No lo dije antes, creo pero el título es por "Like Bored Days" cantada por Shiraishi Kuranosuke del anime/manga Prince of Tennis. Pueden buscar la canción en youtube y la letra en wikia, aunque solo está en inglés, romanji y japonés.

Primero: PERDÓN POR LA TARDANZA. Segundo: WOW, de verdad gracias por sus todos sus comentarios, -pero Erika ¡no te pases! XD Pero gracias por tus ánimos-, en realidad no sé que no los merezco -sobre todo porque en los otros fics que tengo lo hacen ver-. Estoy tratando de mejorar la narrativa, intentando ser original escribo raro, seguro lo ven, pero bueno. Que bien que nadie lo notó (?)

Perdón también por no contestarle reviews a todos, igual sepan que los leí, algunos aciertan en sus ideas y a otros se las tomé porque me gustaron.

En fin. Dejé cortado este capítulo. Disfruten mientras puedan, -porque ahora queda claro que mis promesas no sirven mucho =(-.

Otra cosa, no tenía planeado agregar TANTO a Ishida, pero me gustó el resultado -después contéstenme qué piensan que le pasó a lo último *ya lo van a entender*-. Lo que sí, serán cinco como mínimo. Habrá más IH en los próximos.

Si hay errores, sepan que al igual que el anterior, lo estaré editando tan pronto los vea.

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Chapter 2. -Correr hacia ti.

Rukia y Renji se deslizaron entre las calles, acabados de salir del Senkaimon para atravesar el mundo de los humanos, cuando casi al instante una extraña presencia les alertó.

¿Hollows? Ellos eran algo común cada día, pero lo problemático recae en que Shino y Yuki no son justamente los más hábiles a la hora de enfrentarse a ellos. Los dos encargados de la ciudad casi siempre deben recibir ayuda extra.

Sin rechistar deciden ir en su ayuda sabiendo que, a esas horas, el grupo de Ichigo estaba en plena clase y por lo tanto ninguno de los humanos con poderes aparecerá por esos lares, a menos no sin dar excusas bobas y salir corriendo fuera de la escuela sin permiso. Tratarán de que no lo hagan, porque como estudiantes que fueron hace tiempo, saben que eso de las clases son un riesgo algo mortal. Los profesores e instructores son un dolor de trasero muchas veces, sobre todo cuando uno mismo causa alboroto o se excusa sin más.

Incluso con el poder a su mínimo, no les cuesta demasiado controlar a la pequeña manada de seres sin importante poder para ellos. Se deshacen de ellos fácilmente. Dejan con alivio, pero también, avergonzados a los más jóvenes cegadores. Eso de tener que involucrar a dos tenientes en algo así, por no poder cumplir con su trabajo, les resulta un bochorno.

Una cabeza pelirroja salió de entre los arbustos, tragando un estornudo.

Ichika Abarai miraba con asombro a las versiones, de diez años atrás, de quienes serían sus padres en solo dos años más. Quienes lo eran, básicamente.

- Mis padres son tan cool -se enorgullece de verlos en acción. A pesar de que es pan comido ganar en una pelea así, su madre siempre luce genial. Diría lo mismo de su padre, pero a veces él gusta de hacer el ridículo. En realidad, le resultan divertidos esos momentos.

Se pregunta si debía decirles que era su hija, o que lo sería dentro de unos cuatro años. Niega al instante, callando una risa pequeña. No es que lo considere de verdad, aunque tampoco le ve lo problemático. Sus padres desde ya que se aman, ¡ella fue planeada prácticamente desde que ellos son niños! Suena raro, pero oyó a Matsumoto-san decir algo similar. Por lo que piensa que sería una locura que por accidente no la tuvieran.

Sin embargo, le viene el recuerdo de algo dicho por Nemu. La niña del doceavo escuadrón le comentó sobre no entrometerse, menos dejar que los vean o hablarles.

- ¡RUKIA VEN A VER ESTO! - la voz de cierto teniente llama por atención. La aludida está metros más allá, hablando con Shino y Yuki.

Hasta ese momento, Ichika no lo percibió verla estando parado sobre los arbustos donde ella se ocultaba.

- ¿Quién- Quién eres tú? – tartamudea Renji mientras tanto, con otras preguntas queriendo nacer de su garganta. La principal es interrogar por qué su extremo parecido con su muy querida Rukia.

Maldición, no hay de otra, piensa Ichika antes de salir de un salto de su escondite...

Para luego dar una fuerte patada marcando su tabi en el rostro de su todavía-no-padre, haciendo que retroceda un metro y medio. Aprovecha su confusión y dolor para marcharse a toda velocidad gracias al shunpo.

- Perdón, Otou-san - dice en tono lo suficiente bajo como para ser oído solamente por ella misma. Aunque fue una disculpa, su voz sonó divertida en su escape.

Ahora, solo le queda salir adentrarse a Karakura para hallar a Kazui. Ruega porque el niño, más pequeño a ella, no hiciera algo que afectara su existencia. Fácilmente se puede cambiar el curso de los eventos partiendo del pasado, según Nemu.

Por cierto ¿dónde estaría ella?

Mientras tanto, Renji tiene que esperar por esa inquietud y volver a las armas con Rukia. Para su sorpresa, hay más hollows amontonándose allí, en el río que hace límite entre Naruki y Karakura.

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Al ver cómo Kazui se va, saltando entre los postes disfrutando el bello día y sin la más mínima de las preocupaciones salvo a quien busca, Ichigo no se alivia para nada, ni piensa bien por el instante. Saca una pierna por la ventana y está por tirarse. ¡Así sin más! Se quiere tirar desde allí a perseguir al pequeño, pero es detenido por Ishida que le grita lo idiota que está siendo. Será demasiado fuerte, pero duda que sepa aterrizar de pie como los gatos, le dice mientras le arroja la insignia que vio en el escritorio, la cual el pelinaranjo agarra sin dar gracias ni siquiera después de usarla, porque se va rápido. El pequeño es demasiado veloz y sino lo va a perder de vista. No le da alcance, pero grita que se detenga ya que puede caerse y lastimar su cuerpo. ¿Porque es humano, cierto? ¡Está tan confundido!

Es peor que tratar de adivinar qué soy yo, dice en su cabeza pensativo unos segundos. Como sea, quiere parar al niño que le lleva un kilómetro. Ganas no le faltan para encerrarlo en un castillo inflable, y así no se haga daño jamás en lo que le queda de vida, o por lo menos durante su infancia, dejarlo libre recién al tener edad suficiente.

Ishida llega usando hirenkyaku para estar, los dos, hombro a hombro y el pequeño todavía a la cabeza.

- Qué problema - suspira. Deben encontrar al otro niño, o niña, llamado Ichika. ¿Acaso será igual de problemático que este pequeño que dice que es hijo de Kurosaki? Lo descubrirán pronto, ya que parece detenerse el niño del que ahora están distantes por tres metros solamente. Kazui aterriza y lo siguen, pero deteniéndose Ishida en el suelo y un poco más alejado, que las personas le vean aparecer de la nada puede causar problemas. Incluso si le han visto muchas veces hablar solo, por estar con Kurosaki o junto a sus demás amigos cazando hollows. Hay que mantener un poco la imagen.

Al llegar, Kurosaki se está acercando a Kazui. Éste está de pie frente a la vidriera de una panadería. Es ABCookies, en donde a través del cristal el de apariencia parecida a Ichigo, mira con las mejillas infladas y la boca abierta, babeando.

- ¿Te acabas de detener solo porque quieres un postre? -Ichigo dice bajando la cabeza, agotado, preguntando si este lugar no tiene horario de cierre o a qué hora será. No es apropiado que todo niño coma dulces a cualquier hora ¿cierto?

Definitivamente le saltó la vena de padre sobre protector, haciendo que descargue lo frustrado contra el local.

El niño sin decir algo, solamente de repente pega la cara a la vidriera. Ahora es humano otra vez, solo por el deseo de realizar tal acción y de paso la añoranza de comer alguna delicia azucarada. Voltea la vista hacia su papá, éste gira la cabeza a otro lado. Está ofendido, además que mostrarse así quizás castigue un poco el corazón del niño, lo que le ayudará a darse cuenta de que no debe salir corriendo sin un mayor acompañándole.

El menor de todo los Kurosaki (al menos en el futuro), se confunde. Se pregunta, ¿por qué razón está enojado? No cree haber hecho algo malo, además de su comportamiento normal de día a día. Pero... su papá se molestó. ¿Está enojado con él? Parece que sí, ya que jamás antes pudo ver esa expresión con ceño tan fruncido dirigida a él, solo fue dado el gesto a otras personas. Se siente mal. Demasiado, al punto de formar lágrimas en los ojos. Voltea a Ishida, para ver si él también está igual por su culpa.

El otro se horroriza. No quiere que un niño le mire así, luciendo tan desamparado por querer algo que su padre no quiere darle como escarmiento. De inmediato mira hacia el sustituto, pidiendo en silencio que resuelva al asunto ya que es él quien lo provocó, -"Y porque es tu hijo", piensa-. El otro niega para sus adentros, indicando con los ojos que no va hacer tal cosa, –"Y no es verdad lo de ser mi hijo ¿qué te pasa?", da la respuesta en su mente-. Ambos continúan su lucha de ceños fruncidos, uno más que el otro, y después devuelven la mirada al niño al que ya le están cayendo mocos.

El padre tímido de ser llamado padre, pide fuerza a kamisama, para resistir.

- Kazui, no-

Los ojitos se agrandan, juntando más lágrimas.

Ichigo no quiere ser vencido, aunque está a punto de serlo por el menor. Junta coraje, insistiendo a su cuerpo no dejarle perder en la batalla psicológica.

- Mira, primero, no debiste-

Una lágrima sale del ojo derecho de quien aclamó ser su hijo.

- ¿Tienes hambre? -se rinde, dejando a su amigo sacar un pañuelo que lleva siempre consigo y dárselo a Kazui para que se limpie la cara.

El pequeño lo acepta, feliz de no ser odiado ya que su padre quitó esa mirada de su cara. Sabiendo usar bien los pliegues del pañuelo, Ishida suspira de alivio porque podrá guardarlo de nuevo en su bolsillo luego de que lo use el niño.

- Ishida-san, su pañuelo olía a flores -dice Kazui, celebrando que comerán, sonriendo de nuevo. El shinigami, que se sintió chantajeado, cambió su rostro de circunstancia para dar una mirada de burla y una pregunta de "¿Es en serio, Ishida?", pero el quincy no hizo caso.

No es tan extraño que los hombres lleven consigo pañuelos o que, al lavar sus prendas, utilicen suavizante con aroma, le responde.

- Sí -agrega Kazui -. ¡Porque otou-san olía a frutas!

El aludido se encoje en su sitio.

- ¿Es en serio, Kurosaki? -esta vez es Ishida quien da el comentario con tonito burlón.

- ¡Es Yuzu quien lava mis cosas! - se defiende torciendo labios, murmurando sobre decir a su hermana acerca de jamás volver a colocar perfume a sus ropas después de descolgarlas, ya que parece que el desodorante no cubre el aroma.

- Eres un malagradecido -le reta lo de dar tal molestia a una de sus hermanas, sobre todo a quien más hace en el hogar, -cosa que no es tan sencilla como parece-, ajustando las gafas mientras abre la puerta para ingresar al local con Kazui. A falta del cuerpo humano de Kurosaki, comprarán ellos.

Minutos después los tres están en el parque, sentados en una banca con una caja de galletas, lo que fue más económico. El quincy no poseía dinero suficiente para algo más grande. En todo caso, el pequeño no se quejó, pero al mirar con anhelo el dueño le obsequió una medialuna a ambos, comentando con alegría que su "hermanito" le recordaba mucho a una de sus empleados. Sin embargo, Kazui acabó la medialuna de dos mordiscos sin evitar manchar ambas mejillas con el relleno. Por suerte, la esposa del dueño les prestó toallitas húmedas. Fue un alivio para Ishida, pero más para Ichigo quien reclamaba de que las hormigas pudieran sentirse atraídas y le picarían ¡o probablemente las abejas!, dijo. A él ningún humano normal pudo verlo, ni oírlo, afuera del vidrio transparente del local. Si fuera así, habrían reído de lo exagerado que fue dar esos comentarios.

- ¡Itadakimasu! - es la voz del niño que recoge de la caja adornada, una por una, galletas con cobertura de chocolate negro y blanco, algunas lisas y otras cubiertas con chispas de colores. No tiene problema en llevarlas a la boca y juntar varias, hasta tener aspecto de ardilla guardando comida en sus cachetes.

Ishida come lentamente su propio bollo regalado, prediciendo que no tendrá estómago para las galletas. Él no es de comer mucho. También le gustaría enseñar al menor a no comer tan apresurado, nadie le quitará nada y es dañoso para el cuerpo consumir tan precipitadamente. No lo hace, de eso se está encargando Kurosaki.

- Kazui, más despacio - Ichigo se inquieta. ¡No tiene que comer tan rápido! -. ¡Te puedes ahogar!

Nunca ha visto tan preocupado a Ichigo por un niño en algo tan simple como comer un alimento, no que lo viera alguna vez tratar con uno además de aquella niña fantasma de cuando tenían quince años, pero puede ser que eso pasara con Nell en Hueco Mundo ¿no? Él no estuvo las ocasiones que ellos pasaron juntos, solo al momento de encontrarla en el desierto y cuando quería jugar, quitándole la espada al pelinaranjo. Que ambos estuvieron al lado del otro, al separarse e ir cada uno por su cuenta, lo descubrió por sentir la presión de ambos el uno con el otro. Además, lo recuerda debido a desear haber terminado junto a la niña, porque Pesche resultó tan molestia absoluta que dudó muchísimo que la pequeña fuese peor. A su diferencia, solo su amiga de grandes pechos estuvo con ellos, con Ichigo y Nell.

Ella haría mejor el papel que este idiota trata de darme a mí, se dijo con las mejillas rojas de repente ya que, minutos antes, reparó en que parecía la madre él, cosa que no es así, no importa si Ichigo lo llamó para cuidar de su hijo.

En todo caso, es Ichigo la madre sobre protectora.

- Kurosaki -deja su comida de lado, junto a la caja. - ¿Puedo preguntarte algo?

- Solo pregunta - se queja el pelinaranjo, estando de malhumor. Cuidar de un niño es una tarea trabajosa, aunque ya lo sabía de mucho antes. Aparte, tenía hambre desde hace largo rato, -todo por no desayunar-, pero al no estar en su cuerpo no pudo comer ni una galletita. ¡Qué injusto!

La conversación continua cuando el pequeño dice estar satisfecho y pide ir al tobogán, con ambos permitiéndolo. El supuesto padre no le saca los ojos de encima mientras Ishida habla.

- ¿Por qué me dijiste primero a mí lo de Kazui-chan?

- ¿No es obvio? Quiero que me ayudes.

- Sí, lo suponía - comenta ganando ganas de bufar, ¡por supuesto que es todo obvio eso! -. Me refiero a cómo, exactamente.

El shinigami duda, ¿no sabrá cómo responder?

- Bueno, ya sabes que Kazui es muy pequeño. Creo que no tiene idea de lo que está diciendo... y eres discreto.

- ¿Qué?

¿Es por ser discreto que le avisó a él, y que sean solo ellos quienes le concedan su ayuda a Kazui para regresar a su hogar? Suena inteligente, y estúpido a la vez. Más estúpido, ya que la fuerza no siempre es la respuesta. Ichigo objeto que hasta el momento le ha funcionado.

- ¿Peleando contra quién harás que Kazui regrese a su hogar?

Ichigo se calla a causa de esa pregunta, maldiciendo que Ishida está en lo cierto.

El peliazul descubre que, si la discreción es lo que deseó Ichigo, significa que no busca que otros aparte de ellos conozcan del suceso. Es muy conveniente por si el niño está siendo perseguido a muerte, cosa que hasta el momento no ha pasado. Claro que, teniendo en cuenta su habilidad, será raro que no sea alguien importante o al menos conocido por los del otro mundo. Cuatro o cinco años, son tiempo suficiente para reparar en la presencia de alguien así, a pesar de que éste oculte sepa ocultar su reiryoku y/o su reiatsu. ¿Y así no quiere que se enteren los de la Sociedad de Almas? El pelinaranjo asiente, convencido al cien por ciento de que no es buena idea meterlos. Con Urahara habría sido otra circunstancia, mas en el otro lado poseen sus propias reglas a seguir. Será problemático.

Hay mucha razón en lo que dice, sin embargo, al mismo tiempo es como si no quisiera que los demás se enteren de la existencia de Kazui. En el pasado bien quiso alejar a la Sociedad de Almas en algunos hechos de gran importancia, mas ahora hacerlo no es lo apropiado. Ni siquiera les conviene a los tres, más al niño. ¿Cómo lo ayudarán a volver con su familia si tal vez ésta es del otro mundo?

- Me dijo que era humano cuando se lo pregunté, para aclarar, también me respondió que vive aquí en Karakura.

- Sí, y también dice que es tu hijo -le recuerda referente a que no parece factible eso.

El shinigami vuelve a mostrar cara de circunstancia total, sus hombros tembleques nuevamente, como si tuviera temor a un enemigo invisible. Su boca la imita en eso de estar asustada, porque tiembla peor.

- Mi-Mira... ¡Lo más importante es que ellos no sepan eso! ¿Qué clase de problemas le traería a Kazui si ellos piensan que es mi, digo, que él cree ser mi... eso?

No está muy convencido, y a Ishida le parece excusa barata. Se burla de otro detalle.

- ¿Acaso quieres ocultarles que tienes un hijo?

El shinigami se queda en silencio, sin hallar un vocablo con qué responder. El quincy de pronto lo capta, al recibir la mirada de mejillas sonrojadas, de Ichigo, por la acusación.

Abre la boca sin creer, al procesar todo, que sea esa la mayor razón. Se pone de pie, para estar cara a cara.

- ¿¡SOLAMENTE LO HACES PORQUE NO QUIERES QUE LOS DEMÁS SEPAN QUE TIENES UN HIJO!? -se pierde lo de ser discreto, gritando eso a viva voz.

El shinigami se avergüenza totalmente, es difícil contemplar que Ishida lo diga como si fuera un hecho innegable. Está encogido en su lugar. A duras penas recordó al aludido, volviendo su vista rezando porque no hubiera escuchado aquello. Por supuesto, el niño los miró a ambos desde allí, pero sin oír del todo bien desde el centro del parque, algo confundido del grito, sin embargo. Está en la cima del tobogán al que ha subido por enésima vez.

Tontamente, lo saludan con la mano desde sus lugares con sonrisas fingidas. El niño se las devuelve y va a proseguir su juego.

- Él no es mi... eso - niega de inmediato.

- ¡Pero él lo cree!

- Ya lo sé.

- ¡Igual sé más considerado con sus sentimientos porque él sí piensa eso! - a Ishida por fin le sale su lado de madre protectora, clamando sobre el bien emocional del niño.

- ¡Ni siquiera le he dicho que lo que explicó suena estúpido, así que no es que lo esté tratando mal! - se defiende férreo. Está enfadado ahora, pues se fue por el caño su plan. Es probable que el peliazul informe a todos sus amigos, lo que él no quiso desde el inicio. - No sé para qué te lo dije, tus planes siempre fallan.

Eso es un golpe directo al orgullo de Ishida que se acomoda los anteojos con ira, tratando de calmarse... Pero fracasa, perdiendo la paciencia y gritando.

- ¡SI MIS PLANES NO FUNCIONAN ES PORQUE NUNCA LOS SIGUES BIEN!

- ¡NO LOS SIGO PORQUE SON PÉSIMOS! ¿QUÉ CARAJOS PENSABAS AL COLOCARTE MI ESPADA EN LA CABEZA?

- ¡Uryuu-san, Otou-san! - la vocecita alegre otra vez.

La riña se detiene, aunque no el enojo por la discusión.

- ¿Dónde está... ?

Ese sentimiento de ira cambia a conmoción cuando al fin encuentran lo que buscaban. Parado de pie en sobre las tejas de una casa de dos plantas, a sus espaldas, estaba el niño. En su forma de humano, para empeorar el asunto.

- ¡KAZUI!/¡KAZUI-CHAN!

- ¿Cómo te-? - por acto reflejo el llamado papá miró a los juegos de la plaza -. ¡¿Cómo subiste ahí?! – entre toda su preocupación no se le viene otra idea más que rogarle bajar. Tarde se da cuenta de que no debió decirlo. - ¡No, espera!

- ¡Ahí vamos!, quédate-

Kazui salta hasta la canaleta de agua, -casi provocándole un ataque ambos-, se sostiene a éste tuvo de un abrazo y se deslizó de arriba hacia abajo. Pero si creyeron que verlo arriesgarse así era malo, casi les da un infarto coordinado al ver que el tubo se rompió apenas llegó el pequeño al suelo.

Sus mandíbulas caen al ver cómo sostiene el objeto desde la punta con ambas manos alzadas, aunque haciendo gotear bastante el agua que aún posee dentro la cual cae como lluvia sobre su cabeza. Además, por las leyes de la física, el largo tubo se tambalea bastante, para segundos después caer de costado sobre el suelo llegando la punta donde están parados, y deben dejar espacio para que caiga entre los pies izquierdo y derecho de uno y otro.

Si hubiera estado presente, Tatsuki entraría en conflicto sobre golpearle o no en la cabeza por las peligrosas acciones. Los dos amigos, shinigami y quincy, lo único que hacen es sostenerse el pecho con dolor interno.

Literalmente casi les da un infarto coordinado. Mientras se recuperan, el niño llega a ellos.

El tubo estaba sucio y, como es de esperar, la ropa de Kazui igualmente con manchas de moho. Sus manitos igual de manchadas y su cabello casi todo pegado a la frente.

- Kazui... - el de cabello naranjo suspira, ni ánimos de decirle lo descuidado que fue. Es demasiado el alivio de verlo sano y salvo.

- Sería mejor que volviéramos a tu casa, Kurosaki - a duras penas aporta Ishida, al tiempo en que el pequeño le pide, en favor, su pañuelo para limpiarse -. No creo que esa sea la mejor solución - le dice, con una gota de sudor que le baja por la sien.

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Metros más cercanos al límite de la ciudad, una niña de cabello rojo utilizaba la cima de un edificio departamental como mirador. Como primera tarea se planteó buscar al más pequeño de todos, ahora viendo tonto haberle exigido ocultar su presión. Ella es una aprendiz aún, a pesar de aprender a pasos agigantados, ha hecho algo a lo inverso. Tiene zanpackutou y logra ocultar su presencia al mínimo, excepto a la hora de usar sus habilidades. Hasta para correr pierde la capacidad de pasar de incógnita, aparte no puede realizar correctamente cosas como ubicar una energía en particular. Sin embargo, hace rato que siente una presencia rara rondando. Una algo pesada.

¿Sería ese acaso, Kazui? No. ¡Era su padre! La sintió con anterioridad, mas no quiso seguirlo porque no lo vio apropiado. Tal vez tenga que ahora, pues no hay otra opción. Quiso quitarse el pensamiento, pero lo seguro es que el niño pequeño haya ido en busca de su padre desde el comienzo.

Sin más duda, se dirige a buscar la casa. En su recorrido, no advierte de las peligrosas criaturas que la acechan a sus espaldas.

Al oír la voz de Renji gritar lo lejos, -seguido de Rukia- simplemente aumenta velocidad. Supone que solo ellos están detrás suyo.

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Hay cosas que son mucho pedir. La falta del dolor de una muerte, o que ésta último deje de existir, es un pedido imposible.

Empieza a plantear que la definición de su poder es una broma. Eso de "Desafiar las leyes de Dios", como dijo Aizen. Ni así pudo curar a Ichigo en Hueco Mundo. Entonces, su poder, como el de todos, dependía de su propia capacidad.

Eso lo explicaba.

Ella no era fuerte. No fue lo suficiente allá en Hueco Mundo, ni en la última guerra. Ni como para salvar los cuerpos de Urahara, Yoruichi y Yuushiro, de la fatalidad.

Meditó. Quizás si su habilidad fuera distinta... No, su habilidad no era el problema.

Ella es el problema.

Sus labios se surcan con dolor al tener esa respuesta. Mas algo la distrae del pensamiento. Una repentina explosión de reiatsu desde un lugar que ya ha visitado, la casa de una de las personas que más aprecia.

La casa de Ichigo.

Al mirar adelante, Chad ya está viniendo a ella desde el pasillo opuesto. Los dos se rehúsan a quedar de brazos cruzados y deciden usar la hora del almuerzo como excusa, avisando a los tres amigos restantes que encuentran en el patio.

- ¿Qué diablos es ahora? - dice Tatsuki, harta de que siempre algo sobre natural deba irrumpir así en sus vidas, poniendo en riesgo la de sus amigos. En especial, a Orihime.

- Maldición, ¡me siento excluido! - Keigo objeta, aunque sin parecer tan desanimado como sus vocablos dicen.

- ¿Qué tal si mejor almorzamos? No creo que sea un gran inconveniente conociéndolos – dice Mizuiro, referente a sus amigos.

Eso los tranquiliza, pero bastante poco.

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Chad y Orihime ya están en la esquina de la casa Kurosaki. Justo en el cielo metros arriba de ésta, una manada de hollows está siendo detenida y alejada a otro sitio por Rukia y Renji. El grandote decide quedarse, asintiendo a que acceda a la casa ella.

Un grito, a viva voz, que rompe la calma del vecindario.

- ¡Ishida-kun!

Entra a la casa sin llamar y corre hacia la habitación de Ichigo, que es donde siente la presencia de sus amigos. Afuera de la puerta de ésta, apoyándose en la pared, está el quincy.

- ¿Qué ocurrió, Ishida-kun?

-N-no es nada - comenta, aunque tiene el rostro, -más exactamente las mejillas-, de color rojo con la cabeza semi-agacha. Y hay un poco de sangre sobre el pecho de su uniforme. ¿Lo habrían golpeado?

- Te oí gritar - avisa la joven.

- ¡No es nada! - vuelve a afirmar con fuerza, pretendiendo estar despreocupado.

- ¡B-BASTA! - la voz en ruego de Ichigo pone alerta a la joven de grandes pechos. De inmediato cambia de objetivo y asoma rápidamente en el marco de la misma, con sus manos tomando una de sus hebillas, a punto de invocar a sus Shun Shun Rikka.

Inesperada es la escena que se halla, sobre todo porque no parece haber peligro dentro. Sin embargo, Yuzu está estática frente a la cama, con las mejillas sonrojadas y las manos en la boca. Inoue está tan confundida que ni se acuerda de que es raro que ella no esté en la escuela a esa hora.

Por otro lado, Karin forcejea con Ichigo por una toalla. O eso es a primera vista. Detrás del shinigami sustituto, y debajo de la toalla, una cabeza se asomó segundos después de la llegada de Inoue.

El pequeño niño desnudo se quita la toalla de encima y, con un pelinaranjo mayor incapaz de atajarle, corre hacia la destinataria de su más reciente nueva sonrisa de emoción. Y surca los labios aún más, abrazándose a sus piernas, a segundos de gritar el calificativo que describe su relación con la muchacha.

—¡O—!

PUM.

CLANK.

CRASH.

La lámpara cae del techo con un sonido seco, por suerte sin quebrarse. Entonces, un cuerpo le sigue, se para sobre ella y el cristal está roto en pedazos bajo el peso de éste.

Ichigo se indigna, haciendo movimientos extraños con los dedos, y después vuelve un par de puños las manos. Está por culpar a Renji del suceso, -ya que lo ha sentido algo así como arriba de su casa-, pero no es el pelirrojo. O, mejor dicho, no es ése pelirrojo, el causante, con la repentina y alocada aparición.

Es una niña.

- ¡Ichika-chan! - exclama Kazui con felicidad, demasiado contento por el reencuentro con su amiga.