^^ Supongo que la persona que comentó en el anterior capítulo era anónima o simplemente no disponía de una cuenta. Espero que su curiosidad no disminuya, jejeje… ^^
CAPÍTULO 02
Tanto Yukito como su hermano estaban sentados en la mesa, con un té frente a ellos, y charlando animadamente. No le había llevado demasiado tiempo encontrar una ropa realmente cómoda para ella, pero se sentía rara. Se había visto mucho más mayor, con el pelo algo más largo, y un cosquilleo extraño en la base del estómago. Se sentía como si hubiese corrido toda una maratón. Y Touya vio eso en su cara, por que dejó la conversación a medias para mirarla con preocupación. Segundos después, sus ojos se clavaron en Yukito.
— ¿Qué has hecho esta vez, Yukito? —se quejó, intentando guardar la compostura. "¿esta vez?" se dijo Sakura en su mente—. Tiene cara de no haber dormido demasiado.
Sakura se volvió roja de golpe, y Touya suavizó su mirada. Estaba claro que había sido solo una falsa alarma.
— Tardé un poco en encontrar una ropa adecuada, lo siento —se excusó, sentándose frente a su hermano. Yukito permaneció a su lado, mirando su té con recelo—. ¿Por qué estás aquí?
— Ah, eso. Mis alumnos me pidieron demasiado que organizásemos alguna excursión al extranjero para celebrar la Navidad, y se me ocurrió que Italia era un buen sitio para hacerlo. La mayoría de ellos tiene clases extra-escolares de inglés e italiano. Ya sabes.
"En realidad no..." — ¿Y donde entro yo?
— ¿Cómo que donde entras tú? —el chico parecía sorprendido—. Pues que tú eres quien... da esas... clases — pronunció, separando cada grupo de palabras a conciencia, para que lo pillara.
Sakura miró a Yukito. Éste no se había movido ni un milímetro desde que ella se sentó, y temía haberlo asustado con su reacción minutos antes. Estaba claro que ella no debía estar en aquella cama, y mucho menos con aquella edad. Algo realmente extraño estaba sucediendo allí. No podía entender donde se habían quedado los celos de su hermano mayor hacia cualquiera que se le acercara. Como si supiera que Sakura debía estar con Yukito, y que él era quien debía protegerla ahora.
— Y supongo que quieres que vaya contigo —dijo, intentando meterse en el papel—. Italia es un buen país para visitar en invierno.
— Vinierais — la corrigió él, mirando a su amigo—. Si queréis, claro. ¿Te encuentras bien, Yukito?
— Sí, no te preocupes.
— Siempre y cuando no deis un mal ejemplo a esas mentes inocentes y algo infantiles aún, ¿eh?
— ¡Touya! —estar roja parecía ahora su gesto más habitual—. Iremos —murmuró por fin—. Pero pagas tú.
Touya puso los ojos en blanco, y se levantó, dejando su té intacto encima de la mesa. Tanto Sakura como Yukito le observaron moverse hasta la que parecía la puerta de entrada, y despedirse sutilmente agitando la mano. El chico casi tira el cuenco del té agarrando los hombros de ella, y mirándola fijamente a los ojos, como si no la conociera.
— Tú no eres mi Sakura, ¿verdad? —preguntó, preocupado—. Sentí algo extraño anoche, pero pensé que había sido solo un sueño. Tú nunca... te habías asustado... de mí.
Sakura se sintió inmediatamente culpable. Yukito nunca le había dado motivos para sentirse insegura a su lado, incluso cuando supo que esa no era su verdadera forma. Pero la situación la había colapsado por un momento. Había empezado a ver al chico como la persona más valiosa para su hermano mayor. Ella no debería haber despertado tan cerca de él, si es que Touya lo amaba como creía que lo hacía.
— Yo no soy... tu persona más valiosa — confesó, bajando la mirada—. O al menos eso pensaba yo.
— Claro que lo eres, Sakura —sus ojos brillaban, y había dicho "Sakura" con un tono especial. El mismo que solía usar para decir "Touya"—. A veces la física no es compatible con el amor. Pero te puedo asegurar que en todas mis clases, la fuerza de la gravedad lleva tu nombre.
No solo no pudo abrir la boca para responder nada, sino que tuvo que levantarse con velocidad cuando él intentó besarla. Sentía que no era a él a quien debía darle su primer beso (aunque para él, desde luego, no fuese el primero). Estaba avergonzada, y aquel cosquilleo en su interior era cada vez más fuerte. Tenía que encontrar de alguna forma a Syaoran. Él debía saber qué era lo que estaba pasando, igual que cuando capturaron juntos la carta Tiempo. Yukito se quedó en el suelo, de rodillas, petrificado. Aquella imagen encogía el corazón de Sakura.
— N-necesito ir a casa de Tomoyo —dijo, intentando no hacer todo más dificil—. ¿Podrías...?
— ¡Claro! Yo te llevaré —reaccionó, levantándose con energía y corriendo a por su abrigo al perchero junto a la puerta. En todo ese trayecto, no volvió a mirarla a los ojos en ningún momento—. Te espero fuera, ¿Está bien?
— S-sí, claro...
Su casa no había cambiado demasiado. Meilin le había dejado caer que alguien iba a limpiar una vez a la semana, y que seguramente todo estaría listo cuando llegaran. Los muebles brillaban como recién pintados, y la estancia tenía un suave perfume a jazmín. El reflejo de Meilin pasó fugazmente por el espejo del tocador, y se adentró en la cocina. Aunque él no era capaz de concentrarse del todo en el suelo que pisaba, consiguió abrir con facilidad la puerta deslizante y salir a la terraza a tomar el aire. Estaba empezando oscurecer, y aún no había podido saber qué había sido de Sakura. Ni contactos en su móvil, ni más fotografías, ni nada que se le pareciese. Era como si ella no existiera realmente para él.
— ¿Te apetece cenar algo? Chen nos llenó la despensa —dijo desde la cocina, trasteando un poco entre los muebles— ¿Tal vez algo de pasta?
— Lo que sea —fue lo único que dijo él, y la cabeza de ella apareció tras el marco de la puerta—. No tengo mucha hambre.
— ¿Estás bien?
Syaoran se giró en el sitio, visiblemente crispado. Aquel no estaba siendo su día ni muchísimo menos.
— ¡Si! Perfectamente —se quejó, con ironía—. Vivo en un cuerpo de 23 años desde esta mañana, y estoy casado con mi prima. Y para colmo sigo sin saber nada de Sakura. Perdona si hoy no estoy actuando como si estuviese enamorado de ti, Meilin. —dijo, pronunciando "enamorado" como si se le atascara en la garganta. Notó que las orejas de su prima alcanzaban un tono rojizo—. Si capturé esas cartas, ambos guardianes deberían estar aquí, ¿no? Diciéndome qué es lo que está pasando de una vez. Y no "felizmente casados" —entrecomilló con los dedos— como si fueran humanos. Bueno, seguramente solo Yue. Keroberos debe andar en su cocina comiendo pasteles. Siempre ha sido un glotón.
— ¡Oh! ¡Perdone, señor Li, no quería molestarle! —respondió, alzando las manos, como pidiendo perdón por algo—. Mi esposo se despertó esta mañana preguntando por una niña tonta y torpe que hacía años que no veía, y decidió cambiar todos los planes que teníamos para nuestras vacaciones de invierno y viajar a Japón, solo por que "necesitaba hacerlo" —ella también entrecomilló las palabras con sus dedos, visiblemente molesta—. Éste tampoco está siendo mi día, ¡y no me lo pones nada fácil,Syaoran!
— Alguien mucho más fuerte que ellos está intentando separarlos —murmuró Eriol, mirando la escena que estaban montando ambos desde el suelo de su habitación. Spinel movía la cola sentada en su hombro derecho—. Sabía que dándole las cartas a él nada les uniría... está intentando luchar contra el curso de lo inevitable...
— Se llevan muy mal esos dos, ¿no te parece, Eriol?
— Casi tanto como tú y Keroberos —se rió suavemente, y en seguida cambió su expresión de nuevo. De alguna forma ambos habían acabado abrazados—. Esa chica es demasiado parecida a Sakura. Y algo me dice que no es casualidad.
— ¿Y no piensas hacer nada?
— Si lo hago me atrapará en ese mundo también —suspiró, bajando su bastón para que la imagen desapareciera—. Y desde ahí será imposible volver con mi propia magia.
La criatura guardó silencio unos segundos, reflexionando.
— Estás tramando algo, ¿Verdad? —susurró en su oído.
— Los ha atrapado, pero no ha conseguido que se olvide de quienes son. Tal vez...
— ¿Tal vez?
Spinel cruzó hasta su otro hombro pasando por la parte de atrás de su cuello, y haciéndole cosquillas con su cola. Los cristales del chico brillaron con un destello de luz. Una sonrisa siniestra apareció en sus labios, como por casualidad.
— Tal vez podamos hacer que se junten. Si quiere jugar... jugaremos.
— ¿Sabes algo de Syaoran Li, Tomoyo? —Preguntó con prudencia, midiendo la reacción del chico de cabellos plateados que tomaba el té a su lado—. Creí que seguiría viviendo en Tomoeda.
Al parecer, ahora su amiga adoraba tomar el té en el jardín aunque se le helaran los dedos y casi no pudiera doblarlos. Por suerte ella había sido precavida y había llevado un par de guantes y su bufanda y gorro a juego, y disfrutaba de su té caliente viendo la escarcha que se había formado en el césped. Su esposo (no podía creer que llegaría a llamar a Yukito así, y con tanta razón) no había sido tan cuidadoso como ella, pero a juzgar por sus mejillas, no lo necesitaba. La miraba de reojo como si en cualquier momento fuese a correr de él. Entendía cuál era esa sensación: sentir que la persona que amas podría no corresponderte igual que antes. Syaoran...
— Li Syaoran viajó a Hong-Kong después de capturar todas las cartas Clow —explicó él, totalmente serio, como si le molestase recordarlo—. Aún puedo verle en el aeropuerto con su bolso de mano y su sonrisa cínica. Dijo "no creo que use estas cartas teniendo mi propia magia y mi jian..."
— "Así que no será necesario que me acompañes" —habló ahora su amiga, tratando de imitar su voz; tampoco parecía cómoda con la idea de hablar de Syaoran—. "Alguien tan patoso como ella necesitará a alguien como tú que la proteja".
— ¿Él dijo eso?
— Con todas sus letras —Asintió Yukito, volviendo a sorber un poco de té—. Y no supimos nada más de él. Recuerdo que insististe en comunicarte con él un par de veces, y que incluso mandaste nuestras fotografías en Italia, pero seguramente las habrá borrado. Al parecer lo único que le importaba de las cartas era que tú no las tuvieses.
— ¡Ni falta que nos hace! —Se unió Kero, con la boca llena—. Ahora Sakura está felizmente casada con Yukito y nosotros no tenemos que obedecer a ningún amo arrogante como él... ¡Deberíamos comer más tarta para celebrarlo!
— Hay más en la cocina, iré a por ella
— ¡Yo te acompañaré, entonces! —Chilló Kero con emoción, agitándose en el aire— ¡No puedo permitir que se te caiga por accidente!
— ¿Queréis más, chicos?
— No, gracias —dijeron al unísono, con la misma sonrisa en los labios—. Pero estaba deliciosa, Tomoyo. Como siempre— añadió él, codeando a su esposa— siempre merendamos con ella en su jardín —susurró, cuando ella ya estaba lo suficientemente lejos como para no escucharles—. Kero debe ser muy feliz aquí, ¿no crees?
Pero Sakura no dijo nada. Seguía dándole vueltas a todo lo que acababa de oír. Al parecer Syaoran nunca la había visto como a alguien especial, y se había quedado con todas las cartas Clow. Aunque sin duda, lo que más le sorprendía, es que ellos pusieran cara de querer matarlo cuando hablaban de él. Como si les hubiese hecho un daño horrible imposible de sanar. Ahora ya no estaba tan segura de querer pedirles ayuda para encontrarle. Quizás lo más prudente sería sonreír, viajar a Italia, y hacer como si de verdad fuese la esposa que Yukito había tenido tiempo atrás. Él siempre había sido especialmente cariñoso con ella, así que eso no debía costarle demasiado, ¿Verdad?
— Recuerdo tener su número apuntado en casa —murmuró el chico, viendo a Kero y Tomoyo acercarse con un pedazo de pastel que él sostenía con la cabeza—. No es muy agradable para mí que llames a ese chico teniendo en cuenta como te trató, pero... si así te sientes más tranquila antes de viajar...
— ¿De verdad? —sus ojos se iluminaron.
— Claro — se rió, saludando con un gentil gesto a los recién llegados a la mesa—. Siento haberte preguntado si eras mi Sakura o no, reconozco que estaba algo nervioso. Me alivia saber que solo son pequeñas dudas, y nada más.
"Y nada más..." se repitió ella mentalmente, hundiéndose más en su silla de mimbre. Definitivamente aquella noche sería difícil para ella. Demasiado.
— Debería haber previsto que Sakura no iba a decirle nada a Yukito para no preocuparle —comentó Eriol, mirándoles nuevamente desde su salón, completamente solo—. Ese viaje suyo es solo una excusa más para que no lleguen a encontrarse, esto no es bueno...
— ¡Eriol, ya he vuelto! ¿Algo especial para cenar? —se escuchó la voz de Nakuru, lejana—. ¡Pensaba pedir pizza!
— ¡Lo que quieras estará bien! —respondió él, intentando parecer natural. Tomoyo, Sakura, Yukito y Kero seguía animadamente con su merienda al aire libre en su salón. Agitó el báculo sobre su cabeza—. Si sigo así conseguirá lo que quiere... Debo intervenir rápido.
