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CAPÍTULO 1. LA ÚLTIMA ALTERNATIVA.

-¿Signos vitales?

-Estables.

-¿Hace cuanto tiempo está así?

-En cuanto la trajeron a quirófano Farlan fue a buscarte.

Levi hablaba con Nanaba, una de sus colegas y subordinadas de trabajo. En ese momento Nanaba monitoreaba los signos vitales de Isabel, Farlan estaba al costado de Levi ambos jadeando por haber corrido y también estaban Petra y Eren, ambos practicantes que le fueron asignados.

-¿Y el tumor? –Preguntó Levi con preocupación.

-Mike trae las placas, ya viene en camino –contestó Nanaba.

-¡No hay tiempo que perder! ¡Alcánzalo y tráelo! –Le ordenó a Farlan, quien de solo escuchar la orden salió corriendo.

Acarició la cabeza de Isabel que estaba entubada. Isabel era un pequeño mono que, al igual que su esposa, tenía un tumor cancerígeno en el cerebro. A través del animal hacía sus investigaciones oncológicas para probarlas y después llevarlas a la práctica con su esposa. Pero por más esfuerzos que hacía, el tumor y el cáncer no retrocedían. Unos minutos después Farlan abrió la puerta.

-Ya está aquí.

Levi salió disparado de ahí. Nanaba dio unas instrucciones a Eren y salió acompañada de Petra. Sin perder el tiempo Mike puso las placas en la pared a contraluz blanca para observarlas a la perfección. De solo mirarlas, el pelinegro soltó una rabieta y golpeó el escritorio.

-¡Maldita sea! ¡El maldito tumor creció! –Salió de esa sala hacia la contigua.

Esa sala era un pequeño laboratorio experimental. Se sentó en el suelo, con las piernas ligeramente flexionadas solo para apoyar los antebrazos sobre las rodillas. Maldecía en silencio. Levantó la vista y su mirada grisácea quedó cautivada con la suave luz de una lámpara. Por ver directamente la luz, su mente le fue mostrando un árbol. Entonces tuvo una visión:

Era un gran cielo de tonos amarillos y cafés, donde las estrellas parecían haberse quedado en completa calma. En medio de ese hermoso cielo, había un hombre calvo y vestido en túnica café. Él estaba encerrado en una esfera donde en el medio había un árbol moribundo. Se acercó a la corteza del árbol y le susurró:

-Ya falta poco. Perdóname. Tomaré algo de ti.

La piel rugosa del árbol se erizó. El hombre tomó un pequeño pedazo de la corteza del árbol y lo llevó a su boca. Después de ingerirlo, hizo una pequeña fogata y comenzó a hacer una mezcla de roca, tierra y su saliva con fragmentos desintegrados de la corteza.

Su conciencia regresó a la realidad. Recordó que hacía unos días, habían traído una pequeña caja con un trozo de corteza de un árbol desconocido de Centroamérica, único ejemplar del mundo. Para los nativos era un árbol sagrado, que tenía propiedades mágicas curativas: cualquiera que lo ingiriera quedaba curado de sus enfermedades. Para él era mera fantasía. Pero ya estaba cansado de experimentar con la medicina y la ciencia, y esa corteza era la última de sus alternativas. El resto de sus colegas ya habían entrado al laboratorio experimental.

-¿Dónde está esa porquería de Centroamérica? –Se puso en pie.

-Lo tengo guardado bajo llave –contestó Farlan y de inmediato lo sacó, tendiéndoselo al pelinegro quien leyó a detenimiento las propiedades que estaban etiquetadas en la cápsula.

-¿Qué piensas hacer? –Preguntó Nanaba.

-Creo que puede adaptarse –Levi al decir esto, todos abrieron los ojos. Miró fijamente a Mike ¿Cuánto tiempo te tomaría hacer el compuesto?

-Unas cuatro horas –respondió Mike.

-Mantengan estable a Isabel –ordenó el oncólogo.

-¡Pero doctor Levi! –Protestó Petra- ¡No está aprobado por el doctor Erwin!

Levi le miró con profunda molestia. No tenía paciencia para nadie y tampoco tenía tiempo para discutir, menos con una practicante. –Escúchame Petra tienes dos opciones: obedeces o sales de esta habitación para siempre.

La chica tembló pero permaneció en la sala. Levi regresó la mirada a sus colegas veteranos.

-Lo haremos. Mike haz la mezcla y Farlan apóyale, los practicantes que también muevan su trasero en eso. Nanaba tú yo mantendremos estable a Isabel. Tiene que funcionar.

Después de varias horas en que crearon y estuvieron aplicando el compuesto en la pequeña mono, Levi salió agotado del quirófano. Con lo ocurrido ya sumaba un día más sin asearse. Aunque su mujer estaba en fase terminal él no se quedaba con los brazos cruzados. No aceptaba la idea de una vida sin Hanji, su esposa. Después de volverse a lavar las manos quiso ponerse de nuevo su argolla matrimonial. Pero no estaba donde la había dejado. Comenzó a buscarla en los alrededores de los lavabos. Sus compañeros entraron para también asearse las manos.

-¿Qué pasa Levi? –Preguntó Mike algo extrañado.

-Mi argolla, no la encuentro.

Todos comenzaron a ayudarle a buscar la argolla matrimonial. No podía haber desaparecido sin más.