Era cierto que los sentidos se agudizan cuando uno de ellos es restringido.Escuchaba con claridad los pasos que daban , más adentro las puertas al abrirse los sonidos callados de quienes no quieren ser detectados. Su nariz aspiraba el aroma del ¿ Almizcle? No era tan entrenado en diferenciar aromas pero podía sentir las notas ligeramente químicas, algo más animal quizá que calentaba su cuerpo a medida que entraba por sus fosas. sus palmas humedeciéndose también por la expectativa. La mano rodeando su cintura lo tomó de la suya, doblándole para que se sentara y Pete sintió el tacto del terciopelo acojinado. La respiración se le volvía irregular a pesar de haberse prometido no darle el gusto a Mike de verlo afectarse por su "sorpresa de aniversario"
Tan predecible a veces que podía intuirse en un restaurante de esos caros que sólo alguien con su posición económica ( la de su familia, en realidad) podía permitirse. Eso le daría sentido a haberle pedido vestirse de estricta etiqueta y todo el tiempo que invirtió en arreglarlo él mismo. No le permitió quejarse por la forma en que lo había maquillado sólo le vendó los ojos y lo obligó a subirse al auto sin hacer preguntas. A lo largo de su año de relación, Pete ya se había acostumbrado a aquellas situaciones tan...mundanas como salir a cenar pizza, al cine y a veces sólo a tomar helado en el parque. Soportar la lengua afilada de sus amigos ya era suficiente como para también desgastarse peleando con Mike. Porque él aceptó el paquete completo cuando cedió al juego de ser perseguido y aceptó las intenciones del chico vampiro. A veces se arrepentía pero otras, como cuando no podía dormir por la ansiedad y él sin decir nada lo acunaba en su pecho o cuando siempre disimuladamente dejaba que escogiera la película , en completo secretismo agradecía tenerlo.Se daba asco a sí mismo, pero también estaba perdido por la ingenua rebeldía que era su esencia.
-Te voy a quitar la venda- aunque sus manos se cerraron con firmeza en ese trozo de tela, su voz estaba imperceptiblemente temblorosa. Oh, Mierda ¿ Acaso iría a pedirle matrimonio? ¡Si apenas tenían diecisiete! Era demasiado cursi para que pudiera soportarlo- Por favor, sólo no pierdas de mente que esto se trata de nosotros ¿ Sí? Si hago esto es porque confío ciegamente en ti, porque sé que… Porque quiero que entres por completo en mi mundo, no te quiero guardar ningún secreto pero si no te sientes cómodo sólo dilo -
Le costó más acostumbrarse a la luz que prestarle atención a sus palabras, al enfocarla por completo, notó que estaban en un departamento pequeño pero perfectamente amueblado al estilo victoriano. Terciopelo, negro, rojo. Velas, incienso. Una mesa en el centro con varias botellas de vino y copas de cristal cortado. Las velas iluminaban el centro pero a los lados, en las cortinas que parecían telones de teatro, las sombras parecían estar guardando un secreto mayor. Miró el trono en el que estaba sentado, sino era d eoro al menos el metal era de un reluciente amarillo cubierto por un acolchado rojo. Había otro asiento igual a su lado pero con motivos de flores de lis y botones de oro, un poco más grande. Entonces por fin miró a Mike. Su cabello estaba elegantemente sujeto en una coleta, despejando su rostro maquillado con una precisión profesional, resaltando sus facciones naturalmente bellas, los ojos remarcados de verde oliva contrastando con sus lentillas rojas que hacían más grandes sus iris. Sus labios definidos por un negro más aperlado que mate, como húmedos, engrosándolos. La camisa blanca que había escogido iba abierta pero el chaleco verde botella cubría su pecho. Los pantalones ceñidos cortados por las botas altas alargaban sus piernas. Sin duda era un hombre muy bello y para mala suerte de sus hormonas, era perfectamente capaz de exprimirla en cada mínimo detalle. Porque incluso ese colgante de murciélago rozando el inicio del chaleco, o el arete a juego que se enroscaba en su oreja derecha cumplían su papel. Tragó saliva, sin saber qué debía preguntar primero.
-Eres mi Rey, Pete, mi igual. Tú me haz permitido codearme con tu gente y en pago yo te permitiré hacerlo con la mía. Si tú eres mi Rey, también eres su Monarca- en cualquier otra ocasión se hubiera burlado de su forma grandilocuente de hablar. Lo vio tronar los dedos y las cortinas se movieron.
Uno, dos, tres,cuatro...Los vio alinearse en silencio, con la cabeza agachada. Apenas unos oscuros delicados velos vaporosos cubrían su cuerpo sin ocultarlo. Eran diez chicos en total, reconoció a cada uno como parte del séquito de Mike quien se había quedado a su lado pero de pie, pendiente de sus reacciones. Porque odiaba admitir que esta vez realmente lo había dejado sin palabras ni pistas de lo que aquello significaba. Lo miró con la duda apremiando.
-Ellos están dispuestos a servirte en todo lo que necesites. Este es mi regalo de aniversario, Pete. Un reino para ti- volvió a chasquear los dedos y los chicos levantaron el rostro, mirando con tímidas sonrisas a ambos hombres- no quiero extralimitarte por ser tu primera vez en esto, escoge sólo a tres-
- ¿Qué jodida mierda es esta? ¿Es alguna de tus estupideces vampíricas? -
-Mi dulce Pete- acarició su mejilla con una sonrisa ladeada que pocas veces aparecía en su rostro- siempre quisiste saber por qué tanto misterio en las reuniones secretas y por qué dejé de asistir a ellas cuando comenzamos nuestra relación. Quizá creas que sólo somos niños tontos e inocentes, pero también tenemos nuestro propio lado oscuro-
Se permitió mirar a los chicos con sus maquillajes de fantasía que les hacían lucir como un cuento, idílicos y fugaces. Hermosas criaturas místicas abriéndose a sus deseos, dispuestas a él, rozando los límites de la obsesión por la juventud eterna y la ilegalidad. No acababa de comprender lo que le estaba ofreciendo y no porque su intelecto no alcanzara. Era la sorpresa queriendo censurar sus pensamientos, queriendo marcar aquello como irreal e imposible simplemente. Quizá el aroma en el aire era una especie de droga y lo estaba alucinando todo.
En ese caso no perdería nada por intentarlo.
Se incorporó con lentitud felina, midiendo, recorriendo de punta a punta cada uno de ellos que sonreían suavemente, en pose sumisa pero seductora. Todos eran como modelos de revista, preciosas flores de un jardín prohibido. No quería elegir, no sabría cómo hacerlo. No cuando su avaricia ansiaba cada una de esas pieles. Dio un paso hacia atrás, recargando su cuerpo contra el de su novio, ladeando la cabeza y cruzando los brazos como un niño mimado mientras Mike rodeaba su cintura.
-Escoge tú, tú eres el que los conoce- no había reclamo ni acusación en su voz aparentemente desganada, pero el brillo en sus ojos chocolate hablaban de la real excitación que golpeaba en su pecho, haciendo que Mike suspirara con alivio.
De todas las personas, sabía que Pete era de las pocas que jamás se escandalizaría por sus " costumbres" por los juegos que acostumbrara. Por todos los que estuvieron primero que él.Ninguno fue el primero del otro pero era un tema que realmente no tocaban y no por pudor sino por respeto a su intimidad. Pero Mike quería hacerle parte de eso, quería que supiera que él también era capaz de cosas inmorales, de ganarse un pequeño lugar en el infierno. Y quería que Pete estuviera igual de dispuesto que él a gobernarlo. Se aclaró la garganta, enderezó su espalda y con firmeza señaló a tres de ellos. Los demás se miraron entre sí desilusionados pero sin decir palabra, volvieron por el pasillo, cerrando la puerta tras ellos. Más seguro, tomó a Pete de la mano y le ayudó a sentarse de nuevo, haciéndolo él también esta vez.
-Ellos van a complacerte- les hizo una seña para que se acercaran, quitándose primero esa única prenda. Uno de ellos, rubio y con ojos celestes, delgado, se aproximó a sentarse en sus piernas sin decir nada, rodeando su cuello con una sonrisa servicial- no temas ser un déspota, recuerda que eres su Monarca-
Los labios rosados del rubio sabían a dulce, sus manos en su cuello le hacían profundizar el beso, rozando su lengua con la otra, mordiendo, rozando esa desnudez desconocida, acomodándolo mejor sobre sus piernas para que el tacto se hiciera más cercano. Otro de ellos, pelirrojo y menos delgado, se arrodilló a sus pies, acariciando sus piernas, besando con suavidad sus pantorrillas. El tercero se aventuró al regazo de Mike, quien lejos de rechazarlo, comenzó a besarlo con ganas. El rubio se puso de pie para quitarle la camisa, ayudado por el otro , masajeando su pecho, besando la piel expuesta mientras ambos se arrodillaban y se coordinaban para deshacerse del cinturón. Pete soltó un gemido cuando el pelirrojo comenzó a lamer sus pezones, sujetando con fuerza sus cabellos. Tomando los cabellos rubios con la misma fuerza para que lamiera sobre la ropa interior, abriendo las piernas todo lo que el trono le permitía. No podía ver, pero escuchaba los besos húmedos entre Mike y el otro chico, pudo ver su camisa blanca colgar del brazo del asiento. Pero después sólo pudo cerrar los ojos al sentir la lengua rozando su pene. El pelirrojo se arrodilló de nuevo, lamiendo las partes que la lengua del rubio no envolvían. Pete echó la cabeza hacia atrás, sintiendo cada descarga eléctrica , sujetando ambas cabelleras, jalándolas contra él, ansioso por sentir la boca de cualquiera envolverlo por completo mientras la otra regaba besos por sus muslos, por sus testículos. Necesitaba concentrarse en algo más para no venirse en ese momento. Giró la cabeza, jalando con la mano al chico sobre Mike, haciendo que pasara sus manos por su pecho , atrayendo su boca a sus pezones.
-Eres un avaro- protestó Mike resintiendo el frío sin la piel ajena. Perdido en la escena de ver a su novio así de entregado al placer. Amaba ese lado descarado y egoísta, amaba ver su rostro enrojecido, los gemidos que iban subiendo de tono a medida que las bocas en su entrepierna iban aumentando el ritmo, que los labios sobre su pecho iban aventurándose a ejercer más presión hasta manchar el blanco de su piel con rojizos centelleos. Pete era un pecado capital por sí mismo. Era más erótico que cualquier experiencia pasada, más...sucio. Más oscuro. Veía cómo lo desnudaban, cómo marcaban esa piel que él amaba y en realidad se sorprendió a sí mismo ansioso en lugar de celoso. Debió meditarlo concienzudamente antes de llevarlo a cabo. Pete le había mostrado facetas que no conocía de sí mismo, lo increíblemente inseguro y posesivo que podía llegar a ser. Lo irracional que le volvía ver a cualquier otra persona acercarse a él, porque de ser posible, Mike no dudaría a veces en robarle al mundo a Pete por completo par hacerlo suyo, suyo, suyo.
Porque incluso en ese momento, siendo recorrido por otras manos, sabía que le pertenecía. Con su cabeza ladeada, mirándolo fijamente, mordíendose a propósito los labios, subiendo el tono de sus gemidos hasta lo obsceno. Llevó su mano a su entrepierna para masturbarse, sabiendo que ese espectáculo no duraría más en la realidad que lo que quedaría grabado en su mente. Los profundos ojos achocolatados miraron sin disimulo la erección de su novio y cómo su mano subía y bajaba. Llevó sus dedos a su boca, lamiendo y Mike gruñó, aumentando el ritmo.
-Mi señor- dijo con timidez el pelirrojo, limpiándose el hilo de líquido preseminal y saliva de los labios, sin mirarlo a los ojos- ¿Puedo servirle de otra manera?- Pete rió con burla, gozando esa postura de Monarca como si realmente hubiera nacido bajo ese signo de realeza. Apartó las manos y se incorporó, sujetando su cabello para que un poco de aire le refrescara, caminando hacia el regazo de su novio. Echó la cabeza hacia atrás cuando quiso besarlo.
-¿Y los condones?- preguntó sin más y Mike tembló un dedo en dirección a la mesa. Le hizo una seña al pelirrojo para que fuera por ellos. Le extendió la mano y un sobre plateado fue puesto en su mano. Abrió la envoltura metálica y antes de sacarlo, midió con su mano la erección de Mike- qué duro está su Alteza- qué tono tan ácido , tan venenoso. Desenrrolló el látex sobre su pene, escupiendo sobre él para lubricarlo. Antes de ponerse de espaldas a él, le dedicó una mirada mordaz y altiva. Sí, Mike estaba completamente consciente que él también era parte de la servidumbre si se trataba de Pete, pero amaba que se lo recordara. Se apoyó de los reposabrazos para que no entrara de una sola, sino en un pausado tormento. Sintiendo las paredes contraerse, su miembro palpitando por el contacto. Lo tomó de la cintura para ayudarlo a controlar su peso hasta que por fin pudo sentir que estaba por completo dentro de él. Su sangre rogaba por moverse, por reconocer esa carne palpitando, abierta para él, quemándole. Pero Pete, en completo control de sus propios instintos, se dio el tiempo de abrir otro envoltorio y desenrollarlo sobre su propio pene, tomando al pelirrojo de la cintura , ayudándolo a abrir las piernas a cada lado de las suyas, posando sus brazos en el respaldo del trono para guardar el equilibrio cuando lo tomó de las caderas para irse abriendo paso en él. Pete gimió más agudo ante la doble estimulación, calmando sus nervios antes de comenzar a moverse para entrar y dejar que Mike entrara también. Él estaba marcando el ritmo, él estaba marcando qué tanto sus muslos chocaban contra los de Mike para que se enterrara más mientras dejaba que sus uñas se marcaran en las caderas del pelirrojo. El rubio se aproximó para besarlo, dejando que cada maldición y exhalación fuera recibida en su boca, mientras el otro chico hacía lo mismo con Mike.
Eran un revoltijo de cuerpos, de sudores mezclados, de pieles arañadas y mordidas. Pete mordió la lengua del rubio cuando sintió el orgasmo, sabiendo por la rápida desesperación con la que Mike lo penetraba que a él tampoco le faltaba mucho. Sintió su frente pegarse a su hombro, su aliento alterado mojar su espalda.
-Feliz aniversario- susurró, besando con dulzura su brazo. Pete rió bajito, acariciando su muslo.
-Espero que no estés cansado, niño bonito. Todavía nos faltan esos dos-
