Bueno, aquí esta el siguiente capi; ya saben lo del Disclaimer ¿verdad? Pues entonces ya no lo repito Xp
Haber, un par de aclaraciones:
Primero.- A lo largo del fic verán algunos párrafos un poco Oc sobre algún personaje o con mucho hincapié hacia él/ella; intenté suprimir los favoritismos, pero sigo siendo humana, así que no lo conseguí del todo.
Segundo.- El review de MayLiz Potter de Weasley me recordó que omití un pequeño detalle en el capitulo anterior: las actualizaciones. Verán, ahora mismo el capítulo cinco ya está terminado, así que podría subirlo todo ya, pero no quiero. Porque si lo subo todo junto ahora, después será muy notorio cuando tarde varios días en actualizar y porque si subo el fic ya es porque quiero que me vayan comentando que les parece la historia y alentando para continuar (tengo una laguna en medio de la historia, donde no sé exactamente lo que haré así que necesito que me motiven, y si, es una indirecta para que comentan más ¡QUIERO REVIEWS! cofcof).
Aprovechó también para agradecer los reviwes de MayLiz y de Guest, por cierto, todas las preguntas que hicisteis están aquí contestadas =)
¡Disfrutad!
.:Hogwarts:.
Oscuridad.
Esa era una palabra perfecta para describirlo. Todo se había tornado oscuro, frío y vacío; además sentía como si le estuviesen golpeando todo el cuerpo. Ahora solo quedaba la sensación de las magulladuras, además de unas pequeñas descargas en los brazos. La mayor parte del dolor se centraba en su espalda, hasta tal punto que ya no sabía si realmente era dolor o simplemente le había quedado tan insensibilizada que le provocaba aquel molesto hormigueo. Por no hablar de que el mareo amenazaba con hacerlo vomitar de un momento a otro. La cena había sido corta y ya hacia tiempo que no había vuelto a comer, pero a momentos sentía que toda la comida iba a abandonar su estómago. Tenía un sabor amargo en la boca, además de una sensación pastosa. Si hubiese estado en otras condiciones quizás hubiese pensado en abrir la boca un par de veces, buscando reunir saliva más fácilmente para quitarse aquel sabor. Es más, si tan solo se hubiese tratado de una pequeña siesta se habría levantado y habría corrido a por un vaso de agua.
Pero estaba demasiado cansado para eso. Los párpados le pesaban toneladas y la cabeza le dolía mil demonios, así que no estaba dispuesto a hacer ningún tipo de esfuerzo por abrirlos. Sin embargo, tampoco lo necesitaba. Las manos, a ambos lados de su cuerpo estaban tocando un mullido colchón y todo su cuerpo sentía el roce de una sábana que lo cubría hasta los hombros. Aquel tacto era inconfundible, eran las típicas que usan los médicos y las enfermeras para cubrir a sus pacientes cuando necesitan descansar o dormir.
Y aquello era precisamente lo que él más quería en ese momento: dormir. Caer en los brazos de Morfeo y que cuando se despertase aquel dolor y sopor ya no estuviese allí. Le importaba un rábano lo que le hubiese pasado, si estaba solo o no en aquella sala... aunque ni siquiera sabía donde estaba. Intentó relajarse un poco para dormir mejor, pero ni eso consiguió que el dolor cesase por un solo segundo y ni siquiera disminuyó.
Así que intentó buscar una posición más cómoda, ya que nunca le había gustado dormir boca arriba. Pero los calambres en los brazos le hicieron desistir, aquello se estaba volviendo demasiado difícil. Con un leve gruñido se resignó; pero poco duró su enfado, pues pronto cayó dormido.
Lo que él nunca pudo imaginar es que aquel gruñido no había pasado desapercibido, porque, en efecto, no estaba solo en aquella sala.
-¿Mandar... a alguien al pasado... para que lo detenga? – repitió lentamente Ron.
-Eso he dicho – aseguró el anciano totalmente tranquilo.
Todos se miraron entren sí, después de tantos años de tranquilidad, parecía que las aventuras volvían a buscarlos. Normalmente Harry se habría adelantado dos pasos, se habría ofrecido para viajar él y todos habrían estallado enseguida en contra de aquel carácter heroico que tanto destacaba en él. Habrían empezado con el ya típico diálogo en el que Harry diría que nadie debería sufrir ni sacrificarse por su culpa, y los otros le habrían dejado claro que en una guerra no lucha uno solo y que él ni era la única víctima ni el único "responsable" (porque sus amigos nunca se creerían que Harry era responsable de aquello, si no hubiese sido él, habría sido otro). Y después de aquella charla tan emotiva, todos sonreirían pensando que tan buenos amigos eran y se irían directos a patear traseros de mortífagos.
Pero Harry no estaba allí, ni él ni sus actos impulsivos de carácter heroico. Es más, ahora mismo era uno de esos que necesitaban ayuda, de los que dependían que algún héroe viajase en el tiempo para que su existencia no se perdiese en la memoria. Así que la duda era evidente; evidente y común para todos, que parecían querer resolverla analizándose entre ellos.
-¿Quién? – la pregunta quedó en el aire, mientras Dumbledore los miraba a todos a través de sus gafas.
-Hay que actuar cuanto antes, el tiempo es algo fácil de cambiar y aunque tarda algo en traer las modificaciones, ahora que tantos han caído que desaparezcan por completo es cuestión de horas, en algunos casos de minutos – un par de gritos ahogados recorrieron la sala, pero el ex-director siguió hablando, como si no hubiese escuchado nada – a partir de ahora, los efectos serán mucho más rápidos, puede que en el pasado el efecto se relentice, pero no se detendrá y todos ustedes están unido a sus antepasados y aquello que les haya pasado se manifestará pronto en este presente.
-¿A dónde quiere llegar profesor? – preguntó Bill inquieto.
-No permitiré que ningún adulto haga este viaje.
-¿¡Esta loco!? – estalló Ginny – Con perdón ¿Pero está loco? ¡No podemos enviar a unos niños a detener a un mortífago!
Por la expresión del resto de los adultos, se veía que todos estaban totalmente de acuerdo, porque ¿Qué padre estaría dispuesto a enviar a sus hijos a un viaje en el tiempo en el que sin duda correrían grandes riesgos?
-¿Esta segura de lo que dice, Sra. Potter?
Para Dumbledore la respuesta estaba clara: aquellos que recordasen (sin saltarse ni un solo detalle) que ellos mismos habían hecho cosas parecidas a la misma edad.
-Claro – Ginny trató de sonar firme, pero el tono empleado por el anciano la había hecho dudar.
-Entonces, usted no recuerda que hace unos años fue al ministerio sin ningún adulto o auror, solo con sus amigos, y se enfrentó a un grupo de mortífagos ¿verdad? Si mal no recuerdo, usted todavía cursaba cuarto.
Sí, a Dumbledore le gustaba jugar sucio a veces. En toda la conversación no había perdido esa sonrisa tranquila y ahora miraba a los que algún día fueron sus alumnos con un poco de diversión. Algunos ni siquiera habían acabado los estudios en Hogwarts cuando participaron en la Guerra de Hogwarts, y por lo tanto, la excusa de la edad quedaba un poco inutilizada. Sin embargo, las familias todavía buscaban alguna otra salida, una solución que los convenciese más.
-Pero... aquello era diferente... – intentó decir Ginny, aunque sonaba más bien como si se estuviese intentando convencer a sí misma de que no le habían invalidado su argumento con otro más convincente.
-Yo iré – dijo James, dando un paso al frente. "La hiperactividad y el carácter de los Potter", Ginny siempre lo había dicho.
Los demás niños iban a replicar cuando las cosas empezaron a empeorar. La Sra. y el Sr. Weasley comenzaron a ponerse pálidos, por lo que tuvieron que sentarse en las sillas. Al igual que les había pasado a los demás, su cabeza empezó a dar vueltas, pero intentaron mantenerse conscientes, no querían irse, no hasta que supiesen que era lo que iba pasar. Pero el problema no era el sudor frío de la mujer ya no tan pelirroja, ni el color pálido del Sr. Weasley, que contrastaba con sus oscuras ojeras (producto seguramente de haber intentado comprender durante las últimas semanas el uso de aquel juguete que tanto atraía a sus nietos, DS había oido que se llamaba). No, el problema era que al mismo tiempo Bill también cayó al suelo, alegando que simplemente se había mareado, aunque ni siquiera podía abrir los ojos porque veía doble.
-Esto va de mal en peor – murmuró Rose.
Pero justo en ese momento, otro cuerpo se tuvo que apoyar contra la pared, James se empezaba a marear.
-Esperen – interrumpió Ron mirando a su sobrino - ¿Cómo es posible que James ya empiece a estar así? Yo ni siquiera siento nada y soy mayor que él.
-Cierto – coincidió Dumbledore, mientras observaba como Albus y Lily ayudaban a su hermano a sentarse junto a la abuela – pero ya les dije: Harry debe de haber sido uno de los principales objetivos, por lo que convierte a James en alguien más directo que usted, que es el sexto entre sus hermanos.
El pelirrojo solo frunció el ceño y miró a su sobrino, que parecía querer hacer grandes esfuerzos por librarse de sus hermanos y primos, quienes intentaban mantenerlo sentado. La situación se volvía seria, y tal como había dicho Dumbledore, en los próximos minutos empeoraría todavía más, así que cuanto antes tomasen la decisión, más margen de tiempo tendrían los viajeros para actuar sin notar nada. Pero ninguno estaba todavía convencido de que fuese buena idea mandar a alguno de sus hijos al pasado; les traía inseguridad y temor. No sabrían si algo malo les estaba pasando y no podrían brindarles ayuda inmediata.
-¿Sabemos al menos en que época está ese mortífago y en que lugar actúa? – preguntó la Sra. Malfoy.
Aquella pregunta también los tomó por sorpresa, la mayoría había dado por sentado que irían a algún momento de su infancia, para así matar a un Harry Potter más indefenso. Preferiblemente en verano, pues en este momento no contaría con la protección de Hogwarts, así como el resto de hijos de muggles. Pero quizás no fuese tal y como ellos habían pensado, o tal vez si, porque aquella era la forma más rápida y concisa ¿no?
-Lo ignoramos completamente – contestó Dumbledore, totalmente serio.
-Yo voy – dijo Albus, dando un paso adelante – y me voy ahora – aseguró al ver como su propio abuelo perdía la conciencia.
Dumbledore observó por un par de segundos a su tocayo, sus ojos esmeralda brillaban con la misma fuerza con la que lo hacían los de Harry cuando tomaba una decisión importante, una de la que nunca desistía ni volvía a meditar una vez tomada. Pero también brillaban igual que una vez lo hicieron los de Lily Evans, su abuela. Daba igual en quien y cuando viese esa mirada, siempre sentía un poco de nostalgia. El hombre asintió, dando por buena la decisión del moreno, pero aún así miró también a los demás, quizás buscando más voluntarios, o puede que quisiese comprobar la reacción de los demás.
-Si Al va, yo lo acompaño – aseguró el joven Malfoy, poniéndose al lado de su amigo, que lo miró con una sonrisa de agradecimiento.
-Pero ¡Scorpius! – objetó su madre – Draco, dile algo.
Draco miró a su hijo y luego a Dumbledore. En aquel instante recordó el papel de la familia Malfoy durante toda la guerra... no, durante toda la historia. Rememoró incluso los últimos momentos del director, cuando le había ofrecido su ayuda y él no había sido capaz de tomarla. Dumbledore supo descifrar la mirada del rubio, e incluso sin Legirimancia podía adivinar sus pensamientos. Si permitía al pequeño realizar aquel viaje sería como una compensación, sería demostrar que quería corregir tantos errores cometidos en el pasado. La mirada grisácea se volvió a posar en su hijo.
-Que haga lo que quiera – el pequeño esbozó una imperceptible sonrisa – además, si los reconocen, quizás el mortífago se confíe con su presencia ¿no?
-No creo – objetó Ron, aunque Draco había cambiado algunos de sus principios, seguía sin apreciarlo, había cosas que no cambiaban – ese mortífago conocerá de vuestra situación.
-Ya – coincidió el rubio – pero la mayoría de los mortífagos son demasiado cobardes como para actuar solos. Contactará con alguien de la época que todavía idolatre a los Malfoy.
Los demás no supieron si aquel comentario tenía una segunda intención, pero el hecho fue que, cuando Ron iba a contestar Dumbledore los interrumpió. El tiempo seguía avanzando y nadie emprendía el viaje. Así que la siguiente duda se hizo presente ¿Cómo llegarían hasta el pasado? Era cierto que el mortífago tenía un objeto más poderoso que un giratiempo, pero ¿y ellos?¿También lo tenían?
-Bueno, supongo que en ese detalle ya se habrán dado cuenta – dijo Dumbledore, recuperando su sonrisa mientras miraba hacia George.
Este no comprendió la mirada en un principio, pero pronto cayó. Cuando el anciano había entrado él estaba hablando con su madre acerca de si aquel extraño era o no peligroso; bueno, más bien George había estado imaginando en voz alta malévolos usos que podría tener aquel aparato, y lo cierto es que algunos de ellos le habían dado un par de ideas para la tienda de "Sortilegios Weasley". El pelirrojo giró un poco su cuerpo, quedando en frente del susodicho objeto, y lo señaló con una ceja alzada. Tras el asentimiento del anciano, ambos chicos se acercaron allí.
-Espere, solo porque sea más grande no significa que tenga más potencia – criticó Ron al objeto.
-El tamaño no es por la potencia, Sr. Weasley – dijo Dumbledore, mientras le indicaba a Albus cuantas vueltas debían dar – sino por el espacio necesario para escribir las runas – explicó señalando los grabados en cada uno de los aros.
-¿Cómo sabe cuantas vueltas hay que darle si no sabemos a que época debemos ir? – preguntó curioso Scorpius
Pero antes de el ex-director pudiese decir nada una oleada de sucesos volvieron a ocurrir. Rose y Lily, que hasta entonces habían permanecido con su abuela, que perdía la conciencia por momentos, parecieron darse cuenta de lo poco que faltaba para que los chicos se fuesen y recordaron súbitamente que ella también querían ir. Para su desgracia, fueron interceptadas momentáneamente por Ron y Ginny.
Esto terminó en cuanto Albus agarró fuertemente a Scorpius de la manga, indicándole que el mecanismo ya se ponía en marcha. Las chicas protestaron enfadadas, los chicos desaparecían ante ellas dejándolas atrás, sin recordar que en cuanto dejas de dar vueltas a un giratiempo este se activa, y no para hasta que vuelve a la posición inicial.
Pero además, segundos antes de que los dos Slytherin hubiesen acabado de preparar el objeto, la puerta se había abierto, y alguien más había entrado, exigiendo con prisa saber la situación.
-Al
La oscuridad parecía desvanecerse y los brazos cada vez tenían menos calambres.
-Al
Empezaba a oír una voz llamándole, pero todavía estaba cansado. Se dio la vuelta, pudiendo apoyarse por fin sobre su costado derecho.
-¡Al! – la empezaba a cabrearse.
-Jovencito, quizás su amigo todavía duerme – dijo otra voz, más femenina y vieja, pero que le sonaba.
-No se preocupe... esta despierto, pero el muy maldito me está ignorando – dijo lo último un poco más alto, con tal de llamarle la atención – Por los calzones de Merlín ¡Al, levántate! – el aludido solo pronunció un gruñido e hizo un movimiento con la mano para que se callase - ¿Ven?
-No se preocupe, podemos ir a hablar usted y yo a mi despacho – dijo una voz todavía más vieja, esta vez de un hombre – así dejamos dormir a su amigo.
Albus se levantó como un resorte y abrió los ojos. Tal y como había imaginado, allí estaba Scorpius mirándolo con cara de pocos amigos tras haberlo ignorado durante un largo rato; tanto en su brazo como en su mejilla tenía un par de rasguños, pero ningún otro signo de malestar. Pero lo que al moreno realmente le interesaba eran los propietarios de las voces que había creído reconocer, y no se equivocaba. Al fondo de la sala, haciendo la cama en la que seguramente había estado el rubio, se encontraba la Sra. Pomfrey. Y a la derecha de Scorpius, Dumbledore. Había sido fácil reconocer su voz después del discurso que les había dado un rato antes, bueno en realidad unos minutos antes porque se había quedado dormido... o mejor, unos años después. Lo miró con atención lo más rápido que pudo, para no llamar la atención. Su mano ya no estaba quemada, y su barba, a pesar de que seguía sujeta al cinturón, no conseguía ocultar el hecho de que parecía más joven que el fantasma de antes (o después).
Aquello le produjo una gran duda ¿En que año podían estar? Y, por diez mil gárgolas galopantes ¿Qué hacían en Hogwarts? Porque, como buen Potter y Weasley que era, jugaba al Quidditch, y eso le permitía reconocer la enfermería del colegio como si fuese su tercera casa. Decidió que no debía perder tiempo, y aunque aquel hombre pudiese ser su mejor apoyo, no quería precipitarse contándole que venían del futuro, así que se estiró sonoramente mientras se agarraba la cabeza con falso dolor.
-Por Merlín, como me duele la cabeza.
-¿Estás bien, Al? – le preguntó su amigo, elevando una ceja.
-No – se dejó caer en la cama - ¿En que día estamos?¿Mes?¿Año? – suspiró – Creo que he perdido la memoria.
-Ya... – el rubio no tomó en cuenta el último comentario, se notaba a lenguas si actuación exagerada.
-Estamos a 31 de agosto de 1977 – le respondió divertido el director, siguiéndole lo que él suponía que era una broma – Si se encuentra mal, puede quedarse aquí. Nosotros nos íbamos a marchar a mi despacho para a hablar de su... sorpresiva aparición.
-Creo que podré con el dolor de cabeza – respondió el moreno, bajando de la cama, que fue rápidamente atendida por la Sra. Pomfrey.
Albus se dirigió rápidamente hacia donde estaba su amigo, e inmediatamente salieron tras el director, que les hizo un gesto para que lo siguieran. El anciano quedó unos pasos más adelante, mientras el moreno rezagaba un poco a su amigo. Cuando estuvieron seguros de que el hombre no los escucharía empezaron a hablar.
-Oye Scor, ¿Tú sabes lo que nos ha pasado? – preguntó, tocándose con cuidado un hombro algo magullado.
-Por lo poco que me dijeron – dijo él – creo que aparecimos en medio de los jardines, pero creo que no nos vieron llegar.
-Entiendo...
-Por cierto – dijo el otro con una sonrisa – muy bueno lo del año, no se me había ocurrido – admitió mientras veía como el director estaba a punto de llegar a la gárgola que abría el camino hacia su despacho – había dado por hecho que vendríamos a la época de nuestros padres.
Antes de que ambos pudiesen seguir hablando y, quien sabe, crear algún plan para explicar su aparición allí, Dumbledore los apremió para subir por las escaleras recién accesibles, cortesía de una gárgola que miraba algo desconfiada a aquellos que habían llegado con un día de antelación al castillo, pero que sin embargo, ya acudían al despacho del director. Pasaron de uno en uno por las escaleras de caracol y cuando abrieron la puerta se encontraron con un despacho algo cambiado. Los muebles eran los mismos, pero la distribución era distinta y muchos objetos habían sido cambiado de sitios, faltaban o eran vistos por primera vez por los chicos.
Desde el fondo de la sala, pudieron oír un pequeño trino, seguido del ruido que hace el fuego al arder. Ambos chicos inclinaron la cabeza hacia la derecha, en busca de Fawkes. Nunca habían visto a aquel fénix, bueno, más bien nunca habían visto un fénix; y eso se debía a que este había abandonado Hogwarts la misma noche que su dueño había muerto. Se trataba de un pájaro algo grande, como del tamaño de un cisne; sus plumas eran completamente rojas – aunque nunca habían llegado a dudarlo – a salvo de las del pecho, que eran doradas. Además su pico y sus patas brillan, debido a su semejanza con el oro.
Dumbledore se fijó en la admiración de los dos chicos en cuanto al fénix, y comentó con una sonrisa, sacándolos de su trance.
-Se llama Fawkes – hizo un gesto con la mano para que tomasen asiento, mientras ellos evitaban decir que aquello ya lo sabían – habéis tenido suerte, este es el momento del ciclo en el que más hermoso está – acto seguido el hombre miró los papeles que tenía sobre su mesa – Bueno, vosotros debéis ser Scorpius y Al Fidem – los chicos se miraron entre sí, desconcertados por aquello - ¿Es correcto, no?
-¿Eh? Sí, si claro – dijo Albus desconcertado – pero nos sorprendió que ya supiese de nosotros.
-Claro que sé de ustedes – los chicos por un momento pensaron que sabía que venían del futuro – soy el director de Hogwarts, estoy al corriente de los alumnos que se unen a la escuela fuera de plazo. Aunque claro, gracias a la carta con explicaciones de sus padres no hubo problema para admitirlos – les dijo, zarandeando las cartas delante de ellos.
Aquel gesto mareó un poco al rubio, pero el moreno, que para su suerte no había heredado la mala vista de los Potter, pudo distinguir rápidamente la letra de su madre en una de las cartas; supuso entonces que la persona que había escrito la otra sería de Astoria Malfoy, la madre de Scorpius. Pero no entendía como podía ser que esas cartas estuviesen en aquel momento en el despacho del director, y tenían pinta de haber llegado antes que ellos. La única solución es que tras su marcha, hubiesen enviado las cartas a unos días antes – aunque parecía algo difícil atinar con las vuelta solo un par de días- para evitarles problemas.
Sin embargo, sabía que en una solicitud para ingresar en Hogwarts seguramente no hubiese suficientes datos sobre su pasado, y que aquel era el momento en el que se verían obligados a inventar toda una historia; porque a pesar de que Dumbledore era una de las personas más confiables del mundo, era, precisamente, una persona; y ellos no querían cambiar el pasado más de lo que ya lo estaban haciendo.
-Pero entonces, si ya ha leído la carta de nuestras madres – empezó a decir Scorpius - ¿Qué es lo que quiere saber de nosotros?
-Bueno – dijo el director, volviendo a guardar las cartas – en primer lugar, estaría muy interesado en que me contasen como han llegado aquí o por qué – los miró por encima de la montura – el tren no sale hasta mañana.
-La verdad – comenzó a decir Albus, mirando a Scorpius, como si le diese permiso para interrumpir en cualquier momento por si su excusa empezaba a flaquear – es que fue una pequeña travesura en casa, verá...
-Encontramos un libro de un amigo de la familia – prosiguió el rubio, basándose en Teddy para crear la excusa – y pensamos que sería... interesante, probar el hechizo para crear transladores – intentó que su voz sonase firme, porque no sabía como de convincente era su excusa – supongo que el resto se lo imagina usted mismo.
-Más o menos – dijo él, apoyando el mentón sobre sus manos, entrelazadas – excepto la parte en la que consiguen atravesar la barrera de Hogwarts.
-Bueno, no aparecimos exactamente en los jardines – intentó remediar Albus, mientras el otro tragaba sutilmente, no se les había ocurrido aquel detalle – creo que durante el mareo entramos con nuestro propio pie en Hogwarts, ya sabe, ya fuimos admitidos como alumnos – su mente trabajaba lo más rápido que podía – lo que pasa es que el translador se desestabilizó un poco y nos impulsó con fuerza, al tiempo que se rompía.
-Lástima de jarrón – murmuró Scorpius por lo bajo, pero no lo suficiente como para que el anciano no lo escuchase, quería que la excusa de Albus para que no buscasen el translador fuese convincente.
-Entiendo – dijo Dumbledore, finalmente convencido, o al menos eso aparentaba perfectamente.
Durante la siguiente media hora, las cosas fueron más sencillas, inventar la historia sobre su pasado era sencillo si no daban demasiados datos, o por lo menos no falsos; de este modo, Scorpius se declaró hijo único, mientras que Albus comentaba que tenía un hermano mayor, que ya había acabado los estudios, y una hermana pequeña, que había preferido quedarse en Estados Unidos, el que ahora parecía ser su país natal. Para deshacerse del problema de su acento perfecto también alegaron que eran hijos de una familia británica, que quería volver a las raices.
Junto con las cartas, habían llegado los baúles de los chicos, así como su historial, para que no tuvieran problema al elegir las asignaturas ni inscribirse en su respectivo curso. Los expedientes había sido hechos con cuidado, siendo tan formales que no daban ninguna pista del colegio de origen, y también se las habían ingeniado para evitar dar fechas. Sin embargo, ambos Slytherins se preocuparon por el hecho de que sus baúles estuviesen en el castillo; si ellos realmente hubiesen llegado por pura casualidad, no había motivo para que sus familias se los hubiesen enviado. Sin embargo Dumbledore no dijo nada, y ellos no tenían intenciones de lo contrario, así que se guardaron los comentarios.
Acabada la pequeña reunión, los chicos se despidieron del director. Como al siguiente día llegarían los demás, por esa noche dormirían en la enfermería. Y como no habían podido decirle a Dumbledore en que casa estaban por razones obvias – por ejemplo, que en los otros colegios no había casas, o por lo menos esas – se someterían a la Selección junto con los de primer curso; y así tras la cena podrían instalarse en sus nuevas habitaciones de forma permanente.
Antes de que saliesen por la puerta, Dumbledore les hizo un último comentario.
-¿Saben? Por un momento no me di cuenta de que eran ustedes – admitió – cuando los vi en la enfermería pensé que eran un Potter y un Malfoy – los chicos tragaron fuerte de forma imperceptible – pero supongo que fue un error, aunque se les parecen un poco.
-Pues nunca nos lo habían dicho – dijo Scorpius – supongo que será interesante conocerlos para ver si es cierto.
-Con Potter pueden hacerlo, este será su último curso en Hogwarts – les informó el director, que se había levantado de su asiento – pero me temo que Malfoy ya acabó sus estudios hace unos años – después observó por un rato a los dos jóvenes y agregó con el ceño fruncido - ¿No son muy distintos para ser hermanos?
-¿Hermanos? – Albus alzó una ceja confundido, pero después recordó que tenían el mismo apellido – Ah, no. Somos solo primos.
-Nuestros padres son hermanos – dijo Scorpius, aunque más para sí mismo que para Dumbledore, ya que era obvio – pero salimos a nuestras madres.
-Entiendo; bien, pueden irse, si quieren que les enseñe el colegio hasta que sea la hora de la cena...
-No, no – interrumpió Scorpius – ya investigaremos por nuestra cuenta, gracias.
Y así ambos chicos salieron del despacho, con el corazón en el puño. No sabían si el director se lo habría tragado, si no se lo habría creído y los mantendría vigilados o, si por otra parte, ya se habría dado cuenta de todo. Pero de todas formas no podían darse la vuelta, volver al despacho y preguntarle, así que decidieron alejarse un poco de aquel lugar, y sin darse cuenta acabaron llegando al estadio de Quidditch.
Este seguía igual que siempre, como el resto del colegio. Pero a ellos les evocaba recuerdos que ningún otro alumno de Hogwarts de aquel momento podría tener. También se dieron cuenta que aquel año no podrían jugar en el equipo como los años anteriores – sus familias tenían una larga tradición en ese deporte – pero al menos se podrían centrar mejor en sus estudios y en la búsqueda de aquel mortífago.
-¿Crees que sea buena idea matricularnos en Hogwarts? – preguntó Scorpius.
-Supongo que Dumbledore nos habrá mandado al lugar donde el mortífago actuará, así que supongo que está bien – dijo él, mirando los aros del campo distraídamente – además ¿No se sentirá Rose orgullosa de ti si ya vas adelantando materia de curso? – añadió sonriendo pícaramente.
-¿Pe-pero por qué dices eso?
-Por la misma razón que te pones nervioso – respondió el moreno, soltando una carcajada.
El rubio solo lo miró con el ceño fruncido durante un rato, le pegó un suave pero certero puñetazo en el hombro y miró hacia delante. Se habían sentado en la parte más altas de las gradas de Slytherin y ahora miraban el campo como si realmente no estuviese ahí, centrándose en sus únicos pensamientos. No entendían muy bien por qué no habían acabado en la época de Harry Potter, y solo se les ocurrían dos opciones: o que intentando llegar antes que el mortífago se hubiesen pasado de fecha, o que este quisiese acabar con sus "problemas" de raíz, es decir, con los padres del niño que vivió. Optaban más bien por la segunda, pero aún así no sabían cuanto tiempo tardaría ese mago oscuro en llegar, más bien ni siquiera sabían quien era; sus padres les habían hablado en algunas ocasiones de magos que se habían aliado con Voldemort y conocían varios nombres, pero dudaban que eso fuese suficiente, porque de mucho no conocían el rostro.
Scorpius miró por unos segundos a su amigo, que minutos antes se había tumbado en la grada, cuan largo era y parecía entretenerse contando nubes. Un pensamiento fugaz llegó a su mente y no pudo contener unas potentes carcajadas.
-¿Y a ti que demonios te pasa ahora? – preguntó Albus, casi cayéndose del banco del susto.
-¿Recuerdas lo que tuvimos que decir en el despacho del director? – respondió el rubio, conteniendo la risa - ¿Qué nuestros padres eran hermanos? – Albus asintió - ¿Te lo imaginas?
-Harry Potter y Draco Malfoy hermanos... – Albus pareció pensarlo por unos segundos y sonrió divertido – Ja, esa si que es buena – después pensó un poco y añadió - ¿Qué crees que dirían mi tío y tu padre si se enterasen de nuestra nueva relación familiar?
Ambos rompieron en carcajadas, se imaginaron a un Draco Malfoy pálido pensando en el asunto junto a un Ron capaz de camuflar su rostro con su pelo. Aunque la guerra había acabado ninguno de los dos se llevaban lo que se dice muy bien y aquello sería un golpe bajo para ambos.
-No, no – dijo de pronto Scorpius – ¡Imagínate que fuese verdad!
Y así se pasaron el rato hasta que llegó la hora de la cena, imaginándose Harrys Potter rubios y expresión de estar oliendo mierda o Dracos Malfoy moreno y con gafas pegadas con cinta. En algún momento las invenciones se desviaron y las pecas y las cabelleras pelirrojas de los Weasley también entraron en el juego. Ambas serpientes se olvidaron de que en unas horas volverían a ser alumnos de Hogwarts, como sabían desde el comienzo del verano y como llevaban siendo durante cinco largos años, pero también olvidaron que nunca habían sido este tipo de alumnos de Hogwarts, de esos que han viajado en el tiempo para salvar a sus familias – ¿Y por qué no? A todo el mundo mágico -, muy comunes por la zona. Este iba a ser un curso realmente especial.
Se acabó, siempre se acaba ¿Quién se lo acaba?... ok, dejo de cantar. Espero que lo disfrutasen, la próxima actualización seguramente será el martes... ¿saben? El lunes es mi cumpleaños y sería un bonito regalo que me comentasen el fic (Si! Ya volví con esas!).
Por cierto, más de mis aclaraciones:
IMPORTANTE: "¿Por qué coj... son Scorpius y Albus primos?" ¿Quieren que les sea sincera? Me daba vaguería buscar un apellido para Albus, ya lo sé, suena estúpido, pero en principio fue por eso. Después ya llegué a la conclusión de que a los personajes les podía servir como excusa para tener un pasado común (ya saben, antes incluso de empezar los estudios, porque es obvio que tienen un pasado común). "¿Y por qué Fidem?" Bueno, "Malfoy" significa en francés Mala fe y "Fidem" en latín significa Fe ... si te paras a pensarlo es como una indirecta de que confían en ellos... ok, dejo de desvariar.
Y otra: cuando escribo tengo la maldita manía de comprobar continuamente si los datos son verdaderos o falsos. Por ejemplo, siempre trataré de poner las aulas en el piso que son, los alumnos en su curso correspondiente... Casi me sé el año de nacimiento de todos los personajes, por eso Lucius Malfoy no está en la escuela. Estoy segura de que han leído muchos fics donde los merodeadores se cruzan a diario con él y Snape también se junta con el rubio, pero lo cierto es que solo coincidieron un año o dos en la escuela (Me sé el año pero no el mes ¿Ok?). Y bueno, los Weasley ya les sacan diez años, así que ni Arthur ni Molly están todavía en el colegio; y a Bill le faltan cinco para entrar (si, también he leído fic donde alguno de ellos coincide).
Todo esto no significa que no me gusta que la gente adapte las fechas a sus intereses, pero solo quería que supieran como de realista que me gusta ser =)
¡Nos leemos!
