ESPERANZA
Una vez fuera de la mansión, después de todo el papeleo que bien pudo haber evitado. Yami por fin se dirigía a su casa con el pequeño en brazos.
Una vez en la calle, callo en cuenta que no tenía nada que pudiera servirle para cuidar a un bebé. Pero una presencia la alerto desde el momento que había puesto un pie fuera de la mansión Hokague. Y ahora después de unas cuantas calles sabía que no se iría.
-sé que me estas siguiendo, sal- su voz sonó firme, pero no recibió respuesta. -¡te ordeno que salgas!- su voz destilaba completa autoridad dando a entender que no cabía ningún tipo de desobediencia. Entonces detrás de ella una sombra se hizo presente. -¿Quién te ha dicho que me sigas?- aquel personaje no se inmuto por el veneno y la frialdad que esta despedía, simplemente se quedó parado mirando su espalda. –dile a Shimura que no necesito niñeras y que si tiene alguna queja que se arregle con los ancianos- dijo firme. – ¡Oh! tal vez- ahora la fría voz se escuchaba detrás de aquel hombre, que sin querer soltó un jadeo al ver a un clon apuntando su garganta con un Kunai. –quieras que yo misma valla y le lleve tu cadáver para que no le queden ganas de mandar más niñeras- ella recorrió su garganta con la punta afilada, dejando una fina línea roja.
-Danzo-sama, no te tiene miedo, tu solo eres…- antes de que dijera algo más apretó un poco más el Kunai a la garganta.
-pues sí que se ha vuelto blando ¿Cómo es que, escoria como tu puede estar en la raíz? Estas dando demasiada información sobre Shimura, o tal vez no estés enterado…- sus ojos eran dos rendijas completamente aterradoras, fríamente calculadoras y completamente crueles. – yo no soy la que le tiene miedo, nunca se lo he tenido. Lo cual me dice que eres un novato. Es el quien teme de mi- dijo está, quitando el Kunai y alejándose. Acto seguido el clon desapareció y ella se giró. –por esta vez y solo por esta vez, te dejare ir. Hoy es un día muy importante y no voy a mancharme las manos contigo- su mirada inmediatamente bajo al pequeño bulto que llevaba en brazos. –Dile a Shimura que si vuelve a mandarme un compañero, lo último que sabrá es que estaré cortándole el cuello, aun si con esto me llevo a toda la raíz de por medio- dijo girándose rápidamente. El hombre se quedó quieto mirando como ella se perdía entre las calles.
-Uff…- exclamo exhausta al mirar las compras, aun se quedaba pensando si no le faltaba algo más. Pero realmente se preguntaba que rayos pensaba al comprar doce sopas instantáneas, gafas de sol y pan al vapor. –Haber, traje cinco biberones, ocho litros de leche, tres botes de fórmula para bebé, chupones, pañales y un termo, eso sin contar los libros- esto último le recordó el libro que Kushina le había pedido que leyera (cosa que no hizo). Movió la cabeza trato de alejar aquellos pensamientos. –El señor de la tienda de verdad nos miraba raro- dijo al bebe que sonreía.
Entonces reparo en una par de muebles que estaban en su sala, una cuna y mecedora estaban adornados con un moño de regalo, no tuvo que ser adivina para saber quién lo envió. Sin tener la menor idea, dejo al niño sobre el sofá. Las compras debía ser acomodadas y mejor hacerlo ahora que más tarde. Extrayendo unas cosas de las bolsas escuchaba el gorgoteo de Naruto, aquel sonido le parecía encantador y llenaba su casa de algo parecido a la tranquilidad. Estaba tan concentrada en el sonido que no se percató como Naruto giraba. En solo un instante Yami miro como él bebe estaba en el borde del sofá y se precipitaba al suelo.
- ¡NARUTO!- grito al momento que se lanzó para atrapar al pequeño que caía como en cámara lenta. - ¡Naruto!- dijo al borde de un paro cardiaco. - ¿estás bien?-pregunto, el pequeño parecía divertirse inconsciente del susto que le acababa de propinar a Yami.- ¿Cómo alguien tan pequeño casi me mata del susto?- se preguntó.
Naruto reía y era sorprendente como no sabía lo cerca que estuvo de causarle un infarto a uno de los mejores shinobis de la aldea y todo por un pequeño error. Con algo más de conciencia coloco al niño en la cuna que era más segura que el sofá. He hizo una nota mental de no volver a despegarle los ojos si alguna vez lograba dejarlo de nuevo ahí.
Una vez que todo estuvo mejor, se concentró en recordar las pocas cosas que sabía sobre bebés. Lo que la llevaba solo a que eran criaturas completamente pequeñas, frágiles y muy dependientes, entonces recordó un libro en especial.
-haber veamos- dijo ojeando el libro. –aquí dice que los bebes deben de ser amamantados cada ¿cuatro horas?- una perfecta ceja se alzó y como por instinto miro su pecho, haciendo que ganara unos tonos de color rojo en la mejillas. –espera, eso es para los recién nacidos- soltó aliviada adelantando unas páginas más. –"La lecha materna o la fórmula recomendada por el doctor de tu bebé, son las únicas comidas que debe comer", bueno eso quiere decir que la fórmula es la opción y que tendremos que ir al doctor- se dijo tranquila. – "tu bebé comerá de 5 a 10 veces por día dando así cerca de medio litro de leche" –ok, de acuerdo supongo que eso es bueno- se dijo memorizando cada una de las palabras del libro. Con cuidado y a sabiendas que esto era lo que necesitaba saber, se dirigió a la cocina a preparar lo que sería su primer biberón, la tarea en si misma no era difícil, calentar el agua y medir las cucharaditas, era fácil. Pero una vez que la probó en su piel como había visto en una película, el resultado no fue el mejor.
-¡santo dios! esto está hirviendo, creo que será mejor que lo deje enfriar un rato.-
Entonces Naruto comenzó a llorar llamando su atención, rápidamente corrió al lado de la cuna y lo levanto cuidadosamente.
-¿Que tienes? vamos calma…calma- pero aquello no funcionaba y Naruto lloraba más y más fuerte.- ¿qué hago, tendrás hambre? pero tu mamila está muy caliente… ¿qué tienes bebé? ¿Qué tienes? vamos calma.- pero nada funcionaba haciendo que Yami se pusiera más y más nerviosa.
Entonces sintió algo completamente extraño bajo su brazo, alzo al niño un poco y fue entonces que le llego un aroma de lo más horrible. Fue ahí donde cayó en cuenta el porqué del llanto de Naruto. Necesitaba un cambio de pañal. Lo que también se podía denotar en un inconveniente muy grave para ella.
Con el bebé en un brazo y un paquete de pañales en la otra, comenzó una odisea completa que bien le hubiera gustado evitar. ¿Cómo cambiar un pañal? ¿Cómo quitar uno? Todo aquello era una incógnita. Recordó vagamente que Kushina quiso enseñarle pero no fue tanto de su agrado, además como llevaba algo de prisa ese día no pudo entenderle bien a las explicaciones de ella, así que, aquel hecho no le dio mayor importancia, de todos modos para eso estaba ella ¿no?
Ese pensamiento le dolió, porque ahora estaba demasiado claro que no estaría para muchas cosas y era ella quien debía cubrir todas y cada una de las necesidades del pequeño.
– oh dios, porque no puse atención a lo que me dijo Kushina en ese momento- se dijo miserablemente. –Bien, no puede ser tan difícil ¿o sí?- se dijo y comenzó a leer las instrucciones del paquete. – haber… aquí dice… 1. Suelta los cierres adhesivos del pañal y dóblalos hacia atrás- leyó calmadamente. – haber ¿Cuáles cierres adhesivos? ¡Oh ahí están! Bien ya está ¿Qué más? péguelos sobre sí mismos para que no se adhieran a la piel del bebé- una vez tomo los adhesivos estos se pegaron en sus dedos. -¿pero qué Diablos?- se dijo, pues las banditas se pegaban una y otra vez a sus dedos dejándolos completamente pegajosos.
Como si Minato le hubiera llamado la atención se giró al niño–yo no dije la palabra "diablos", debo medir mis palabras- se dijo.
Harta de lo que ahora consideraba sus peores enemigos tomo unas pinzas y como si de una bomba se tratara, comenzó a quitar el pañal, después de mucho tiempo y palabras coloridas y muchas disculpas, asegurando que no las repetiría logro quitarle el pañal… la primera parte estaba lista ahora seguía limpiar al bebé. Tomando una toallita húmeda cuidadosamente limpio todo.
-bueno esto ahora es mucho más manejable- se dijo. Una vez todo estaba bien, un chorrito la asalto por sorpresa. Una sonrisa de dibujo cuando la risa de Naruto inundo el baño y supo que eso le gustaba en lugar de molestarla. Tomo una toalla y limpio su rostro sorprendida y alegre de toda aquella situación.
- eres un niño bastante hiperactivo ¿no crees?, otra oportunidad- después de echar a perder como 20 pañales y una hora y media perdida en el baño, por fin logro ponerle uno correctamente. Una vez dentro de la cuna no tardo ni diez segundos para que el volviera a llorar.
- vamos que tienes ahora… ya… vamos bebé ¿qué tienes?- ella le acerco un poco su mano y este la tomo, llevándose un dedo a la boca y comenzó a chuparlo. – ¡Ah! tienes hambre- dijo sorprendida. - supongo que tu biberón ya estará listo o por lo menos eso es lo que creo-
Con el niño en brazos tomo el biberón y salio al balcón, un par de sillas estaban colocadas para mirar o más bien dicho admirar la aldea, pero ambas estaban llenas de polvo, hacía mucho tiempo que nadie tomaba asiento y eso le dolió. Tomando asiento en una, contemplo la aldea mientras daba de comer a Naruto.
Esta vez Yami dio permiso para que su mente vagara por el valle de recuerdos. Cuántas veces Minato y ella se habían sentado a platicar, a discutir o simplemente a mirar, muchos de los planes que habían tenido habían nacido contemplando su amada aldea. Cuantos planes, cuantas risas, cuantas... Yami sintió picar sus ojos y respiro hondo tratando de alejarse de esa línea de pensamientos, concentrándose de nuevo en Naruto.
Una brisa cálida soplo, envolviéndolos en una burbuja alejando solo por un momento el dolor que comenzaba siempre que recordaba.
Naruto no tardó en acabar el biberón y sin que ella hiciera nada lo escucho repetir. Tranquilamente le meció tarareando una canción olvidada, tal vez su madre se la había cantado cuando más niña o tal vez salía de ella. Fuera lo que fuera, funcionaba y poco a poco cerraba los ojos.
-solo por esta vez…- susurro acariciando la mejilla rosada de Naruto. –solo por esta vez…-
Una vez dormido, ella suspiro tratando de conservar esa paz que ahora le rodeaba, pero cuando una brisa un poco más fría le llego, entro. Dormido como estaba le coloco nuevamente en la cuna. Verlo ahí dormido, le causaba un inmenso sentimiento de ternura, de amor. Tenía que pellizcarse para saber que todo era real, que él era real.
-Naruto- murmuro y tranquilamente le acaricio haciendo que el niño se acurrucara contra su mano. – Tus padres de amaban muchísimo- dijo y su voz sonó un poco ahogada. –pero ahora eres mío y yo cuidare de ti- el niño se removía. - te daré todo el amor que ellos no pudieron darte, así que duerme tranquilo-
Era de noche para cuando acabo de limpiar, le tomo un poco más de lo que calculo, pero eso debía ser normal después de tantas semanas de ausencia. Giro su cuello masajeando sus hombros. El primer día con Naruto había sido agotador, todo había sido nuevo y excitante, todavía no podía creer que el pudiera ser de verdad y cada cierto tiempo se encontró mirando la cuna donde el dormida.
Pero entonces algo nuevo capto su atención, algo que creyó olvidado y hasta odiado. El cansancio. El cansancio, se abalanzo contra ella con tal fuerza que sabía que no podría tener los ojos abiertos por mucho tiempo.
El peso de la culpa que le impedía dormir desde hacía meses se había ido. En ese momento se sentía ligera y parecía respirar por primera vez en mucho tiempo, la sombra de una sonrisa irónica que antes adornaba su rostro con bastante frecuencia ahora se estaba presentando. O por lo menos eso se dijo mientras se contemplaba en el espejo del baño.
Las ojeras estaban marcadas bajo sus parpados y sonrió ahora a expectativa de una buena noche de sueño. Cuando llego a su cuarto miro la cuna que ahora daba luz a toda su simple decoración. Con el sigilo de un gato se acercó donde por centésima vez admiraba la tranquila carita de Naruto.
Reviso por última vez todo lo que tenía para la madrugada que el niño se despertara y con gran satisfacción apago luces y se dispuso a dormir tranquilamente. Pero… ni siquiera pudo acomodarse, pues Naruto comenzó a llorar. A tientas corrió a la cuna que no estaba más que a dos metros de su cama.
- vamos, calma Naruto ¿qué tienes? ¿Porque lloras?- le susurro cuando lo levanto. –vamos no llores, tu tía Yami está aquí contigo- le decía. Caminando de un lado al otro meciéndolo para calmar su llanto, cosa que parecía funcionar. -así que no poder dormir esta noche, no me dejaras verdad- su voz era suave, que incluso ella misma se sorprendía de la suavidad y la dulzura que Naruto provocaba en ella.
-espero no sea todas las noches- le dijo mientras acomodaba el niño para mirarlo mejor. -¿tienes hambre?- dijo llevando su dedo a la boquita, Naruto inmediatamente lo rechazo. –veo que no, ¿tienes sucio el pañal?- dijo acercando su cara al pañal. –no, parece que no estas sucio ¿entonces que tienes?- Como buena shinobi, llego sin problemas a la mecedora junto a la ventana y ahí a la luz de la luna y con Naruto en brazos, se dejó invadir por una nueva oleada de pensamientos y sueños para el futuro. Pero entonces conforme la imagen de él creciendo la invadía, llego la pregunta "¿Dónde están mis papas?" la sola idea de mentirle era completamente aterradora. ¿Qué diría?
Si pensaba mas detalladamente sobre ese tema, tal vez y solo tal vez el Hokague tendría razón, todas las aldeas estaban ávidas de poder y seria riesgoso que se diera a conocer la identidad del nuevo Jinchuriki. Kushina había pasado por mucho y no siempre fue fácil al ser uno y a eso aumentarle los enemigos que se habían hecho Minato, convertían a Naruto en punto de mira demasiado vulnerable.
-será mejor no pensar eso por el momento- se dijo. –después de todo para eso todavía falta mucho- sabía que aquello era un tema delicado, pero ya lo arreglaría llegado el momento. -cuando crezcas, te contare de tus padres aun cuando no te lo pueda contar todo- le dijo chocando su nariz con la de él. - te contare muchas historias sobre ellos de echo te contare una- dijo.
- había una vez un niño- comenzó mientras acariciaba su cabecita. - que estaba solo, sus padres habían muerto en la guerra. Pero pese a que eso es muy triste, aquel pequeño tenía una fortaleza inquebrantable, era valiente, intrépido y muy inteligente, pero también era un reverendo tonto sin remedio. Muchos decían que era un genio de esos que solo se aparecen una vez cada 100 años, pero era cuestión de opiniones. Él tenía un sueño que quería cumplir con todas sus fuerzas y estaba dispuesto a cumplirlo costara lo que costara- sonrió recordando aquella época.
-pero como has de saber estas cosas nunca se hacen solas, tenía una compañera de los más particular, aunque más que compañera era su amiga, su mejor amiga si te puedo decir, pues al igual que él también había perdido todo, claro hasta que lo encontró a él. Ella le dio todo su apoyo para que juntos salieran adelante, pero cuando se conocieron fue bastante graciosa porque él...
Algunas lágrimas se asomaron sin ser invitadas, pero ahora ya no quemaban, ahora era cálidas. Mientras contaba la historia el niño el niño miraba como si entendiera. Entonces apareciendo por la ventana dos pequeñas mariposas volaban, algo realmente extraño pues era de noche. Los pequeños animalitos comenzaron a revolotear sobre sus cabezas. Yami parecía no notarlas estando absorta en el relato, pero Naruto si, estiraba sus manitas para poder atraparlas.
Así con ese cuadro, dos almas encontraban consuelo. Empezando el camino a una nueva historia. Era el principio que marcaría el comienzo la historia del más grande HEROE de Konoha…
