para mí. –No es nada, simplemente eso. Tropezamos.
El resto de la charla fue sobre cómo habíamos pasado las vacaciones, chicos, fiestas, y más chicos. Una típica conversación de chicas de 17 años.
Al irnos decidí desviarme del camino a casa y fui al bosque. Estacioné el coche a un costado, y caminé por el bosque hasta que llegué a un lugar precioso. Lo había descubierto durante las vacaciones cuando salía a pasear por ahí. Había unas pequeñas caídas de agua que derivaban en un lago. Parecía sacado de una postal, flores por todos lados, arboles con sus hojas verdes.
Me sentaba ahí a admirar el paisaje y descansar. Era una pequeña forma de la cual me salía del mundo.
Ya anochecía y debía llegar pronto a casa. Estaba acostada, apoyada en un árbol, y al levantarme me asusté al ver a un chico frente a mí.
-Me asustaste… -Dije mientras me sacudía las hojas de la ropa. Él se me acercó y quitó una de mi pelo. –Gracias.
-No deberías estar sola en el bosque a esta hora… a ninguna hora. –dijo este misterioso chico. Tenía una mirada sería, como si ocultara algo.
-No creo que el lobo feroz viva por aquí. –dije tratando de ponerle algo de gracia a la situación y creo que lo logré, pues él sonrió. –De todos modos, deberías seguir tu propio consejo, no crees?
Definitivamente le había hecho sonreír a ese rostro tan bello. La situación era extraña, es decir, quién está en un bosque a estas horas? Bueno, además de mí. Sea cual fuese el motivo, había un apuesto muchacho frente mío.
-Supongo que tienes razón, te acompañó hasta la ruta. –no parecía estar convencido de lo que hacía. De ser así, nos encontrábamos en una situación muy similar. Me limité a asentir y caminamos. –Y que estabas haciendo sola por aquí? –preguntó sin decirme aún su nombre.
-Pensando. Me gusta venir aquí de vez en cuando, es tranquilo y el lugar es bellísimo. Y tú chico sin nombre? –dije esperando que se decidiera por decírmelo.
-Devon. Mi nombre es Devon. –al fin! Dijo su nombre el misterioso chico de bellísimo nombre, debo agregar. –Suelo venir a pensar también… Debo admitir que no de la misma manera que vos.
¿A qué se refería con eso.? Ya habíamos llegado a mi coche y ninguno decía una sola palabra siquiera. No podría descifrar que sentía o quería él, pero lo que yo quería era saber más sobre él, conocerlo. Dios, como era posible que ni lo conociera y quería quedarme a su lado.
-Suerte y sigue mi consejo, evitar estar sola en el bosque. Adios. –dijo y se fue caminando por donde habíamos ido.
Subí al coche y volví a casa. Por suerte mamá aún no había llegado así que aproveché y comencé a hacer la cena junto a Nathan, mi hermano menor. Él tenía 16 años, recién cumplidos, estaba en tantos equipos de deportes como podía y, junto a Jer, era el más atlético. Tenía ojos color almendra que le quedaban perfectos junto a su rubio cabello. Nate y yo teníamos la misma altura y gracias a eso no era la más petiza de la familia.
Mientras nosotros cocinábamos Jer estaba en el sillón viendo televisión. Él estaba estudiando en una universidad cerca y algunos días trabajaba en un club enseñando deporte a niños pequeños. Hoy había sido uno de esos días.
Al cabo de un rato llegó mamá. Ni bien entró a la casa le sonó el celular.
-Alex. –dijo al atender. Su nombre era Alexandra, pero la mayoría de las personas le decían Alex o Ale. Estuvo unos 15 minutos, aproximadamente, hablando por teléfono y luego por fin se sentó a cenar.
La cena era el único momento en el cual estábamos todos juntos reunidos. Era una bellísima imagen, sobretodo porque no se daba muy a menudo. Durante la comida hablamos de lo que cada uno había hecho en el día. Claro que cuando me preguntaron a mí, mentí.
-Luego de la escuela pasé el día con mis amigas. –fue lo que dije. No me agradaba mentirle a mi familia, pero si sabían que había estado en el bosque, sola, me iban a matar. Técnicamente no estuve sola, Devon estuvo conmigo…
Cuando terminamos la cena lavé los platos, mientras Jer los secaba. Hacer estas tareas domésticas me ayudaban a no pensar. No pensar acerca de muchas cosas, como el hecho de que extrañaba terriblemente a mi papá, la tristeza y dolor que sentía, o pensar en qué solución habría para "apagar mis emociones". Por eso, también, me gustaba ir al bosque. Toda esa tranquilidad me relajaba, era como mi lugar especial o algo así. Solo que ahora había alguien más en ese lugar. Devon.
-Oye debemos planear algo para el cumpleaños de mamá. –dijo Jer interrumpiendo mis pensamientos. Mamá se había ido a bañar, por lo tanto no podía escuchar y era el momento perfecto.
-Había estado pensando en hacerle una cena aquí, e invitar a sus amigos. Qué dices? –dije convencida de que era una gran idea. Jer asintió y ahí quedó nuestra charla.
Al finalizar con los platos, fui a mi dormitorio y me tumbé en la cama. Estaba cansada, pero no físicamente. Pasaban muchas cosas por mi mente y, realmente, quería quitarlas. Dejar el pasado allí, en el pasado. Aunque no lo aparentaba, tenía problemas.
De pronto mi madre interrumpe mis pensamientos al entrar a la habitación.
-Cómo te fue en tu primer día de escuela? –dijo mientras se acostada a mi lado abrazándome. Me encantaba cuando teníamos estos pequeños momentos, solas. Pero cada vez eran más escasos.
-Bien, tranquilo. Hay un nuevo profesor, Ryan Parks. Es agradable. –le dije tratando de mantener una conversación y retenerla conmigo lo más posible.
Estuvimos un buen rato así abrazadas, charlando, hasta un momento en el cual me quedé dormida y sentí que ella me tapó con las sábanas y besó en la frente.
