Disclaimer: Aunque Theo haya sido ciertamente abandonado por su creadora…, no os engañéis, que tanto él como junior Malfoy siguen siendo propiedad de la señorita Rowling.
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Palabras: 718.
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Compasión.
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Theo no es más que otro Slytherin, callado, serio y distante, sí, pero un Slytherin que desde el principio intuye el peligro que el rubito corre. Por eso aprieta los dientes contra los nudillos ya encallecidos, ahogando las palabras que quiere soltar para avisarle, apenado por el cambio depresivo que se origina ante sus no tan sorprendidos ojos.
Compasión. Es el adjetivo número uno que emplearía para explicar el sentimiento que le provoca en estos momentos Draco. Si él lo supiese, pasaría de inmediato a la furia, por supuesto. Porque Malfoy no es de esos que toleran la lástima ajena; no es de esos que piden ayuda, a pesar de que en todo su rostro ojeroso, se lea invisible, la palabra derrota.
Ese, junto con cautela y miedo, le seguirían al sentimiento que levanta en él Malfoy, con su mirada perdida, sus manos temblorosas, su lujosa ropa holgada y deslucida.
Extrañamente, no parece ser él, el único que comprende. Sería mucho pedir que en sus robustos amigos encontrara él consuelo, pero los celos, el regocijo y la rivalidad, son las emociones que surcan el rostro de Crabbe y Goyle, tras las espaldas de un desesperado Draco. Y si de Pansy se esperaba comprensión, es el miedo al Gran Señor y no el desquicie a la pérdida de su tan querido Malfoy, lo que presiente que la aleja. Ella sabe el secreto, ellos comparten el secreto. Y aunque el chico no se ha sentado para confesárselo, Theo también conoce la pérfida enseñanza, los continuos castigos a los que está su familia sometida. Al fin de cuentas es un secreto entre mortífagos, un gran secreto a voces punzante en boca de todos.
Empero hay alguien, una sombra, una mirada, que sí se percata. Una chica, de renombrada familia, que le comprende y no se aleja. Es alguien sospecha, con el que nunca ha cruzado palabra, alguien joven en la edad, pero bastante madura y muy avispada en lo mental. Tiene los ojos sagaces, agudos y sinceros. Ojos que se entrecruzan con los suyos, cuando un rubio, antes elegante y presumido, pasa sin verlos, deteriorado y degradado, por su preocupado lado.
Sí, su cambio refleja el estado social tan caótico en el que todos están sometidos. Un ambiente en el que compartir idea con el Señor Tenebroso es lo bueno, mientras estar en contra de sus seguidores es lo anormal, lo malo. Astoria Greengras, es la nombrada. Draco Malfoy, es la compasión por la que se remueven ambas conciencias.
Y Theo sabe que la línea del declive Malfoy ha comenzado cuando le mandaron matar -aun sabiendo que no iba a ser capaz- al viejo que representaba para El-que-no-debe-ser-nombrado un tropiezo tras otro; que continuaron en el deslice hacia el vacío, cuando ansiosos de perdón, abrieron de par en par la puerta a los planes del lord. Y aunque muchos citen y reciten que la lástima es la raíz de todas las formas de veneración, él sabe que no, no es al Slytherin destronado al que venera. Sólo ve el tormento, viejo amigo suyo, que el rubio calla; la desesperación que en él se agazapa; la realidad de forma cruda, que ante él a golpes se presenta. Pero ¿quién es realmente Theo para ir apiñando compasión por una persona ya sentenciada? ¿Qué derecho tiene para compadecerse de los demás cuando él, precisamente él, es el aislado, el raro, la negra mancha de esa casa? Y es que, si durante siete años el chico de pelo platino ha respetado, aunque ha regañadientes, su decisión de soledad…, así Theo lo desea... Preocuparse por los demás, para preservar su libertad, su rasgo de diferencia, dado que humana cosa es tener lástima de los afligidos, mas teniendo en cuenta que humano fue con él, el muchacho señalado por todos, con la etiqueta de la indiferencia. Y aunque los reproches mudos de Greengras burbujeen en sus ojos almendrados con tan solo pensarlo, hoy Theo, más allá de la rabia, se atreve a sentir compasión por él, mientras la impotencia y el reconcomio, es el puente conjunto que logra establecerse discretamente entre ambos, propiciando el mudo inicio hacia la confianza.
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NT: ¿Y bien? ¿Cómo van esos comentarios a las emociones? ¡No os cortéis! Que el botón de abajo está esperando ansioso a que vayáis y lo pulséis.
