Las sombras suelen ocultar… secretos. Secretos que la humanidad estaría aterrada de descubrir. Secretos que hacen que yo no sea normal.

Una vida normal ¿Qué es una vida normal? ¿Eso realmente existe? Si es así nunca lo sabré.

Mi nombre es Ares Cullen. Si, me llamo como un software para descargar música. Un nombre raro y a la vez normal. Si le preguntas a mi madre te dirá que era el dios de la guerra griego y que me puso ese nombre porque yo era su guerrero.

A simple vista las personas no se dan cuenta de lo que soy y eso en parte es debido a que puedo camuflarme bien entre los humanos. Soy el chico promedio no alto no bajo, de cabello castaño oscuro, piel pálida, no soy guapo ni feo. Soy del tipo de chicos que no son genios en la escuela, pero no son un desastre.

Puedo perderme fácilmente entre ellos como si fuera uno más… Aunque eso no evita que sienta ansias por beber su sangre. Pero no lo hago por Esme, mi madre. Jamás podría hacer algo que la lastimara no más de lo que ya he hecho con existir.

Hace diecisiete años más o menos, hubo una luna llena violeta. Mi madre no sabía lo que significaba. Más tarde se enteraría que era lo que las tribus brasileñas conocían como la noche de los demonios. Esa noche yo fui concebido. La leyenda brasileña dice que nací de los fragmentos de vida de Esme y… de Carlisle, mi progenitor.

A mi realmente se me hace una chorada, pero las veces que he intentado sacar una conclusión más lógica o coherente, no llegaba a nada y la cabeza me dolía.

Los brasileños intentaron persuadir a mi madre de que yo no debía de nacer, no conocían a alguien como yo. La líder de ellos le dijo a Esme "un milagro en la noche de demonios. No puede ser bueno." Cuando insinuaron que yo le causaría daño a mi madre. Carlisle le pidió a mi madre que se deshiciera de mí. Pero mi madre se aferró a mí, se negó y lucho porque yo naciera. Sin embargo Carlisle tampoco se rindió. Insistía todo el tiempo y eso aumento la tensión entre mis padres.

Yo era un feto no veía nada pero escuchaba todo, aunque en ese entonces no sabía lo que significaba después lo comprendí. La decisión de mi madre lanzo por la borda ese matrimonio que conservaban hacia siglos, y cuando se sintió tentada a hacer caso a Carlisle, se sintió cobarde y se marchó de casa.

Yo nací 7 meses después en Rusia. Si te lo preguntas… en realidad no hablo ruso. Cuando era un bebe de 6 meses mi mamá volvió conmigo a Estados Unidos. Crecí en un pequeño poblado llamado Porto. Era húmedo y lleno de color verde. Llovía todas las noches y casi todo el día, nunca volvía a casa con los pies secos, pero era un lugar que me agradaba. Algunas veces en verano por las tardes cuando el sol se estaba poniendo unos rayos se filtraban en la ventana de mi cuarto y me agradaba ver eso. Me hacía sentir más humano. Más vivo.

A veces me gusta pensar que soy humano. Un humano sin necesidad de beber sangre, sin la tortura que implica estar rodeado de olores tan… apetecibles que jamás podré probar. Un humano que tiene cierta idea de lo que le depara el futuro.

Pero puesto que soy hijo de dos vampiros eso no puede ser real. Aun así tengo ciertas particularidades que me diferenciaban de los vampiros comunes. Puedo Comer comida humana y enfermarme, si puedo morir o no por ello no lo sé. Mi madre nunca se arriesga a experimentar. Siempre que me enfermo, me abriga y me alimenta como lo hacen todas las madres, obligándome a comer los horribles vegetales. También puedo dormir. Pero no puedo tener sueños.

Quiero pensar que tengo una vida extraña, para una persona normal. Aunque sé que realmente es al revés. O quien sabe. Quizás realmente no tengo ninguna de esas cosas.

Eran las 3:40 pm y al fin había llegado a casa. Me baje del bus escolar y camine hacia mi casa, mire al cielo y vi una capa oscura de nubes, un trueno se escuchó y supe que la tormenta estaba amenazando con desparramarse en el pueblo. Me reí mientras continuaba mi camino. Pobres de los jugadores de futbol americano, parece ser que se empaparan.

Al abrir la puerta el olor inundo mis fosas nasales, mamá estaba cocinando. Camine y avente mi mochila al sofá y corrí a la cocina.

–¿estas hambriento? –me pregunto con una sonrisa

–Si –le conteste mientras me sentaba en la mesa, mi madre se desplazó por la cocina convirtiéndose solo en una mancha borrosa y me sirvió una generosa ración de lasaña.

–Hoy llegaste temprano –le dije mientras atacaba la lasaña con el tenedor, me sonrío y dijo animadamente

–termine los asuntos del colegio temprano. –Mi madre trabajaba como consejera escolar en mi distrito, era una persona que la comunidad apreciaba, siempre sonriendo y ayudando a las personas lo mejor que podía. La parte mala, es que todos los hombres la veían boquiabiertos, más de uno fue valiente y lo intento, y yo tuve que disfrutar ver como ella los rechazaba. Aunque para mi gusto tuvo demasiado tacto al hacerlo.

–Iremos a cazar esta noche –dijo sonriendo, mientras me servía un poco de soda en un vaso; pero había una chispa de preocupación en sus ojos, probablemente mi piel debería de estar viéndose… más humana. Cuando recién acabábamos de cazar mi piel tenía un aspecto similar a la suya, de mármol y como si fuera impenetrable, pero conforme el tiempo pasaba se hacía porosa, menos pálida y más similar a la piel humana.

Mis sentidos también se veían afectados con la falta de caza. Cuando me alimentaba de sangre, era más rápido y me sentía más fuerte. Aun así nunca fui tan fuerte, ni veloz como mi madre, a veces ni siquiera podía lograr rebasar al chico más rápido en deportes, y eso era un tanto humillante.

–intentare hacer los deberes de matemáticas temprano –dije y mi madre frunció el entrecejo

–debo cuidar mi C+ madre –bromee y mi mamá me sonrío amorosamente

–Sé que lo intentas… –dijo dándome un beso en la mejilla, asentí y me apresure a terminar mi comida.

–¡no comas tan a prisa! –me regaño.

Despues de comer. Lo intente pero mi cabeza sabia que no necesitaba aprender trigonometria y por eso no me lo concedio. Guarde mi libro de trigonometria en mi mochila y la deje en el piso, me recoste en la cama queria escuchar algo de musica, pero comence a sentir que mis parpados me pesaban. Cuando me desperte mi madre acariciaba mi cabeza.

–¡dormilón! –dijo apretando mi naris

–no soy yo es la cama, esta enamorada de mi ¿sabes? –le dije y mi habitacion se inundo con el sonido de su carcajada.

–no se si me agrada como nuera –murmuro mientras fingia examinarla

–¿es muy mayor para mi? –le pregunte

–algo, pero el verdadero problema es que te esta malinduciendo

–mamá ¡por favor no te opongas a nuestro amor! –le dije haciendo drama

–Tenemos que ir a cazar –me recordó. Y para mi culposa existencia al recordar el olor del bus escolar con la calefaccion encendida comence a salivar. Aunque lo que ibamos a consumir no se asomaba ni un poco al olor de los humanos. Me levante de mi cama y rodé mis ojos cuando vi que mi madre estaba sacando un suéter de mi armario.

–Ponte la sudadera –me dijo, pero ya me la estaba metiendo por la cabeza

–No tengo frio –me queje, pero no había remedio ya tenía la sudadera puesta

–salimos y caminamos un rato… después mi madre me cargo a caballito un rato.

Esta es la parte que no me gusta de la caza, nunca estoy tan fuerte como para hacerlo yo mismo. Quizás si cazara inmediatamente después de cazar podría hacerlo solo. Pero tampoco queremos estar en contra de los protectores de animales, aunque los animales sean nuestro alimento principal.

Cuando nos adentramos en el bosque lo suficiente para no correr riesgo de estar a vista de los humanos, mi madre me bajó y nos quedamos quietos un rato sin hacer ruido. En cuanto escuchó una manada de ciervos se lanzó a la caza.

Ella cazó y me acercó un ciervo que estaba muriendo para que yo bebiera la sangre. A veces me siento inútil, pero mi madre insiste en que así debe ser, ella siempre me intenta consolar diciéndome que la mayoría de los animales cazan para sus cachorros, claro no menciona que yo tengo 17 años, la cual sería una gran cifra si ella no pudiera decirme que era aún bebé comparándolo con su edad.

Mordí el cuello del animal y sentí como mis dientes rompían el pellejo hasta que la sangre tibia broto y yo comencé a succionar. Mi madre cazó a otro ciervo para alimentarse. Al final sus ojos volvieron a adquirir un tono dorado. Los míos nunca cambiaban de color. A mi madre le gustan, porque son violetas.

Me quede despierto hasta tarde viendo televisión, mi madre me dejó hacerlo, porque me dormí en la tarde y porque mi apariencia era mejor después de cazar, a su punto de vista lucia más sano.

Abrí los ojos y note el olor a hot cakes que provenía de la cocina, me levante y baje los últimos escalones más rápido de lo que debería. Y no es porque de pronto fuera más rápido.

–¿estás bien? –dijo mi madre preocupada antes de materializarse a mi lado, comenzar a revisarme y comprobar que seguía entero.

–si es solo que la escalera esta celosa de la relación que mantengo con mi cama. –Note como mi mamá contenía la risa.

–el desayuno está listo apresúrate que se te hace tarde

Me marche al colegio en el bus escolar, porque mi mamá tenía que ir a casa de un chico con problemas familiares. El olor al entrar me embriago, pero era soportable debido a que ayer habíamos cazado. Me senté en un asiento al fondo, el bus estaba casi vacío, pero en nada estaría a rebosar de gente.

Cuando por fin salí del bus lamente haberme sentado tan atrás, el aire solo se concentró en esa parte, y ahora me sentía sediento. Fui a la cafetería y me compre un batido no era como que me ayudara de mucho, pero me intentaba engañar bebiéndome algo.

La última clase se destinó para hacer una asamblea, porque el equipo de futbol gano ayer. Al parecer la lluvia me había traicionado y no fue muy efectiva que digamos. Escuche resignado el número que montaban las porristas. Y tuve que aguantar los festejos que toda la escuela hacía.

Al final salí del gimnasio y me encamine hacia el edificio administrativo. Camine por un pasillo largo hasta que llegue a la oficina de mi madre. Los viernes siempre volvíamos juntos a casa. Entre a la oficina pero ella no estaba. Me pareció extraño así que le llame al celular, pero no me contesto.

Era raro mi madre siempre me contestaba. Algo en mi me hizo sentir preocupado. Me dirigí al aparcamiento, su auto no estaba. La angustia comenzó a aumentar en mí. Regrese a la oficina y espere lo que se me hizo una eternidad, pero el reloj que no avanzaba me llevaba la contraria. Paso media hora y mi madre aún no estaba de regreso. Le volví a llamar, pero el buzón fue lo único que escuche. Salí con mi mochila colgada en el hombro izquierdo. Estaba decidido a caminar a casa, para ver si estaba allí, pero la vi en el pasillo viniendo a mí y me relaje.

–Ares –me dijo sonriendo, su sonrisa iluminaba su cara completa. Estaba feliz. Llevaba una flor en la mano.

–yo muriéndome de la angustia y tú solo estabas rechazando a otro pretendiente –le dije y me sonrío enternecida

–en realidad… esta vez no

–¿de qué hablas? –le pregunte acomodando mi mochila

–Esta vez no le rechace –me dijo viendo la flor que llevaba en su mano, me descoloque un poco. Pero luego comprendí. No había rechazado a nadie, porque no se la había dado un pretendiente

–Si no era un pretendiente ¿quién…?

–Creo que debes conocerle –dijo mirando sobre su hombro

–¿a quién? –le pregunte comenzando a sentir que la cosa no estaba bien. Mi mamá jamás aceptaba a nadie. Mire detrás de ella, como un hombre rubio se acercaba hacia nosotros.

–Hola Ares –dijo sonriendo amablemente mientras extendía su mano para saludarme –estaba realmente ansioso por conocerte, mi nombre es Carlisle Cullen.

Me tense en mi lugar. Carlisle Cullen… era la persona que más detestaba en el mundo. Mi progenitor.

–he cambiado de opinión. El entrenador Reed es el adecuado para ti mamá –le dije a mi mamá y vi como la expresión amable se le descomponía a Carlisle, pero mi mamá contenía una risa. Ella creía que estaba bromeando. Me miro enternecida como siempre hacia, pero yo me sentía confundido es más quizá enfadado.

–vine por ustedes –dijo Carlisle mirando a mi madre –te busque todo este tiempo, te seguí el rastro; pero te perdí la pista en Rusia fue como si la tierra te hubiera tragado.

–Carlisle –dijo mi madre negando con la cabeza. Lo miro con tanto amor que los recuerdos de como él la trato, cuando supo que yo existía fluyeron. Toda la rabia acumulada la deje salir.

–¡Que es lo que quiere! ¿Qué hace aquí? ¿Vino a deshacerse de mí? ¿Del monstruo que engendro? –dije escupiendo las palabras con odio. Mi madre me miro atónita, y el permaneció inexpresivo en su sitio.

–¿tu… cómo? –dijo mi madre, se llevó una mano a la boca y dijo –¿lo recuerdas? Tu podías… ¿lo escuchabas?

Si mi madre pudiese llorar, lo estaría haciendo. Hubo un silencio por unos 5 segundos que a mí me parecieron eternos.

–Quiero conocerte –me dijo por fin Carlisle, pero no era una petición sonaba más como a una demanda. Mi madre estaba pasmada y triste. Lo note en su mirada hubiera querido no tener que decirle que sabía porque se había alejado de Carlisle, pero ya nada podía hacer.

–Creo que no lo ha tomado bien –dijo Carlisle y rodé los ojos ¿Qué esperaban que hiciera? ¡Que me lanzara a sus brazos! y dijera: ¡Oh… querido progenitor, está bien no importa que hayas querido asesinarme, todo está bien!

Fue como si el aire tuviera menos oxígeno y el ambiente se hiciera más pesado. No quería decir nada que lastimara a mi mamá, así que me eche a correr intentando alejarme de ellos para conseguir mi espacio. Aunque realmente era algo inútil, no podía ser tan veloz como ellos. Si quisieran alcanzarme hubieran llegado mucho antes que yo. Recorrí todo el pasillo hasta llegar a la puerta, pero ¡estaba bloqueada! así que me quede como un idiota sin poder salir. Golpee la puerta de cristal, frustrado. El cristal se hizo mil añicos y de mi mano comenzó a brotar… sangre. Yo nunca había sangrado, al menos no tanto.

–¡Ares! –escuche a mi madre gritar y al instante estaba a mi lado intentando parar la hemorragia

–lo curare –dijo Carlisle. Me quería quejar y negarme a que él se ocupara de mí, pero ni siquiera tuve tiempo en un instante estaba en la oficina de mi madre, con ambos moviéndose tan rápido que solo vislumbraba sombras. Carlisle se materializo delante de mí y rasgo su camisa creando vendas improvisadas.

–¡ni siquiera me toques! –espete entre dientes

–Ares ¡por favor! –me dijo mi madre en un tono firme, obligándome a quedarme callado

–Estoy bien –dije alejando mi mano de… él, aunque sentí como la mano me dolía.

–¡Quédate quieto! –me dijo Carlisle con un tono de voz frio e indiferente, mientras me miraba con sus ojos oscurecidos por la sed. Nunca vi a mi madre tenerlos tan oscuros. Me incomodaba su mirada, así que mire a un costado. Carlisle me miraba con cierto dejo de desprecio; según el venía a conocerme, pero aún me odiaba.

Movió ambas manos ágilmente retirándome cristales incrustados, y limpio la herida. Me di cuenta que había un maletín sobre el escritorio de mamá, hasta que sacaron material para suturarme.

–necesitara puntos en esta herida –le dijo Carlisle a mi madre.

–Dale algo para el dolor. –exigió mi madre, Carlisle me miro un segundo como preguntándose "¿este demonio puede sentir dolor por saturas?"

–Bien –dijo rebuscando en el maletín. Me inyecto algo, pero no tuvo el menor efecto, ya que pude sentir perfectamente el dolor mientras unía mi piel rota. Me queje un par de veces, pero él ni siquiera se inmuto y prosiguió.

–Ya está –dijo al final, miro a mi madre con una expresión que no logre descifrar –creo que debo ir a cazar. No me he alimentado.

–Te veré más tarde. –dijo mi madre como si fuese algo común. Como si él viviera con nosotros. Como si fuera parte de nuestra familia. Carlisle sonrío y asintió. Me dirigió una mirada indiferente y se volvió una sombra borrosa al alejarse.

–Ares… sé que debo darte una explicación –me dijo mi madre

–¿enserio? –dije sarcásticamente

–Aquí no. vamos a casa –me dijo mientras me mantenía la puerta abierta para que yo saliera. Cogí mi mochila enojado. Caminamos al aparcamiento y después de unos minutos llegamos a casa. Al llegar avente mi mochila al sillón y me senté en el sofá. Mi madre se sentó conmigo y suspiro antes de comenzar.

–Las cosas no son como tú crees –me dijo tomando con cuidado mi mano herida.

–¿no? Entonces… ¿cómo son las cosas? –le pregunte entre sarcástico y enojado

–tu padre y yo hemos estado casados por mucho tiempo. Llevamos enamorados algunos siglos, cuando me entere que estabas en mi vientre no podía ser más feliz Ares. –dijo acariciando mi mejilla.

–pero a él no le agrado la idea, eso lo sé –dije malhumorado

–no compartió del todo mis emociones. Nos separamos cuando yo hui a Rusia, pero no hui por él.

–¿Entonces? –le pregunte incrédulo

–él no apoyaba mi decisión del todo, y yo tenía miedo. Temía que si permanecía a su lado los Volturi se enteraran de tu existencia y te consideraran una amenaza.

–Y él iba a delatarte –afirme

–no Carlisle jamás haría eso. Pero los Volturi le vigilan, porque nuestro clan es uno de los más numerosos. Él nos buscó… Ares, quiere que vayamos con él ¿podrías intentarlo… por mí? –me pregunto, y rodé los ojos mientras me cruzaba de brazos.

Mi madre se había esforzado por decir bonito que los Volturi pudieron haberme matado si se hubieran enterado de mí y que se fue porque Carlisle no le ayudaría a protegerme. Porque no me quería vivo. Esto no me gustaba nada, pero no era tonto me daba cuenta, mi madre lo quería.

–exactamente ¿qué quieres que intente? –le dije

–Carlisle quiere que vayamos con él a Aberdeen, un pequeño pueblo en Idaho.

–Menos mal pensé que querías que lo quisiera. –dije fingiendo alivio aunque en realidad alivio era lo último que sentía.

–Lo harás sin darte cuenta –dijo rápidamente y en voz baja, pero la pude escuchar a la perfección.