Nos leemos abajo ¿Ok? Una anotación: Escribí esto escuchando Frozen de Within Temptation, un gran tema de un grupo que personalmente me encanta ;)

Disclamer: El mundo de HP pertenece a JK R


II

Vivire Memento


Todos se habían marchado a casa por Navidad…. Todos menos ella.

Hermione salió de la desierta sala común de Gryffindor rumbo al comedor en el que, con suerte, habría algún otro alumno además de Malfoy y ella.

Se había arrepentido de quedarse trescientas veces en la última hora, el tiempo que hacía que los carruajes se fueron rumbo a Hogsmeade y al Expreso.

Según Harry era el momento perfecto para seguir a Malfoy y ver qué es lo que estaba tramando, ya que por primera vez en seis años el Slytherin iba a pasar las Navidades en el colegio y, según Harry, eso no hacía más que demostrar que se traía algo entre manos, algo oscuro y malvado.

Hermione resopló. Ella no creía que fuera un mortífago… por favor ¿Malfoy? Era un matón con delirios de grandeza y algo vanidoso, pero fuera de eso no le veía siendo un asesino. No parecía lo bastante valiente como para jugarse la vida en uno u otro bando de la guerra que se avecinaba. Aún así, con lo cabezota que podía llegar a ser Harry, si no se hubiera quedado ella, lo hubiese hecho él y eso sería mucho más difícil de explicar ante los Weasley. En cambio que ella no fuera a la Madriguera era extraño pero no inconcebible, dado que podía estar con sus padres, en el mundo muggle.

Y aquí estoy, pensó Hermione, apenas unos días después del Accidente-que-no-debe-ser-nombrado, prácticamente sola en Hogwarts con el chico Al-que-no-debí-besar y la misión de perseguirle durante todas las vacaciones para comprobar si es o no un miembro del ejército de Voldemort… estas serán las mejores navidades de mi vida, sin duda alguna.

Llegó al comedor y se sentó en su mesa, en su desierta y desangelada mesa, mirando hacia el lugar en el que siempre se sentaba aquella sibilina serpiente. Sabía que se había quedado en el Hogwarts y era la hora de comer, mortífago o no, capullo integral o no, debía bajar al comedor ¿Verdad?

Se sirvió un poco de carne mirando a su alrededor, un par de niños de segundo curso de Hufflepuff, dos chicas de Ravenclaw de tercero y un par más de cuarto o quinto… nadie de Gryffindor y nadie en Slytherin… ¿Acaso habían salido familiares como setas a la gente que solía quedarse en la escuela? Juraría que siempre había algún alumno más.

Suspiró apoyando el codo en la mesa y la barbilla en la mano con aire aburrido. Aquello iba a ser un infierno.

Un movimiento bajo el marco de la puerta llamó su atención, un Slytherin la observaba sin parpadear, completamente absorto en ella.

Theodore Nott.

Hermione se sonrojó sin saber por qué, cuando la mirada del chico la recorrió por completo. Al fin y al cabo no había sido ella a la que habían pillado mirando, pero él no parecía turbado por haber sido sorprendido in fraganti y, para sorpresa de la chica, tras un ligero asentimiento de cabeza, que bien podría haber sido tomado como un saludo, se fue hasta su sitio habitual y se sentó a comer relajadamente.

Cuando por fin Draco Malfoy apareció ni siquiera miró en su dirección, fue directamente hacía donde estaba Nott y se sentó frente a él, de espaldas a Hermione que entrecerró los ojos con fastidio y hundió el cuchillo en la madera.

Menuda idiota, se reprendió en cuanto fue consciente de lo que estaba haciendo al asesinar al rubio con los ojos.

Soltó el cuchillo y pensó que aquello era lo mejor, que no supiera que ella seguía en Hogwarts era definitivamente una ventaja. Dio gracias a los merodeadores por el bendito mapa y a Harry habérselo entregado a MacGonagall como ella pretendía unos años antes. Lo cogería junto a la capa de invisibilidad y montaría guardia si era necesario frente a las mazmorras hasta descubrir que había en su antebrazo izquierdo.

Iba perdida en sus pensamientos, barajando todas las posibilidades, cuando alguien la atrapó por detrás y la empujó contra el muro en un pequeño hueco del corredor. Por un momento, por un terrible instante, recordó a Cormac y gritó, o lo hubiera hecho si unos labios cálidos y duros que conocía perfectamente, no se hubiesen tragado el sonido de su garganta, amortiguándolo e invadiendo a su vez las profundidades de su expectante y húmeda concavidad.

Fue un beso duro y exigente, casi violento en su necesidad. Draco aferraba su cintura, devorando su boca como un hambriento que, tras mucha espera hubiese podido saciar su anhelo. Puede que no fuera un momento de ternura o cariño, pero Hermione no pudo evitar sentirse completamente abrumada, se sintió especial. Nunca nadie la había necesitado así, de forma tan desesperada, casi salvaje. Pero esos labios que exigían, ofrecían por igual, se entregaban a ella y, en muda súplica enmascarada por brusquedad, rogaba su aceptación.

Draco, por su parte, no podía dejar de avasallar su boca una y otra vez, absolutamente perdido en saborear su inocente esencia. Estaba volviéndose un condenado adicto al néctar de sus labios y sabía que no debería ser así. Aquel no era el plan en absoluto. Debía mantener la perspectiva, ser él quien llevara el control, quien dirigiera el beso, procurando volverla loca hasta que se rindiera por completo. Quería todo cuanto pudiera conseguir, como un parásito inclemente, alimentarse de ella y mantenerse cuerdo de alguna forma que, desde luego, no incluía el convertirse en un esclavo de sus besos y caricias.

Rompió el beso y respiró el entrecortado aliento de Granger que aún mantenía los ojos cerrados, como si siguiera saboreando el momento, verla de ese modo despertó en el un extrañó sentimiento de ¿Ternura? ¡Por Salazar! Estaba comportándose como un gilipollas. Endureció la expresión y sin una sola palabra, sintiéndose algo más calmado, se marchó. Dejando a una confundida Hermione recostada contra la pared, agarrando con fiereza su varita y, planteandose muy seriamente la posibilidad de lanzarle un hechizo a aquella serpiente. Fue el hecho de no saber el verdadero motivo de querer mandarle la maldición, por lo que no llegó a hacerlo, ¿Era por lo que había hecho?... O quizás ¿Por qué lo había dejado de hacer?

Draco se marchó hacia su dormitorio igual de confundido que ella. Se maldijo mil y una vez de camino a las mazmorras, por aquella pérdida de control y perspectiva. Unos meses antes, quizás un año, todo habría sido diferente, le hubiera asqueado de verdad el simple hecho de rozar uno de sus impuros cabellos, ahora solo pensaba en hundir sus dedos en ellos para atraerla hacia él y absorber aquel aroma y aquel sabor que estaban haciéndole perder el juicio.

Amantes de los sangre sucia.

Aquella frase, dicha con la voz y el tono despectivo de su padre, se repetía en su cabeza una y otra vez. Desde luego que él ya había perdido algo más que el juicio, porque todo cuanto quería era convertirse justamente en eso, en el amante de una sangre sucia, de esa sangre sucia. Por el los demás bastardos impuros, podían pudrirse en el infierno, pero ella... Granger tocaba algo en él en lo que no iba a pensar bajo ningún concepto.

Mucho antes de lo que esperaba, como unas dos horas después de aquel encuentro a la salida del comedor, Hermione encontró en el mapa la motita con el nombre de Draco dirigirse hacía el séptimo piso. Bien envuelta en la capa de invisibilidad salió como una flecha tras él y llegó justo frente al tapiz de Barnabás el Chiflado en el mismo instante en que la puerta por la que el Slytherin había entrado se cerraba.

Con una exclamación ahogada y, rogando porque no se diera cuenta, se lanzó hacía allí, consiguiendo entrar a la Sala por los pelos.

Así que ahí era donde se metía Malfoy cuando Harry no le encontraba en el mapa del merodeador. Hermione miró a su alrededor completamente asombrada. ¿Durante cuantos años los alumnos de Hogwarts habían acudido a aquel lugar a guardar o deshacerse de cosas inútiles? Se quedó embebida mirando una montaña de escobas tan alta como la torre de pupitres y libros que había a su lado. Baúles, jaulas, maletines, túnicas, libros, escobas, incluso una vieja bludger.

Aquel lugar era una sala de los tesoros.

Quiso quedarse a investigar, pero la voz de Malfoy la sacó de su ensoñación.

— Joder — Un golpe y una sarta de maldiciones confirmaron a Hermione que el chico no estaba en su mejor momento — No quiero seguir con esto — Murmuró en un susurro agónico.

Hermione tragó saliva, sintiendo su dolor y su congoja como si fuera propia... Maldita fuera la empatía que parecía tener de pronto con él.

Intentó acercarse pero rozó con el hombro una estantería y una enorme tetera floreada cayó al suelo rompiendo el silencio de la sala y alertando a Draco, que se puso rígido sacando la varita y mirando a todos lados.

— ¿Quién está ahí?

¡Mierda!

Había que ser torpe para delatarse de ese modo.

— Reparo — Susurró sacando la punta de la varita por la capa antes de alejarse de allí.

— Por mucho que te escondas te encontraré.

Podía escuchar sus pasos a la espalda y aceleró las zancadas. Vio a la derecha una especie de armario medio cubierto por una tela y sin pensarlo mucho se metió en él. Se pegó al fondo bien envuelta en la capa y esperó, conteniendo la respiración. No tardó demasiado en escuchar las maldiciones del rubio que, tras un rato de buscar por la Sala de los Menesteres debió darse por vencido.

— Maldita sea

Abrió la puerta de un brusco tirón y Hermione contuvo la respiración. Le miró y lo que vio en aquellos ojos atormentados no podría olvidarlo jamás; Una absoluta desolación. Una tristeza profunda que parecía robarle toda vitalidad. Observó su mano temblar mientras dejaba un pajarito en el suelo del armario y cerraba de nuevo la puerta.

Armonia Nectere Pasus

Aquellas palabras susurradas fueron lo último que oyó antes de sentir una extraña fuerza de succión que tiró de ella. Mareada, se llevó la mano a la sien y trató de respirar... Trató, porque e pronto la puerta volvió a abrirse y lo que vio ante sus ojos la dejó completamente petrificada. Gibbon y Anthony Dolohov estaban frente a ella mirandola. Le costó recordar la capa de invisibilidad, aunque gracias a Merlín lo hizo antes de lanzar un grito ante los dos mortífagos.

— Vaya vaya, el joven Malfoy lo está consiguiendo — Dijo Gibbon

— Al Señor Tenebroso le gustará saberlo — murmuró Dolohov

— Tal vez no — respondió el otro con una risa cascada que erizó el vello de Hermione — Creo que espera poder matar al crío.

Su compañero se encogió de hombros.

— Los Malfoy es lo mínimo que se merecen después de demostrar que no son dignos — Apuntó al pajaro y la castaña abrió enormes los ojos tratando de pegarse como pudo a la pared — Avada Kebadra.

Un rayo esmeralda impactó contra el pequeño plumífero y dio su último canto antes de quedar tendido en el suelo.

La puerta se cerró amortiguando las voces de los mortífagos y la sensación volvió a poner del revés el estómago de Hermione, que temblaba de manera incontrolada.

— ¡Joder, joder, joder!

Ni siquiera se dio cuenta de que Malfoy abría la puerta, así que cuando le vio de nuevo ante ella, derramando una lágrima en silencio mientras miraba al pájaro muerto, simplemente no pudo evitar lanzarse sobre él con un sollozo.

Draco se quedó inmóvil. Primero porque casi le da un infarto al ver salir de la nada a Granger, llorando, segundo porque se abrazó a él temblando como si fuera el héroe salvador... ¡él! Y tercero porque ¡Acababa de salir del armario evanescente!

La chica se pegó a su cuerpo sin parar de temblar, abrazada a su cuello murmurando todo tipo de incoherencias. Él se quedó ahí, dejándose abrazar, aferrando su cintura con ambas manos sin saber muy bien que se suponía que debía hacer... ¿Consolarla?¿Matarla?¿Mandarla de vuelta a Borgin and Burkes y dejar que quien fuera que estuviera allí se encargara de hacerla callar?

Con un suspiró de fastidio y no muy buenas formas, la arrastró hasta un sofá polvoriento y se sentó poniéndola en su regazo.

— Ya Granger, me estás dando dolor de cabeza y estás arruinando mi camisa

La chica tenía el rostro hundido su cuello, empapándole con sus lágrimas. Le dio unos golpecitos algo toscos y torpes en la espalda. Maldiciendose a sí mismo por haber acabado consolando a aquella idiota que, una vez dejara de lamentarse iba a arrepentirse de haberle seguido hasta allí exponiéndose ella misma y a él de aquel modo tan inconsciente.

— Lo... Lo siento.

— ¿Estás bien?

— Ss... Si

— Genial.

La puso en pie y se levantó mirándola mortalmente serio

— ¿En que demonios estabas pensando Granger? — preguntó en un gélido siseo — ¿Cómo te atreves a seguirme? ¿Te das cuenta de lo que ha estado a punto de ocurrir?

Caminaba de lado a lado pasandose los dedos por el pelo con evidente frustración.

— Si, me doy cuenta, igual que me he dado cuenta de que eres uno de ellos.

Le miraba con... ¿Lastima? Maldita y estúpida sangre sucia.

Sonrió con maldad levantándose la manga de la túnica para enseñarle la Marca.

— En persona — dijo sin poder ocultar un deje de amargura en su voz — Ahora deberías largarte de aquí. Huye mientras puedas, huye antes de que me lo piense mejor y decida acBar con tu patética existencia, asquerosa-sangre-sucia — añadió mascando cada palabra.

— Sabes que si salgo de aquí, no guardaré el secreto ¿Verdad?

Por un momento la miró sin aquella máscara de hastío y asco que solía llevar.

— En realidad me lo debes — respondió frunciendo el ceño y mirando hacia otro lado.

Ella se mordió el labio, sabiendo que era cierto que le debía una pero... No a ese precio.

— Me ayudaste con Cormac y no sabes cuanto te lo agradezco — dijo atragantándose con las palabras — Pero no ayudaré a un mortífago a hacer esto. ¿Crees que está bien? Planeas dejarles entrar al colegio ¿Es eso? ¡Matarán a los alumnos Malfoy! Aquí hay niños pequeños, inocentes.

— ¡Yo también era inocente joder! ¿Crees que quería esto? — gritó señalando su mano completamente enloquecido — ¿Crees que quiero que vengan? ¿Crees que quiero ser parte de esto? ¡NO! Pero nadie me preguntó, no tengo elección alguna.

— Siempre la hay.

— No para mi.

— También para ti. Podemos ayudarte.

— ¿Quieres ayudarme? — ella asintió — ¿Quieres ayudarme? — repitió acercándose lentamente con una extraña sonrisa en el rostro — Bien.

Tiró de Hermione hasta que la pegó por completo a su cuerpo, agarró su cuello, apoyando la palma en su garganta, deleitandose en el movimiento que hacía al tragar.

— Tú no quieres tocarme ¿Recuerdas? Me dijiste que te daba asco — La castaña era incapaz de alejarse, pese al firme propósito de olvidar que se había hecho.

— Mentí — Susurró sobre su boca, apenas rozándola con la calidez de su aliento mentolado.

— No...

— Sí.

Pasó la lengua por su labio, humedeciendolo y delineando su contorno. Ella soltó un gemido bajo que le estremeció y finalmente se rindió a él buscando el beso que parecía no llegar nunca. Aplastó sus labios contra los de él y le besó de forma lenta y suave, parecía querer aprenderse su textura y su forma, grabarse en la memoria el modo en que se amoldaban con absoluta perfección. Draco estuvo a punto se sonreír, pero se contuvo. No era así como había esperado volver a tenerla entre sus brazos, pero en definitiva era el resultado lo único importante.

Estaba cansado de todo, de enfrentar aquella vida, de esconderse, de la misión, de la puta guerra que ni siquiera había comenzado... Pero ella parecía calmarle, amansar al dragón que habitaba dentro de él y, a decir verdad, paliar su furia con besos así no le parecía tan mala medicina.

Acarició su espalda, caminando hacia el viejo sofá y de nuevo se dejó caer en él, atrayendo a la chica hasta que se sentó a horcajadas sobre su regazo abrazada a su cuello, intensamente ruborizada y jadeante. Draco acarició la piel de los muslos que dejaba visible la tela de su falda y la sintió temblar bajo su tacto. Sin poder contener esta vez la sonrisa profundizó el beso, acariciando el filo de sus dientes y el cielo de su paladar antes de buscar su lengua para retarla a un ardoroso duelo al que ella se entregó con deleite.

— ¿Qué es esto Malfoy? — preguntó la chica rompiendo el beso durante un instante — ¿Qué está pasando?

Draco mordió su labio y tiró de él con suavidad.

— ¿Acaso importa? — Lamió su barbilla, deslizando el dorso de sus dedos por el interior de los muslos de ella, que se estremeció visiblemente— Carpe diem — susurró con voz densa — Toma el día, aprovecha el momento.

En aquel momento, sentada sobre él, con los labios henchidos por sus besos y su piel ansiando por más de sus caricias, Hermione Jane Granger se preguntó que podría estar mal en ella que, de pronto, comenzaba a sentir mariposas en el estómago cuando Malfoy estaba cerca, qué estaba fallando en su cuerpo, que se rebelaba y se estremecía con cada mero roce de sus dedos. Sencillamente era tan aberrante que no quería ni pensar en ello.

— Vivire memento — Respondió con sus ojos de chocolate derretido fijos en los suyos — Acuérdate de vivir.

El tiempo se suspendió durante una fracción de segundo y ella se levantó aferrando su varita con fuerza.

— Tienes la oportunidad de vivir, Draco — Dijo usando por primera vez su nombre. Ahora solo sobrevives y créeme, hay una gran diferencia. Piénsalo, te dejaré hacerlo antes de decir nada.

Frunció el ceño cuando él aferró su muñeca y la impidió marchar.

— Él va a matarme... Y a mi madre también si fracaso como fracasó mi padre.

Habló desapasionadamente, como si le estuviera contando la resolución de un problema de Aritmancia, sin ambages, sin barnices de ningún tipo que lustraran la cruda realidad de su vida. Pero Hermione sintió la fuerza con la que se aferraba a ella y el modo en que sus ojos brillaban sin dejar de mirarla. Tenía que sentirse verdaderamente desesperado para desahogarse con una sangre sucia, pensó.

— Les oí hablar de ello — Dijo muy bajito — Dolohov y Gibbon. Hablaban de que tu familia no es confiable y de que... Tal vez Voldemort querría matarte.

Draco apretó las mandíbulas. Aquello solo confirmaba algo que ya sabía más que de sobra. Él solo buscaba la excusa perfecta para castigar a su padre, asesinando a su único hijo.

¿Por qué la constatación de aquello no le hacía sentir nada? Debería estar asustado, no, lo estaba de hecho, aterrado. Pero llevaba meses haciéndose a la idea de no ver un nuevo verano. Estaba acojonado, pero huir no era una opción porque ¿Dónde ir? todos los que huían acababan siendo encontrados y asesinados sin compasión.

— Supongo que siempre lo he sabido — Se encogió de hombros con elegante indiferencia, aunque su rostro estaba más pálido que antes.

— Pide ayuda — Viendo aquel momento de debilidad, se acercó al chico que estaba de pie tras ella, apoyando la palma en su pecho — Dumbledore te ayudara. Podemos protegerte, como a Harry.

Draco no podía hablar, no podía reaccionar, no cuando su cuerpo lo hacía por él y temblaba como el de un novato ante su toque. Maldita fuera una y mil veces por ser justamente ella la que despertara su escaso interés por todo lo que no fuera sobrevivir.

¿Cómo en nombre de Merlín era posible que estuviera ante ella, con la espada de la muerte sobre la cabeza y en lo único que pudiera pensar fuera en besarla hasta que toda la miseria que le rodeaba dejara de existir?

— Nadie puede ayudarme Granger

Su voz ronca apenas fue un murmullo, el rubio solo era capaz de mirar aquella delicada mano de dedos manchados con tinta y uñas cortas y limpias de cualquier rastro de pintura, pensando que algo debía estar jodidamente mal con él.

Ella se acercó, nunca sabría que clase de estupidez la impulsó a hacerlo, pero lo hizo. Se acercó deslizando la mano por el pecho de Draco, hasta su hombro y su cuello, se acercó hasta que sus pechos se aplastaron y una vez más, se entremezclaron sus alientos.

— Yo lo haré

¿Qué estaba haciendo? Hermione quiso lanzarle un hechizo desmemorizante de aquellos que tal famoso habían hecho a Gideon Lockard y echarse uno a sí misma después. ¿Acaso estaba bajo el influjo de algo? Bajo el de sus ojos, pensó y, acto después estuvo a punto de poner una cara de asco digna de la señora Malfoy por ser tan idiota y cursi.

Pero Draco en aquel momento había perdido su aplomo y su barniz de indiferencia, en aquel momento el matón, borde y sarcástico no existía, había caído dando paso al joven de dieciséis años que era, asustado y cansado. Empujado hacia una vida que no había elegido, abocado por el peso de su apellido y de su sangre a convertirse en alguien que no quería ser. Llevaba tanto tiempo solo, con amigos que no veían lo que había bajo las capas que le cubrían, con unos padres atados, imposibilitados a ayudarle, una familia maldita y un linaje del que ya no se sentía orgulloso.

Como si no tuviera el control de su propio cuerpo, se encontró rodeando la cintura de la joven y estrujándola entre sus brazos mientras enterraba el rostro en su cuello y se estremecía, tratando de controlar todas las extrañas y desconocidas emociones que le estaban invadiendo en aquel instante.

Hermione parpadeó, intentando no derramar las lágrimas que empañaban sus ojos, sin demasiado éxito. Malfoy la abrazaba tan fuerte que le cortaba la respiración, lo hacía de un modo desesperado, temblando de forma constante, como si no pudiera controlarse. Acarició su pelo, como haría con un niño, tratando de consolarle pese a saber que para su situación no habría demasiado consuelo. Sabía que cuando saliera de aquel extraño trance la odiaría por ser testigo de aquella absoluta pérdida de control, pero ahora necesitaba aquello y, pese a todo, pese a aquellos años de insultos y antagonismo mutuo, ella iba a dárselo.

— ¿Por qué? — preguntó con la voz amortiguada, tratando de recuperarse.

Ella podría haber mentido, pero tal vez fue el hecho de que no lo hiciera lo que logró que Draco no se fuera de allí dejándola sola.

— No lo sé.

Y no lo sabía, pero tampoco quería profundizar mucho en ello, prefería no saberlo. No creía que le fuera a gustar la conclusión.

Ninguno de los dos quería moverse, temerosos de romper aquel momento robado al tiempo que les había acercado de un modo que jamás hubieran creído posible. Draco necesitaba aquel consuelo como nunca había necesitado algo antes y ella se lo ofrecía con su cuerpo, con su presencia, con las caricias de sus dedos en la nuca... Se tensó y ella suspiró, pensando que era el momento de empujarla e insultarla, pero se equivoco porque el solo se apartó lo suficiente para mirarla a la cara y sacudió la cabeza.

— Maldita sea, Granger — La miró entrecerrando los ojos — Te ofrezco un trato — dijo tratando en grueso. Ella alzó las cejas, esperando — hablaré con Dumbledore, le pediré ayuda y hablaré de lo que sé.

Al decir aquello una parte de él se relajó, sabiendo que, pese a no ser el camino más fácil, si era el mejor, sobre todo el mejor para él, el único del que podía salir con vida. Pero era un Malfoy, si podía sacar provecho de la situación, lo haría. La conseguiría sin dejar su dignidad por los suelos.

— ¿Me estás diciendo que quieres algo a cambio? — El asintió y Hermione le miró impactada. ¿Le ofrecía ayuda y él quería hacer un trato? Algo se le escapaba — ¿Y qué es lo que quieres?

— A ti.


Hola!

Deciros que sí, se que va algo rápido pero, como os dije no quiero hacer un long fic, de modo que meter todo en el contenido en pocos capítulos me resulta complicado, ya sabéis que soy de las que se enrolla xD así que hago lo que puedo! Espero que os guste y no os decepcione demasiado! Pero creo que quien mucho abarca... No quiero dejar las cosas a medias y si me lío con demasiadas cosas al final no se hace ninguna.

No me da tiempo a contestar una a una porque quiero subir el capítulo y voy con prisa! Pero miles de GRACIAS por vuestros reviews:

Nurf, Manu Rocha, mariapotter2002, Emma Felton, nagini27, Yuuki Kuchiki, AnaBrest15, Pamela Vega, Rowina Ravenclaw.

Nurf, SI, todo para ti! jajaja y sí, pretendo dejarlo cuando acabe CAH, al menos dedicarme al proyecto que tengo pendiente desde hace tiempo. Lo que no quiere decir que me pase en algún momento xD

Besos y saludos

AJ