Draco despertó con la boca completamente sucia. Quizá, "despertó" no era la palabra adecuada, era más bien como después de caer a través de la puerta blanca Draco casi se había teletransportado por lo que en un segundo se encontraba gritando en el aire y al siguiente estaba tendido en tierra firme. Sin embargo, no se sentía como en el infierno. Cuando Draco parpadeó para quitarse el polvo de los ojos levantándose inseguro, frunció el ceño.

Estaba en un patio de juegos con Potter gimiendo en algún lugar a su izquierda, intentando sentarse. Eso fue raro. Draco jamás esperó que el infierno tuviese un patio de recreo, pero supuso que incluso los niños de Satán necesitaban un descanso a veces. Intentó recordar todo lo que sabía sobre el infierno. El año anterior había leído, en secreto, Inferno un poema muggle sobre un viaje infierno y que disfrutó inmensamente, aunque no lo admitiría en voz alta. En ella nunca se habló de un patio de recreo, especialmente uno de aspecto tan abandonado y solitario como ese. Los columpios grises crujían tristemente en el viento, la cuerda de acero, originalmente gris, estaba oxidada. El patio de recreo se encontraba delimitado por una valla que a Draco le recordó extrañamente a una trampa. Le produjo escalofríos. El cielo era también de un gris acerado, las nubes que se acumulaban en lo alto tenían un peligroso color verde a sus ojos. En tres direcciones, un campo se extendía hasta donde alcanzaba la vista, con una hierba seca y desigual que llegaba a la altura de la pantorrilla de Draco. El único lado que no parecía una plantación consistía en un sendero de hierba cuidadosamente recortada que provocó la pregunta; ¿quién diablos hizo jardinería en el infierno? El sendero conducía a un pueblo hosco y de aspecto gris que parecía británico, lo cual era una idiotez ya que el Infierno no tenía ubicación geográfica. Al menos Draco no creía que la tuviera.

―Mierda―maldijo Potter junto a él y la irritación de Draco se elevó de inmediato. Por un dichoso segundo, se había olvidado del niño-maravilla, el Slytherin se sacudió el polvo, ignorando deliberadamente a Potter a su lado como si eso lo hiciera irse. Por supuesto que no ―. Conozco este lugar― Potter sonaba como si estuviera hablando consigo mismo y cuando Draco lo miró, vio que los ojos del chico eran lejanos y no brillaban con la misma intensidad de siempre ―. Esto es Little Whinging.

―Esto es el Limbo― objetó Draco con cara de pocos amigos. Potter parpadeó como si despertara de un trance y envió a Draco una mirada extraña. Había polvo en sus lentes.

― ¿Li-qué?

―Limbo― Draco puso los ojos en blanco. Casi agregó ¿que no lees? pero luego recordó que nunca debería haber leído Inferno, ya que era un trabajo muggle ―. Blaise me contó al respecto alguna vez― el rubio trató de parecer indiferente mientras hilaba información ―. Si estoy en lo correcto, que normalmente lo estoy, hay nueve áreas en el infierno, o 'círculos' si prefieres. La primera se llama Limbo, y ahí es donde se supone que deben ir todos los no creyentes.

Para sorpresa de Draco, Potter sonrió ― ¡Has leído Inferno!"

―N-No, no lo hice― Draco balbuceó, sintiendo que la sangre corría a sus mejillas.

―Entonces eres casi tan inteligente como Hermione― Potter se quitó las gafas y comenzó a limpiarlas con su túnica.

― ¿Casi? ― Draco refunfuñó para sí mismo ―. Soy más listo que esa…

No terminó su oración cuando un viento repentino se levantó. Anteriormente, el clima había sido... neutral. Ni demasiado cálido, ni demasiado frío, ni humedad ni brisa en el aire. Pero ahora, de repente, una ráfaga de viento helado envolvió las oscuras hojas muertas en el patio de recreo como bolas de polvo en viejas películas estadounidenses sobre la Gran Depresión. Tiró del pelo oscuro de Potter y el chico se llevó las gafas a la nariz, con aspecto inquieto. Los columpios crujieron y sonó extrañamente como una advertencia. El cabello de Draco se erizó. Repentinamente él no quería estar en Little Whinging, o Limbo, o donde sea que estuvieran.

―Creo que sé a dónde tenemos que ir― dijo Potter, con los labios apretados. Por lo general, Draco protestaba siguiendo al idiota a cualquier parte, porque, aun cuando Potter parecía sobrevivir a cada roce con la muerte, Draco dudaba que tuviera tanta suerte. Pero en ese momento se sintió tan ansioso por salir del patio que casi se aferró a la bata de Potter como un niño asustado.

El Gryffindor realmente parecía saber hacia dónde se dirigía. Caminó con paso seguro pero deprimente por el sendero de hierba cortada, como si estuviera caminando hacia un funeral. Eso no ayudó a los nervios de Draco mientras lo seguía rápidamente, manteniéndose al lado de Potter porque se rehusaba a ir detrás. Sin embargo, siguió mirando por encima del hombro y, mientras avanzaban por la ciudad, el patio de recreo se hacía cada vez más pequeño a sus espaldas. Nadie había aparecido, el área aún estaba desierta, pero eso no calmó a Draco. El viento los siguió, crujiendo la hierba muerta como recordándoles su presencia.

―Deja de mirar hacia atrás― suspiró Potter ―. Es una distracción.

―Haré lo que se me dé la gana, Potter― gruñó Draco, y tomó su varita. Palpar la madera en su mano lo hizo sentir mil veces mejor. Potter negó con la cabeza, pero Draco se sintió un poco complacido cuando siguió su ejemplo y sacó su propia varita.

―Cuéntame más sobre Limbo― exigió Potter cuando finalmente entraron en la ciudad. Draco no sabía cómo era Little Whinging en la vida real, pero en el infierno la realidad alternativa era una pesadilla en el mejor de los casos. Las pulcras hileras de casas idénticas se alineaban en calles abandonadas; no había autos, ni gatos callejeros, ni señales de vida. Cualquier sol que se ocultara detrás de las pesadas nubes había comenzado a ponerse y se volvió más frío y oscuro. Mientras los dos muchachos se aventuraban entre las casas, Draco trató de no mirarlos. Sus paredes eran lisas, sus techos inclinados. No había ventanas ni puertas en ninguno de ellos, como si rechazaran a los chicos la oportunidad de pasar a la seguridad de las paredes. Todos parecían mirarlos mientras pasaban con sus fríos y ciegos rostros de ladrillo.

―Limbo es donde Dante se encuentra con Virgil, su guía― dijo Draco melancólicamente, pateando una piedra en el suelo evitando mirar en dirección a las casas.

― ¡Así que lo has leído! ― insistió Potter. Draco sintió que su ojo se contraía molesto y miró al Gryffindor. Su molestia creció cuando se dio cuenta de que tenía que estirar el cuello para hacerlo. ¿Cuándo se volvió Potter tan alto?

― ¿Puedes callarte y escuchar? ― espetó Draco bruscamente ―. Limbo es visto como el... pasillo al infierno. El lugar donde las personas que no han pecado permanecen porque eligen a la humanidad por encima de Cristo. El objetivo del Limbo es que las personas atrapadas aquí no puedan ver más allá de lo que hay, no tienen fe ni esperan que haya nada más que esto.

― ¿Que personas? ― Potter miró alrededor inquieto ―. Aquí no hay nadie.

―Oh, discúlpame, pensé que eras tú el ciego, no yo― dijo Draco sarcásticamente ―. No sé dónde están todos. En Inferno, la gente del Limbo eran hombres como Homero, Aristóteles y Orfeo. La Reina de las Amazonas y Electra estaban aquí también: gente de mitos, Potter.

―Pensé que el infierno también era un mito hasta que apareció una puerta en la oficina del director― señaló Potter. Draco suspiró. Se estaba cansando de las casas grises que pasaban constantemente. Quería salir del Limbo, aunque sospechaba que lo que estaba por venir era peor ―. ¿Cómo sabemos si algo es real? ¿Cómo sabemos que la gente de los mitos realmente no existe?

―Incluso si son reales, genio, no creo que los encontremos― dijo Draco ―. Este Limbo fue creado para adaptarse a cada persona específica que viene aquí. Al menos eso es lo que creo. Claramente, esto tiene algo que ver contigo― el rubio miró con disgusto a las casas y sintió a Potter tensarse junto a él.

―No creo en Dios, pero no creo que esto tenga ninguna conexión con mi fe― dijo en voz baja. Draco se encogió de hombros.

―Tal vez tiene algo que ver con tu educación muggle. No me hagas preguntas estúpidas, lo único que sé es que solo tenemos para guiarnos un poema antiguo escrito por un tipo que probablemente estaba drogado― espetó Draco, terminando la comadrería o lo que sea que se estaba forjando entre él y Potter.

―No hice una pregunta― se enfadó Potter. Luego se enderezó y su paso titubeó ―. Pase lo que pase, creo que tendrá sentido pronto.

Draco no quería seguir la mirada de Potter, pero se encontró incapaz de detenerse, vio una casa al final de la calle, con un letrero atascado afuera que decía 4 Privet Drive. La casa más allá de la pared baja era como las otras en esa calle, excepto que en lugar de estar sin puertas ni ventanas, tenía siete ventanas en el segundo piso y siete puertas en el piso inferior. El estómago de Draco se retorció. Se sentía como si estuviera en un sueño desordenado, todo parecía surrealista y, sin embargo, irremediablemente tangible a la vez. El rubio podía sentir el viento frío sobre su piel, sentir su varita presionando contra su palma. Era real.

Fuera de la casa, tres personas estaban tendidas en sillas de playa, como si no se estuviera formando una tormenta y estaban tomando el sol de forma casual en el camino de entrada. Dos de las personas eran hombres sin camisa, un hombre y un niño. El chico era tal vez la edad de Draco y Potter, su piel bronceada como si realmente hubiera un sol. El hombre junto a él debe haber sido su padre y le recordó a Draco una morsa con su enorme estómago y su extraño bigote. La tercera persona era una mujer rubia delgada como un palo con las mejillas hundidas, vestida con un traje de baño pasado de moda. Los tres estaban inmóviles, las gafas de sol posadas en sus narices, las caras estiradas hacia el sol invisible.

―Disculpe― comenzó Draco, dando un paso hacia adelante, feliz de que finalmente encontraron a alguien. Sin embargo, Potter lo agarró por el brazo y su toque fue un electroshock. Tiró de Draco hacia atrás con brusquedad

―No― se veía nauseabundo y enojado en el acto, aunque Draco no entendía la razón. Miró a la casa como si fuera moho creciendo en su pared ―. Esa gente es mi familia muggle.

Draco manejaba muy poca información acerca de la educación de Potter. Por supuesto, todos sabían sobre sus primeros meses, cuando vivía con los famosos Lily y James Potter en el valle de Godric y fue ahí donde Voldemort asesinó a los padres de Potter. Lo siguiente que Draco supo fue que Hagrid había recogido a Potter de algún tío muggle, y había entrado a Hogwarts cuando cumplió once años, Draco se volvió un poco... obsesionado con Potter. Odiaba admitirlo. Cuando lo conoció en la tienda de ropa, Draco los imaginó como amigos. Él no tenía ningún amigo propiamente tal en ese entonces, solo otros hijos de la familia de sangre pura que realmente no le gustaban. Y Potter era muy diferente: el tosco marco de sus gafas junto con cinta adhesiva, y el cabello en todas direcciones. Draco no sabía cómo era la vida de Potter antes de su primer encuentro, pero el recuerdo del Gryffindor rechazando la amistad de Draco en ese tren aún le dolía cada vez que lo recordaba.

―No me importa quiénes son― dijo con rudeza sintiendo que las viejas heridas reabrían ―. Claramente están aquí por una razón. Quizás sean como Virgil, nuestros guías.

―No lo son― dijo Potter con determinación. Realmente estaba poniendo nervioso a Draco, no ofreció ninguna explicación por su anterior declaración, como si esperara que Draco confiara en él. Después de toda la mierda que han pasado, era bastante improbable. El Slytherin dio un paso hacia 4 Privet Drive, decidido a terminar con esto y avanzar lo más rápido posible para alejarse de Potter, pero el Gryffindor simplemente lo tiró de nuevo. Draco golpeó con fuerza su brazo, frustrado.

― ¿Cuál es tu maldito problema? ― gritó ―Sé que probablemente estas son tus malditas vacaciones ideales, pero en realidad yo quiero salir de aquí, ¿así que dejarías de intentar cagar toda nuestra misión?

La boca de Potter se apretó, pero por los gritos de Draco, el muggle se movió.

―Harry― se levantó la mujer. Parecía casi transparente, sus gafas de sol eran tan oscuras que Draco no podía ver sus ojos― ¿Quién es tu... amigo? ― la mujer sonrió de la forma en que alguien sonreía cuando realmente una persona no te agradaba realmente pero finges que sí. Las manos de Potter se cerraron en puños, pero Draco vio el conflicto en sus ojos.

―Su nombre es Draco, tía Petunia. Él no es mi amigo― dijo el chico. Draco no tenía idea de por qué estaba hablando con personas que claramente no eran reales, la mujer que aparentemente era su tía asintió con la cabeza, y su hijo con aspecto de cerdito resopló.

―Sí mamá, Harry no tiene amigos― se rió. Su madre se rió entre dientes y Draco parpadeó, confundido. Cuando miró a Potter, él estaba mirando al suelo, con su varita floja en la mano. El hombre morsa se adelantó y espetó

― ¿Por qué no me das ese palo, muchacho? ― Él le gritó con una advertencia disfrazada en sus palabras. Hubo una tensión repentina en el aire. Draco se estaba poniendo cada vez más incómodo, aunque no sabía por qué ―. Antes de que hagas más de tus... trucos de magia.

Potter parecía preocupado y confundido, como si no supiera dónde estaba ―. La necesito para después, tío.

―Harry― gruñó el hombre ―dame esa varita tuya o no te dejaremos salir del armario la próxima semana. Y no tendrás comida.

Draco miró con disgusto a la familia cuando las piezas comenzaron a hacer clic juntas. En aquel entonces, en la tienda, cuando tenían once años, las gafas de Potter no se habían roto porque era un superhéroe, luchando contra la oscuridad desde una edad temprana. La verdad era mucho más mundana y desgarradora. El puerco resopló de nuevo y Draco sintió el impulso de golpearlo ―. ¡Sí! ¡Y yo, Piers y los demás te daremos una paliza, como la última vez!

Draco había escuchado rumores, aunque nunca los creyó. A veces susurraban que Harry Potter había crecido en un armario debajo de las escaleras, y que había sido abusado toda su vida por su familia muggle. Draco nunca creyó eso. En su cabeza siempre había pensado que Potter creció en la casa de algún pariente rico. Que él estaba feliz y contento; el chico maravilloso que tenía todo. Y ahora los hechos le demostraban que había estad equivocado y... bueno, hizo que algo se apretara en su estómago. Se giró para decirle a Potter que tenían que entrar a la casa, y se tambaleó hacia atrás.

Donde Potter había estado hace un segundo, imponiéndose sobre Draco, estaba un niño pequeño. Tal vez era un poco más joven que cuando Draco lo había visto por primera vez en Madame Malkin, apenas alcanzando el hombro de Draco. Su cara era más redonda, sus brillantes ojos verdes se veían más inocentes. Había un hematoma en su mejilla ruborizada, y cinta en sus lentes, tal como Draco recordaba. En lugar de su túnica, Potter llevaba un jersey de gran tamaño, remendado y un par de pantalones de chándal. Él todavía tenía su varita en la mano.

―P-Potter...― la voz de Draco vaciló.

― ¡Dámelo chico! ― el tío de Potter se levantó con grito y su rostro se puso púrpura en una ira que comenzaba a elevarse. El viento volvió a levantarse y para la sorpresa y horror de Draco, Potter en realidad se acercó al hombre, con la varita extendida. Fue el turno de Draco de agarrar al chico y tirar de él hacia atrás, con el corazón martilleando. Otra fuerte ráfaga de viento casi arrancó al niño de los brazos de Draco, pero el Slytherin se mantuvo, incluso mientras caía de rodillas.

―Necesito darle mi varita― susurró Potter, y sonó aterrorizado, mirando a Draco suplicante. Algo se retorció en el corazón de Draco. Potter se veía tan... pequeño y asustado. Draco de repente quería protegerlo ferozmente.

―No .No, no puedes hacer eso― dijo, casi febrilmente ―.Tienes que sostener la varita, ¿de acuerdo?

Las lágrimas se juntaron en los ojos verdes de Potter y él negó con la cabeza ―. N-No. Me encerrarán de nuevo…

―No, no lo harán― murmuró Draco, con ganas de llorar. Él sorprendió a todos (incluido a sí mismo) cuando de repente abrazó a Potter. Pero técnicamente no era el Potter que él conocía. Él no era el chico fuerte que derrotó a Voldemort varias veces. Era un niño solitario, maltratado y sin amor. Draco lo abrazó con fuerza, desesperado por retroceder en el tiempo y tranquilizar al pequeño Harry diciéndole que su vida no siempre sería tan desgarradora ―. No les dejaré hacer eso. Necesitamos entrar a la casa y luego podemos irnos, ¿bueno?

―No― la voz de Potter quedó amortiguada por el hombro de Draco ―. Nunca me podré ir. Siempre va a ser así, nunca terminará.

Draco se dio cuenta de lo que estaba pasando. Limbo podría no haber castigado a las personas que residían en él, pero todavía era parte del Infierno. La peor parte era que no se podía mirar más allá de lo que había allí; no se podía ver el futuro. Y así era para siempre. Incluso pensar en eso hizo que el corazón de Draco cayera en picada, pero mantuvo la cabeza recta. Sabía que había más, ocho círculos más y luego el hogar, Hogwarts, el mundo real. Solo necesitaban pasar.

― No puedes perder la fe, Harry― Draco se apartó pero se aferró a los hombros del chico―.Tenemos que volver a Hogwarts, ¿sí? Necesitamos terminar ese ensayo de pociones para Snape.

Algo de reconocimiento parpadeó en los ojos de Potter―. Necesito que Hermione me ayude con eso.

―Sí― sonrió Draco ―. Haremos eso. Terminaremos ese estúpido ensayo. Pero primero tenemos que entrar en la casa, ¿de acuerdo?

―Está bien― murmuró Harry. Draco se levantó y sacó su propia varita de nuevo. No recordaba haberlo guardado. El tío de Potter estaba justo contra la puerta, pero claramente no podía abandonar el jardín. Su esposa y su hijo estaban detrás de él como sombras espeluznantes. Draco levantó su varita.

―Déjanos pasar― dijo con determinación. La mano pequeña y pegajosa de Potter se deslizó en la suya.

― ¿Parezco un hombre que puede ser intimidado? ― el hombre rugió y suena como una grabación, como si estuviera repitiendo algo que había dicho en el mundo real. Draco entrecerró los ojos y apretó la mano de Potter. No importa cuánto despreciara al Gryffindor, estas personas lastimaron a un niño, y Draco no aceptaría eso.

―Pasaremos― le dijo a los muggles, y luego se volvió hacia Potter ―. Harry, levanta tu varita. No pueden detenernos mientras creas que podemos entrar a la casa.

― ¿Pero qué puerta es la nuestra? ― preguntó el niño, mirando las siete puertas con una mirada confundida.

―No importa― dijo Draco con dulzura, aunque, por supuesto; importaba. Él mismo se sentía cada vez más asustado. Si lograban pasar a los muggles, tendrían que abrir una puerta, y Draco no tenía idea de cuál sería. Podrían terminar en el Ártico por lo que él sabía. O en la oficina de Dumbledore. O en cualquier lugar realmente. O inclusive terminar en ningún lugar. No, no podía creer eso. Limbo estaba jugando con su mente, haciendo que todo pareciera inútil y confuso.

Todas las puertas eran idénticas, negras con el número cuatro. En un mundo de magia era difícil creer que había un poder omnisciente en el cielo, pero en ese momento Draco deseó creerlo. Deseó que le dieran una señal que lo ayudaría a tomar la decisión correcta. Si hay alguien afuera, quién sea... Miró el cielo de acero e imaginó que alguien lo estaba mirando, alguien que lo ayudaría, solo por esta vez.

Una cuarta figura apareció en el camino de entrada de repente, y Draco se estremeció. El hombre estaba de pie junto a la segunda puerta a la izquierda. Draco nunca lo había visto antes, pero era viejo, y estaba vestido con un mono embarrado, con una gorra de paje en la parte superior de su ralo cabello blanco. Era más transparente que los otros muggles, como si no perteneciera del todo al Limbo. No estaba mirando a Draco o Potter, sus ojos fijos estaban en la segunda puerta.

―Iremos por la segunda puerta― le dijo Draco a Potter. Sabía que esa era la elección correcta, y en el momento en que tomó una decisión se sintió mejor, al igual que Potter cuando se enderezó y levantó su mano, temblando.

―Pasaremos― se oyó un ligero eco de la anterior palabra de Draco y los dos dieron un paso adelante.

― ¿Parezco un hombre que puede ser intimidado? ― El tío de Potter volvió a rugir y sonó como una grabación. Él no puede lastimarnos. Conteniendo el aliento, Draco se adelantó y atravesó la puerta. La mano de Potter temblaba en la suya, pero el chico valientemente lo siguió. Cuando pasaron junto a su tío, el hombre ni siquiera los miró, repitiendo "¿Parezco un hombre que puede ser intimidado?" a la carretera vacía frente a él. El viento se levantó una vez más y con su corazón golpeando a Draco y Potter pasó a los otros dos miembros de la familia, que no se movieron. Llegaron a la puerta y los ojos del anciano se posaron en ellos. Parecía cansado.

―Gracias, Frank― dijo el pequeño Potter, sonriendo como si conociera al hombre. Frank le devolvió la sonrisa casi como si fuera una ocurrencia tardía, y luego abrió la puerta para los dos chicos. En lugar de una habitación detrás de ella, había un campo que se extendía frente a ellos, y una colina arriba. El corazón de Draco tartamudeó y se volvió para mirar el camino detrás de él y los muggles. Estaban de vuelta en sus sillas de playa como si nada hubiera pasado, y con un fuerte tirón de la mano de Potter, el Slytherin entró dando tumbos por la puerta. No tenían otra opción: tenían que seguir adelante.