Capítulo 2: Piso de mármol.

–Era muy pequeña así que no recuerdo mi antigua casa– aseguró Kido y él se sintió un idiota, ¡¿por qué no se le ocurrió tan buena excusa a él?!

Una vez que todos se marcharon, ya en su habitación, no dejaba de darle vueltas a aquello... Entendía que Kido se negara a ver el estado en el que quedó su antiguo hogar, donde perdió tanto, pero él sentía una enorme curiosidad.

No podía ir y preguntarle por su antigua casa, ella le daría la misma excusa que a los demás, sin embargo aquello no lo detendría.

Sonrió por lo bajo mientras tomaba su teléfono, ser la hija de una familia millonaria que vive en una mansión hacía que fuera muy fácil encontrar información. Y en efecto lo fue, con las simples palabras "Mansión Kido" en el buscador, encontró cientos de fotografías de aquella residencia por dentro y por fuera, del incendio, de las cenizas a las que se redujo, del propietario que aquel lugar...

No solía pensar demasiado en ello, los muertos estaban muertos, se suponía que debía respetar sus almas... Pero ver ahí a ese hijo de perra hacía que deseara que su alma estuviera sufriendo las peores atrocidades...

Él sabía perfectamente lo que era tener un mal padre, pero ese desgraciado se había llevado el premio.

Y aunque el incidente del incendio podría atribuirse a una locura pasajera por la presión y los problemas financieros, como lo hacían algunos blogs que contaban la historia... Sabía de buena mano que ese maldito estaba loco desde mucho antes, después de todo él era el causante de que una niña pequeña como Tsubomi, deseara desaparecer del mundo...

Ni él, luego de recibir golpes e insultos de su propia madre había deseado eso... Desaparecer sus heridas sí, no su existencia completa hasta reducirse a nada...

–¡¿Qué demonios le hizo ese tipo?!– se preguntó por lo bajo, no queriendo molestar al resto que de seguro ya estarían durmiendo.

En uno de esos blogs hablaba de sucesos paranormales alrededor de aquel incidente... No necesitaba seguir leyendo para saber de qué se trataba, después de todo el noventa por ciento de los rumores acerca de fantasmas que había en la ciudad donde vivían actualmente, eran responsabilidad de Kido. Sin embargo al seguir viendo esa página se encontró con una fotografía que prefería no haber visto jamás.

Nunca pensó que en internet pululara aquella imagen de Kido siendo sacada de entre los escombros, con apenas unos retazos de tela cubriéndola y su cuerpo quemado casi por completo. En el blog profesaba que era increíble que aquella niña hubiera sobrevivido...

Aquello le recordó que ella realmente no lo había hecho...

–Veo gente muerta...– susurró no resistiéndose al chiste fácil, sin embargo no se rió ni un poco ante su propio chiste malo.

Bajar al infierno para partirle la cara al tipo ese se le hacía un gran plan en esos momentos. Y con aquel pensamiento cerró todas las pestañas y dejó su celular sobre la mesita de noche... Después de aquello no sentía deseos de dar una de sus caminatas nocturnas.


Miró a su alrededor dejando salir un largo silbido de sorpresa –Este lugar sí que es grande...– comentó para sí mismo, de pie a mitad de ese salón interminable –Probablemente el piso sobre el que estoy parado valga más que mi vida– comentó para sí mismo.

Unos pasos acercándose lo alertaron, por fortuna esas enormes columnas de mármol, eran capaces de cubrir su delgado cuerpo por completo.

Unas personas, por sus ropas un mayordomo y tres empleadas domésticas, pasaron cerca, no se molestó en escuchar su conversación, lo que atrapó la completa atención de sus sentidos, era aquella enorme escalera frente a sus ojos.

Debía subir, si en el piso más bajo de aquel lugar había tal despliegue, debía ver lo que había más arriba… La curiosidad mató al gato decían por ahí… Claro que esa frase armada, no era aplicable a él…

Una vez que aquellas personas se alejaron lo suficiente, caminó tranquilamente, como quien recorre un parque en un día de primavera, con las manos en los bolsillos y actitud desenfadada, rumbo al inicio de aquella escalera.

–¿Quién es usted?– escuchó esa voz cuando estaba a no más de 4 pasos de alcanzar su objetivo. Levantó la mirada para encontrarse con esa niña tan linda y de mirada curiosa que lo observaba varios peldaños por encima de él.

Debía pensar en algo, una excusa, un buen cuento que hiciese que la niña no lo delatara y lo sacaran a patadas de aquella mansión. No sabía por qué, pero debía continuar en ese lugar.

–Soy… Un mago– aseguró sonriéndole.

–¿Mago...?– preguntó la niña con cierto interés, instintivamente apretando más fuerte aquel libro que sostenía contra su pecho.

Él asintió y como una muestra de aquello hizo aparecer de la nada una rosa en su mano, la cual le ofreció, pero en cuanto la niña intentó alcanzarla, la rosa se desintegró, convirtiéndose en decenas de hermosas palomas que se fueron volando y desaparecieron en la lejanía.

–¡Ohh!– exclamó la niña observando el horizonte con infantil fascinación -Entonces… ¿Los magos son reales...?- preguntó volviendo a observarlo.

Juraría que en ese momento pudo ver el universo entero resplandeciendo en aquella inocente mirada –Claro…– asintió sin dejar de sonreírle, y en ese momento, sonaron cinco campanadas.

–¡Debo irme, es la fiesta de Rin!– exclamó la niña girándose.

–¿Puedo acompañarte?– preguntó él siguiéndola, no iba a dejarla sola, no entendía bien el por qué, pero no lo haría.

La niña asintió –¿Cuál es su nombre?

–Ka… Digo… Shuuya, me llamo Shuuya, ¿tú?

–Tsubomi.

–Lindo nombre…– murmuró mirando hacia arriba pensativo, aquella niña tan dulce, se convertiría en la líder fuerte y malhumorada que todos conocían, quién lo diría -Y… ¿Qué llevas ahí?– preguntó nuevamente, señalando aquel libro.

–Es un diario, aquí escribo todas las cosas que me pasan en el día– le explicó al tiempo que ponían un pie en el primer piso –. Pero lo que hay aquí escrito es un secreto– le contó con picardía poniendo el índice sobre sus labios.

–Entendido… Un secreto– imitó el gesto divertido, y sólo cuando la expresión en aquella dulce carita cambió a una temerosa, él se percató del entorno.

El largo y lujoso pasillo era típico de una mansión como aquella, sin embargo las paredes estaban cubiertas de cuadros, en los cuales aparecía la imagen de esas personas, probablemente antepasados de la familia que ahora vivía en ese lugar.

–Se ven… Tenebrosos…– comentó sinceramente, mientras caminaba al lado de Tsubomi –Su ojos… Hay algo raro en ellos…

–Esos ojos… No están pintados…- le informó su acompañante sin levantar la mirada.

No lo comprendió de inmediato, pero entonces detectó un leve movimiento en una de las pinturas, esos ojos, se habían movido…

Miró hacia atrás, cientos de ojos clavados en ellos, se quedó estático… Aquello era terrorífico por donde se lo mirara.

–Si te detienes… Se vuelve peor…– la escuchó decir –Ellos seguirán viéndonos sin importar lo que hagas…

Se forzó a salir de su estupefacción y retomó el camino, observando claramente como aquellos cuadros seguían sus movimientos con la mirada –¿Por qué...?– preguntó para sí mismo.

Pero ella respondió –Por mí… Siempre están viéndome… Todos lo hacen, todo el tiempo…

Cuatro campanadas resonaron en sus oídos, y una nueva escalera apareció frente a ellos.

–¡Estamos más cerca!– exclamó la niña corriendo en esa dirección.

Y él la siguió, no la dejaría sola, y definitivamente… No se quedaría un segundo más de lo necesario en ese odioso pasillo.

La escalera era bastante corta, así que casi de inmediato se encontraron frente a otro pasillo… Se fijó de inmediato en el entorno, era ostentoso… Excesivamente ostentoso si le preguntaban…

De hecho, más que un pasillo, parecía el depósito de un museo de arte, con cientos de esculturas, jarrones, y demás piezas de arte amontonadas y apiladas por doquier.

–¿Por dónde pasamos...?– preguntó desconcertado.

–Por aquí…– le indicó ella trepando por encima de una de las esculturas que estaba atravesada bloqueando el camino, y él… Por supuesto la siguió.

Sin embargo el movimiento de aquella escultura, tiró un busto de mármol que al caer estalló en mil pedazos… Saliendo de él numerosos murmullos...

Se quedó viendo aquella figura rota en el suelo, esas voces que salían de ella, muchas y muy suaves, no logró distinguir ninguna palabra… Lo que sí notó fue la forma en que el menudo cuerpo de Tsubomi temblaba mientras observaba la escultura rota.

–Continúa…– le pidió, odiaba verla tan aterrada y si no hacía algo, se quedaría atorada en ese terrorífico lugar.

Ella asintió y continuó su camino, cayendo sobre un jarrón y rompiéndolo, de éste salieron más murmullos, aunque estos más claros que los anteriores, tanto que fue capaz de reconocer algunas palabras como: "Bastarda" o "Inútil". De alguna forma, supo de inmediato hacia quién estaban dirigidos esos insultos.

Tsubomi continuaba su camino, temerosa, pero imparable, una mano sosteniendo su agenda y la otra apartando obstáculos, algunos de los cuales se rompían, convirtiendo aquellos murmullos en gritos insoportables.

Sabía que debía ayudarle con aquello, pero se le estaba complicando seguirle el ritmo a una niña de… ¿Cuánto...? ¿Seis, siete años? Sin embargo, cuando en medio de aquel caos de voces, Tsubomi empujó sin querer una enorme estatua de bronce y ésta se tambaleó para luego caer sobre ella… Fue capaz de correr en ese sitio lleno de obstáculos y detener la caída con su hombro.

–Eso estuvo cerca…– murmuró dejando caer aquella estatua a un lado, el contrario al que estaba Tsubomi -¡Vamos!

Continuaron aquel camino juntos, hasta llegar a una zona despejada, donde ella se detuvo.

–Muchas gracias– le sonrió –. Nunca había llegado tan lejos…

–¿Eh...?– preguntó en el momento en que se escucharon tres campanadas.

Se quedó en ese sitio observando como ella comenzaba a subir la escalera, no lograba entenderlo, ¿qué era aquel lugar? ¿Por qué dijo eso de que nunca había llegado tan lejos? Y… ¿Por qué las horas pasaban hacia atrás...? Esto último, era lo que lo ponía más nervioso.

El siguiente piso no se parecía en nada a los anteriores, el lugar era simplemente tenebroso… El suelo de madera crujía bajo sus pies, y la luz de la luna, la única fuente de iluminación del lugar, era cubierta por gruesas nubes, lo cual le impedía ver cualquier cosa… Un ambiente que encajaba perfecto con la atmósfera de dolor y sufrimiento que se respiraba.

–¿Estás ahí...?– la llamó, odiaba no poder verla.

–S-Sí…– aquel tartamudeo, claro signo de que la pobre niña estaba aterrada, le encogió el corazón.

–¿Quieres tomar mi mano?– preguntó extendiéndola hacia donde creía que ella se encontraba, y probablemente Tsubomi tuviera mejor vista que él, porque la tomó de inmediato dándole un tímido "Gracias".

Cuando la luna se asomó entre las nubes, sus ojos viajaron directo a su acompañante, a pesar de temblar de miedo, seguía adelante… Tsubomi era sin dudas, la chica más fuerte que conocía…

–¡Vete!– se escuchó voz femenina, femenina y muy muy enojada.

No alcanzó a procesar aquello cuando de la nada apareció frente a ambos el espectro de una mujer… Delgada, de lacio y largo cabello rojo, sus uñas perfectamente pintadas en ese color, y su rostro cubierto por las sombras.

–¡Lo arruinaste todo! ¡Es tu culpa! ¡Todo es tu culpa! ¡Vete!– le gritó la mujer desapareciendo en el momento en que él dio un paso dispuesto a decirle un par de cosas a ese molesto espectro.

–¿Qué demonios fue eso...?– preguntó al aire buscando esa mujer con la mirada.

–Madre…– respondió la vocesita a su lado –La esposa de mi padre…– agregó cuando él la miró confundido.

Estaba llorando, aferrada a su diario y a la mano que él le había ofrecido –Tranquila– se inclinó hasta quedar a su altura –. Estoy contigo, nadie va a dañarte…– le prometió besando su mano al estilo príncipe de cuento de hadas.

Ella asintió tomando aire para calmarse, y entonces aquella mujer apareció nuevamente junto a ellos…

–¡Eres la culpable! ¡La única culpable! ¡VETE DE MI CASA!– gritó lo último haciendo que las paredes temblaran –¡TE ODIO!

–Vamos…– le dijo mientras se ponía de pie y comenzaba a caminar, pero ella seguía en su lugar congelada por el miedo observando a esa mujer –Tsubomi…– la llamó –Tsubomi, ¡mírame!– cuando ella finalmente lo hizo, él le sonrió –Soy un mago, ¿recuerdas? Te sacaré de aquí…

En ese momento la mujer desapareció, mientras el lugar se iluminaba un poco, lo suficiente para ver el camino, y que junto a las dos campanadas, aquellas escaleras aparecieran frente a ellos.

–Realmente… Eres un mago…– comentó ella mientras subían.

Y habría deseado que aquello fuera verdad… Tener la magia para sacarla de aquel lugar y hacerla feliz…

Tosió con fuerza, el aire de ese piso estaba completamente viciado… Humo y cenizas volaban por toda esa pequeña habitación sin ventanas en la que estaban ahora.

Y el sonido disonante de un destartalado piano completaba aquella escena que decía a gritos locura.

–Creí que no llegarías…– escuchó la voz de un hombre, y antes de que Tsubomi moviera un músculo, tiró de su brazo hasta dejarla detrás de su cuerpo.

Conocía la historia, y sabía perfectamente quién era esa persona. Ese malnacido no iba a acercarse a ella, ni un centímetro más… No permitiría que ese maldito loco volviera a dañarla.

–Eres igual a tu madre…– murmuró el tipo arrodillándose y acariciando el rostro de Tsubomi…

Un momento, ¿que hacía ella ahí? Miró su mano y en lugar de encontrar la de la niña, encontró su diario, ese del que nunca se separaba.

–Te amo tanto…– declaró el hombre acariciando el hombro de aquella niña que no se movía, y cuya mirada estaba completamente opaca… Como si hubiera perdido el alma.

En cuanto vio a ese tipo tomar sus menudos bracitos y acercar su rostro al de ella, algo se encendió en su interior.

–¡De eso nada!– gritó corriendo hacia el hombre y empujándolo con todas sus fuerzas –Tsubomi… ¡Tsubomi mírame!– le suplicó, con lágrimas en sus propios ojos… Lo que había visto, lo que representaba aquello… Iba a torturarlo por el resto de su vida, estaba seguro de eso…

Colocó el diario en sus manos, y la vio recuperar un poco de brillo en la mirada –Eso es… El siguiente piso… Ahí está tu hermana, ¿verdad?– le preguntó, obteniendo un leve movimiento de cabeza como respuesta.

–Voy a matarte…– escuchó la voz de ese hombre detrás de él, y se sintió un estúpido por creer que solucionaría aquello con un simple empujón.

Giró para enfrentarlo, viéndolo con todo el odio del que era capaz y negó –Seré yo quien te asesine…– declaró con seguridad y sus puños cerrados –Vas a pagar… Por cada lágrima y cada pensamiento triste que provocaste en ella…

El hombre sólo sonrió, dejando caer un fósforo encendido al piso, cuyo fuego se intensificó al entrar en contacto con un líquido, seguramente gasolina…

No necesitó quedarse a ver, para saber que detrás del hombre, había una montaña de dinamita, suficiente para convertir aquella mansión en cenizas…

Cargó a Tsubomi en sus brazos dispuesto a huir, aunque aquello fuera físicamente imposible, pero, ¿a dónde? La escalera por la que llegaron había desaparecido.

–¡¿Qué tengo que hacer para que suene la última campanada?!– preguntó desesperado, sabiendo que sólo así se abriría la salida de aquel piso –¡Tsubomi! ¡Dime!– le suplicó.

–No se puede…– murmuró ella mirando fijamente aquella pila de dinamita, aquella en la que una chica pelirroja, Rin, estaba encadenada –Así es como debe acabar…

–¡No, eso no es cierto!– exclamó desesperado –¡Puedo cambiarlo! ¡Puedo salvarte! ¡Porque soy un mago!

–A veces… Ni la magia es suficiente…– respondió ella y en ese momento, la última campanada sonó y el infierno se desató…


Sollozó de rodillas en aquel sitio completamente vacío, en el cual no había nada aparte de él y ese menudo cuerpecito calcinado que abrazaba, y sobre el que caían sus gruesas lágrimas.

–No lo logré…– sollozó –No pude salvarte… No pude evitarlo…

–No debías evitarlo…– la escuchó decir, pero negó –El pasado es para aprender de él… No para ser cambiado.

Volvió a negar, sintiendo como ella se alejaba de su agarre, no queriendo dejarla ir –Te ayudé a llegar a ese piso… Si no lo hubiera hecho… ¿Qué habría pasado...?

–Quien sabe... Tal vez nada… Tal vez exactamente lo mismo…

–S-Si no lo hubiera hecho… No habrías muerto…– levantó su mirada para encontrarse con un par de ojos rojos y una sonrisa en aquel rostro desfigurado.

–Entonces no te hubiera conocido… Ni a los demás… Las cosas tal vez no salieron bien… Pero pudieron salir peor…

Pese a aquel intento de consuelo, él no podía dejar de llorar, si no pudo salvarla, ¿qué sentido tuvo aquello?

–Gracias por todo… Lo hiciste bien… Nos veremos pronto…– se despidió Tsubomi desapareciendo frente a sus ojos.


Despertó en su cama, no le sorprendió, supo desde el inicio que aquello era un sueño. Su rostro estaba húmedo, y seguiría así por un tiempo ya que las lágrimas continuaban cayendo.

Puso una mano sobre sus ojos y lloró a gritos aquello.

Gritos que fueron interrumpidos por una suave y entrecortada voz –¿Shuuya...?

Continuará.

Shuuya… Deja la droga por favor...

Ya en serio, no me pregunten de dónde salió esto… Pero aquí está, y como ven tendrá tercera parte ya en el mundo real dentro de lo posible. No prometo que la traeré pronto, pero algún día aparecerá.

Muchas gracias por seguir esta historia y por sus hermosos comentarios, me han hecho muy feliz.

A continuación paso a responderlos:

Asami-Teikka: Lamento la demora, pero aquí está el segundo, espero que haya sido de tu agrado. Muchísimas gracias por comentar, saludos.

Yin-princesa-del-olvido: Perdón por la tardanza, pero pero… No tengo excusas, pero aquí está el capítulo, muchas gracias por decir que es lo más lindo que leíste. Y por supuesto gracias por comentar, besos.

Clover819: ¡Hola! Tal como prometí, responderé tu review aquí como corresponde. Yo también amé la idea, basándome en la imagen que puse como portada, es demasiado tierna, necesitaba escribir algo de ellos… Y tal como verás en este capítulo en efecto Kano ve la casa de Tsubomi, de hecho la primer parte la tenía escrita desde antes de publicar el capítulo anterior. Y respecto a la imagen, sí se cual es la que decís y como verás me basé bastante en ella para escribir este. Aunque si lo miro bien, no quedó con mucho diálogo personal entre ellos, pero espero que aún así sea de tu agrado.

Muchas gracias por el comentario, si bien ya lo estaba escribiendo, saber que hay gente que aún espera esta actualización da más ganas de escribir. Besos.

Muchas gracias a todos por leer.

Hasta la próxima.

Trekumy.