Quería llorar. Quería gritar. Quería romper cosas. Pero sobre todo…
Quería morir.
Morir porque todo su mundo y su vida estaban llegando a su fin. Ahora lo veía más claro que nunca. Una frase había marcado su futuro. Un futuro negro y aterrador. Un futuro en la que se veía ella tirada en el suelo con los ojos sin vida y aferrándose a vientre.
Protegiendo su pequeño "milagro".
Así había decidido llamarlo, puesto que nadie hubiera pensado jamás que ellos pudieran concebir algo tan bonito como un bebé. No era buscado, eso estaba claro. Pero para ella era un rayo de esperanza, un motivo más para vivir, una forma de recordarse o por lo menos intentar creer que Draco la amó, quizás no siempre, pero por unos minutos, mientras ella yacía bajo él, la quiso lo suficiente como parar darle ese amor. Porque así fue. Amor. No salvaje, ni lujurioso, ni brusco. Simplemente dulce, lento, implicando miles de emociones, sonrisas y besos dados con delicadeza.
Los recuerdos la atormentaban, hacían que sus ojos picaran, pidiendo a gritos que dejara libres a las dichosas lágrimas. Hermione no estaba dispuesta a consentirlo. Por el amor a Merlín, ella era una leona. Una luchadora. ¿Desde cuándo se había vuelta una blandengue?
-Serán las hormonas –murmuró tan bajito que ni sus amigos la oyeron, y eso que iban codo con codo.
Los tenían atados a la vez. El codo de Harry se le clavaba en las costillas y Ron cada vez que se movía la pisaba. En pocas palabras están literalmente liados.
En algún momento en el cuál Hermione había estado abstraída los habían trasladado de zona. Ya no estaban en la habitación en la que los habían descubierto, sino en una sala, excesivamente grande y absolutamente carente de luz. Apenas se podía ver, tres candelabros se encontraban encendidos, pero apenas conseguían iluminar nada. El suelo era negro, y muy frío. Pero había algo más, algo a lo que no podían poner nombre, algo oscuro y terrible que hacía que se le erizaran todo el vello del cuerpo. Una presencia de lo más aterradora.
Inconscientemente su cuerpo comenzó a temblar. Tenía miedo, mucho miedo. Era valiente sí, pero ahora mismo sin una varita, con sus amigos en su misma situación y lo peor de todo, que nadie sabía que se encontraban allí. La Orden del Fénix, no se habría enterado todavía de su desaparición, tal vez cuando lo hicieran ya sería muy tarde.
-Hermione –la llamó Harry– Hermione –repitió nuevamente al no responderle.
-¿Qué quieres Harry?
-Deja de temblar por favor.
-¡No estoy temblando! –protestó aun a sabiendas de que mentía.
-Claro que sí, por Merlín si te tengo hombro con hombro –refunfuñó Ron tratando de moverse.
-Lo siento chicos.
Estaba deprimida, y sabía que ellos lo sabían. La conocían mejor que nadie, eran sus mejores amigos, sus hermanos, su familia. Ella movería los cinco dedos de una mano y de la otra por ellos y ellos ídem de lo mismo.
Sin embargo una punzada de culpa la atravesaba. Su embarazo para ellos les era desconocido y ella sabía cómo se pondrían si ellos la descubrían. La acusarían de todo; de chica fácil, de tonta, de ilusa, de traidora, le dirían que era muy lista para unas cosas y para otras no.
"Confraternizar con el enemigo" le dirían Ron, "Solo se ha acercado a ti para averiguar cosas sobre Harry" le recalcaría varias veces. ¿Acaso no tendría razón? Ya no lo sabía.
La puerta que se encontraba detrás de ellos se abrió, chirriante como las viejas casas de las películas de miedo, como le recordó a Harry. Esas que a Dudley le hacían mearse encima. Un grupo de mortífagos entraron entre carcajadas, como si ellos no se encontraran a unos metros de distancia.
"La hora se acerca" pensó Hermione, lo notaba en el aire, su piel erizada lo anunciaba. Y como si alguien le hubiera leído la mente, a unos pasos de ella Lord Voldemort aparecía de la nada. Su cuerpo pasó del temblor a las sacudidas, su vientre comenzaba a doler y eso la asustó muchísimo. Nunca le había dolido tanto.
-¿Pero qué tenemos aquí? –preguntó Voldemort con una sonrisa mordaz. Sus ojos se clavaron en ella primero-Una sangre sucia –luego pasó a Ron- Un traidor a la sangre –para pasar por ultimo a Harry, ensanchó más su sonrisa- Vaya, vaya, el elegido.
-Hola Tom –dijo Harry tan tranquilo como si de una vieja amistad se tratase.
Voldemort borró todo rastro de burla, sus ojos se cerraron más, dejando tan solo una débil franja por la cual todavía podía apreciarse el color rojo de ellos. Lo enfurecía, le enfurecía todo lo que salía de Harry.
-No estás en posición de hablarme Potter –siseó– Te recuerdo que ahora estás en mi poder, y puedo hacerte desaparecer con un movimiento de varita.
-No lo niego.
-¿No sientes ni un poquitín de miedo? Saber que acabarás como tus padres y tus amigos, vacío a mis pies, siendo recordado como el niño que se creyó invencible al Señor Tenebroso.
Los mortífagos comenzaron a reírse sonoramente, haciendo retumbar toda la sala. Tenían que encontrar y planear un plan urgente. La cosa se estaba poniendo realmente fea. No sabían cuánto aguantaría Harry tanteando a Voldemort y consiguiendo minutos de vida.
Tic tac.
Su mente sonaba como un reloj, anunciando los segundos que transcurrían.
"Piensa Hermione, tu puedes, siempre lo has logrado bajo presión" se decía. Pero el dolor de vientre no la ayudaba, cada vez aumentaba más, la presión de las sogas no ayudaban y tratar de sujetárselo no ayudaría, puesto que eso la delataría.
Tic tac.
"¡Maldita sea!" No se le ocurría nada. Al prestar atención al silencio que reinaba en la sala, clavó su mirada al centro, había alguien más allí. Alguien que antes no estaba. Y su corazón comenzó a tratar de salir de su pecho.
Draco se encontraba al lado de su señor, tan serio como siempre, tan frío como en sus años de escuela, o incluso más. Estaba pálido y ojeroso. En la habitación no lo había notado, pero ahora se veía más claro al fijarse con detenimientos. ¿Estaba más delgado? No lo sabía decir con certeza, pues la túnica era ancha. Tenía una cicatriz en el cuello, como de un chuchillo que le cortó en horizontal.
Hermione no quiso ni imaginarse la escena. Bastante sufrimiento tenía ya.
Cerró los ojos y suspiró. Al abrirlos volvió a mirarle y se dio cuenta que ya no había nada en ese hombre que meses atrás estaba con ella. Nada. Ni un pequeño rastro. Era una persona totalmente diferente y eso sorprendentemente ya no le afectó. Al principio claro que sí, llevaba meses esperándolo, que regresara a su vida como si nada hubiera pasado, como si todo hubiera sido un mal sueño. Como una tonta enamorada.
Pero ahora, al verlo allí, y ver la realidad, supo que realmente él siempre había sido así, que había interpretado un papel, y que ella, inocente, se había creído hasta la última palabra salida de su boca. Que la culpa había sido solamente suya, por creer que un mortífago que llevaba una marca, podía ser una persona dulce y cariñosa.
Solo una persona había sido así, y ahora mismo yacía bajo la tierra en Godric's Hollow. Pobre profesor Snape, toda su vida luchando por un único motivo; Lily Potter. Lo admiraba muchísimo por eso valor y esa lealtad, incluso Harry lo hacía aunque no lo declarara a los cuatro vientos.
Ella quería que alguien la quisiera tanto como Snape quiso a Lily, alguien que diera su vida o luchara por ella, para ella.
Sutilmente movió su mano tratando de llegar a su vientre, lo apretó de forma para calmar el dolor y de paso se hizo un juramento.
"Lucharé por y para ti mi pequeño milagro, lucharé como Snape luchó por Lily, y si tengo que morir lo haré después de darte la vida, porque tú serás mi continuación"
-Draco –siseó Voldemort, Hermione le prestó atención– llévate a la sangre sucia y al traidor a los calabozos, allí sabrán qué hacer con ellos. Yo me ocuparé de Potter.
Draco asintió y con paso serio se dirigió a donde ellos estaban. Hermione notó como el corazón volvía a correr cada vez más con cada paso que él daba. Una vez lo tenía delante y sus sogas se soltaron, su primer impulso fue rodearse la barriga, pero reaccionó a los segundos y se soltó. Sin embargo Draco, avispado como siempre notó ese detalle, y no pudo evitar que ella había engordado un par de quilos, y no es que estuviera gorda en general, sus piernas y brazos seguían igual de delgados, pero su rostro se había vuelto más redondo, más hinchado.
Y sabía que nadie más se había dado cuenta, solo él, no por algo le había mirado infinidades de veces la cara cuando la besaba, la abrazaba, le hablaba o cuando ella dormía y él la contemplaba en silencio.
Sí. Memorizó cada uno de sus rasgos, cada peca de su nariz, siete en total contó una vez. La recordaba perfectamente y tal vez por eso sintió como si un puñetazo tratara de perforarle el estómago.
Con aplomo levantó a Ron y Hermione y los llevó fuera de la sala. Ninguno dijo ni media palabra, una porque estaba aterrada y el otro porque no sabía qué hacer para salir de esa.
Recorrieron el pasillo que los llevaba hacía el calabozo, cada rincón de la casa era más oscuro que el anterior. Habían pasado por cabezas de elfo disecadas y colgadas, por arboles genealógicos, retratos de toda la familia Black y Malfoy.
-¿Qué pasa Weasley pis? ¿Te ha comido la lengua el gato?
Hermione trató de no defenderlo, puesto que eso es lo que quería Draco, que uno de los dos saltara y así poder empezar burlarse. Ron debió de pensar lo mismo, a pesar de tener las orejas rojas de furia, y morderse varias veces el labio para no saltar, de su boca no salió ni una sola palabra. Draco notó como ambos lo habían ignorado y vio como ella asentía levemente hacía Ron con una sonrisa, como si lo felicitara por su silencio.
La sangre del rubio comenzó a hervir del enfado, con poca delicadez estampó a Ron contra una pared de piedra que se encontraba a su lado. Y con el otro brazo sin soltarla separó a Hermione unos centímetros. Tenía mucha fuerza, puesto que ella trató de soltarse y no lo logró.
-Veamos comadreja –comenzó a decirle a Ron con aire tranquilo– Si yo te hablo tú me contestas, ¿entendido? No trates de ignorarme o reírte de mí, porque lo pagarás muy caro y a ella –señaló con la cabeza– le podrían pasar cosas muy malas.
Hermione bufó aburrida por la situación, cruzándose de brazos y esperando a que él terminara con sus sosas amenazas. Draco la miró extrañado por ese ataque repentino por parte de ella. ¿Había bufado de verdad? ¿Tan poco le importaba su vida?
-¿Te aburro sangresucia? –preguntó apretando los dientes, tratando de no gritar.
-Un poco la verdad –asintió sin motivación– Vamos a morir igualmente, ¿qué más nos da tus amenazas? Si piensas que vamos a suplicarte ya te puedes ir al mismito infierno estúpido arrogante.
Draco se quedó atónito por la declaración. Por suerte su cara solo reflejaba seriedad aunque por dentro tuviera la mandíbula desencajada. Nunca dejaría de sorprenderlo.
Con renovada energía volvió a llevarlos por el pasillo, bajaron unas cuantas escaleras y llegaron a una habitación que era todo menos eso. El suelo estaba lleno de una viscosidad que no se podía detectar su origen. El ambiente estaba cargado, una olor putrefacta les invadían las fosas nasales, haciéndoles de vez en cuando toser.
Bellatrix los esperaba con una sonrisa macabra en la cara, se relamió al verlo entrar y sin decir nada cogió a Ron y lo arrancó de Draco.
-Sobrinito, a este me lo quedo yo –canturreó mientras se lo llevaba a otra sala que había dentro.
-¡No! ¡Suéltame! –exclamó Ron tratando de soltarse.
-¡Ron! ¡Ron! –Gritó Hermione, estirando para soltarse de Draco– ¡Ron!
Draco la aferró con los brazos, dejándola cara a él, solo lo separaban unos centímetros, pero fue como si se rozaran, se miraron a los ojos, desafiándose. Él apretaba su agarre, acercándola un poco más. Hermione trató de soltarse sin apartarle la mirada, lo cual hizo que sin que se diera cuenta, a causa del movimiento, su barriga chocara con él.
Él se definía como una persona muy perspicaz, a la que raramente se le engañaba. Cazaba a las personas enseguida por sus palabras o gestos. Pero nunca, habría pensado que un presentimiento como el que había sentido hacía apenas unos minutos iba a sentir. ¿Era eso quizás una barriga? Sabía que la última vez que la había visto estaba plana, la constitución de ella era ser delgada, ella se lo había dicho varias veces. ¿Entonces? ¿Estaba quizás….?
-¡Mierda! –exclamó, abriendo los ojos desmesuradamente.
Hermione abrió la boca al verse sorprendida y ver como el bajaba la vista a vientre. Trató, inútilmente de taparse, rodearse como método de defensa ante él. Ocasionando, que las sospechas de él cobrarán más sentido aún.
"Lo sabe" se dijo mentalmente, maldiciéndose una y otra vez por su descuido. Estaba aterrorizada. ¿Qué le haría ahora que lo sabía? ¿Se alegraría al saber que es de él?
"Claro que no estúpida, acuérdate que te dejó como una imbécil, que te manipuló".
Draco continuaba sin apartar la vista de su vientre, estaba en shock, o eso creía ella. No se movía, no parpadeaba, simplemente estaba ahí como una estatua.
-Malfoy –se aclaró la garganta– Puedo explicar…
Como si hubiera despertado de un sueño, Draco se abalanzó sobre ella y sin ningún miramiento le levantó la camiseta, lo suficiente como para ver y confirmar lo que en su mente no dejaba de dar vueltas. Sus ojos se agrandaron todavía más y se volvieron totalmente negros.
-¿PERO QUÉ? –consiguió decir, al ver la abultada barriga de ella.
Retrasado, corto y soso, lo sé. Pido mil disculpas por tardar tanto en volver a escribir. Debo decir que todavía ando algo oxidada. He intentado hacerlo lo mejor posible. Acepto tomatazos y bofetadas via comentarios y sin ellos tambien.
Y como se suele decir:
"Espero que les guste" (Aunque sea solo un poquito)
Siempre vuestra,giselmalfoy
