PRINCESA

Twilight no me pertenece, ni los personajes. Solo la trama es mía.

Beteado por Silvana Olvera
Betas FFAD
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Capítulo 2

—Más te vale no decir nada, Isabella —me amenazó mientras se subía su bóxer y su pantalón. Yo no dejaba de llorar—. Si dices algo, escúchame bien, Swan, si dices algo, ¡mato a tu madre! —ahora ya era capaz de creer todas las amenazas, tenía miedo, asco.

Liberó mis piernas y brazos y yo me arrinconé en una esquina, me sentía sucia, impura.

El se acercó a mí y me besó, sentí tanto asco que vomité y él me dio otra cachetada.

—Yo te llevaré a tu casa, llama a tu padre y dile que llegarás más temprano y que yo te llevaré. Toma —me dijo pasándome el teléfono, el cual ya estaba llamando.

—Aló —contestó Charlie.

—Papá, soy Bella.

— ¿Qué pasa, cariño? —preguntó un poco asustado, quizás por el tono de mi voz.

—Nada, papá, solo quería avisarte que llegaré más temprano y que me va a llevar Mike.

— ¿Segura de que es solo eso? —preguntó.

—Sí, papá —respondí fingiendo una risita.

—Ok, yo pasaré entonces por tu madre.

—Vale, adiós, te quiero —le dije y colgué antes de que las lágrimas llegaran de nuevo.

—Vamos —dijo Mike agarrándome de un brazo y jalándome.

Todo el trayecto a mi casa fue en silencio, lo único que se escuchaban eran mis sollozos, para mi suerte, mi madre aún no llegaba.

—Adiós, preciosa —espetó—. Y recuerda, no digas nada o ya sabes que pasará.

Yo salí corriendo muy asustada directo hasta mi casa, abrí la puerta y subí a mi habitación. Me encerré ahí a llorar a mares, todavía no podía creer lo que me había pasado. En mi mente se repetían una y otra vez las mismas preguntas.

¿Por qué a mí?

Dios, ¿por qué me abandonaste hoy?

¿Cómo le hago para seguir viviendo?

ME QUIERO MORIR.

Me metí al baño para tratar de sacarme todos los besos y las caricias de ese estúpido con una ducha. Estuve como hora y media ahí llorando, restregando mi cuerpo con la esperanza de que todo se borrara de mi cuerpo, de mi mente, de mi memoria. Quería olvidar todo lo vivido hoy.

Salí del baño y me cambié, me puse una pijama y me escondí bajo mis sábanas.

Escuché cuando mis padres llegaron. Mi madre subió y tocó mi puerta.

—Hija, Isabella, ¿estás?

—Sí, mamá —contesté sin fuerzas.

—En media hora bajas para cenar.

—No tengo hambre.

— ¿Te sientes mal, mi amor?

—Sí, un poco, mamá.

—Déjame pasar.

—No, gracias, mamá. Solo necesito descansar.

—Ok, mi vida, si necesitas algo solo avísame.

—Sí, lo haré.

Fue lo último que dije y rompí de nuevo en llanto.

Los días pasaron y yo no quería volver al colegio. Era muy duro saber que si acudía a clases, me iba a topar con ese imbécil. Mi mamá hacía todo por levantarme el ánimo, pero yo no paraba de llorar y estar deprimida.

—Bella, hija, ¿qué te pasa? Cuéntame, sabes que soy tu mamá y siempre te apoyaré.

—Nada, mamá, nada.

Y así pasaban los días, uno más duro que el otro. Alice había ido a visitarme esos días, pero yo no le decía nada. Tenía mucho miedo.

—Bella, eres mi mejor amiga. ¡Cuéntame! ¿Qué tienes? ¿Qué te duele?

—Nada, no es nada.

Esas eran mis únicas respuestas a todas sus preguntas sobre mi estado.

Mi papá ya no aguantó y junto con mi mamá y Alice me obligaron a salir de mi habitación e ir al colegio. Ya habían pasado dos semanas desde que había sucedido "eso".

—Bella, no puedes estar deprimida y apartada del mundo por el resto de tu vida. Entiendo que no quieras decir lo que te está pasando, pero al menos debes salir a tomar un poco de aire —me dijo mientras nos dirigíamos al colegio.

La verdad, tenía terror. Un terror inmenso de encontrarme por ahí a Mike y que la historia se repitiera.

Entramos a nuestra primera clase, la de Biología, me preparé para tratar de ser fuerte frente a ese maldito. Pero para mi suerte, Mike no había llegado al salón, sentí un gran alivio que casi no duró ni un segundo, porque lo vi entrar tan feliz como si nunca hubiera pasado nada, se pavoneaba como si fuera el dueño del lugar, de las personas, de mí.

—Isabella, ¿cómo estas? ¿Qué pasó que no viniste tantos días? —preguntó el muy descarado tomando mi mano. Mi único instinto fue alejarme de su contacto, ya que me causaba repulsión, así que salí corriendo al baño seguida de Alice, quien me decía que la esperara, pero yo tenía que llegar al baño o vomitaba en pleno pasillo.

Afortunadamente llegué a tiempo, boté todo lo que había comido aquella mañana, que simplemente era un vaso de leche.

—Bella, ¿estás bien? —me preguntó mi amiga desde la puerta.

—Sí, no te preocupes —dije débilmente.

— ¿Segura, Bella? Mírate, estas más blanca que el papel.

Eso fue lo último que escuché, de ahí no recuerdo más.

Desperté en lo que parecía la enfermería del colegio. Miré hacia los lados para saber si estaba sola y me encontré con la cara asustada de Alice.

—Bella, ¡despertaste! —exclamó.

—Sí, eso parece —dije un poco mareada.

— ¿Te sientes mejor? —preguntó la enfermera.

—Sí —dije levantándome de la cama, pero me volví a marear. Siempre fui muy débil.

—Será mejor que descanses un poco más, cariño —dijo la enfermera.

—No, estoy perfectamente bien. Alice, por favor ayúdame —le pedí. Se puso a mi lado y yo me apoyé en ella para poder sostenerme un poco—. Quiero irme a mi casa —le dije una vez fuera de la enfermería.

—Bella, así no podrás llegar ni a la puerta del colegio.

—Llama a mi papá, por favor.

—Está bien —aceptó y sacó su celular de su bolsillo y llamó—. Tío —así le decía ella a mi papá desde chiquita—, ¿puede venir a recoger a Bella por favor?, es que se desmayó y está muy débil. Sí, aquí te esperamos —dijo y luego colgó—. Vamos a la salida, el pasará por ti. Yo te acompañaré hasta que llegue.

Fuimos a la salida de la escuela y nos sentamos en las gradas que había allí mientras esperábamos a mi papá. Él llegó en 15 minutos. Me despedí de Alice y subí al coche patrulla.

Llegamos a casa y subí directo a mi habitación mientras mi mamá me seguía mientras me preguntaba que si me sentía bien y si necesitaba un doctor. Mi respuesta fue un fuerte "NO" mientras cerraba la puerta.

Lo único que quería era estar sola y morir.

Morir. Solo eso calmaría mi dolor.

Solo eso me limpiaría de los besos de ese tarado.

De todas las cosas solo una tenía bien clara.

"MORIR" eso era lo que quería.

Los días pasaban y tenía que seguir yendo al colegio y ver a ese infeliz, que me miraba y cada vez que me encontraba sola aprovechaba para amenazarme y hacerme recordar el peor día de mi existencia.

El solo verlo me causaba náuseas, repulsión.

Los días en el colegio pasaban y las náuseas eran más seguidas, y todos los días planeaba una forma de matarme. La verdad es que era muy cobarde y no me animaba a hacerlo de una vez. Estaba pensando en tomar veneno, cortarme las venas, ahorcarme, tirarme de un barranco, lo que sea con tal de acabar con mi patética vida.

Una vida que ya no quería, una vida en la que ya no podía ser feliz.


Por fin les dejo el segundo capi :) espero y les guste :)

Gracias a mi Beta por corregir mis horrores

-Annie-