InuYasha pudo ver como se rompía justo por la mitad un arco y como caía en cuerpo de una mujer.

Una mujer de largos cabellos negros.

El cuerpo de Kikyou cayó a unos metros de donde se encontraba Naraku. El demonio podía ver el cuerpo magullado de la chica y la furia en sus ojos de sacerdotisa.

- ¿Kikyou? Pero, ¿qué hace ella aquí? ¿Por qué?

Los labios del hanyou se movieron, pero no articulaban ningún sonido. Un escalofrío le recorrió el cuerpo al pensar esas palabras.

Mientras tanto, Naraku se acercó sigiloso al cuerpo de Kikyou, creyéndola muerta.

- No lo estoy - brotó de los labios de la mujer – no me iré sin InuYasha – miró al demonio a los ojos – lo prometiste, Naraku. –

Éste último sonrió maliciosamente y la miró. No le gustó nada esa mirada; estaba llena de traición.

- ¿De verdad creíste que te ayudaría Kikyou? Que ingenua – dijo con sorna – Tú eras solo el cebo para atraer a InuYasha a mi trampa. Y veo que lo hiciste muy bien.

- Naraku – susurró Kikyou con una voz llena de odio – veo que aún no lo captas ¿acaso no ves que tu eras el cebo? –

Y con mucho esfuerzo la sacerdotisa de levantó, tomando una de sus flechas. El demonio vio cada movimiento de ella y sonrió con arrogancia.

- No te servirá de nada, necesitas tu arco Kikyou y eso lo sabes muy bien – señaló Naraku con burla.

- ¿Y quién dijo que la usaría contigo, Naraku? – espetó Kikyou, quien agudizó su vista y pudo ver entre los pliegues del cuello del demonio un destello brillar: Shikón no tama.

- No la tendrás, si eso es lo que quieres – dijo Naraku con impaciencia y sin más, la atacó.

Uno de sus brazos se alargó hasta adquirir la forma de una enorme espada y la abalanzó contra ella, Kikyou tardó unos segundos en reaccionar y…

Se oyó un fuerte ruido, como de metales que chocan y un destello de luz violeta los envolvió momentáneamente.

Una flecha se clavó en la extremidad de Naraku, quien gritó de dolor. Una flecha.

InuYasha, quien hasta el momento no hacía otra cosa más que observar horrorizado la escena, buscó la fuente de la flecha.

Se sorprendió. Kagome estaba de pie, con la cuerda de su arco que oscilaba lentamente y sus ojos fijos en un punto al frente.

- ¡¡NIÑA INSOLENTE!! – bramó el demonio herido – ¡¡ya verás de lo que soy capaz!!

Se lanzó hacia delante, extendiendo con rapidez una de sus extremidades metamórficas en forma de lanza con picos e irradiando veneno en grandes cantidades. Kagome no se movió de su sitio, parecía demasiado cansada, el golpe de Naraku iba directo, entonces…

La espada de InuYasha se atravesó en el aire, impidiendo el impacto en la chica quien permanecía inmóvil y sin muchas fuerzas. El hanyou se apoyó en la espada hacia delante, tomó con las dos manos, de un empujón soltó otro ataque con la hoja y alejó la extremidad del demonio, la cual se regresó hasta su dueño y le dio un golpe con la fuerza de empuje.

InuYasha volvió a colocarse en posición de combate y escuchó un ruido sordo detrás de él: volteó la vista y vio a la chica de rodillas, sosteniéndose el costado herido apretando con fuerza la tela de su blusa a la altura de la zona adolorida; tenía la vista baja y gemía levemente.

Un nudo difícil de deshacer se formó en la garganta del hanyou al verla así: le dolía verla lastimada por su culpa…

- Kagome, ¿estás bien, verdad? – Su voz salió de su garganta y contenía el nudo que se había formado en ella. Sabía que era una pregunta tonta, pero en esos casos es lo que siempre se pregunta - ¿Puedes resistir? – preguntó más preocupado.

- E-estoy bi-bien Inu-Inuyasha – respondió casi jadeando debido al dolor que incrementaba en segundos – no te preocupes, aquí aguanto – soltó al final con firmeza y levantó la vista al hanyou: sus ojos chocolate lo veían con decisión e InuYasha supo lo que tenía que hacer.

Se acercó a la chica, quien había bajado la vista por una nueva punzada de dolor y cuando la volvió a levantar para ver donde estaba el chico se topó con sus ojos ámbar que la veían profundamente. Sin perder su mirada, el hanyou comenzó a quitarse su chaqueta roja y al verlo, las mejillas de Kagome adquirieron un color rosado y sus ojos se abrieron de sorpresa, pero su voz sonó firme cuando habló:

- No – dijo al tiempo en que negaba con la cabeza – quédatela tú. La necesitaras más que yo, te lo aseguro – dictó al final, con decisión.

InuYasha la vio a los ojos y se reflejó en ellos. Tenía delante de él a la mujer más decidida que conocía.

- Esta bien, pero permanece detrás de mi. No dejaré que te hagan daño de nuevo, Kagome. – le dijo él.

Ella sonrió mientras apoyaba su peso apoyada en su brazo derecho en el suelo.

El hanyou se levantó, y dando la vuelta empuñó su espada hacia delante y corrió lo que le faltaba para llegar a Naraku.

- ¡¡VIENTO CORTANTE!!

Pero se preguntaran ¿y Kikyou? Bueno, ella se había hecho a un lado con unos reflejos asombrosos (N/A: Después de todo, ella solo es de barro y e huesos y una gran cantidad de almas jeje xD) mientras Naraku atacaba a los otros dos. Observaba todo desde donde estaba, con grandes heridas causadas por el ataque de InuYasha, pero sin perder la conciencia en ningún momento.

Necesitaba tiempo.

El ataque dio con toda su fuerza sobre el demonio. Naraku quedó reducido a pedazos de su cuerpo mientras un campo de fuerza rodeaba lo que quedaba de él. La hoja de la espada de InuYasha se tornó escarlata y arrojó un nuevo ataque. El campo se rompió a la mitad, dejando al descubierto los trozos de Naraku los cuales se volvieron cenizas negras.

Había sido demasiado fácil. Demasiado.

Los trozos de Naraku pasaron de ser cenizas a nuevamente su cuerpo. Los ojos ámbar del hanyou reflejaron sorpresa cuando lo vio transformarse en una araña gigantesca: su verdadera forma. Sabía de antemano que no le quedaban fuerzas para volver como al principio de la batalla, pero aún así, le quedaba el poder suficiente para entretenerlo un rato.

- ¿A qué crees que juegas, imbécil? – Le retó InuYasha – ¿De verdad crees que puedas derrotarme así? No me hagas reír, tu verdadera forma no es más que una basura. Y ahora – dijo empuñando nuevamente su espada, haciendo que aquella vez se arremolinaran peligrosas corrientes de viento a su alrededor – ¡¡PREPARATE PORQUE TE DESTRUIRÉ!! ¡¡BAKU RYU HA!! – gritó con todo el aire de sus pulmones, mientras que los remolinos de viento embestían con toda su fuerza al demonio.

El primer ataque dio de lleno, dejando a Naraku sin la mayor parte de sus patas, el segundo impactó con fuerza sobre su abdomen, sin posibilidad de defenderse el tercero le pegó de nuevo cuando el demonio intentaba en vano de hacer un segundo campo de fuerza.

- Esta vez no te dejaré – dijo InuYasha, al tiempo que su espada se pintaba de rojo sangre y lanzaba el ataque, cortando el campo limpiamente.

Con una sonrisa de satisfacción en el rostro, InuYasha estaba dispuesto a atacarlo cuantas veces fueran necesarias, si solo así se libraba de él.

Pero InuYasha no sabía lo que Naraku tramaba. No tenía ni idea de lo que pasaría después.

Kikyou y Kagome observaban la batalla desde puntos lejanos; pero no podían despegar la vista del hanyou que atacaba sin dejar espacios para contraataque. Sus agudos ojos estaban fijos en la figura que se movía de un lado a otro, tratando de esquivar en vano la veintena de ataques que le llovían. InuYasha llevaba una clara ventaja, pero no se dio cuenta de que su desventaja estaba a unos metros atrás, escondida de la batalla.

¡¡AAHHH!!

El grito de mujer le perforó los oídos e hizo que su corazón se detuviera un instante. El hanyou agudizó más sus sentidos y rodó los ojos en dirección a la fuente del grito, ese momento de distracción le costó caro. Naraku había por fin encontrado el hueco entre los ataques y le atestó un golpe mortal: en medio del pecho, justo al lado del corazón. Los ojos del chico se abrieron desmesuradamente, presas del pánico y un dolor agudo le atravesó todo el cuerpo.

El demonio extrajo su extremidad del cuerpo de InuYasha con rudeza, haciendo que el hanyou frunciera el ceño por el dolor y cayó al suelo con un ruido sordo. Se quedó tendido dos segundos hasta que de nuevo el grito perforó el aire e InuYasha trató de incorporarse rápidamente. Vio su propia sangre manchando en suelo y su ropa, notó que le dolía, sin embargo podía soportarlo, pero extrañamente sintió que la herida no era muy profunda; su chaqueta roja había amortiguado el golpe.

De pronto sus sentidos se agudizaron al captar el aroma a sangre, un aroma que conocía bastante bien. Dio vuelta para encontrarse con una escena que le estrujó el corazón violentamente…

- Sigues vivo, híbrido. – Sonrió con arrogancia el demonio - Aunque no por mucho tiempo… - añadió, regresando a su antigua forma y sosteniendo una gran lanza hecha de sus propios huesos. El hanyou podía ver la sangre en la punta.

Delante de él estaba una chica en el suelo, con una gran herida en su costado derecho. Naraku empuño la lanza y dejó caer el ataque de lleno contra la chica, estaba a punto de darle el golpe final cuando una flecha deshizo el arma. Confundido, Naraku buscó con la mirada la fuente y se sorprendió: Kikyou estaba de pie, con sangre por todo su kimono, pero sus ojos fijos al frente; una mirada penetrante, fría, calculadora.

- Aléjate de ella, Naraku – dijo la sacerdotisa con un dejo de impaciencia en la voz – Kagome es mi objetivo, junto con InuYasha. -

- Ja ja ja – se rió sarcásticamente el demonio – ¿Acaso crees que te voy a dejar ese favor? No juegues Kikyou, apenas si te puedes mover y ahora quieres acabar tu misma con InuYasha y Kagome. Eres muy tenaz, quizá demasiado, pero estúpida. – se burló.

- Te lo advierto – dijo la sacerdotisa al tiempo que tomaba otra flecha y tensaba el arco (N/A: Lo sé, lo sé: ese arco era el de Kagome xD), lista para disparar – un movimiento en falso y atravesaré tu corazón.

- No te preocupes, Hakudoshi no será problema (N/A; En una de las batallas, el corazón de Naraku se descubrió y casi lo matan, por pura suerte logró escapar ¬¬ y por eso decidió absorber a Hakudoshi y al bebé, para estar más seguro… además de que tiene la perla completa ¬¬°)

Dicho esto, se lanzó hacia delante y alargó una de sus extremidades mutantes…

- ¡VIENTO CORTANTE!

El ataque de InuYasha lo tomó por sorpresa, apenas le dio tiempo de girarse y esquivarlo, aunque la onda expansiva del ataque también llevaba el viento cortante y le dio en algunas partes.

Kikyou alzó la mirada, pensando que InuYasha iría con ella, pero cual fue su sorpresa cuando lo vio arrodillarse al lado de Kagome, quien estaba en el suelo, con una mano sobre la herida, tratando en vano de detener la hemorragia.

- ¿Kagome? ¿Puedes oírme? – preguntó el hanyou, preocupado al ver la cantidad de sangre.

- Inu-Yasha – balbuceó Kagome y el dolor la hizo encogerse, mientras apretaba los dientes, tratando de parecer valiente – debes… debes vencer a Naraku, es ahora o nunca…

- Pero no puedo dejarte así – dijo el chico desesperadamente

- Sólo ve, yo voy a estar bien. ¡Vamos! – lo apremió

- No voy a dejarte así Kagome, simplemente no pue…

- Que vayas te ha dicho, ¡Muévete! – lo interrumpió una voz de pronto.

Los ojos dorados de InuYasha se abrieron de la sorpresa. Ante si estaba…

- ¡Sesshomaru! ¿Q-qué demonios haces tú aquí?

- Yo también me alegro de verte, imbécil.

- ¬¬° (InuYasha)

- ¬¬° (Sesshomaru)

- O-oigan chicos, e-este no es el mo-momento de pelear… - dijo Kagome con voz entrecortada.

- Ya la oíste InuYasha, ahora ve por ese imbécil de Naraku.

- ¬¬° Sabes que nunca te voy a perdonar, ¿verdad?

- Eso no me importa, ahora ve por Naraku. Yo cuidaré de Kagome.

(NA: Se preguntarán el porqué de Sesshomaru tan atento y eso, pero es que ellos hicieron un trato: una especie de tregua donde acordaban no pelear hasta haber derrotado a Naraku nn si lo sé, es un poco raro, pero con el paso de los capítulos, lo comprenderán. Pero ahora, volvamos al fic. xD)

- Ve InuYasha, yo voy a estar bien – terció Kagome, con una mueca de dolor.

- Ve, yo cuidaré de ella. – dijo Sesshomaru con decisión.

InuYasha lo vio unos instantes antes de responderle:

- Le pasa algo a Kagome y yo te partiré en pedazos. Estas prevenido.

El demonio asintió, sin responder nada miró a su hermano a los ojos.

InuYasha entonces se levantó, dándole la espalda a ambos e inmediatamente una energía comenzó a rodearlo. Una energía que Kagome conocía a la perfección.

Temió perder el juicio cuando vio al hanyou de espaldas a ella, con esa aura maligna rodeándole. Si no se daba prisa, podía perderlo para siempre…

Y en sus ojos de hanyou brilló un destello rojizo; una mirada peligrosa: una mirada que reflejaba la furia implacable del mar embravecido y del frío hielo; una mirada de perdición para Naraku.

En sus mejillas se dibujaron las marcas de guerra púrpuras, sus colmillos se alargaron hasta sobresalir de sus labios, sus manos sujetaban la espada al tiempo en que sentía sus garras crecer varios centímetros, podía sentir el calor de ese poder que tanto anhelaba pero que a la vez detestaba; una contradicción que le traía muchas desgracias a su vida. Sabía de antemano que no debía usarlo de nuevo, pero no tenía otra alternativa. Si deseaba acabar con todo de una buena vez, no importaba el precio que tuviese que pagar. Tal vez solo así ella se salvaría.

Apretó su espada ante el simple pensamiento de perderla para siempre y la sintió latir. Se oyó el ruido de miles de cristales formándose y la hoja se atestó al instante de éstos; brillantes y filosos. Luego, se lanzó hacia donde estaba Naraku, emanando de su garganta un grito de guerra como nunca antes:

¡¡LANZAS DE DIAMANTES!!

Miles cristales salieron disparados como dardos de muerte con el solo movimiento de la espada del hanyou, directos al demonio al frente, pero éste, en un intento desesperado por salvarse, volvió a formar el campo de energía para protegerse

- ¡¡NO TE SERVIRA DE NADA, ÍMBECIL!! – gritó InuYasha al tiempo de que se espada adquiría el tono escarlata por tercera vez - ¡¡BAKU RYU HA!!

Nunca había usado un ataque como aquel. El viento se volvió filosas cuchillas y remolinos cortantes surgieron de la ruptura del elemento, al tiempo que la ráfaga rompía el campo de energía, cargada de filosas lanzas de diamante; sin duda un ataque para matar a cualquiera…

Excepto a Naraku.

El demonio alcanzó a escapar por un poco, aunque el ataque lo daño suficiente y lo dejó reducido a pedazos de carne carbonizada y perforada debido a la magnitud de la arremetida del hanyou.

InuYasha, en apenas un parpadeo volvió a empuñar su espada y lanzó un nuevo ataque con fuerza. Naraku, herido a muerte, trató de escapar pero el destello de una flecha le cerró el paso. El hanyou se detuvo en el aire, deshizo el ataque y aterrizó limpiamente en la tierra, con la mirada fija en Naraku.

- Kikyou, ¿Qué pretendes hacer? – espetó el demonio enfurecido.

La sacerdotisa lo miraba fijamente. Había odio en sus ojos oscuros. Sujetaba su arco delante de ella y dobló el brazo hacia atrás, tomando una flecha para colocarla de nuevo sobre el arco y comenzó a tensar la cuerda. InuYasha, gracias a su privilegiada visión, podía ver el sudor escurrir por el rostro de Naraku.

- ¿Acaso no es obvio, Naraku? – atajó Kikyou con sorna. Sus palabras emanaron como peligroso veneno en sus labios – Lo que debí hacer desde un principio.

Soltó la cuerda y con una poderosa energía la saeta salió disparada hacía él, quien no pudo hacer nada para evitarlo: le dio de lleno en el pecho, muy cerca del corazón. Sabiendo el poco tiempo que le quedaba en este mundo, el demonio retrocedió y con un último esfuerzo, logró reunir la energía suficiente para crear otro campo de energía.

- No se porque lo intentas, Naraku. De nada te servirá – se burló de él la sacerdotisa – ahora tomarás el lugar de InuYasha.

El propio sonido de su nombre lo hizo estremecerse. InuYasha se quedó helado en su sitio. Si Kikyou iba en serio, entonces…

Y antes de que pudiese hacer algo más, Naraku soltó un ejército de demonios sobre él. Bastó con un simple movimiento para desaparecerlos a todos, la espada palpitó coloreándose escarlata como si de sangre se tratase y lanzó el ataque nuevamente contra Naraku. Rompió el campo limpiamente y Kikyou se adelantó hasta estar frente a él, con una rapidez asombrosa.

El corazón de InuYasha se estrujó dolorosamente cuando vio un destello brillar en el pecho de Naraku y Kikyou poner la mano sobre él, concentrada.

Sabía las intenciones de la sacerdotisa…

Flash Back

- Entonces, ¿es cierto anciana Kaede?

La voz de Kagome sonó distante, casi fría pero con el sentimiento de compasión más fuerte. InuYasha sonrió un poco: Kagome no era una mujer fría.

- Me temo que así es, Kagome – la voz de la anciana se tornó melancólica, casi con resentimiento – esa es la única forma de destruir la perla.

- Pero Kikyou… ella no… no puede ser, debe haber otro método, el mismo método que hubiese usado en el pasado cuando… - cayó al ver por el rabillo del ojo al hanyou a su lado.

- Sí lo hubo, no me lo dijo. Ella sabía todos los secretos respecto a esa perla, pero nunca quiso compartirlos con nadie. Era parte de su hábito, además aseguraba que yo estaría más segura ignorándolos.

- ¿Es decir anciana Kaede que la señorita Kikyou debe sacrificarse junto con la perla? – dijo el monje Miroku con una leve nota de terror en su voz.

- Pero hay otro método – comentó la exterminadora – lo hay. En la aldea de los exterminadores se hablaba de dos métodos diferentes para destruirla junto con todas las desgracias, pero ninguna de ellas hablaba sobre el sacrificio del protector de la misma y eso no es necesario, pues si el humano quien cuidaba la perla, la purificaba con sus poderes, dudo mucho que esta acepte el sacrificio de su protector para destruirse. – apuntó como si se tratase de algo lógico.

- Es una buena teoría, Sango. Sin embargo, esos métodos fueron desechados por mi hermana al momento de recibir la perla. Créeme, yo también investigue mientras ayudaba a los aldeanos de aldeas vecinas; el verdadero método para destruirla, pero no tuve éxito, salvo que me dieron la misma información que tú. - dijo Kaede.

Se quedaron en silencio unos minutos, escuchándose el crepitar del fuego. La mente del hanyou era un torbellino. Hacía poco que habían tenido otro encuentro con una nueva extensión de Naraku; un sin cuerpo. El engaño por parte de éste casi mata a Kagome y a Sango quienes se sintieron a salvo cuando tomó posesión de los cuerpos de InuYasha y Miroku sin que ellas lo supieran. Un segundo más y Kagome hubiese muerto a manos de InuYasha y Sango a manos de Miroku.

El sin cuerpo les había dicho que Naraku estaba deseando apoderarse de la última cosa que quería en este mundo, pero murió a manos de InuYasha, pues no quiso hablar más.

"La última cosa que quería en este mundo…" la silueta de Kikyou se dibujó en la mente del hanyou. Eso era, pero Kikyou ¿aceptaría? Supuso que si, aunque por dentro deseaba desesperadamente que no lo hiciera. El sacrificio humano de Kikyou sería…

Regresó a la realidad, pues Kagome le había hablado suavemente al oído preguntándole algo relacionado con la comida de esa noche, mientras se preguntaba hasta donde sería Kikyou capaz de llegar con tal de destruir la piedra.

Fin del Flash Back

En la mente de InuYasha se iluminó la idea de Kikyou. Necesitaba a Naraku. Al hacer el sacrificio, la perla desaparecería, pero ¿qué le había dicho Kaede? El cuerpo hecho de barro y huesos no es muy resistente, aún si tienes un poder espiritual superior a cualquier humano.

No podía permitirlo. La perdería otra vez. Trató de moverse de su sitio, pero una voz más fuerte en su cabeza le ordenó que se quedara.

Kikyou lo había herido a muerte. Ella estaba dispuesta a llevárselo al mismo infierno tanto si quería como si no, y más que eso: planeaba usarlo a él para destruir la perla, usando su alma como sacrificio de sangre, además de que había herido a Kagome al decirle que había muerto cuando en realidad sólo estaba dormido, bajo los efectos de un veneno y que despertó gracias al beso de Kagome…

- Kagome – susurró entonces y volteó a ver donde estaba.

La vio sentada, siendo examinada de cerca por Sesshomaru. Alcanzó a oír unas pocas palabras de ellos:

- Ya revisé la herida, no es muy profunda por alguna extraña razón, y no has perdido tanta sangre como esperaba…

- ¿Cómo es que sabes tanto de esto? – preguntó aturdida Kagome

- Siempre he estado solo, y aunque no lo creas cuando era más joven tenía que hacer esto a menudo.

- Supongo que sufriste mucho.

- Fue solo temporal.

- Gracias – dijo Kagome al tiempo que le sonreía y veía hacia donde estaba InuYasha.

El hanyou la vio. Estaba bien y suspiró con visible alivio. No podía perderla ahora.

Encajó a Colmillo de Acero en la tierra, se cruzó de brazos y una sonrisa maliciosa curvó sus labios, contemplando el espectáculo. Ahora sería él quien disfrutaría de todo.

Mientras, por la mente de la sacerdotisa pasaban mil imágenes sobre ella misma. Se veía sentada cerca de un árbol de cerezos con InuYasha observándola desde arriba; jugando con los niños de la aldea mientras InuYasha no hacía más que mirarla; ayudando a los demás aldeanos mientras InuYasha iba tras ella; InuYasha sentado a su lado contemplando las estrellas, ambos en una pequeña barca; ambos bajando de la barca; InuYasha abrazándola tiernamente; ella besándolo mientras él correspondía; ella sintiendo un dolor agudo en el hombro, herida a muerte, InuYasha huyendo con la perla; ella lanzando una flecha al corazón del hanyou; InuYasha cerrando los ojos lentamente mientras la perla caía…

Ahora se veía frente al demonio quien le impidió ser feliz en vida, con su mano tapando exactamente el lugar donde se ocultaba la perla.

- ¡¿QUÉ PRETENDES HACER?! – bramó Naraku enfurecido, pero a Kikyou le encantó percibir la nota de terror en su voz - ¡¡QUÉ DEMONIOS PRETENDES HAC…?!

La voz de Naraku se cortó en seco. Los ojos de Kikyou se cerraron, mientras de su boca emanaban palabras incomprensibles para el demonio, pero letales por la manera en como las decía.

Entonces lo sintió. Un profundo dolor en medio de su pecho y sintió escurrir un líquido caliente por todo su pecho y abdomen. Abrió más los ojos, presa del pánico; hacía mucho que no sentía un dolor igual, y miró con terror a la sacerdotisa frente a él. Se dio cuenta enseguida de lo cerca de su cuerpo con el de ella e inmediatamente trató de alejarse.

- No podrás, ya no Naraku – dijo la mujer con voz ultraterrena

- Ilusa - respondió éste. No le quedaba mucho tiempo e hizo un campo de fuerza a su alrededor – Morirás sin remedio Kikyou, ¿acaso no le temes a la muerte?

- No – dijo la sacerdotisa – porque yo ya estoy muerta, Naraku. – Y en sus labios se dibujó una siniestra sonrisa mientras una luz cegadora y brillante los envolvió a los dos.

InuYasha entrecerró los ojos, interponiendo su mano hasta cerrarlos completamente. La luz era demasiado intensa.

Y un grito agudo rompió el escaso silencio.

En medio de esa luz, InuYasha trató de moverse hasta donde estaba Kagome, pero una voz cerca de él le dijo:

- No te muevas hasta que haya terminado.

- Pero Kagome…

- Ella estará bien. Sólo quédate donde estas.

Sin saber porque, el hanyou se quedó donde estaba. Agudizando los únicos sentidos posibles: olfato y oído, tratando de captar lo que fuese.

Aquella extraña luz comenzó a perder intensidad al momento siguiente e InuYasha pudo ver cada detalle a su alrededor. Como prioridad tenía a Kagome y la buscó con la mirada; la encontró detrás de Sesshomaru, sana y salva. Suspiró aliviado, pero en ese suspiro entró en su nariz el aroma a sangre; un aroma amargo que conocía.

Miró hacia donde estaban Naraku y Kikyou, solo que no estaba ninguno de los dos. Casi soltó un grito de sorpresa al ver lo "que" estaba ahí…

Escuchó ahogar un grito a Kagome y se convenció de no estar soñando.

Delante de ellos había…

Continuara…

Hola! Perdón por la tardanza jeje pero es que no tengo internet ¬¬° y el cafe me queda muy lejos TT pero ahora que ya entre a la escuela se me va a hacer más fácil publicar... espero que no los haya dejado en suspenso ) pero me gustan esa clase de capítulos :P y bueno sin más por agregar espero que mi fic les este gustando jeje los momentos de inspiración son geniales nn

Todos los personajes son propiedad de Rumiko Takashi, por lo tanto no me pertenecen. Este fic NO esta hecho con fines lucrativos, es simplemente que me gusta la historia y ya, además de que la inspiración a veces llega... uds saben como es eso. n.n

LadyDarkness22