Los personajes son de Meyer, yo los tomo prestados para dar rienda suelta a mi imaginación.

Beteado por Mentxu Masen (Beta FFAD) ; www facebook groups / betasffaddiction

EDWARD EN ESTE FIC, SUFRE ESQUIZOFRENIA TIPO PARANOIDE.


La naturaleza del deseo es tan compleja que cuando el hombre conoce su alcance, prefiere suprimirlo o volverse loco.

En el reino de la locura no existe bien o mal, ni tampoco existen límites. La mente humana es compleja y puede recrear los mejores sueños y luego convertirlos en pesadillas. Puede incluso unir lo real y lo no real al tiempo y hacernos perder a tal extremo el sentido que, por ocasiones, es preferible no existir para dejar de sentir lo que es la eterna e inacabada agonía. Para él, su estado se había convertido en planicie. Nada cambiaba, todo estaba igual. Sus momentos psicóticos eran tan recurrentes que no notaba ya el cambio. Ni siquiera ese sueño anhelado, esa chica del prado que tanto ansiaba tener junto a él para ser lo que despierto no era. Con el tiempo ella quedaba sepultada en su mente, como si algo en él alejara toda esperanza y todo anhelo para terminar dejándolo solo.

La chica de ojos cafés y cabello negro y corto lo mira hipnotizada. Con tal curiosidad y anhelo que él gruñe en defensa. Es como un animal que siente el peligro de ser atacado y se prepara para la defensa, una que tal vez acabe con el enemigo. Pero para él, eso no importa. En esos instantes, como la mayoría del tiempo, no tiene juicio ni razón, solo tiempo de dejarse guiar por el instinto que en su caso está netamente guiado por la locura o por el deseo perverso que nació en su interior mucho tiempo atrás. Sus ojos verdes se encienden en llamas, ardiendo por dentro deseoso de defenderse, ella camina en su dirección, aún hipnotizada. Él grita furioso de lejos.

Es arrastrado con fuerza por los enfermeros que la miran con una disculpa palpada en su rostro. Ella reacciona de su embrujo sacudiendo la cabeza y negando. Empieza a reír suavemente, diciéndose cuán gracioso es el poder que la locura ejerce sobre sí. Mira a sus amigas que a su vez la miran preocupadas por la mirada animal del sujeto, pero ella se encoje de hombros restándole importancia a ese hecho que la ha marcado para siempre. ¡Sí! Ese suceso ha sido tatuado en su memoria, y duda poder olvidarlo un día.

Las personas lo observan con pesar y miedo. Muchos opinan que la muerte es mejor que estar en ese limbo desconocido, otros que tal vez tenga remedio. Él simplemente se deja ser, sin ser ni saber, solo actuando y asesinando a cada ser que lo observa con los ojos. Su mirada son dagas dirigidas al corazón de toda amenaza.

El Dr. Campbell lo mira con tristeza. Tuvo fe un día de que tal vez mejoraría pero se ha rendido. Saca la jeringa con el tranquilizante y la inserta en su carne, viene el entumecimiento y después la pérdida de consciencia. Es curioso, siente placer, tal vez después de todo no esté tan perdido y recupere un poco la consciencia al menos.

Abre los ojos en medio del prado, no tras los arboles como lo hace siempre, esta vez está en medio de él, como ella.

Veo que regresas —esa voz ha estado mucho tiempo perdida, apenas y la reconoce. Cuando lo hace, su corazón late deprisa.

La mira desconcertado y con la boca abierta. Su cabello café baila al viento, sus ojos cafés lo examinan con detenimiento. Él sonríe, ha vuelto a su mundo real. Al menos para él aquella es la realidad, un lugar donde su anhelo es posible y ella es real.

Sí —susurra casi imperceptiblemente.

Vaya, sigues igual de callado que antes —murmura a cinco metros de distancia, acercándose con sigilo propio de un gato—. No me importa si eres mudo, me gusta que regreses por mí, me sentía sola. Tenía miedo.

Él se ahoga con su propia respiración, la angustia toma posesión de su cuerpo. Ella no debe asustarse, no debe sentirse sola, ni menos abandonada. En él, aquel sentimiento era constante y real, pero poco importaba su sentir, de todos modos estaba jodido, debajo del pozo, sin posibilidad de salir y sin redención de nada.

De sus ojos salen lágrimas que piden perdón por abandonarla. Está ese lenguaje del silencio que tan bien conoce él y que ella añade a sí misma, que ha arraigado en su ausencia y que sabe descifrar. Lo va a consolar porque él merece ser feliz, al menos en sueños.

La chica menudita se acurruca a su lado y entrelaza sus dedos con los de él, empieza a trazar con sus pulgares formas del lenguaje mudo. Le dice que lo comprende y que aún no se ha ido, que cuando se vaya, será decisión de sí mismo, no de ella. Él no quiere entender que ella no tiene decisión porque no es real, al menos la de su cabeza no es real.

No soy mudo —dice él—, pero prefiero que hables. Tu voz es mucho más hermosa que la mía. Son campañas en una noche tormentosa.

Ella sonríe enormemente.

Eres tan lindo, Edward —se pega más a su cuerpo—, y ya que hemos perdido tanto tiempo el uno sin el otro, y nuestra relación debería estar en cierta etapa…—él la mira desconcertado, ella sonriente—. Adelantaré todo, para que sea como si no hubiésemos perdido el tiempo.

Ella se gira de manera ágil, atrapándolo entre la hierba y su cuerpo casi desnudo. Pega su boca a la del chico con violencia y anhelo, mordiendo y chupando y halando y volviendo a chupar. Sus salivas entremezcladas son afrodisiacas. El chico se enciende inmediatamente con el candente beso y empieza a acariciar el cuerpo ahora desnudo de ella. Lo mejor de los sueños es que los dominas y ahora él obtenía lo que deseaba.

Empieza a acariciar cada contorno de ella pasando ágilmente sus manos desde el cuello, pasando por sus pechos, para descender desde su vientre hasta su centro húmedo y caliente. Sus dedos se mojan y se hacen escurridizos, suelta sutiles risitas. Nunca ha hecho algo como esto y no sabe si lo hará bien, teme asustarla y que se aleje, que se entierre en un lugar recóndito en su cabeza.

Me iré solo cuando tú decidas —responde a sus pensamientos—. ¿Qué? Fui creada aquí, así que me iré cuando decidas desecharme.

Él asiente y vuelve a unir sus bocas aunque esta vez es diferente, pues su beso se transforma al hundir sus dedos en su carne y hacerla gritar de placer. Él gruñe por las sensaciones que toman posesión de su cuerpo y, desesperado, busca fricción, moviendo sus caderas buscando que su miembro sea tocado. Ella sonríe pícara sobre sus labios y lo complace posando sus manos sobre su pantalón, acariciándolo y luego, con habilidad, colándose en él y tomándolo con fuerza. Gruñidos guturales escapan de sus labios desnudos y, avaricioso por aumentar el placer, balancea su cadera y mueve con mayor demencia su dedo dentro de la carne de ella.

Arggg —gime ella, pero aquel acto es un eco de su propio placer.

Los movimientos continúan y entre caricias furtivas, ambos se vienen con fuerza. Él en su mano y ella en su dedo.

Cuan perfecto eres —dice ella agitada, causando que él sonría—. Lástima no ser real, daría lo que fuera por existir.

Tú existes —dice él frunciendo el ceño—, te toco, te siento. Eres mía.

¿Yo existo? —pregunta—.¿Existo?

Claro que existes, mi hermosa chica.

Abre los ojos abruptamente y mira en todas direcciones buscando a su chica del prado, ella no está.

La chica Swan está en casa, en su cuarto, acostada en su cama y mirando el techo lleno de estrellas de plástico. En su mente observa el rostro del chico una y otra vez. Trata de descifrar qué es lo que tiene. Supone que tiene algún tipo de demencia o alguna esquizofrenia, aunque no está segura pues también puede ser una paranoia o una neurosis. Se reprende, no debe desgastar su mente descifrando algo que no le incumbe. Él no es su paciente y no lo será, así que para qué tratar de entender algo que no le debe importar.

—A veces me pregunto, por qué no elegí la psiquiatría —empieza a decirse a sí misma—, vería tantos como él.

Imagina su vida diferente, llena de chicos y chicas perdidos, lleno de perversos, asesinos, psicópatas, catatónicos. Se estremece, aquel no era su mundo y nunca lo sería. Ella amaba demasiado el saber que aún podía ayudar, no como en la psiquiatría, que poco se podía hacer por los perdidos.

— ¿Para qué preguntar lo que no tiene respuesta? —dice confundida—. ¿Por qué desear lo que ya no puedo tener?

Tanta fuerza e impacto tuvo su visita a aquel lugar que su mente le grita que debe volver.

Entre pensamientos inusuales, cierra los ojos y encuentra su tan anhelado descanso.

Está sentado al borde de su cama con la cabeza entre sus manos. Gotas cristalinas y saladas abandonan sus ojos, la tristeza lo consume en ese instante. No sabe porqué se siente así, al menos no conscientemente, pero que no sepa no evita que la tristeza lo agobie.

Tú mereces esto por idiota, por ser así.

Esto no es nada comparado con lo que sentirás, te partirás por dentro en trozos irreparables.

Qué patético eres niño

Loco, demente, irreparable, basura. Muerto estarías mejor.

—No, no —grita suplicante—. Aléjense, déjenme, por favor —su voz se vuelve un desgarrado sollozo que empieza a causarle dificultades para respirar.

— ¿Por qué yo? —pregunta a la nada.

Las voces se callan y él se tira al suelo mirando a la nada, pero un poco más tranquilo. Las lágrimas siguen cayendo y hacen un camino desde las cuencas de sus ojos hasta el suelo blando. Y así pasan horas hasta que las lágrimas se secan en su rostro, pero él ni se inmuta, ni se mueve y mucho menos piensa, solo siente en determinado momento que lo levantan del suelo y lo sientan de nuevo en la cama para alimentarlo.

Actúa con automatismo, abre la boca, la cierra, mastica, ingiere y repite el proceso de nuevo hasta que la cuchara deja de tocar sus labios. Se queda como está mirando a la nada y así concluye otro de sus días, perdido como siempre y observado con lástima por los otros.

—Estoy decidida y quiero hacerlo, mami —dice ella frustrada por octava vez.

—Pero hijita, esas personas son peligrosas, por algo están encerradas.

—Solo están enfermas —dice de nuevo—. Necesitan comprensión y apoyo.

— ¿Y tú, como buena samaritana, se los darás, no? —Renée está enojada, no entiende cómo su hija se ha metido en tremendo lío.

—No lo hago por bondad, lo hago por amor. Y no pido permiso, mamá. Solo te informo.

Pocas veces las personas entendían la naturaleza del amor y la pasión por algo. Ella siempre trató de hacerle entender a su madre su amor por el ser humano y sobre todo por la locura, pero nunca entendió. Para su madre, aquellos eran seres defectuosos que vinieron a enlentecer el progreso. Pensamiento que constantemente la hacía poner furiosa. En fin, a veces simplemente la ignorancia es atrevida y hagas lo que hagas las personas no entienden. Isabella era autónoma, así que ese era su punto a favor, pues nada de lo que su madre diga o haga, la hará cambiar de parecer. La decisión ha sido tomada y se siente orgullosa.

Sabe que su madre la mira furiosa, ansiosa y preocupada, pero ignora ese gesto. Es mejor terminar su desayuno e implorar porque en aquel hospital le permitan trabajar 2 veces a la semana como voluntaria.


N/A: Ya habia mencionado que tardaria en actualizar este, sin embargo pido disculpas si les ha parecido mucho la espera. Como sea... espero les guste y me den su opinión. Nos leemos la proxima ^^

FIRE