Capítulo 2 | Convite nupcial —

Aquella dichosa moda por celebrar las bodas de forma occidental se estaba volviendo molesta. Los hábitos de las ceremonias nupciales japonesas eran mucho más reservados o menos vergonzosos para los novios en caso de que fueran tímidos o simplemente japoneses con la mentalidad de la mayoría de la población del país nipón, tradicionales. Si tuvieran que elegir de nuevo qué tipo de ceremonia tendría para su boda, tanto Ranma como Akane hubieran elegido la tradicional japonesa.

Por suerte el momento más incómodo para la pareja; la ceremonia religiosa, ya había transcurrido. Esta vez no hubo ningún incidente por lo que definitivamente eran marido y mujer. Akane dejó su apellido de nacimiento, aquel que llevan todas las mujeres solteras hasta el día en que contraen matrimonio. Ahora era Akane Saotome a efectos legales. No le hizo mucha gracia esta medida, pero era necesario. No importaba si era bajo el apellido Tendo o Saotome, ambas escuelas de artes marciales indiscriminadas debía unirse con un mismo nombre.

El dojo estaba siendo utilizado como comedor para el convite de la boda. Montones de mesas redondas repletas de invitados separados por grupos llenaban el lugar. Estaban separados por tipo de relación con los novios; familia, amigos, compañeros de clase y gente a la que no apreciaban en exceso pero se habían visto obligados a invitar por un motivo u otro.

Algunas mesas daban auténtico pavor, juntar a las locas autoproclamadas prometidas del joven de la trenza y a los incansables pretendientes de la novia era una imprudencia total. Si les daba por liarla o ponerse a pelear serían un peligroso espectáculo para el resto de invitados.

Centrada y pegada a la pared situada al fondo del dojo se encontraba la mesa de los novios. Además de ellos en ésta se sentaban los padres de él y el padre y hermanas de ella.

La relajante música oriental que sonaba de fondo ayudaba a generar un ambiente agradable y tranquilo.

Todo estaba saliendo a pedir de boca. Sin duda esta vez la boda estaba siendo un rotundo éxito. Por esta razón tanto Genma como Soun no dejaban de celebrarlo brindando con copas y más copas de alcohol.

Ranma comía mostrándose algo despreocupado, la comida en ese momento acaparaba toda su atención. Era una buena forma de quitarse de la cabeza pensamientos molestos que le hacían sentirse incómodo. Su propia boda se le hacía algo fastidiosa.

Su ya oficialmente esposa jugaba a remover la bebida de su copa con una pajita. Ésta de vez en cuando miraba de reojo a su marido que estaba situado a su derecha felizmente devorando unas jugosas chuletas de cerdo. Inclusive el menú, era demasiado occidental.

—Míralo, engullendo como de costumbre sin ningún tipo de preocupación sobre su cabeza— pensó molesta al ver como a él aparentemente no le afectaba en absoluto el extraño e irritante día que estaban viviendo.

—¿Ocurre algo?— preguntó él cesando un momento de comer.

—De estar envenenada la comida morirías como cinco o seis veces por sobredosis— dijo bromeando a la par que mejoraba su estado de ánimo al sentir que contaba con la atención del muchacho.

Ranma puso una cara de disgusto horrible mientras dejaba la chuleta que tenía en la mano sobre su plato. Sintió que ya había comido suficiente. Quiso continuar la broma que Akane había empezado.

—Creo que eso sólo ocurriría de haber sido tú la cocinera—

—¡Serás idiota!— gritó sin alzar demasiado la voz para evitar ser el centro de atención de todos los invitados.

Golpeó con un suave manotazo a modo de correctivo la cabeza del novio y éste le sacó la lengua como si de un niño de primaria se tratase. A pesar de estar ya casados en el fondo no dejaban de ser unos críos, y a aunque ambos ya contaban con la mayoría de edad desde hacía poco tiempo, el carácter de éstos era tremenda e incorregiblemente infantil. Él era un completo inmaduro.

Esta íntima e ínfima discusión no pasó desapercibida en la mesa más problemática del dojo.

La primera en tomar la palabra fue Shampoo que vestía un corto y ajustado vestido granate tejido en una preciosa tela brillante a contraluz y mostraba un pronunciado escote capaz de provocar un infarto mortal a aquellos que padecieran del corazón. Unos finísimos tirantes daban un toque algo más elegante a ese atrevido vestido que terminaba varios centímetros por encima de las rodillas de la amazona y que se ceñía perfectamente a su hermosa figura, marcando perfectamente cada una de sus pronunciadas y sensuales curvas, dejando totalmente visibles sus largas, espectaculares y fuertes piernas. Una leve capa de maquillaje cubría su rostro destacando por encima de todo sus enormes ojos con algo de rímel y sus pequeños labios en un tono rojo pasión. Un collar dorado adornado con un pequeño rubí en forma de corazón y unas pequeñas pulseras también doradas terminaban de conformar aquel increíble atuendo. Estaba espectacular, parecía una auténtica diosa personificada.

—Matrimonio de Ranma y chica violenta no comenzar bien. Peleando todo el rato estar—

El chico de las gafas de culo de botella, Mousse, chascó la lengua. Vestía un sencillo traje color negro, camisa blanca y una corbata granate a juego con el vestido de la china. La tela sin duda era igual, brillaba también a contraluz. La chaqueta de su indumentaria descansaba sobre el respaldo de su silla.

—Shampoo, déjalos en paz. Hoy debe ser un día complicado para ambos, se entiende que puedan discutir a causa de los nervios. Por mucho que no te guste ya son oficialmente marido y mujer—

—¡Aiya!— exclamó frunciendo levemente el ceño —Mousse aguafiestas ser—

La amazona dio un largo trago a su vaso de vino y volvió a la carga.

—Si Ranma viudo quedar poder casarse con Shampoo— espetó a la par que una gratificante sonrisa se dibujaba en sus labios.

Ryoga que estaba sentado al otro lado de Mousse inclinó hacia adelante su cabeza para observar a la china y le lanzó una mirada helada, pero ésta ni se inmutó ante el amenazante gesto.

El muchacho eternamente perdido vestía un estiloso traje beige en un tono claro a juego con los zapatos de cuero marrones que calzaba. La chaqueta al igual que la de Mousse descansaba sobre el respaldo de la silla, pues la temperatura en la sala era ligeramente cálida, agradable. Sobre la camisa azul marino destacaba una corbata también azulona, pero su tonalidad era la misma que la del cielo a plena luz del día y totalmente despejado. En esta especial ocasión no portaba atada a su frente ese símbolo de identidad que era su bandana.

Junto a él se sentaba su chica, Akari. Su relación era ya algo oficial. Ella lucía un vestido amarillo oscuro no demasiado escotado y sin mangas, éste tenía un largo que llegaba a la altura de sus rodillas. Unas finas medias negras semitransparentes cubrían sus piernas. Combinado con unos llamativos zapatos amarillos con adornos negros y un tacón fino pero de poca altura.

—Por tu bien espero que la idea de un Ranma viudo se quede en solo una broma de mal gusto— espetó Ryoga muy serio sin quitarle la vista de encima a la muchacha de largos cabellos y destellos púrpura.

Shampoo arrugó la nariz. Mousse dirigió su mirada hacia Ryoga y se colocó las gafas.

—Mucho cuidadito con tus palabras, Ryoga—

—¿Es una amenaza chico pato?—

—Es una advertencia—

—Vigila a esa mujer que te trae loco si de verdad la amas— dijo mientras Akari posaba su mano sobre su rodilla rogándole de esa forma que tratase de mantener la compostura. —Si va bromeando con cosas como la muerte de otra persona puede buscarse más de un problema—

—¿A sí?— preguntó Mousse ajustándose de nuevo las gafas —¿Y de qué tipo de problemas estamos hablando?—

—No me gustaría tener que enfrentarme a una mujer— contestó sin tapujos. Akari apretó la rodilla de su chico con la mano ligeramente. Trataba de llamarle la atención para evitar el conflicto a toda costa. Como mujer creía saber lo importante que es para una el día de su boda, que todo salga bien, que no haya altercados, que los invitados no acaben a palos entre ellos.

—Shampoo no temer pelear contra chico cerdo— soltó desafiante

—Pero Shampoo…—

—¡Mousse cerrar el pico!— gritó increpándole

La discusión comenzaba a hacer que los participantes de ésta fueran alzando poco a poco más la voz y desde la mesa de los novios ya se podían ver los exagerados gestos de algunos de los invitados sentados en aquella caótica mesa.

Nabiki se lo estaba pasando en grande. Algunas lágrimas caían despistadas por sus mejillas.

—Te juro que no esperaba que el concepto de boda exitosa y espectáculo de humor pudiesen ir de la mano y coexistir. ¡Esto es la monda!—

—Yo no encuentro la gracia a qué los amigos de tu hermana armen escándalo de esa forma— dijo Kasumi sin perder el tono sereno y amable que la caracterizaba.

—¿Me lo dices de veras? En cualquier momento llegan a las manos. De ahí a convertir la bronca en vídeo viral de Youtube solo hay un paso, grabarlo—

—Eso no es gracioso—

—Lo titularía "Lunáticos de los cojones y locas del coño se dan de hostias en plena boda"— no pudo contener la risa, una carcajada incontrolable se le escapó de la boca mientras terminaba de hablar. Akane se asomó desde su silla y la miró confusa, solo había escuchado el final de aquella frase. Temía que su hermana estuviese tramando algo.

—Cielos Nabiki, eso no—

—Cierto Kasumi, un título tan largo es una contraindicación. Mejor algo así como "Una boda de la hostia"—

—Dejemos ese tema ya, por favor. Diviértete de forma menos dañina para el resto— el comentario de la mayor de los Tendo era como el de una madre, correctivo.

—Está bien, ¿Qué me dices de Kuno entonces?— propuso sonriendo con malicia.

—¿Qué le ocurre? Yo le veo normal—

—Yo le veo hecho un esperpento— contestó volviendo a llorar de la risa —¿Has visto el ridículo que está haciendo llevando ese tradicional traje de novio japonés? El muy idiota no se ha hecho a la idea de que perdía a su dulce Akane para siempre hasta que su corazón ha parecido romperse en mil pedazos cuando ante el silencio de todos se ha oído esa frase de "Puedes besar a la novia"—

—No seas cruel, hermanita. Además, ¿Tú no estabas saliendo con él?—

—Claro, algunas veces, pero no es nada serio— no tuvo vergüenza alguna para decirlo —¿Qué hay de malo en que me eche unas risas gracias a él?— definitivamente no pudo más y se echó con los brazos y cabeza sobre la mesa. Golpeaba con un puño la mesa mientras escondía su cara sobre su otro brazo, la risa estaba ganándole la batalla, pero ella estaba encantada con eso.

Esta vez al oír los golpes sobre la mesa no solo Akane volvió a mirarla, un estupefacto Ranma miraba con incredulidad el ataque de risa de su cuñada.

—Alucino con tu hermana—

—Tú también te has pegado una buena panzada a reír antes—

—Es que tienes la cabeza de chorlito— se rio el joven. Akane torció la boca y en un movimiento impulsivo le quitó de la mano a su esposo la croqueta que estaba a punto de meterse en la boca para engullirla ella misma.

—¡Oye!— exclamó fingiendo molestia.

Ella terminó de tragar y le sacó la lengua. Era su respuesta al insulto gratuito que acaba de soltarle. Si a Ranma le molestaba algo era que le arrebatasen la comida. Tantos años peleando con su padre por comida parecía haberle generado un trauma.

—Oigo— contestó burlona.

—Así que esas tenemos, señorita Tendo— alzó las cejas y aflojó la grisácea pajarita que llevaba al cuello de su camisa negra.

—Perdone caballero, creo que se equivoca de persona— ella se limitó a seguirle el juego. —Soy la señorita Saotome—

Ambos empezaron a reírse como si hubiesen escuchado el mejor chiste de la historia. Tal vez a causa del alcohol que habían ingerido durante lo que llevaban de celebración o simplemente porque realmente se sentían compenetrados en ese preciso instante.

Desde la distancia Ukyo, en la ya bautizada como la mesa de los dementes, exhaló un leve suspiro.

La excelente cocinera de okonomiyaki iba ataviada con un espectacular vestido morado adornado con brillantes lentejuelas que mostraba desnuda la totalidad de su espalda hasta pocos metros antes de sus caderas y cubría por completo sus piernas sin mostrar siquiera sus pies. Tenía un marcado escote en forma de pico que subía hasta sus hombros en forma de finísimos tirantes y éstos se cruzaban en el centro de su espalda dibujando así la forma de un rombo en la desnudez de su espalda.

—Tan pronto están a punto de matarse como que entran en un momento tan tierno y dulce que produce diabetes— expresó algo asqueada.

Konatsu que ejercía como acompañante de Ukyo en este importante día vestía unos chinos negros con cinturón y zapatos marrones además de una sencilla camisa blanca. Llevaba el cabello recogido como siempre, en una alta coleta y dejando caer los dos característicos mechones a los costados de su rostro. Su jefa fue firme cuando le propuso ser su acompañante en la boda de su amigo de la infancia, nada de travestirse.

—Señorita Ukyo…—

—Shampoo preferir escenas de odio y peleas—

—¿Y quién no?— preguntó Kodachi uniéndose así a la conversación —Ojalá esta farsa por la cual mi amado Ranma se ha visto obligado a casarse con una pirada a la que no quiere se vaya bien pronto al carajo— fue todo sinceridad.

Al igual que su hermano, Kodachi Kuno había optado por un traje de boda negro acorde a su mote "La Rosa Negra". Al contrario que el de su hermano este era un pomposo y llamativo traje de boda occidental en lugar de uno tradicional japonés.

En cualquier caso no tenía nada que ver con el hermoso traje de boda que llevaba la novia, un sencillo pero precioso traje con cuello en forma de uve unido a unos delgados tirantes y plisado desde el inicio de su cintura hasta la larga cola de éste.

—Por una vez estamos de acuerdo, hermanita— expresó Kuno orgulloso reprimiendo algunas lágrimas. No era esto lo que le conmovía, realmente estaba afligido porque Akane Tendo dejaba de ser una mujer libre. La historia de amor con la que siempre había soñado con ella como coprotagonista junto a la chica de la trenza pelirroja sería solamente eso, un sueño. Se acabó definitivamente.

—Ya está bien muchachos— trató de frenar los sentimientos de profundo odio y rencor Ukyo. —Deberíamos alegrarnos por ellos, son nuestros amigos—

—Akane no ser amiga de Shampoo—

—Pero mía sí— replicó Ryoga

El ambiente volvía a caldearse en aquella mesa, aunque las otras también tenían lo suyo. Que si el viejo Happosai molestando a las damas de aquí para allá, Azusa ejerciendo de cleptómana y poniéndole nombres horrendos a cada cosa que robaba descaradamente, Mikado tratando de ligar con todas y cada una de las chicas jóvenes de mesas contiguas, Gosunkugi tropezándose cada vez que se levantaba de la mesa, Hirosi y Daisuke tirándole fichas a Yuka y Sayuri… vamos básicamente, la misma historia de siempre.

Restando los pequeños cambios producidos durante la madurez de los más jóvenes en este tiempo no narrado prácticamente todo seguía como aquella vez que trataron de casar de forma express a Ranma y Akane, con la única diferencia de que en esta ocasión la boda si pudo celebrarse.


De la sala del dojo procedía música pachanguera a un altísimo volumen que todos los invitados parecían estar disfrutando, incluso los camareros y resto de empleados contratados para el servicio de catering y extras estaban marcándose unos bailes.

Akane aprovechó los segundos en blanco de las pistas al cambiar de canción para escabullirse entre la multitud y salir al jardín. Allí también se escuchaba la altísima música, pero podía descansar y tomar el aire, le hacía falta. Llevaba bailando o al menos intentándolo, con montones de amigos y conocidos. Todos querían bailar con ella aquel día. Faltaría más, era uno de los protagonistas de la boda.

No se percató pero tras ella, Ranma que la llevaba observándola disimuladamente todo el rato en la zona de baile, salió también al jardín.

—¿Te encuentras bien?—

A ella le pilló por sorpresa y se giró llevándose las manos al pecho tras un leve respingo.

—Me has asustado—

—Parece que te has pasado con el vino— rio el chico restándole importancia.

—Tal vez— dijo ella sonriéndole de forma pícara.

—Vamos Akane, no pienso caer en ese tipo de broma. Estás hablando con el que las ha inventado en esta relación—

Otra vez más ambos se encontraban riendo. Aprovechando la tranquilidad que había entre los dos en aquel momento, volvió a intentar averiguar.

—Ahora en serio, ¿Estás bien?—

Akane asintió con la cabeza. Se giró dándole la espalda al muchacho y dio unos cuantos pasos.

—Aunque podría estar mejor—

Ranma creyó entender que se refería a que estar casados no le hacía ninguna gracia. Era el primero en entender la situación al tratarse del otro afectado por este matrimonio concertado y forzoso, pero le dolía pensar que pese a no ser su culpa, estaba cortando las alas y la libertad a la que hasta el día de hoy fue su prometida. Bajó la mirada y quiso hablar cuando ella se adelantó.

—Me apetece dar un paseo—

—¿A eso te refieres con que podría estar mejor?—

—Claro, ¿Qué otra cosa que no fuera huir un rato de este lugar podría mejorar este momento?—

Por fin entendió a la chica, se sentía agobiada por la situación. Él también estaba agotado a causa de tanta formalidad, fingir buenas caras y pasar vergüenza ante todos. La contestación que Akane dio le hizo remontar el ánimo que tan solo segundos atrás su otra frase le había hecho perder. No le hacía gracia ser el opresor, una cárcel, un saqueador de libertades, aquel que anulase la voluntad de ella al estar casados y que la prohibiera estar junto a alguien a quien amase de verdad. No era su culpa pero se odiaba a si mismo por no poder evitarlo.

—¿A qué esperas?— espetó la muchacha sin girarse sacándole bruscamente de sus cavilaciones.

—No te entiendo—

—¿No vas a tomar de la mano a tu preciosa mujer para dar un paseo junto a ella?— preguntó de forma coqueta volteándose para encararse al chico.

—Eso de preciosa es discutible—

Ahí estaba de nuevo, para el muchacho parecía no haber tregua ni el día de su propia boda. La rabia e impotencia que sentía al estar a su lado sin poder defenderla de su forzosa boda le hizo reaccionar de esta manera. Atacó sutilmente a la novia con este comentario, aunque en realidad no podía dejar de mirarla. Estaba demasiado hermosa aquella noche, la palabra preciosa se quedaba corta para lo que le transmitía verla envuelta en aquel bonito vestido blanco que hacía juego con su delicada y nívea piel. Ese día, ella vestida así para él. Su imagen estaba comenzando a quedarse grabada a fuego en el corazón del joven.

—Pues discutámoslo de camino—

Menudo corte le metió Akane con tal comentario. No entró en la pelea, abordó el comentario molesto de su marido y lo utilizó para seguir adelante con su plan de dar una vuelta.

—¿O tal vez no quieres?—

—No, no es eso— negó él —Es sólo que seguro que nuestros padres e invitados se enfadarán si desaparecemos mucho rato sin previo aviso—

—Pues que se enfaden cuanto quieran. ¿Desde cuándo te importa si se enfadan o no?—

—Tienes razón— las palabras de la chica convencieron a Ranma ¿Cuándo le había importado lo más mínimo que enfadasen o no con él sus padres? Claro estaba que Nodoka cada vez que desenfundaba la katana le hacía pasarlo mal, pero estaba seguro de que por un acto como este su madre jamás le amenazaría con la dichosa espada que tantos sustos y malos sueños le había hecho tener desde que se reencontraron siendo él ya un adolescente.

Se acercó a ella y antes de cogerla de la mano se paró y alzó una ceja con gesto cortés en su rostro —¿Me permite, señorita?—

Akane profirió una breve pero traviesa risa —¿Y si después de todo al final digo que no me apetece?—

Él la miró fingiendo incredulidad, sabía que estaba bromeando —Me vería obligado a tomarla en brazos en contra de su voluntad y llevarla a un lugar lejano para regresar paseando hasta aquí—

Y una vez más rieron con complicidad. Les comenzaba a resultar la mar de divertido bromear de esta forma. Tal vez su relación no tenía que alimentarse sólo a base de peleas y comentarios dañinos, este tipo de conversación cómica se les antojaba interesante.

Akane movió su mano hasta capturar la del joven de la trenza y ninguno de los dos pudo camuflar la feliz sonrisa que se dibujó en sendos rostros. El rubor apareció tímidamente en las mejillas de ambos pero no se miraron y comenzaron a caminar rodeando primeramente la sala del dojo yendo lo más pegado posibles a los muros que delimitaban la parcela de la residencia Tendo con la calle.

Tras unos minutos caminando en silencio y ya algo más tranquilos retomaron la charla.

—Qué alivio supone que esté a punto de acabarse el día—

—Demasiada fe tienes tú— respondió la chica.

—¿Por qué lo dices?—

—¿Alguna vez has estado en una boda occidental?—

—No—

—Pues ya te adelanto que a esto le pueden quedar largas horas por delante— suspiró exhausta al pensar que tendría que aguantar más rato con aquellos zapatos de tacón puestos. Estaban destrozándole los pies.

—¿Para qué tanta fiesta? Ya nos casaron, no pueden hacer una fiesta eterna. Por mí que se vayan todos ya a sus casas—

—Te equivocas de nuevo— ella rio tímidamente —Creo que algunos invitados se quedarán incluso a dormir—

—¿Y dónde lo harán, en el dojo?— Ranma no se lo podía creer. ¿De verdad podrían alargar la fiesta hasta el día siguiente?

—No sé muy bien cuáles son los planes para lo que resta de boda, pero muy a nuestro pesar me temo que mañana tendremos que seguir fingiendo caras felices y reprimiendo ganas de matar a gente inoportuna—

Ranma resopló hastiado. Quería que todo acabase ya, dejar ese día atrás y poder pensar con claridad cómo sería desde ahora el futuro para ambos.

—Quiero irme a dormir, estoy cansado—

—Yo también, no soporto más estos dolorosos zapatos con tacón. Son un infier…—

Akane no pudo terminar lo que estaba diciendo porque Ranma tapó su boca con una mano. Ésta le miró y trató de regañarle enfadada pero el chico pidió silencio chistando.

—Calla y mira allí— susurró señalando un rincón más cercano a la casa que al mismo dojo. Quitó su mano de la boca de la muchacha para que pudiese hablar y dejase de moverse intranquila por la incomodidad que le suponía tener la boca cubierta.

En aquel lugar señalado se encontraba de espaldas Kasumi, ésta lucía un corto y sencillo vestido de color verde manzana que tanto ella como Nabiki habían comprado previamente para ir de igual forma vestidas tipo damas de honor. Las mangas de este llegaban hasta la mitad de sus antebrazos, un fino cinturón negro adornaba su cintura y la falda plisada llegaba hasta algo más arriba de sus rodillas.

Frente a la mayor de los Tendo se encontraba alguien más. La oscuridad no permitía distinguir el rostro de aquella persona, era algo más alta que ella. Parecía un hombre.

—Kasumi...— musitó Akane

—Y el doctor Tofu— añadió Ranma cuando terminó de escrutar la figura de la otra persona.

—¿Cómo has sido capaz de averiguarlo?—

—No, la pregunta es ¿Por qué no eres capaz de verlo tú también?—

—¡Es imposible, no se ve absolutamente nada!— se defendió ella. Pero realmente tenía razón estaba tan oscuro que una persona normal jamás identificaría aquel borrón oscuro que parecía la figura de otra persona. Ranma volvió a llamar la atención a la chica para que bajase el tono. Si querían observar aquella escena sin ser descubiertos no debían hacer ruido.

—Lo siento—

—Te has pasado con el alcohol, borracha. Cualquier artista marcial que tuviese sus sentidos al cien por cien podría adivinar quién es aquella otra persona— el chico parecía haber realizado un máster en la universidad sobre cómo y cuándo humillar e insultar a su pareja, tenía el don para hacerlo en los mejores y peores momentos.

Akane fue a replicar cuando el movimiento de su hermana mayor la distrajo de todo. Kasumi se puso de puntillas frente a aquella persona que la aferró fuertemente con un abrazo acto seguido. A causa de la oscuridad no podían verlo con claridad, pero parecía un beso.

Ambos se quedaron sin palabras, sabían que últimamente Kasumi salía algo más que tiempo atrás pero jamás imaginaron que podría estar manteniendo en secreto una relación con el médico de la familia. No había síntoma alguno en su comportamiento pues no le mencionaba de más, no se mostraba tan emocional frente a películas o temas románticos como cuando estás enamorado o en una relación. Fue toda una perfecta actriz ocultando sus sentimientos y vivencias a los demás habitantes de la casa.

—¡Hostia!— exclamó totalmente asombrado Ranma. En cuanto se dio cuenta de su reacción tapó a toda prisa su propia boca. Tenía la sensación de haber hablado demasiado alto.

Akane tragó saliva asimilando así la sorpresa y sonrió cariñosamente. Quería que su hermana fuera feliz y hacía mucho tiempo que deseaba que el doctor tuviese el valor de confesarle aquello que todo Nerima sabía; se encontraba loca y perdidamente enamorado de ella.

Ranma se giró y tiró de la mano de Akane para volver por donde habían venido. Quería dejar a aquella pareja la intimidad que él siempre había deseado que respetaran los demás.

—Se acabó, no pintamos nada más aquí—

Akane asintió con la cabeza y comenzaron a caminar sobre sus pasos recorriendo a la inversa el camino que les llevó hasta aquella inesperada escena romántica.

—¡Caray no hubiera esperado encontrarme algo así paseando!— exclamó Akane cuando se habían alejado ya un trecho del lugar donde estaba la pareja. Acarició su propio rostro con su mano libre todavía algo asombrada por lo que había visto.

—Creo que las hermanas Tendo os habéis pasado con el alcohol— Nuevamente el joven Saotome hizo mención a la bebida. A pesar de que Nabiki si bebía de vez en cuando, tanto Kasumi como Akane no bebían nunca. Hoy al tratarse de un día y celebración especial, hicieron el esfuerzo. Puede que incluso bebieran un pelín de más.

—¡Jo, tonto, basta ya!— replicó con un mohín digno de un crío de primaria mientras soltaba la mano del chico para cruzarse de brazos en señal de indignación.

Ranma volvió a reír a carcajadas, se lo estaba pasando en grande chinchando a la chica con el tema del alcohol. Aunque realmente el que había bebido más era él. A pesar de ello el efecto sería menor dada la cantidad de comida que ingirió. Ranma no dejó pasar la oportunidad de ponerse ciego a comida, total era su boda, técnicamente podía hacer casi lo que quisiera.

El joven miró a todos lados para cerciorarse de que nadie deambulaba como ellos por aquella zona del jardín, tragó duro, se ruborizó levemente y abrazó sin dudar mucho más por la espalda a la chica, que seguía parada cruzando los brazos a la espera de una disculpa.

Ella abrió los ojos de par en par y giró ligeramente su rostro para ver qué ocurría al sentir el fuerte pecho del muchacho sobre su espalda atrayéndola hacia él con aquel abrazo inesperado.

—¿Qué haces, idiota?— preguntó con una mezcla de enfado y confusión.

—Tonta— se limitó a contestar risueño y acercando sus labios a la oreja de la chica.

—Te voy a matar—

—Qué poco femenina eres, carajo— dijo soltándola de forma brusca rompiendo la tierna escena que estaban empezando a protagonizar —Solo pretendía pedirte disculpas—

Akane se giró para toparse frente a él y su mirada asesina caló a través de los azulones ojos del chico. Él se estremeció, esa mirada cargada de rabia y enfado era una de las cosas que más temía.

—¿Desde cuándo pides disculpas de esa forma?—

—Creo que lo acabo de poner de moda— trató bromear para evitar una mortal paliza de su mujer. Si no detenía su enfado a tiempo mañana aparecería su foto con la cara hecha un cristo como portada de los periódicos con el titular "Hombre muere por abrazar a su mujer para pedirle perdón". Daría puta pena, todo el mundo se reiría de su muerte.

—Idiota— se acercó peligrosa y decididamente al chico —Tú sí que estás borracho— espetó devolviéndole la dichosa broma que llevaba toda la noche haciéndole él.

—Puede, no entiendo si no cómo leches puedes parecerme tan jodidamente atractiva e irresistible esta noche—

¡Señor, que alguien ayude a este chico, menudo bocazas! Corrió a taparse la boca pero eso no sirvió para que Akane no viera como su cara se teñía de rojo por completo. Parecía el más rojo de los tomates que jamás habían visto. Deseaba que el suelo se dividiese en dos y la tierra le tragase. Estaba pasando la mayor vergüenza de su vida.

—Confirmamos, vas sobradito de alcohol en tus venas— afirmó Akane que comenzaba reír sin remedio ante la expresión avergonzada del muchacho. El ridículo que hizo Ranma distrajo a la chica y olvidó rápido el enfado que llevaba encima segundos antes.

—Volvamos para adentro, empiezo a tener frío— ordenó mientras Ranma solo asintió mirando el suelo.

Fue sorprendido por la chica cuando ésta le tomó de la mano y se recostó sobre su hombro. Fueron así, tranquilos y en silencio hasta llegar cerca de la entrada del dojo, donde la música se escuchaba altísima, la fiesta no había cesado lo más mínimo.

—¿No me vas a soltar para entrar?— preguntó extrañado al ver que ella seguía agarrada a él.

—No, puesto que ya no hay marcha atrás en referencia a mi estado civil, quiero aprovechar para que todas las locas que estaban en la mesa de los lunáticos recuerden que ahora eres mí esposo— dijo con firmeza. Sabía que habían estado hablando de ellos dos durante la cena así que no perdería la oportunidad de hacerlas morir de celos. Ahora Ranma era su marido, su compañero en el camino de la vida… Era suyo.

Ranma la miró incrédulo, nunca hubiera esperado que Akane dijese algo así, sabía que se ponía celosa cuando el resto de sus ahora ex prometidas le asaltaban pero de ahí a decir algo como lo que había dicho había un mundo; bueno, uno o dos. No se opuso a su petición, total, empezaba a gustarle poder estar cerca de ella sin buscar excusa. Si ella hacía por donde para que estuvieran cerca él se ahorraba tener que darle falsas explicaciones acerca de su comportamiento con ella. Salía ganando.

Tomaron rumbo a la entrada del dojo y se dispusieron a entrar, fueron hacia dentro, no se lo pensaron dos veces.

Los novios aparecieron juntos, de la mano y aparentemente muy acaramelados. Todos y cada uno de los invitados dejó aquello que estaba haciendo, dejaron de comer, bailar, reír y charlar para contemplar aquella imagen que parecía sacada de la boda de un príncipe y una princesa en un cuento de hadas.

Los aplausos no se hicieron esperar.


¡Hola de nuevo a todos!

Gracias por vuestras primeras reviews tras el primer capítulo de este fic. Me ha hecho muchísima ilusión que hayáis visto mi intención de tratar de mantener los caracteres de los personajes lo más fieles posible a sus personalidades del manga y el anime.

Tenía este capítulo en mente y no quería perder la oportunidad de publicarlo lo antes posible. No sé cuándo traeré el próximo porque esta actualización ha sido muy precipitada, y express, pero no podía dejar de escribir… ¡Me está encantando redactar esta historia!

Por otra parte decir que me cuesta horrores saber cuándo debo dar más o menos detalles como los de la vestimenta de los personajes… espero aprender poco a poco. Por lo demás decir que lo he gozado redactando las bromas de Nabiki. Es uno de los mejores personajes de Ranma ½. Y qué decir de Ryoga y su traje… Lo tenía tan en mente… Yo no soy fan de Ryoga pero lo veía tan bien en mi cabeza que se me hacía la boca agua imaginándomelo. Y creo que Shampoo lucía también increíble, regalito para los chicos y chicas a quienes guste la amazona :P

¡Os dejo ya, espero que hayáis disfrutado de este capítulo tanto como yo!

Nos vemos prontito.

Un abrazo.