El camarote estaba bien, no podían quejarse. Tenían; dos camas amplias, un par de hamacas; aclimatización apropiada. Entre otras cosas que harían buena su estancia.
Desna observó por la ventana el paisaje congelado qué se quedaba atrás. Eska y él se irían por un tiempo lejos de su casa. Para Eska sería bueno no ver a madre por un buen tiempo. Malina nunca ha sido buena madre para su gemela menor. Le hace mucho daño.
Los pingüinos-foca parecen curiosear la embarcación; la ven como algo extraño. Todavía no se han acostumbrado a tales monstruos tan grandes irrumpiendo sus hogares. Desna recuerda cuánto Eska y él desearon una mascota pero sus padres nunca se los permitieron.
Qué habían tenido los peores padres del Mundo. Ellos nunca se preocuparon por las necesidades de sus hijos. Los padres sólo pensaban en su propio beneficio. Eska y Desna fueron los esclavos para el padre. De la madre Desna no puede decir mucho. Ya qué es Eska la del problema. Pero él hace todo lo posible por que Eska se sienta bien.
Un quejido que escuchó, distrajo a Desna de su observación. Abrió más los ojos; miró a su hermana qué aún dormía; lloraba en medio de su sueño. El Maestro Agua levantó la diestra para atraer la lágrima del ojo de su gemela. Atrapó en su puño la gota del líquido salino. La llevó a la altura de su boca y con esa misma acción su llanto apareció en silencio.
Más tarde, la hija del fallecido Unalaq, despertó de su sueño de golpe. Desna se dio cuenta y se acercó a ella. Apenas su hermana le iba a contar fueron interrumpidos por una sirvienta quién les informó que ya podían subir a cenar.
— Queremos cenar aquí.—dijo Eska, despreciando la existencia de esa mujer.
— Como ustedes digan, Excelencias.— contestó húmildemente la mujer de mayor edad.— En un momento estoy de vuelta con los platillos.
— Ve, rápido.—ordenó Desna.
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Eska miró su plato con desagrado. Nada de lo que estaba ahí se veía bueno para ella. No va a comerse eso. Prefiere quedarse con hambre a ingerir esas cosas poco digestibles. Aunque, esto otro… Tenía un olor parecido a las ciruelas de mar. Se atrevió a probarlo, y para su sorpresa éste platillo sabía igual que las pasas de mar. Se comería este guiso por lo menos.
A Desna tampoco le gustó el sabor de la comida del Fuego. Aún así se comió con descontento la mitad de su plato. Tenía qué hacerlo. Pues pensó sabíamente que para los cocineros sería difícil prepararles la comida tradicional del Norte. Qué definitivamente no conocen. Sin embargo, al llegar a su destino pedirá traer de la Tribu del Norte a uno de sus cocineros reales. Eska y él no pueden estar alimentándose mal, enfermarían si lo hicieran.
— Desna.
Desna llevó su mirada hacia su hermana.
— Dime, Eska.
— Estoy aburrida.—se quejó con fastidio.
Su hermano pensó un momento; en qué podrían hacer para divertirse mientras tanto.
Lo qué se le ocurrió realizar fue agarrar uno de los libros que llevaron para leer.
— ¿Quieres qué te lea?—preguntó despacio y tranquilo.
— Sí.
Eska se paró de la silla en la que hace unos momentos descansaba. Para ir a recostarse en la cama que ahí estaba inmediata. Esperó a qué Desna se acercara para cerrar sus ojos.
Su hermano se sentó en la silla qué hace un momento dejó vacía. A un costado de la cama se puso él. Frente a ella.
Puso el libro en sus manos.
Comenzó a leerle un cuento.
Casi nunca hacían esto, (por falta de tiempo libre) pero, cuando lo hacían se sentía muy bien tanto para uno como para el otro.
Finalmente; Desna terminó de leer el libro. Vió que Eska se había quedado dormida. Por lo qué decidió él también dormiría; se acostó en la misma cama donde su hermana. Cerró los ojos. Esperando qué siguiera tranquila y no la despertarán una de esas feas pesadillas que acostumbraban a atormentarla.
A Eska le gustaría decir qué los días siguientes pasaron rápido. Qué apenas se dió cuénta, llegarón. Pero para su suerte; no fué de ese modo. Los días pasarón lentos y aburridos. Según la opinión de Eska.
A punto de explotar por el estrés que le ocásionaba viajar en barco. Les dieron la buena nueva; habían llegado a su destino; La Nación del Fuego.
Desna ayudó a su hermana a bajar de la embarcación; pues se encontraba muy débil y mareada. No había podido comer casi nada durante estos cuatro días de viaje, y lo poco qué comió, lo vomitó.
El Señor Zuko se decidió por asistir a Desna con Eska. La Maestra Agua se sintió peor; qué un abuelo de más de 90 años de edad la tenga qué sostener al caminar; es humillante. Eska apretó fuertemente el brazo de su hermano a través de la manga de su ropa. Desna supo de inmediato que su hermana ya no resistiría. Se preparó entonces, para agarrarla, para evitar de ese modo que cayera al suelo. Exactamente fue como sucedió; Eska se desmayó al segundo de haber avisado a su hermano. El Señor Zuko se vió sorprendió, pero, afortunadamente sus reflejos seguían siendo buenos. Lo qué apoyó a qué él también pudiera auxiliar a la Co Jefa del Norte.
— ¡Señor Zuko!—gritó Bolin.
Ni Desna ni Zuko hicieron caso al muchacho emocionado. Pero aquello no detuvo al Maestro Tierra. Pues en menos de lo qué canta un gallo ya estaba ahí con ellos.
— ¡Señor Zuko!—cantó, otra vez.
A Desna le molestó el ruido qué estaba haciendo. Qué su hermana se encuentra mal y tiene que concentrarse en ella.
— Bolin, ¿Puedes ayudarnos a llevar a la Jefa del Norte a una de las habitaciones de mi casa? —pidió el anterior Señor del Fuego.
— ¡Claro!, ¡Yo puedo!
"Esperen"…- Sospechó Bolin. ¿La Jefa del Norte, no es…-? ¡Eska!
"Y hasta ahora te das cuenta" Bruto. Pensó Desna.
A Bolin empezó a recorrer por todo su cuerpo; una especie de nerviosismo. Le sudaban las manos. Vamós, qué ella está inconsciente, así no puede ser tan peligrosa, ¿Verdad?
— Gracias.
Le agradeció Zuko. Bolin pegó contra su pecho fuerte; el cuerpo inmóvil de Eska.
Todos los presentes; incluídos Mako. Se dirigieron a Palacio Real del Fuego. Su hermano se sorprendió de lo rápido que puede ser Bolin cuando ve a uno de sus ídolos favoritos.
A la media hora después de haber llegado a la habitación. Eska ya estaba sentada sobre la cama. Sostenía en sus manos flojas; un plato de arroz frito; al cuál miraba disgustada. Pues, a la Maestra Agua no le gusta frito, lo quiere únicamente cocido. Desna para calmarla le dijo qué pronto vendrá su cocinero.
Llaman a la puerta.
El hermano deja su lugar para ir a abrirla.
Eska no pone atención, sigue mirando enojada su plato.
Desna se queda estupefacto. Pero Bolin no lo nota.
— ¡Hola, Desna!—le salúda efusivamente.
Lo cuál a Desna le molesta.
— Éste…- —juega, un poco nervioso, moviendo sus pulgares en círculos.
— Quisiera saber…- Bueno, ¿Eska, está bien?
"Esa voz"…- Es él, supo Eska de inmediato.
— Desna, dile qué entré.—quiso ella.
No sabe bien cómo explicarlo, pero su corazón laté rápido.
Desna no tuvo otro remedio; más qué obedecer a regañadientes. Le permitió la entrada al Maestro Tierra.
— Es una grata sorpresa verte aquí, Bolin.
La Maestra Agua intentó mantenerse serena; para qué no miren la emoción qué la embarga.
— ¡Eska!—chilla él.
Desna alcanza a ver; cómo unas lágrimas pequeñas salen volando de los ojos de ese sujeto. Antes de abrazar a su hermana estrechamente. Eska no vió venir está acción.
Se queda quieta, pues, no sabe bien cómo reaccionar.
Lo único qué entiende; es qué, le tiene cerca nuevamente. Se siente un beneficio.
