Espionaje accidental
(Vergüenza)
Maldito Prusia
Maldito Prusia
Maldito Gilbert
¿Por qué diablos el albino tenia que estar tan condenadamente bueno? Se preguntaba el español quien caminaba apresuradamente por los pasillos en busca del primer baño desocupado, armario de escobas vacio o cualquier otro lugar donde pudiera arreglar el problema que tenia entre las piernas y que llevaba oculto bajo una camiseta de futbol americano que Alfred le había regalado en su ultimo cumpleaños, el español agradecía al cielo que la camiseta le quedara una talla mas grande para evitar el bochorno que hubiera sido caminar por los pasillos de un hotel en parís lleno a reventar con Madrid en todo su esplendor.
Todo había comenzado hacia tres horas, le había dejado unos documentos a Ludwig para que alemán los revisara debido a que sus jefes habían decidido mejorar las relaciones de sus respectivos países pero el germano los había dejado olvidados en el cuarto de hotel que compartía con Gilbert por lo que el español se había ofrecido a traerlos.
Ojala no lo hubiera hecho nunca.
Si no lo hubiera hecho nunca, si hubiera tocado la maldita puerta antes de entrar
Cuando el ibérico llego al cuarto del alemán entro como Pedro por su casa mientras tarareaba una suave melodía con los ojos cerrados y teniendo cuidado de no tropezarse con nada y muy metido en su propio mundo como para fijarse en lo que pasaba a su alrededor.
Antonio se acerco al escritorio y empezó a revisar una pila de carpetas que se encontraban en una esquina del mueble con tan buena suerte que enseguida encontró el folder con los documentos que necesitaba pero con tan mala suerte que se mancho las manos con una extraña mezcla de tinta y café de un trapo que encontró por accidente mientras buscaba los papeles.
Antonio suspiro, Ludwig lo mataría si manchaba los papeles o algo por el estilo así que para evitar un regaño del rubio de ojos azules decidió ir a lavarse las manos, entro al baño abriendo la puerta de golpe mientras seguía tarareando y no se percato de la situación en la que se había metido hasta que fue demasiado tarde.
Antonio estaba enjabonándose las manos cuando escucho a alguien cantar dentro de la ducha y fue ahí cuando todo comenzó.
Gilbert estaba bajo la ducha lavándose el cabello mientras cantaba una canción en alemán con solo una delgada cortina transparente como única protección a las miradas curiosas.
Antonio abrió los ojos de par en par, todo el cuerpo de Gilbert era musculo y curvas, su torso con pectorales bien marcados, su larga y ancha espalda, fuertes piernas, estupenda retaguardia y una increíble entrepierna que en esos momentos deseaba saborear como si fuese una paleta.
Al darse cuenta de que estaba a punto de explotar debido a una combustión interna, Antonio termino de lavarse las manos y salió corriendo del baño, acto seguido tomo la carpeta con los papeles que necesitaba y salió de la habitación con un tremendo dolor en sus partes bajas. Y desde entonces Antonio estaba como loco buscando un lugar para arreglar el problema que tenia entre las piernas después de asegurarse de darle los papeles a Alemania.
Después de un rato buscando Antonio llego vuelto un ciclón a un baño donde se masturbo pensando en Gilbert sentado en una silla, completamente desnudo y con las piernas abiertas mientras lo miraba con las mejillas tan rojas como un par de manzanas maduras mientras pensaba que abrir la puerta de una habitación sin tocar podía ser muy peligroso para su salud mental.
Extra
Al poco rato de haber arreglado el problema en sus pantalones Antonio se cruzo con Gilbert en el pasillo, el prusiano estaba metido en su mundo y Antonio estaba tan nervioso que no sintió venir la desgracia hasta que fue demasiado tarde.
Ambos chocaron y fueron a parar al suelo terminando en una incomoda y comprometedora posición, Antonio abrió los ojos –que se habían cerrado durante el incidente– y lo que vio frente a él basto para que Madrid volviera a ponerse de pie. Gilbert estaba sentado sobre sus caderas con las mejillas teñidas de carmín.
–Lo siento España –se disculpo el prusiano–no te vi venir ¿Estas bien? –cuestiono
–Si –tartamudeo el ibérico con la cara ardiéndole por la vergüenza mientras recordaba lo que había visto horas antes
–Tengo que irme ya nos vemos luego Tonio –se despidió el albino antes de seguir su camino
Antonio cerró los ojos tratando de calmarse mientras pensaba si debía ponerse una bolsa con hielos dentro de los pantalones de ahora en adelante y tomar calmantes para dormir a partir de esa noche.
Había aprendido la lección: A partir de ese día Antonio siempre toco la puerta antes de entrar en los baños no fuera a ser que tuviera otro problema con sus hormonas.
