Capítulo 2

Se puso de pie de un salto cuando vio el cuerpo de Kouga entrar al baño y cerrar la puerta tras él. La sonora música, las risas, cualquier indicio de vida proveniente de la habitación contigua había desaparecido. En el baño también reinaba el silencio. Repentinamente percibió que Kouga comenzaba a acercarse e instintivamente dio un paso hacia atrás. No lo quería cerca, ya le dolía estar en la misma habitación que él, no quería imaginarse lo que sentiría si la tocara.

La había lastimado tanto. Después del fatídico día en que rompieron, ella se había sumergido en un estado melancólico, no hacía más que llorar. Pasaron días, semanas de horas acostada en la cama, sin energía, sin ánimos, incluso para comer. Solo Sango, con su chispa, gradualmente pudo hacerla volver al mundo de los vivos, a hacerle sentir que había algo más que él, algo más que esa mirada de zafiro, y aunque se encontraba mejor, la herida aún permanecía muy fresca. No podría soportar que volviera a abrirse.

- Kagome…- murmuró Kouga. Escuchar su nombre salir de sus labios le provocó un vuelco en el estómago y volvió a quedarse sin aire. Su corazón latía desenfrenadamente. – Te vi cuando venías para el baño, ¿te sientes bien?- oyó que preguntaba, a la vez que extendía su brazo en dirección a ella, buscando acunarle la mejilla. "No" fue lo único que pudo cavilar, y retrocedió un par de pasos, alejándose de la mano que quedó inmóvil frente a ella, para luego caer de forma rendida sobre su costado.

- No, Kouga- susurró Kagome, bajando la vista. Ver la mueca de dolor en la cara de Kouga al escuchar cómo lo rechazaba era más de lo que podía soportar, terminaría cediendo si no evitaba mirarlo a la cara.

- Por favor. No sabes lo que fueron estos meses sin verte- murmuró por lo bajo, pero, de un momento al otro, subió el tono de voz dándole énfasis a sus palabras, lo que provocó que Kagome elevara la vista. No solo fue su voz, su mirada también había cambiado, vio determinación en ella. – No sé qué hacer si no estás conmigo, si no te tengo a mi lado – vio como subía su mano y se revolvía el cabello con desesperación. Siempre le había encantado ese gesto. Cada momento en esa habitación se hacía más y más difícil, miro la puerta en busca de una posible escapatoria pero eso implicaba acercarse a él. "¿Dónde demonios esta Sango?" maldijo para sus adentros. No había alternativa, debía enfrentarlo en algún momento, respiro profundamente, reunió todo el coraje del que se sentía capaz y dijo con voz neutra e indiferente:

- Kouga, es suficiente-.

- Kagome, por favor- suplicaba Kouga, dando un paso hacia adelante. Debía hacer esto con rapidez, el espacio entre ellos estaba disminuyendo, y la habitación no era muy grande para seguir retrocediendo.

- No hagas esto. Tienes cosas más importantes en las que pensar- sentía como se le formaba un nudo en su garganta, su voz salía con dificultad. Estaba luchando con todas sus fuerzas por mantener el poco control que le quedaba.

- Nada es más importante que tú – la vez de Kouga comenzaba a quebrarse, sus ojos se estaban tornando cristalinos. Sin embargo esas palabras, en lugar de conmoverla, no hicieron más que enfurecerla.

- ¿Cómo puedes decir eso? Tienes un hijo en camino, Kouga – explotó Kagome. La combinación de amargura y pena hacía que las lágrimas se agolparan en sus ojos, listas para derramarse.

- Lo sé…- susurró Kouga bajando la cabeza, impactado por la reacción de Kagome, no se lo había esperado - …pero eso no implica que no podamos estar juntos- agregó volviendo a mirarla.

- No digas eso. Tienes que hacerte cargo, vuelve con la madre de tu hijo – gritó Kagome con enojo, aunque su voz se quebró en las últimas palabras. Esto era demasiado. La imagen que tanto había luchado por borrar de su mente, en la que se veía a Kouga con un niño en brazos, con otra mujer que no era ella, había vuelto a tomar posesión de su cerebro. No podía soportarlo, tenía que escapar rápido de allí.

Habría esperado cualquier cosa de Kouga, menos eso. Luego de expulsar esas palabras, él, en solo cuestión de segundos, logró acortar la distancia entre los dos, estrechándola en un abrazo tan intenso que incluso llegaba a dolerle. Ella apoyó las manos en su pecho, intentando separarse inútilmente. Estaban a centímetros de la pared, en el extremo opuesto a la puerta. Él había enterrado la cabeza en su hombro izquierdo, y sentía su respiración cálida sobre la piel. Su perfume parecía estar perforándole el alma. No pudo contenerse más, y estalló en lágrimas.

- Te extraño tanto, extrañaba tu perfume, abrazarte…- suspiraba Kouga. Estas palabras no hacían más que quebrarla, las lágrimas aumentaban más y más, parecían no tener fin. Su hombro comenzaba a humedecerse a través de la tela de su camiseta. Él también lloraba.

Percibió cómo Kouga le depositaba un beso sobre el mismo hombro en que había derramado sus lágrimas. Ella aumentó la presión de las manos que apoyaba sobre su pecho, intentando apartarlo. Eso, por el contrario, pareció fortalecerlo. Aún abrazándola, la empujó contra la pared que estaba por detrás de ellos, apretándola con su cuerpo. Colocó las manos a los lados, dejándola sin escapatoria alguna. Ella estaba perdiendo la razón, terminaría cediendo, lo sabía, no podía hacer nada. Él continuaba besándola sobre el hombro pero percibió cómo su boca comenzaba a ascender lentamente por la tela hasta llegar a su cuello. El contacto de los labios húmedos por las lágrimas contra su piel, le provocó un escalofrío que la recorrió de la cabeza a los pies, se le erizaba el bello de la nuca. No pudo contener el pequeño gemido que escapó de sus labios.

Kouga perdió el control. El simple toque de labios en su cuello se transformó en un beso profundo, desesperado. Kagome sentía descargas eléctricas que le recorrían el cuerpo. Sus piernas cedían, las rodillas se le doblaban, creyó que iba a caer cuando Kouga, usando las manos que habían estado acorralándola, la tomó por la cintura. Kagome ya se había dado por vencida y ya no pretendían apartarlo. Las manos que antes intentaban alejarlo ahora buscaban estrechar el espacio entre ellos. Mientras que con una mano se abrazaba a su cuello, con la otra se aferraba al cabello negro. Cerró los ojos y se dejó llevar, disfrutando de las caricias de Kouga quien, luego de notar el cambio en la actitud de Kagome, había abandonado su cintura para pasar a recorrerla.

Sentía como sus manos iban y venían por las distintas partes de su cuerpo. Una mano bajaba y le acariciaba el muslo a través del jean, en ocasiones se escabullía y alcanzaba su trasero, empujándola hacia él aún más, si es que eso era posible. La otra mano amenazaba con escurrirse por debajo de su camiseta, haciendo contacto con su abdomen.

Percibió que Kouga detenía el roce de sus labios. Había elevado su cabeza hasta quedar frente a ella. Los dos entreabrieron los ojos, estaban ruborizados, respirando agitadamente. Él apoyo su frente en la suya. Sentía la respiración de él sobre su boca. Kouga retiró una mano de su cuerpo y con suavidad le tomó la cabeza, empujándola hacia arriba. Estaban a tan solo unos centímetros. Acercó aún más su rostro al de ella, haciendo que sus narices se rozaran dulcemente. Sus labios estaban a punto de tocarse.

"Toc, toc, toc" se escuchó venir desde la puerta. – Kagome, vamos, ya busqué los abrigos y las carteras- Sango aparecía en el momento preciso, despertándola del letargo en el que se había sumergido. Cayó en la cuenta de lo que estaba sucediendo. Kouga había interrumpido sus caricias y se alejó unos centímetros, dándole a ella la oportunidad perfecta para escurrirse detrás de él y alejarse hacia la puerta. Antes de salir, sintió la necesidad de volverse, él permanecía inmóvil, en la misma posición en la que lo había dejado. Pensó en decir algo pero cuando abrió la boca, silencio... Sin decir nada, salió, encontrándose con el rostro de su amiga lleno de inquietud, la cual aumento en cuanto vio el torrente de lágrimas que le recorrían las mejillas. – Kouga…- explicó en susurros. Sango no necesitaba oír nada más, la tomó entre sus brazos, reconfortándola y se dirigieron hacia la salida. Luego de haber avanzado unos metros, Kagome escuchó un fuerte golpe a la pared acompañado de un clamor angustiado.