Capítulo 2 El viento y la pastura de los búfalos.

-Anda Sesshomaru, ¡Vamos! Papá no se dará cuenta.- jaloneaba de la manga a su hermano un pequeño de traje rojo y mirada dorada.

-No Inuyasha, si se enteran a quien regañarán será a mí. No vas a ir.

-Está bien amargado. No iré.

-Prométemelo.

-¿No confías en mí?

-No, por eso promételo.

-Ahg, si claro lo que tú digas.

-Ven, acompáñame con Kaede para ayudarla.

-Mamá me pidió ayuda con unas vasijas de la pagoda.

-Está bien, ve a ayudarla.

-Si-el chico de traje rojo comenzó a caminar en dirección contrario a su hermano.

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-¡Kikyo!- le gritó el pequeño a una niña que estaba sentada en el piso leyendo un pergamino.

-¿Qué pasa Inuyasha?- contesto mirándolo, le asustaba como su corazón se acelera cuando él le hablaba y sentía su rostro enrojecer al mirarlo a los ojos.

-Ven- le tomó una de sus pequeñas manos y la levantó en el proceso.

-Espera- frenó la carrera del chico- ¿Dónde vamos?

-Al lago que está en las colinas.

-No, ahí beben los búfalos, el señor Inu No dice que son peligrosos.

-Vamos Kikyo, no seas gallina. Mi padre me dijo que los búfalos han estado lejos, ya no van al lago.

-¿Estás seguro?

-Te digo que sí, ven.- le tomó la mano y ella solo disfruto de esas extrañas cosquillas que sentía en su estómago.

Los dos niños estaban jugando a aventarse agua y a las carreras. Cuando de pronto el agua y suelo comenzaron a moverse, Kikyo al sentirlo comenzó a correr a la orilla, creyó que el la seguía pero al dar la vuelta descubrió que a espaldas de su amigo había un gigante búfalo. Inuyasha encaró a este y dio un par de pasos hacia atrás de miedo más se detuvo al igual que el animal que lo acechaba y estiro poco a poco su mano; al estar muy cerca y con temblorina miro al animal a los ojos y este acerco su rostro para emparejarse con la mano del chico. El solo sonrió y empezó a reír acariciando las orejas del cuadrúpedo, Kikyo estaba más que sorprendida, su amigo y ese animal al que todos le temían, por el que no estaba permitido subir a las colinas jugaban como hermanos, al escuchar unos pasó se dio la media vuelta y ahí estaban los padres y hermano de Inuyasha, junto con algunos aldeanos viendo igual de sorprendidos la escena. El animal paro de dar brincos y miró a los recién llegados, el oji dorado menor también dio la vuelta y le sonrió a su madre y asintió, dio la vuelta con el búfalo y toco su frente a modo de despedida; comenzó a caminar llevando a su amiga de juegos de la mano llego al frente de sus padres.

-Mamá, papá yo lo siento…

-Inuyasha- su madre lo abrazo- creí que te habían atacado, mi niño, ¿estás bien?

-Sssii mamá, estoy bien.

-Que susto.- dijo la anciana Kaede

-Idiota- le dijo su hermano mayor dándole un fuerte coscorrón.

-¡Hey! Imbécil ¿qué te pasa? ¿Quieres pelear tonto?

-Inuyasha- le llamó su padre, que hasta ahora no había dicho nada. - camina conmigo.- comenzaron a caminar en silencio, dejando a la multitud atrás; ninguno de los dos dijo nada en un buen tramo.

-Papá, perdo….

-Serás un buen jefe para esta aldea.

-¿Qué?- estaba confundido, esperaba un regaño, no una casi felicitación.

-Mi padre… una vez me contó que su padre pudo convivir con los búfalos que compartían el lago y se ayudaban mutuamente cuando había problemas por aquí pero mi padre no pudo, ellos eran oscos con él y ya no permitían que fuéramos al lago; él dijo que cuando los demonios y los búfalos volvieran a congeniar sería en la llegada del real líder. Lo intente cuando asumí el cargo de líder pero no lo logre, a Sesshomaru tampoco se lo permitieron, pero contigo no hubo nada de resistencia. Estuvo mal que me desobedecieran Inuyasha, eres solo un niño y pudo haberles pasado algo, al ser el jefe de la aldea tienes que dejar de preocuparte por ti, y el bienestar de los demás será tu prioridad.

-Lo se padre, lo siento.- las pequeñas orejas del chico se pegaron a su cráneo.- Yo no quería preocuparlos ni poner en peligro a Kikyo, solo quería conocer...y...- sus ojos comenzaron a humedecerse pero se cayó al sentir a su padre levantarlo y abrazarlo muy fuerte.

-Te amo hijo, no quiero que te pase nada, por eso tenemos reglas que ninguno se salva de seguir.

-Yo los cuidare a todos papá, no te decepcionare, nadie le hará daño a esta aldea.-le dijo el pequeño con decisión, elevando su puñito como señal de fuerza.

-Yo lo se pequeño-miro a su hijo con ternura- vamos la comida debe de estar lista.

-Espero que sea Ramen- dijo el niño caminando de la mano de padre

-Claro tragón jajaja- dijo caminando hacia la aldea.