Néctar De Mentiras
Había llegado a él con los cabellos revueltos cayendole sobre el pétreo rostro. Arañazos cubrian sus altas mejillas, en finos hilos de sangre que la marcaban. Temblaba de miedo, de terror.
Asustada, con lágrimas brotando de esas pupilas de lapisazuli, le relato lo sucedido. Cuando finalizó de hablar, a él le ardia de odio el corazón. ¿Como había osado lastimarla, aquella zorra mugrienta? A ella, a su pequeña muñequita de hebras azabaches y mirada limpida.
Acaricio sus pomulos con una delicadeza increíble, temiendo hacerle daño. Y en un beso, le prometió que esa mujerzuela jamás volvería a dañarla. Que él mismo en persona se encargaria de castigarla.
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A Sansa le dio un poco de lástima al final. Sin embargo, sonrió. Castigada no era osada, atada no intentaba atacar. Y ya herida, doblegada a la fuerza, le lanzó una última mirada de odio.
Comprendió que nadie le podía ganar. Nada quedaba del enjaulado pajarito, entrenado a repetir palabras vanas. Petyr forjo su nueva personalidad con artimañas únicas, destinadas a engañar y manipular. A estar por encima de los otros.
Lentamente acercó sus labios a los oídos de su marido, y le susurró que lo hiciera. El veredicto estaba claro.
Ramsay, obediente, no tardo en clavar profundamente el puñal en el corazón de quien tiempo atrás, fuera su amante.
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"Si quieres que te sean fieles hasta el final, algo a cambio debes dar". Sabias palabras de Meñique. Justas palabras de un jugador profesional.
De nuevo fingio amar, se despojo de la ropa y a la pasión entregó su cuerpo, una ofrenda al dios de las mentiras. Dejó que él la poseyera, que bebiera del néctar de la falsedad. Que creyera en ella, en la loba con piel de cordero.
Que dulce le supo su ingenuidad. El gavilán que creía dominar, no tardaria mucho en caer a su voluntad.
El juego acababa de empezar.
N/A: Una extraña mezcla de Povs.
