¡Hola a todos los que se han dado el tiempo de pasarse por aquí! En este mundo soy conocida como Rose y debo admitir que no esperaba mucho interés en esta historia principalmente porque cuando busco algo de makoharu me traen a colación otras parejas y termino desistiendo casi en el acto. Que les haya interesado y sus conmovedoras palabras ¡me emocionaron un montón! Asique muchas pero muchas gracias por sus comentarios, seguimientos y lectura. En serio chillé de emoción en una clase cuando vi la cantidad de comentarios (por cierto no es buena idea revisar fanfiction por el teléfono sobre todo en una clase en silencio) En fin, aquí traigo el siguiente capítulo que puede resultar algo brusco pero espero comprendan que todo tomará su lugar en los siguientes. También avisar que estaré subiendo los capítulos los días sábado (hoy sucedió porque viajo a casa, un lugar con un internet imposible y dejar esperando por otra semana cuando ya está listo no es sano).

Advertencias: Muchos sentimientos encontrados y deseos de asesinar a la escritora.


Liberar a un omega

I.

Muchos celebraron cuando las manecillas del reloj de pared cercano a la única salida habilitada marcaron las cuatro en punto incluso Makoto que llevaba varios días decaído de ánimo por algo que ni él mismo lograba comprender. Le echaba la culpa a la larga separación con su familia y la necesidad de regresar pronto a casa, abrazar a sus hermanos y sentirse en un hogar que no lograba hallar del todo en su minúsculo apartamento de estudiante pero también podía atribuirlo a varias razones más como aquel pésimo examen de inglés donde no alcanzaba superar los treinta puntos o aquella horrible gripe que se pescó por aceptar un juego de básquetbol contra los hermanos Mikoshiba. Al menos Kisumi y él ganaron, lo que le recordaba la ausencia del chico.

Por lo general abandonaban la facultad juntos e iban a practicar algún deporte con el resto de sus amigos a modo de liberar el estrés de la horda de exámenes antes de navidad pero parecía ser que en aquella oportunidad tendría que regresar solo. No había logrado captar entre cuchicheos durante la clase si su hermano pequeño estaba enfermo o si él estaba enfermo y su hermano pequeño lo esperaba en casa pero algo parecido tenía que ser. De todos modos nada cambiaría el peso de la soledad que sentía.

A medida que avanzaba por las amplias hectáreas de pavimento y áreas verdes, menos quería pensar en que la causa más probable podría relacionarse con su naturaleza alfa y el resentimiento que acumulaba su cuerpo al negarle cualquier tipo de placer u hormona omega. Los años estaban pasando aceleradamente frente a sus ojos y aquel sueño iluso de una familia grande y su omega en casa se hacía cada vez más irreal. Era doloroso, espantoso y aterrador como si su vida comenzara a convertirse en la peor de aquellas películas de terror que tanto le atemorizaban. Y estaba lo otro, la presión invisible que extrañamente se formaba a su alrededor como una alimaña dispuesta a saltar cuando menos se lo espera uno. Una presión invisible en comentarios y acciones de sus propios amigos, un ya encontré a mi omega, nos unimos hace unos días o los típicos estamos pensando en tener crías apenas acabe el semestre incluso sucedía en los lugares más insólitos como haciendo las compras por ejemplo, usted es un alfa muy guapo, podría presentarle a mi nieta es una omega preciosa.

Cielos, la vida era más fácil cuando apenas y comprendía la diferencia entre un omega y un beta. De tan sólo pensar la avalancha de presión social de la que era víctima se le secaba la garganta, suerte que si cambiaba el rumbo hasta la entrada del campo deportivo encontraría varias máquinas expendedoras de alguna bebida enlatada.

Tal vez la burlona maquina adivinó la crisis emocional de la que era presa y para aumentar su frustración lógicamente se tragó su dinero. Si no hubiese estado tan estresado seguramente no la habría pateado y retorcido de dolor en el acto pero fue aquel movimiento lo que desembocó en algo increíble que sólo pudo experimentar hacía demasiados años como para no sorprenderse.

Fue una corriente eléctrica y un golpe en la boca del estómago, una parálisis momentánea y luego un perseguir continúo de aquello que lo redujo a una marioneta. Un olor. No un ¡EL OLOR! Fue apenas una brisa que dio con su nariz al retorcerse producto del golpe. Momentánea, tan efímera que rozaba la ilusión y sin embargo su nariz parecía guiarlo como nunca antes lo había hecho y ahí cuando desaparecía entre un grupo de varios omegas cada uno con su respectivo aroma lo vio.

-¿Haru?-

Y la alucinación pareció oír su llamado porque se había quedado muy quieto con el teléfono celular pegado a la oreja. El grupo de omegas se alejó y fue como una bofetada de aroma proveniente de aquel muchacho que olía a mar y una libertad que no había experimentado nunca en toda su vida, olía a brisa y aun así a un almizcle dulce y cálido. Era abrumador.

Se preguntó si toda la presión se le había escapado de las manos y no sería ese un reconocible caso de esquizofrenia porque aquel que visiblemente recordaba como su omega no tenía razón para estar en Japón y precisamente en su universidad. Menos cuando las clasificatorias para las semifinales olímpicas estaban a la vuelta de la esquina.

-¿Eres tú, Haru?- murmuró en un miserable intento por corroborar su existencia y de paso si alguien más era consiente de él.

Haru giró en su dirección enseñando un rostro tímido enaltecido por unos hermosos ojos color mar y una gama infinita de expresiones que quisieran decirlo todo y nada a la vez. Era sin duda alguna un omega precioso.

-Makoto…- Lo observó temblar y pasar de una piel perlada al rosa y de éste a un rojo fuego. A leguas se podía distinguir su turbación y aroma a nerviosismo -Rin debo irme…-

-¿Era ese Makoto?- Lograba oír desde su posición en lo que parecían grititos.

-Tengo que colgar-

Makoto encaminó unos pasos más evitando la total invasión de su espacio personal pero lo suficientemente cercano como para liberar feromonas alfa que calmaran su estado de ánimo.

Haru le devolvió la mirada lleno de ansiedad, la misma que se acumulaba en su pecho.

-¿Qué haces aquí?- logró gesticular intentando desesperadamente de lucir natural.

-Teléfono. No tenía tu número ni dirección. Yo… no sé nada de ti. Tenía que encontrarte-

Makoto intentó hallarle el sentido a sus palabras pero estaba demasiado embobado reconociendo sus facciones y movimientos. Resultaba que seguía jugando con su cabello cuando se ponía nervioso como cuando era niño.

-¿Encontrarme?-

-Hmm- y eso fue suficiente para eliminar la presión y el mal humor de semanas.

II.

Sentados en la cafetería más cercana y con Haru mirándolo fijamente como si quisiera leer su alma, Makoto sudaba helado sin saber qué cara poner. Frente suyo se disponían dos sodas frías y pastelillos que ninguno de los dos parecía tener la intención de tocar. Era por lejos el ambiente más incómodo que había tenido la oportunidad de conocer.

-¿Cómo sabías que estaría aquí? Quiero decir… la mayoría de los alumnos están en cese de clases hasta año nuevo. Sólo quedamos unos pocos en clases especiales para la ayuda de nuestras tesis. Y sólo se imparten los martes y viernes-

El nadador lucía confundido y a la vez intentando procesar la información. Cosa que Makoto comprendía perfectamente bien igual de turbado que él.

-No lo sabía- respondió -Vine a preguntar por tu información a tu facultad. Esperaba que me ayudaran a ubicarte-

Imaginó que debía ser algo importante para traer a una estrella como Haruka Nanase a un lugar a varios cientos de kilómetros de distancia. Sinceramente ya estaba preparándose para lo peor pero evitó preguntar por cortesía y un miedo que se atascaba como un nudo en su estómago. Después de todo ¿qué podía querer Haru de un alfa mediocre como él?

-Debiste hablarme por alguna red social-sugirió a sabiendas de la expresión de repudio en cuanto gesticuló la frase –Es más fácil-

-Es muy interpersonal-

-Es mejor que un viaje de varias horas, Haru- le analizó unos segundos notando que traía su equipaje y ojeras imperceptibles. Algo le decía que su amigo de la infancia apenas puso un pie en el aeropuerto tomó el primer taxi que lo guiara hasta su universidad.

-Estoy bien-masculló con arrebato. Makoto negó con la cabeza.

-Luces bien pero supongo que sigues haciendo las cosas con algo de imprudencia- y allí estaba otra vez esa expresión azorada y enrojecida.

-Hmm…-

-¿Rin está bien? Se oía preocupado-murmuró dando de frente con más vergüenza y un tema turbio que volvía a poner en estrés al omega. Por lo que corrigió –Tu viaje ha debido de ser agotador su preocupación es comprensible-

-Rin y yo ya no estamos juntos- susurró tajante.

Lo sé, quiso decir Makoto dando un largo trago a su soda. La naturaleza siempre es más fuerte. Por eso mismo no deberías estar frente a mi ahora, Haru-chan. Ha de haberte dolido, estabas enamorado, lo estaban ambos. Lo sé porque los vi por televisión, vi cómo se miraban, habría dado lo que fuera porque me hubieses mirado a mí de esa forma.

-Cuánto lo siento, Haru – pero no lo sentía, no porque sintiera celos y frustración que en el fondo sí estaban ahí, sino porque hacía mucho que se había prohibido tajantemente el sentir algo por él. Haru no le pertenecía ni lo haría nunca. Estaba mal y era una completa inmadurez el celarlo o llorar por la leche derramada.

El tema quedó en un punto muerto cuando varios alfas y omegas cuchichiaban sobre el nadador profesional que estaba sentado tranquilamente junto a un alfa mundano como Makoto. Los más osados tomaban fotografías o pasaban excesivamente cerca de su lado intentando atraerlo con su aroma dominante. Lo curioso era que si Haru lo notaba pues bien lo pasaba por alto o simplemente no percibía el ambiente que se formaba con la intensión de provocarlo.

-No los tomes en consideración- recomendó la estrella dando un escueto sorbo a su bebida –Sólo se mueven como animales al acecho igual que ese gato viejo que vivía cerca de casa y siempre se paseaba con la intensión de devorar tus peces-

-Y lo hizo varias veces-recordó Makoto -Aunque murió, su hijo adoptó sus mismas mañanas y Ran y Ren deben espantarlo para luego disculparse con él. Mis hermanos son niños muy amables, te admiran mucho- Haru desvió la vista.

-Ellos… ¿son… como tú?- Tachibana asintió.

-Alfas, ambos. Aunque sus personalidades difieren un poco de su naturaleza. Evitan los conflictos y prefieren ser protegidos a proteger pero sé que en un futuro no tendrán problemas en ser felices y formar familia-

-¿Qué hay de ti?-

Buena pregunta, pensó. No había nada que pudiera decir.

-Terminaré este semestre ciencias del deporte y haré una pasantía en Alemania con un amigo de Sasabe-sensei ¿lo recuerdas?- Nanase asintió –Milch-sensei se especializa en la natación terapéutica e infantil-

-Eso es asombroso pero…-murmuró el nadador esbozando preocupación -¿Qué hay de tu omega?- Makoto parpadeó.

-¿Cuál omega?-

Ciertamente lo descubrió olisqueándolo en busca de señales que demostraran algún tipo de unión o relación cuando Haru frunció la nariz y el entrecejo, el alfa esbozó una sonrisa amable.

-Creí que a estas alturas ya habrías cumplido tu sueño de tener una familia y muchos hijos- la sonrisa se fue, igual que el habla.

No sin ti, no sin mi omega. Y por cómo le asaltó el fugaz pensamiento supo que Haru percibió su malestar.

-Eso estaría bien en unos años más- mintió –aún tengo mucho que hacer y metas que alcanzar-

El omega asintió no muy convencido. Eso lo pudo saber Makoto sólo con una mirada.

III.

Cuando Haruka confesó que aún no buscaba un hotel donde quedarse el mundo se le cayó a los pies, incluso si ya no era su alfa cualquiera se preocuparía por dejar que un omega como Haru quedara desprotegido más si era suficientemente complicado encontrar vacantes disponibles producto de las festividades.

-Te quedarás en mi apartamento- murmuró firme a sabiendas que aquello podía resultar aún peor y una constante puesta a prueba de su autocontrol. Además era evidente que todo el tiempo que llevaban de plática se deslizaban por la tangente lejos del punto central que lo traía a Japón.

Haru lo siguió cabizbajo todo el camino de regreso por lo que Makoto llenaba el silencio y ambiente tenso con monólogos interminables sobre su actual vida. No le importaba si Haru le prestaba atención lo único que quería era evitar pensar y la mejor solución a ello era hablar como un loro.

Al momento en que la llave hizo clic y el apartamento los abrigó de calidez y feromonas alfa pudo notar como Haru destensaba sus músculos inconscientemente y buscaba el espacio donde más aroma a él existía (lo que vendría siendo el sillón donde solía recostarse a dormir la siesta). No hizo comentario alguno sobre sus acciones básicamente omegas, eso sólo lo turbaría y no quería más tensión incapaz de controlar.

-Vives solo- murmuró acomodándose como si ya hubiese decidido que ese espacio le resultaba cómodo y libre de peligros.

-Dudo haber podido estudiar con mis hermanitos exigiendo mi atención-

-Me refiero a que no traes omegas. No huele a nada más que a ti-

-Prefiero separar ese tipo de cosas- contestó Makoto evitando admitir que hacía mucho perdió el interés en mantener relaciones con omegas incluso en el mismo sexo. ¿Por qué tenía que ser Haru quien le sacara en cara toda su frustración sexual y sueños imposibles?

-Ese tipo de cosas…- repitió en un susurro adormilado en lo que le pareció una lucha por no cerrar los ojos.

Makoto por inercia fue en busca de una manta y para cuando la pasó sobre el cuerpo dormido del omega recién pudo percatarse de lo que hacía.

Saltando como un gato se alejó hasta la cocina decidido a preparar una cena decente cosa difícil cuando su nevera sólo albergaba una mantequilla roñosa, tres limones medio secos y pescado congelado. Se lo pensó unos segundos recordando que aquel era el favorito de Haru, por primera vez no odió la caballa que traían sus padres cuando llegaban de visita.

Haru despertó poco después que cociera el arroz y el baño estuviera listo. Como un zombi se paseó por el pequeño pasillo dejando ropa tirada por el suelo que Makoto se vio obligado a recoger enternecido por su comportamiento idéntico a cuando eran niños.

-Espera Haru- decía entreabriendo la puerta evitando alzar la vista y ver su piel desnuda -Faltan las toallas y…- pero el nadador ya se había sumergido, suspirando de placer y liberando feromonas que le doblaron las rodillas.

Makoto cerró la puerta de golpe huyendo por aire fresco hasta su balcón.

Tras una hora y varios golpes al futón eliminando cualquier polvo o suciedad (donde seguramente sería él quien dormiría ahí) se decidió a encararlo apretando nerviosamente las toallas limpias contra su pecho.

Al abrir la puerta lo encontró mirando fijamente el techo con un brazo fuera del agua cayendo lánguido por la tina.

-La cena esta lista- murmuró -puedes vestirte en mi habitación-

El brazo fuera del agua se alzó en su dirección y Makoto sujetó la mano mojada por reflejo. No entendía la decepción que lo embargó al descubrir que traía puesto su bañador pero no se quedó a cuestionárselo al pasarle la toalla y salir fuera de ese mar de feromonas omega.

Cuando Haru ya vestido y mejor compuesto (después de todo, imaginaba Makoto, llevaba varias horas de viaje sin descansar y separado de su mayor pasión: el agua) sus ojos se iluminaron apenas se dispuso frente a la mesa.

-Oh…- murmuró mordiéndose los labios. Esperando ansioso porque Makoto se sentara y poder disfrutar de aquella improvisada cena.

-No soy muy bueno en la cocina- admitió el alfa sorprendido de la expresión de placer que se dibujaba en el rostro frente suyo. Haruka comió con verdadera hambre y goce, además de una rapidez impresionante.

-Más…- exigió levantando su tazón vacío de arroz.

El pecho del universitario se sintió cálido y una contagiosa risa reverberó por toda la sala. Haru sonrió imperceptiblemente y supo al fin lo que faltaba en ese apartamento.

IV.

-Yamazaki es un tipo agradable. Cuida bien de Rin- murmuró Haru desde el sillón, lugar que resultó convertirse en su nuevo refugio: un tipo de nido omega. Makoto no solía verlos por casa debido a que su madre liberaba feromonas omegas de infinita paz y alegría, los nidos eran un canalizador de estrés. Ella no lo necesitaba, su carácter cálido y amable impedían la tensión en su hogar.

-Lo protege de los nadadores…-

-¿lo protege?- repitió sintiendo cierta inquietud –Ustedes… ¿acaso? Uhm ¿son acosados por los nadadores alfa?-

Haru enrojeció furiosamente debido a su acertado análisis.

-No es algo que importe demasiado-

-A mí me importa- y el rojo de aquellas suaves mejillas no se iba.

-Mientras pueda estar en el agua, lo demás no es relevante-

El alfa suspiró comprendiendo que no se abriría mucho más allá de eso.

Viéndolo a la distancia sentía el peso de su instinto gruñendo en apatía. Si él estuviera con Haru no tendría que pasar por la intimidación de otros alfas, ni tener que hablar de aquel que le arrebató a Rin porque simplemente nunca habría existido una relación con Rin en primer lugar. Quiso gemir de frustración al notar los territoriales y estúpidos pensamientos que llenaban su cabeza. Él no era así, su parte lógica le hablaba de la valentía con que aquel muchacho enfrentaba el mundo y lo desvalido que lucía en aquel sillón envuelto en la manta. Debería sentirse orgulloso por su perseverancia y agradecer por permitirle ser su alfa durante un tiempo.

Ese era él, esos eran sus pensamientos, no los del alfa dormido en su interior.

-Puedes decírmelo- murmuró tras una pausa que él mismo había formado.

-¿Qué cosa?- esquivó Haru.

-A debido de suceder algo si estás aquí conmigo en vez de estar nadando- el omega abrió los ojos en su dirección formando dos puños con sus manos –Puedes decírmelo- insistió –Sea lo que sea, no me molestaré y trataré de ayudar si lo necesitas-

-No…- jadeó el nadador mordiéndose los labios sin dejar de apretar sus manos –No quería enfrentarte pero estoy obligado a hacerlo- eso le dolió más de lo que admitiría pero sonrió caminando lento hasta donde el omega se aovillaba más y más.

-¿Qué sucede Haru?- susurró posando sus dedos por las muñecas del muchacho –Te lastimarás. Todo estará bien asique déjame ayudarte ¿sí?- él asintió destensando su cuerpo.

-En mi mochila… hay un sobre rojo. Tomate tu tiempo. Yo contestaré cualquier pregunta ¿sí?-

Makoto le devolvió una mirada preocupada y se giró en busca de aquello que a Haru parecía aterrar. Del sobre sacó un informe completo acerca del desempeño del nadador profesional y sus datos de ingreso en las clasificatorias de ese año. Era un nadador excepcional sin lugar a dudas, sus tiempos eran impecables y mantenía una disciplina tan estricta que hasta le causaba gracia. Y habría seguido memorizándose los tiempos de la estrella sino fuera porque obviamente eso no era lo que el omega quería que viera. Pasó hoja tras hoja, línea tras línea hasta dar con su propio nombre.

Le dio un vistazo a Haru y luego a la hoja con su nombre completo, repitiendo el gesto unas cuatro veces antes de proseguir la lectura frunciendo el entrecejo cada vez más a medida que pasaba de línea.

Estaba incrédulo y boquiabierto por la profunda ayuda que debía brindarle si no quería echar por la borda toda su carrera. La vida de Haruka estaba en sus manos y él no creía ser merecedor de tal cosa.

-¿Cuándo supiste de esto?- preguntó anonadado.

-Día y medio, casi dos con todas las horas de vuelo y nuestro encuentro- Makoto cayó sin gracia en el lado vacío del sillón.

-Debió de ser terrible para ti ¿te han dado algún ultimátum?- el omega asintió sin mirarle.

-Debo presentar el formulario antes de Año nuevo- Makoto pasó saliva sintiendo la garganta seca de pronto.

-Una semana. ¡No puede ser! Eso es… horrible-

-Necesito tu ayuda Makoto, sé que fui yo el responsable de todo este desastre pero… pero… mis sueños, quiero nadar y no me dejarán hacerlo hasta que solucione mi estado civil- Tachibana pasó sus dedos por las líneas donde salía la palabra "permiso" y no comprendió que estaba temblando hasta que Haruka habló –Makoto-

-No lo comprendo- susurró recordando todo el dolor y sufrimiento que pasó al firmar el acuerdo de fin de su unión -Haru yo jamás te haría esto, yo firmé, lo hice. Lo recuerdo ¡apenas te fuiste yo le pedí a mis padres que enviaran la documentación para que fueras libre! Jamás te haría pasar por algo parecido-

Y Haru negó largo rato llenando la habitación de distréss y temor. Makoto no sabría si pasaron cinco minutos o una hora pero fue una eternidad la que tardó el nadador en contestar.

-Pero yo no firmé nada-

Tachibana se le quedó mirando boquiabierto olvidándose de cómo respirar.

-¿Qué dices?- el omega volvió a negar.

-No pude hacerlo. Simplemente no pude. Quería borrarte por completo de mi vida pero cuando vi todos esos papeles con tu nombre enloquecí y los rompí todos- a lo que agregó en un gritito -¡No sabía lo importantes que serían en un futuro! ¡Ahora! Tenía miedo que si veía algo con tu nombre o te recordaba no sería capaz de seguir con mis sueños. ¡Era la única manera!-

Los brazos fuertes del alfa lo rodearon con sobreprotección y Haru fue incapaz de separarse de él.

-Tranquilo- susurró consolando el inicio de un sollozo vuelto llanto. Haruka no era ni por atisbo sentimental menos débil pero Makoto sabía que el dolor de separarse de su pareja alfa-omega podía enloquecer a una persona. Asique lo dejó desahogarse y recibir todos aquellos sentimientos de frustración y culpa que al parecer ambos compartían.

Su antigua relación era un elefante en la habitación de al lado que ninguno de los dos quería hacerle frente y ahora se liberaba como una bomba que les explotaba en la cara.

Una nueva oportunidad, pensó el alfa que llevaba dentro, Esta vez sí, esta sí.

No.

Fue lo que cortó el pensamiento de raíz.

-Lo siento, Haru- murmuró mirando fijamente al techo sintiendo la camisa mojada por las lágrimas del omega –No puedo firmar cada vez que tengas que nadar- El pelinegro levantó la vista con los ojos enrojecidos muy abiertos, leyó miedo y culpabilidad –No eres un objeto ni algo que pueda pertenecer a alguien y necesites su autorización para poder moverte. Tú eres libre, siempre lo has sido, siempre lo serás. No merezco ser aquel que alguna vez se consideró tu alfa. Esto –refiriéndose al formulario -es sólo un papel, no permitiré que algo tan insignificante frustre todo lo que has conseguido con esfuerzo-

-Mako…to- y él alfa unió sus frentes en un gesto tan íntimo, cercano y a la vez tan alejado que el sonido del desgarre en su pecho pudo oírse.

-Anularé nuevamente nuestra unión sólo tenemos que asegurarnos de que ambos firmemos esta vez ¿no, Haru-chan?- y un nuevo cause recorrió las mejillas del omega causando un efecto que lo conmovió por entero.

Ah, qué difícil sería dejarlo ir por una segunda vez, pensó Makoto alejando su contacto de forma imperceptible.

Unos segundos después y como si aquello nunca hubiese sucedido Haru se secó las lágrimas y abandonó el nido omega.

-Deja el chan de una vez por todas, Makoto-

La sonrisa sincera del alfa era profundamente triste y dolorosa de mirar.

-Hmm- contestó en afirmación.