Disclaimer: La serie Twilight (o Crepúsculo) pertenecen a Stephenie Meyer. He usado textualmente los mails creados por Stephenie Meyer para los fines de este capitulo.


NO TAN SOLA

Bella POV

Cerré la puerta de mi casa hecha una furia. Temí que mi primer día en el instituto de Forks fuera un desastre, pero jamás imaginé que lo fuera hasta el punto en que sintiera haberme ganado un enemigo mortal en unas pocas horas.

Aun recordaba la mirada encolerizada y de disgusto de Edward Cullen. Sus ojos, negros como el carbón, se habían fijado en mí con renuencia, pero peor había sido su reacción cuando me senté a su lado; se había apartado como si algo apestara y crispó su mano en un puño, el cual mantuvo firmemente cerrado toda la clase…¿Qué rayos le pasaba?

Subí las escaleras a grandes zancadas, pisando fuerte, como si de alguna forma eso sirviera para descargar la ira que tenía dentro de mí. Cuando llegué a mi habitación arrojé la mochila hacia la esquina de la misma sin importarme si algo podía romperse o no. Solo quería encontrar una forma saludable de vaciar mis ánimos.

Forks me ponía de malas ya por el simple hecho de ser Forks. Ahora iba a ser peor si tenía que soportar el comportamiento hostil de Edward Cullen. Comencé a dar vueltas por la habitación retorciéndome el pelo nerviosamente, buscando una solución inmediata para todo esto.

Por un lado deseaba hacerle frente al día siguiente y pedirle una explicación, pero por otro, deseaba que un meteorito le cayera en la cabeza para no volverle a ver jamás.

Me dejé caer sobre la cama luego de llevar un buen rato de caminatas en redondo. Enterré mi rostro en la almohada y grité con todas mis fuerzas descargando la frustración que tenia.

¡Maldito seas Edward Cullen! No podía ni cerrar los ojos porque él aparecía grabado a fuego en mis parpados, con sus ojos negros mirándome con repugnancia.

Resultaba ridículo que alguien me tratase de esa forma sin haber cruzado una palabra. No podría soportar que mis últimos años del instituto en Forks pasaran del mismo modo que hoy. Y estaba fuera de discusión mi vuelta a Phoenix. Había conseguido irritarme y prometido que iba a averiguar que rayos le pasaba conmigo. No tenía motivos para tener algún problema conmigo. ¡No me conocía de nada!

Por un momento me reí de mi misma, sintiéndome estúpida y egoísta. Quizás Edward Cullen se comportaba así siempre. Pero entonces recordé las palabras de Mike 'Oye, ¿Le clavaste un lápiz a Edward Cullen, o que? Jamás lo había visto comportarse de ese modo.' Si… El problema definitivamente era conmigo. ¿Por qué?

Y casi automáticamente las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos. La mayoría de las personas encontraría estúpida la idea de llorar cuando uno esta enfadado que, en tal caso, lo mejor era gritar a los cuatro cielos y romper todo a tu paso. Pero no. Mi costumbre era llorar y lo encontraba bastante humillante.

Entonces decidí ocupar mi mente en otra cosa. Miré el reloj digital que estaba en el escritorio. Charlie no llegaría hasta el atardecer. Tiempo suficiente para preparar una cena decente que me tomara al menos dos horas.

Bajé a la cocina solo para abrir el refrigerador y darme cuenta de que estaba casi vacío a excepción del freezer, que estaba atiborrado de pescados. No había nada que me pudiera servir para preparar una buena cena y no iba a dejarme caer nuevamente en la lasaña deshidratada que a Charlie tanto parecía agradarle.

La única opción que tenia de momento era el pescado –obtenido en las recientes y habituales pescas de mi padre- decidí ir al supermercado local en busca de ingredientes para preparar la receta de mi abuela que tanto le agradaba a Charlie. Eso me mantendría ocupada las dos horas que me llevara cocinar y el tiempo en ir, comprar y volver. Ge-nial.

El supermercado Thriftway estaba de camino a la escuela. En cualquier otro día me hubiera limitado a comer comida chatarra en la noche e ir al supermercado cuando volviera del instituto -solo por ahorrarme el viaje y el tiempo perdido- pero hoy la distancia parecía ser algo favorable. Lo que fuera con tal de mantenerme distraída, ya después tendría toda la noche para hundirme en mi propia miseria.

En Phoenix era yo quien ocasionalmente hacia las compras de la casa por lo que estar en un ambiente familiar me hizo sentir mucho mejor.

Al llegar a casa saqué los alimentos y los acomodé cuidadosamente en el refrigerador. Bien, la fase de las compras estaba terminada.

Subí a mi habitación para cambiarme de ropa ya que la que tenía puesta estaba ligeramente humedecida debido a la lluvia que me tomó por sorpresa cuando iba desde el supermercado hacia mi coche. Me saqué los pantalones a patadas y me puse un viejo chándal que en ocasiones utilizaba para hacer tareas domesticas.

Me recogí el cabello en un descuidado rodete que, a falta de ganchos apropiados, tuve que sostener con un lápiz. Pero antes de bajar a preparar la cena decidí matar un poco de tiempo revisar los mails. Mi madre seguramente estaría deseosa de saber de mí. Tenía tres mensajes:

Bella:

Escríbeme en cuantos llegues y cuéntame como te ha ido en el vuelo. ¿Llueve? Ya te echo de menos. Casi he terminado de hacer las maletas para ir a Florida, pero no encuentro mi blusa rosa. ¿Sabes donde la puse? Phil te manda saludos.

Mamá

Suspiré y leí el segundo mensaje; lo había enviado varias horas después que el primero. Decía:

¿Por qué no me has contestado? ¿A que esperas?

Mamá

El último mensaje de ella era de hacia pocas horas y arrancaba con su tono de enojo-desesperado;

Isabella:

Si no me has contestado para las 17.30, voy a llamar a Charlie.

Miré el reloj. Aun quedaba media hora pero mi madre solía adelantarse a los acontecimientos y no me extrañó que cuando me disponía a contestarle el mail –cosa que al tener un viejo MODEM llevaba una eternidad- el teléfono sonara.

Bajé las escaleras rápidamente y levanté el teléfono.

-Hola.- dije con tono calido ya que sabía quien estaba del otro lado de la línea telefónica.

-¡Bella! ¿Dónde diablos andabas? ¿Por qué no has contestado los mails? ¿Tienes alguna idea de-

-Tranquila mamá. Todo está bien.- sentí a mi madre suspirar del otro lado de la línea telefónica.

-Cielos Bella, para algo le pedí a Charlie que conectase Internet. Oh bueno, no importa ya. ¿Cómo va todo por ahí?

-Aquí…llueve, pero eso no es ninguna novedad. Acabo de llegar del supermercado…Charlie necesita desesperadamente un curso de cocina o pescara alguna enfermedad por tantas comidas precocinadas.

-¿Y la escuela? ¿Qué tal los chicos?

-La escuela esta…bien. Conocí a muchos compañeros, todos son muy amables y ya me siento con ellos en el almuerzo.- definitivamente no iba a contarle lo de…no iba a pensar ni en su nombre ni en él.

-Eso es estupendo cariño.

-Por cierto, la blusa rosa la has dejado en la tintorería…tendrias que haberla recogido el viernes.- le dije recordando lo que me había escrito en su primer mail.

-Cierto, que cabeza la mía- las lagrimas comenzaron a asomarse al escuchar su risa. ¡Cuánto le echaba de menos! – gracias cariño. ¿Y cómo va la convivencia con Charlie?

-Nada mal. Me deja espacio para mi misma. ¿A que no sabes? ¡Me ha comprado un monovolumen!

-¿De verdad? ¡Valla eso es fantástico, Bella!

-Si, es un poco antiguo, pero a caballo regalado…- me reí con ganas.

-Hay Bella, te echo tanto de menos. Aun estas a tiempo para venir a Florida.

-Mamá yo también te echo de menos, pero aquí estoy bien. Realmente siento que estoy haciendo bien al pasar algún tiempo con Charlie.

-Bien cariño, he de irme. Pero ya sabes si cambias de parecer…

-Si mamá, lo se.

-Te quiero, Bella.

-Yo también mamá. Adiós.- y colgué el teléfono entristecida. Sabía que Phil cuidaría bien de mi madre pero aun así no podía evitar preocuparme por ella.

Me acerqué a la encimera de la cocina y encendí la radio. Rodé mis ojos, no me extrañó que mi padre tuviera sintonizada la emisora de clásicos. Ahora sonaba un viejo tema de Ann Margret. Solía recordarlo de cuando era mas pequeña, Charlie adoraba ese estilo de música y a mi me hacia imaginarme cantando con una enorme guitarra y unas trenzas tapadas por un sombrero tejano.

Por unos breves instantes tuve la extraña sensación de que alguien me observaba detenidamente. Volteé lentamente mi cabeza por sobre mi hombro, temiendo de encontrar a alguien parado a mis espaldas. Pero no había nadie en la cocina mas que la suave música que sonaba en la radio y yo.

Iba a costarme trabajo acostumbrarme a mi nuevo hogar. Forks no era un pueblo donde los robos ocurrieran a diario. En si, eran un hecho algo extraño. Eso lo sabía bien al ser la hija del jefe de policía del pueblo. Charlie solía hablar siempre de lo fácil que le resultaba su trabajo.

Fui hacia el refrigerador, el cual estaba atestado de filetes de pescado congelados. Pescar era el pasatiempos predilecto de mi padre y lo hacia religiosamente todos los fines de semana. Era una suerte que a mi me gustara…de lo contrario tendríamos problemas con el jefe Swan.

Cerré el refrigerador y me volví hacia la encimera pero entonces todo cuanto tenia en mis manos cayó al piso junto con un grito ahogado.

En la esquina de la cocina estaba Edward Cullen.