¡Hola!~ aquí de nuevo con la segunda y anteúltima parte, ¡me entusiasmaron con sus comentarios, muchas gracias a todas las personitas hermosas que se tomaron su tiempo para dedicarme unas palabras! Tal vez piensen que nunca los leemos, o que simplemente no importa si comentan o no, pero al menos a mí sepan que me hacen estúpidamente feliz, así que ¡sigan así~! (?)
No, ya en serio, me hacen muy feliz, gracias eternas
Logré que al final cupiera en tres partes, así que aquí les dejo la segunda y aviso que la tercera se tardará un poquito más, espero que lo disfruten como yo y nos leemos más abajo~
Una exclamación de sorpresa brota de su garganta, la verdad es que sin ánimos de exagerar puede sentir que sus ojos han ascendido a una clase de vista suprema, tan excelsa, el paisaje que le rodea está más allá de este mundo. La inmensa cantidad de vegetación y montañas que envuelven el edificio de las aguas termales son sencillamente, sublimes. ¿Cómo pudo haber pasado tantos años sin conocer esta octava maravilla? De sólo mirarla Naruto puede sentir cómo su cuerpo se relaja, se siente como en un hogar en el que no ha puesto pie en años pero que aun así le recibe con los brazos abiertos y una taza de té. Con su pequeño bolso al hombro se adentra por la puerta principal llegando a visualizar una figura detrás de un mostrador.
—¡Bienvenido a Konoha! —Saluda enseguida la figura con jovial voz— ¿en qué puedo ayudarle?
—Mi nombre es Uzumaki Naruto, vengo de parte de la abuela Tsunade para ayudarlos a ustedes.
El entusiasta hombre de larguísimo pelo ensancha su sonrisa. —¡Naruto! Encantado de conocerte, mi nombre es Hashirama Senju, siéntete libre de llamarme como gustes. ¿Tuviste problemas para llegar?
—Para nada, la gente fue muy amable en darme indicaciones. Además de que… bueno, no es algo muy difícil de encontrar.
Y es que ciertamente aquel establecimiento es gigante. Realmente gigante. Colosal. Como un viejo palacio samurái de las películas de acción. Es perfecto, tanto que Naruto no sabe qué fuerza mayor le está ayudando a contener la exaltación por tal magnífica arquitectura.
La limpia risa de Hashirama le devuelve un instante a la realidad —Muy bien, muy bien, eso es algo bueno. Puedes dar una vuelta por el lugar si gustas, o si tal vez llegas muy cansado del viaje puedo mostrarte tu habitación para que descanses un poco.
—Oh no, no estoy cansado, tengo mucha juventud todavía sabes abuelo. Este lugar es increíble, me gustaría verlo un poco más a fondo, también preguntar exactamente con qué necesitan ayuda.
—Claro, qué torpe. Verás, en este momento nuestros empleados originales tuvieron que cubrir un muy importante evento en otra de nuestras ramas, por lo que quedamos cortos de personal. Ellos regresarán en dos semanas así que por el momento tendremos que cubrir el servicio a las habitaciones y el aseo del lugar. De todas formas, ya conseguimos a otro voluntario, así que no será algo tan pesado. Te prometo una semana de estadía gratuita con todo incluido cuando terminemos.
Naruto sonríe contagiado por el carisma de aquel hombre. La idea le suena maravillosa, sólo un poco de atención y limpieza por un par de días y se garantiza una semana entera de vacaciones en ese lugar paradisíaco. Oh, su abuela sí que había hecho un gran trato esta vez. Sin mencionar que con la ayuda de otra persona menor sería la carga inclusive.
—Suena excelente por mí, ¡tienes mi persona a tu servicio!
—Hashirama, Izuna está al teléfono, dice que necesita preguntarte algo sobre el evento.
Otro hombre aparece del pasillo a espaldas de Hashirama, vestido con el mismo yukata azul y el larguísimo pelo negro recogido en una coleta alta. Su cara es ligeramente más intimidante que la del jovial hombre.
—Ah, voy. Madara, este es Naruto, el nieto de Tsunade que vino a ayudarnos. ¿Te molestaría mostrarle un poco el lugar?
—Claro.
Naruto sigue la espalda de Senju hasta que desaparece antes de enfrentar al nuevo hombre. —Mucho gusto, soy Uzumaki Naruto, gracias por recibirme.
—Uchiha Madara, puedes preguntarme si no entiendes algo. Así que tú eres el famoso nieto de Tsunade —dice con una pequeña sonrisa—, ¿cómo están ella y Jiraiya?
—Con la nariz metida en estudios muy raros, como siempre. Oí por parte de mi abuelo que piensan tener una segunda luna de miel el mes entrante.
Naruto responde con su cara sonriente a pesar de que el nombre que acaba de escuchar le suena por algo, y el no recordar por qué le inquieta un poco. Madara responde con lo que interpreta como una broma y entablan una pequeña charla mientras comienzan a recorrer el lugar. No obstante, mientras oye y aprende la ubicación de la cocina, los baños y las habitaciones, el pequeño Uzumaki trata de conectar las neuronas que maquinaban a toda fuerza por descifrar la extraña sensación en su cabeza. Para cuando llegan a la parte del jardín trasero, el que tiene la vista más hermosa, perfecta y magistral de todas las montañas y su vegetación, parece recordarlo.
—Uchiha Madara.
—Si prefieres puedes llamarme por mi nombre.
—Uchiha…
—O por mi apellido, como quieras.
Madara eleva una ceja a la tercera vez que repite su nombre pensando que tal vez el aire de las montañas le ha ahogado las neuronas, pues por la cara con la que le mira no deja muchas más opciones. —¿Te encuentras bien?
Oh por dios. Bate su cabeza rápidamente para no quedar como un idiota, aunque eso no mejora la imagen que está dejando en el hombre.
—Sí, sí, lo siento mucho. Es que recordé a alguien con un apellido similar —Igual. La palabra que Naruto busca es igual.
Sin embargo, no es posible que fuesen familiares, es decir, este hombre es legalmente familia suya ¿o no? Aunque tuvieran apellidos diferentes es seguro el otro tío del que Tsunade habló, Hashirama tenía el mismo apellido y ella había dicho "mis tíos", por lo que si era familia suya no podía tener nada que ver con aquel conejo de ojos rojos.
¿Cierto?
—Debiste de tener una muy buena impresión para recordarla de esa manera —bromea Madara.
Se limita a reír un poco antes de olvidar el mundo una vez que centra su mirada en el paisaje, puede jurar que el aire se acaba de esfumar de sus pulmones. Una anormal sensación de nostalgia le inunda cada átomo del cuerpo, tanto como para sentir que sus ojos pican antes de amenazar con humedecerse. Naruto culpa al viento de la altura, sin embargo, todo aquello le provoca sensaciones tan anormalmente familiares, el eco de la naturaleza, el lejano sonido de una cascada fluyendo y hasta aquel distante trillar de aves que surcan sobre sus cabezas. Por ese momento no lo notó, pero la sonrisa de Madara daba la impresión de comprenderlo, como si a él le hubiese sucedido exactamente lo mismo la primera vez que estuvo allí.
Pierden la noción del tiempo observando lo que para Naruto es sin duda alguna la octava maravilla del mundo, él ofrece una pequeña disculpa por haberse parado tan de repente, pero el hombre le tranquiliza diciendo que es el efecto que causa en todos, usa de ejemplo a su propio nieto quien hasta afirma haberlo visto lagrimear. Finalmente retoman el recorrido y finalizan en el pasillo cerca de las habitaciones, un par de personas saludaron mientras caminaban por allí, también visualiza nuevamente a Hashirama con un teléfono pegado al oído y una cara muy graciosa.
—Es increíble, ¿cómo lograron construir este lugar tan asombroso? esto es sencillamente… tan perfecto —los celestes ojos brillan tratando de acaparar la mayor porción de arquitectura que puede, la única palabra que se tatúa en su cerebro para describirlo es perfecto. Madara le sonríe amplio en silencio, no cree que aquella pregunta busque una respuesta.
—Eres bienvenido siempre que quieras venir, después de todo somos familia. No creo que Hashirama o Tobirama tengan problema con eso.
—¿Tobirama?
—Es el hermano de Hashirama, tiene una cara muy seria pero sólo es un gran bebé, se llevarán bien en cuanto se conozcan.
—Ah, disculpa, pero creo que me perdí de algo, ¿tú no eres mi otro tío?
Naruto pregunta con una genuina mueca de desconcierto, sin embargo, el hombre frente a él sonríe. —Sí, legalmente lo soy, pero no por sangre. Senju Tobirama es el otro tío de Tsunade.
Antes de que la boca de Naruto volviera a abrirse, Madara eleva su mano izquierda mostrando un anillo en su dedo anular y es todo lo que hace falta para esclarecer la duda no musitada. No obstante… el escalofrío que había logrado quitarse un tiempo atrás ahora vuelve con un poco más de violencia. Lo que está entendiendo es que aquel hombre en verdad no comparte su sangre, y su apellido es Uchiha. Uchiha, como en Uchiha Sasuke. Muy bien, calmados, tal vez es sólo una horrible coincidencia, sí, sí, porque esas cosas son muy probables ¿cierto? Aquel es un apellido sumamente común, las posibilidades de que tenga conexión con aquel conejo de ojos rojos es prácticamente nula. Una persona que había visto sólo dos veces en su vida y había logrado caerle tan mal no podía cruzarse de esta manera tan poco deseable en su camino otra vez.
—¿Estás sorprendido?
Naruto se apresura, dándose cuenta del tiempo que ha permanecido callado —¡No, para nada! Yo sólo… volví a pensar en esa persona y…
—Ya veo, asumí que no te caía bien por tu reacción de antes, pero parece que es todo lo contrario si ocupa tu cabeza con tanta frecuencia —bromea él ante la cara de horror del chico.
—No podrías estar más equivocado viejo, esa persona es terrible. Tiene un carácter horrible y altanero, cada vez que abre la boca sabes que va a decir algo que te hará golpearlo.
Madara ríe, encontrando aquella descripción bastante precisa a un cierto alguien de su propia familia.
—Lo que menos deseo en el mundo es volver a cruzármela.
Ah, gran e inocente Naruto. Sus palabras jamás habían tenido el efecto de atracción universal tan proporcionalmente inverso como en ese preciso instante. Ese ínfimo segundo en el que la tercera puerta a su izquierda se abrió, con un peculiar pelo puntiagudo asomando por ella a la par de una reconocida voz. La persona tarda en encontrar su mirada, pero una vez que lo hace sus cuerdas vocales quedan frenadas, con la cara de espanto fusionada con desconcierto más grandiosa que Madara alguna vez haya visto. Es tanto así que la carcajada que rompe el ambiente no es otra sino la suya.
Atraído por el repentino espectáculo, Hashirama se aproxima curioso. Madara agarra su estómago con una limpia risa atestando los oídos, mientras que entre Naruto y Sasuke se lleva una competencia por ver quién de los dos tiene la cara más horrorizada. Si se le permitía participar, Hashirama apostaba por Sasuke.
—¿Qué sucede aquí?
—¡Eso es lo que me gustaría saber! ¿qué diablos hace él aquí?
Sasuke busca a Madara exigiendo una respuesta, pero en el tentado estado que se encuentra halla un poco difícil que pueda responderle algo coherente. Hashirama alza una ceja como quien acaba de descubrir una curiosidad bastante entretenida.
—¿Se conocen?
La respuesta llega al unísono, ambos se apresuran en gritar que no. Pero el horror en sus caras es delator, tanto así que le produce unas ganas irrefrenables de picarlos un poco.
—¿Oh? ¡Pues entonces déjenme presentarlos! Naruto él es Sasuke, el nieto de Madara, tiene una cara poco amigable, pero es una buena persona puedes preguntarle si no entiendes algo —Hashirama siente un reclamo, pero decide ignorarlo—. Sasuke, este de aquí es Naruto el nieto de Tsunade, va a ayudarnos hasta que llegue el resto del personal. Es su primera vez aquí así que estás a cargo de explicarle y ayudarle en todo lo que necesite.
Sasuke suelta un bufido y se sacude la mano apoyada sobre su hombro. —Yo no recuerdo haberme vuelto niñera para tener que andar cuidando de un bebé.
—¿Oh? —La cara de Naruto se frunce en una horrible y pandillera mueca pensando en gráciles insultos incapaces de farfullar frente a los testigos—Pues veo que has robado mi línea, no necesito que un niñito miedoso esté detrás de mí sabes, podrías llorar si te pierdes por ahí.
—Tienes una lengua que acompaña a tu cara de idiota, ¿eh? Conozco este lugar como la palma de mi mano, rogarás por mi ayuda cuando tú estés perdido en el bosque y muriendo de hambre, estúpido.
—Mordería mi lengua para comerla antes de pedirte ayuda con algo, imbécil.
Ambos sienten la corriente eléctrica emanada únicamente por sus ojos, dos expresiones rudas e implacables que no muestran signos de aplacarse ante el otro. A sus espaldas los dos adultos les miran con suma diversión, y aunque el ataque de risa de Madara ha parado no quita de su cara una jocosa sonrisa. En secreto comparte una mirada cómplice con Hashirama quien ensancha su sonrisa, parecen saber qué se están comunicando sin necesidad de palabras.
—Bueno, bueno, parece para mí que se llevarán excelente ¿no lo crees así, Hashirama? Es una fortuna que aparecieras Sasuke, pensaba mostrarle su habitación, pero ya que estás aquí podrás hacerlo tú, después de todo es la conjunta a la tuya.
—¿¡Qué?!
El claro ronquido de risa opacada en la garganta de Hashirama le obliga a dar la espalda y ocultarse tras Madara. Es la primera vez en muchos años que ve a Sasuke perder la compostura tan rápidamente con una persona que no es Itachi y se le resulta imposible no reírse de él. Sobre todo, porque es obvio que Madara está burlándose de ellos también, la habitación original de Naruto en realidad estaba casi en otra ala del establecimiento, que casualmente se decidiera que ahora estarían juntos no es una eventualidad.
Tanto Naruto como Sasuke rugen, dan la impresión de estar en llamas. Es el de pelo negro quien chasquea la lengua con suma molestia y camina enfadado sin decir palabra, Naruto le echa una mirada que dice que ya está hasta el tope de él y sólo lo ha visto cinco minutos, pero le sigue con su bolso al hombro. No puede creerlo, por todos los santos y dioses jura que no puede creerlo. De todos los lugares, de todos los universos posibles, tenía que ser él. El estúpido, irritante, soberbio, antisocial y antipático Uchiha Sasuke. ¿Cuántas eran las posibilidades? Descubrir que tiene unas aguas termales como negocio familiar lejano que en sus veintiún años de vida jamás oyó, y saber que lo comparte de una u otra manera con la única persona que su persona se reconoce a detestar imperiosamente. Definitivamente, muy pocas.
Pero mientras para él y para aquel que le está guiando sin muchas ganas el camino hacia su habitación la opinión es la misma, detrás los hombres más adultos se regodean.
—¿Cuánto tiempo crees que les tome?
—Estando aquí no les doy más de ocho, no… nueve días.
—Oh, pareces bastante seguro Madara, ¿quieres hacer una apuesta? Si lo logran después, debes preparar mis comidas por toda una semana.
—Me parece bien, pero si yo gano entonces tú vas a comprarme una caja entera de sake, del bueno, nada de escatimar en gastos.
—Hecho. Que comience el juego.
Ah, parece ser que el asunto de las apuestas por parte de Tsunade es un tema familiar.
Así, mientras el matrimonio se deleita con el futuro premio que recibirán en caso de ser ganadores, la pareja más joven llega a las habitaciones. Enormes puertas Shôji capturan la mirada de Naruto, quien decide olvidar su furia momentánea para admirar su belleza. Jamás dejará de vanagloriar la arquitectura japonesa tradicional, su magia simplemente le atrapaba por completo en el instante que posaba sus ojos en ella. Sasuke desliza la puerta para descubrir una habitación verdaderamente amplia con un decorado sutil, pero de muy buen gusto, la pintura cálida y un enorme ventanal le dan un aspecto íntimo y acogedor.
—Esta será tu habitación, el baño está al final del pasillo y la cocina en el primer piso. Tienes que cambiarte de ropa así que voy a buscarte algo de tu talla. La habitación de al lado está embrujada así que no te acerques o podrías morir.
Pese al último comentario que claramente es una advertencia para que no se acerque a su propio cuarto, Naruto sigue embelesado por el diseño y decide ignorarlo. Aunque más que el diseño, es la vista que le recibe del otro lado del ventanal lo que le tiene sin palabras, de nuevo aquella extraña sensación de angustia y nostalgia está bañándole el pecho y no sabe a qué atribuírselo. Sin saberlo, a sus espaldas Sasuke le mira algo extraño y se va en silencio.
Al llegar el atardecer y con una muda de ropa igual a la de Sasuke, que consiste en un samue azul marino adecuado para las bajas temperaturas que golpeaban por aquella zona, Naruto se esmera por adaptarse a las exigentes rutinas del lugar. Los empleados más antiguos que se han quedado allí son muy amables en explicarle con paciencia cada cosa que Naruto pregunta y también las que no. El proceso de limpieza de los pisos, la hora de las comidas y el servicio a la habitación; cómo tender correctamente los futones, a qué hora son las comidas para los empleados; y una de las señoras más grandes hasta le enseña también a preparar el té. Naruto pregunta si eso es algo que se debe hacer para los hospedados, pero ella sonríe y negando dice que nunca está de más saber cómo prepararlo.
—Las personas amables preparan un té muy suave y agradable, es un arte noble que no puedes engañar. Ten.
Naruto sostiene la taza y sonríe tras el primer sorbo —Es usted entonces una persona muy amable, abuelita.
Él la halaga haciéndola sonreír y ganándose una palmada cariñosa en su cabeza. La mujer prosigue en sus indicaciones y finaliza cuando ya la cena es servida y retirada de cada habitación. Para el momento en que Naruto termina de darse un baño y puede acostarse por fin no tiene tiempo a darse cuenta que está acostado que ya ha pasado a un plano onírico.
Los primeros tres días suceden en un parpadeo, con un ritmo más a tono y una relación no excelente, pero bastante más pacífica con Sasuke que en un principio. No piensa admitirlo en voz alta, pero aquel idiota es realmente bueno en su trabajo, tanto como para aprender una o dos cosas de él. Pero eso, por supuesto, Sasuke jamás lo iba a saber. Tal vez fuese por el magnífico ambiente que aquella posada tiene, tan mágico y natural que le ayuda a sentirse tranquilo y seguro, pero Naruto puede asegurar que ha comenzado a hablar más normalmente con Sasuke, alguna que otra broma que terminaba en una risa conjunta, darse una mano con las tareas o hasta comer juntos se ha vuelto común en poco tiempo. No se retracta de que es un soberbio, pero puede tachar de la lista lo de antipático, y tal vez irritante. Estar con él es tan sólo un poco agradable, quizás. De todas maneras, la sensación que tiene estando cerca de él es la de reencontrarse con un viejo amigo de la infancia el cual no ve hace años eternos, o al menos es lo más parecido que encuentra para describir su comodidad juntos. Podían tener una verborragia de insultos y al instante hablar como si nada, eso no es algo que Naruto o mismo Sasuke acostumbre a hacer con muchas personas.
Ha aprendido en estos pocos días un par de cosas que tal vez Sakura no supo decirle y le ayudan a verlo de otra manera. Como, por ejemplo, el que Sasuke no come muchas cosas dulces y, sin embargo, tiene un afín muy acérrimo con las comidas hechas con chocolate amargo y contrario a lo que pensó, no le gusta mucho el café, prefiere una taza de té o de chocolate caliente para calentarse. Sasuke tiene un pequeño horario en el que desaparece y no sabe a dónde exactamente, pero siempre regresa para ayudar con la parte de la cena, Madara y Hashirama parecen estar acostumbrados a esta pequeña rutina porque ninguno alega algún comentario. Es quisquilloso con la comida, no come nada que tenga pimientos verdes, pero sí los rojos, pide extra salsa casi siempre, repite dos veces el tazón de arroz y tres las tazas de té verde y jamás deja una comida sin terminar, Naruto piensa que tal vez es para no dar la impresión de que la comida no le gustó, pues por lo que puede ver tiene una relación muy buena y cercana con todos los empleados del lugar.
Naruto también sabe que Sasuke es una persona más nocturna que diurna, le ha visto más de una vez deambulando por los pasillos o el jardín a altas horas de la noche sin importarle mucho el frío crudo. Algo en su cara, tan pacífica al desconocer el estar siendo observado, le daba un aura etérea que hacía que el pecho de Naruto se encoja. O tal vez eran ganas de abrazarlo fuerte, abrazarlo y asegurarse de que no iba a desaparecer entre la penumbra si lo perdía de vista.
—Eres como un fantasma.
Naruto le había hecho ese comentario pasajero en una de las veces que Sasuke desapareció y reapareció pocas horas después. Jamás notaba cuándo es que se iba o cuándo regresaba. Pero Sasuke sonrió un poco y simplemente respondió
—Tal vez lo sea. No deberías acercarte mucho a mí o te arrastraré a mi mundo, idiota.
En aquel momento no le dio más importancia y simplemente continuaron cenando, la conversación cambió rápidamente y quedó como un simple comentario.
Pero quizás, Sasuke no le había respondido tan a la ligera como pensó.
En la noche del sexto día, y por quinto día consecutivo, Naruto se encuentra despertando bruscamente en el medio de la madrugada. El sudor frío bajando por su sien, la arritmia de su corazón y una horrenda sensación de angustia le provocan ganas de llorar. Se sienta en el futón y acaricia su pelo tratando de calmarse, sin embargo, el acelerado latir de su corazón no cesa así que decide bajar por un vaso de agua ya que lo más optimo es apostar a que no logrará dormirse hasta dentro de un buen rato. Echándose un abrigo encima de su yukata sale de la habitación y camina silencioso hasta la cocina, más su sorpresa llega cuando ve que en la galería que conecta al jardín hay otra persona sentada, observando la quietud de una noche de invierno con su casi perfecta luna llena alumbrando paciente.
—¿Sasuke?
Su voz suena bajita, su intención no es asustarlo. Él se da vuelta algo sorprendido de verle allí.
—¿Qué haces aquí a estas horas?
—Podría hacerte la misma pregunta —retruca el de pelo negro.
Naruto se le aproxima y nota una mesilla con una tetera humeante y dos tazas, una de ellas en las manos de Sasuke.
—Tuve una pesadilla y vine por agua, ¿qué hay de ti?
—Tuve una pesadilla y vine por té. ¿Quieres un poco?
Sonríe suave, ha aprendido a manejar un poco esa manera peculiar que tiene de responder. Se sienta en el tatami conjunto mientras él le sirve una taza.
—Parece que estuvieras esperando a alguien —comenta bajito agradeciendo el té.
—Es… una costumbre. Suelo tener pesadillas regularmente desde que era niño, al menos siempre que me quedo aquí, por lo que mi abuelo acostumbraba prepararme té para calmarme. Siempre que me oía levantar se acercaba a la cocina y bebía conmigo.
Uzumaki no dice nada. Él tampoco se recuerda como una persona susceptible a las pesadillas o el mal dormir, todo lo contrario, y sin embargo desde su primera noche se ve despertando en medio de la madrugada sobresaltado y con un sentimiento de vacío demasiado vívido para su gusto, puede entenderlo un poco.
—Mi abuela me contó una historia cuando yo era niño; decía que hay ciertas personas que cuando tienen un sueño muy regular, sobre todo en lugares específicos, es probable que estén recordando una vida pasada. —Naruto sonríe en una pausa al dar el primer sorbo. Suave y envolvente. —Tal vez… tal vez este lugar coincide con una vida pasada de alguno de nosotros, sabes. Yo he tenido el mismo… la misma pesadilla desde que llegue aquí. Quién dice que no sólo tú, sino también yo soy un fantasma y estamos recordando cuando estuvimos con vida.
Con la broma jactándose en su voz modulada, dice para cortar con el ligeramente extraño ambiente que se ha formado. Sin embargo, encuentra en la mirada de Sasuke un dejo de asombro.
—Ese sueño… ¿puedes recordarlo?
—Sólo de a partes, y aunque tengo la sensación de que es una pesadilla mucho más larga, siempre despierto recordando lo mismo. En el primero me veo de niño, acostado en el medio de la lluvia y solo, no puedo recordar más que tristeza… una angustia tan grande que me produce ganas de llorar, sabes. El lugar es… no sé cómo describirlo con certeza, es como un gran… gran…
—Valle apartado.
Sasuke musita completando su oración, y por primera vez se detiene en su cara, una que se ve como la de alguien que está escuchando los pensamientos más personales de su propia cabeza expuestos con gran detalle. Tiene los ojos extraños, como si no terminara de entender qué está pasando, cómo es que Naruto sabe describir un sueño que él tiene desde los seis años y el cual jamás le ha contado a nadie, ni siquiera a su abuelo. Pero el mismo Naruto tampoco lo sabe y parece compartir el mismo asombro.
—Sí… ¿cómo...?
—Ese es mi sueño. Yo estoy allí, debajo de la lluvia, me veo caminando y siento exactamente lo mismo… ¿cómo puedes tú saber eso?
No hay señal de regaño ni sospecha, Sasuke pregunta aquello con la ingenuidad más certera que puede, pero Naruto ha perdido las palabras, él quiere saber exactamente lo mismo. ¿Cómo podían soñar lo mismo? ¿Por qué? ¿Qué explicación o fenómeno sobrenatural estaba detrás de aquel misterio?
Y a lo mejor, fuera el hombre escondido en el pasillo tras la puerta de la cocina, que inocentemente logró escuchar su charla y ahora sonríe con una mueca de complacencia, quien tuviera su respuesta. Pero, por supuesto, él no abriría su boca más que para beber el sake que lo está esperando más pronto de lo que pensó.
¿Qué les pareció? me entusiasma desde hace mucho escribir una historia así de ellos, creo que la mayoría si no es que todos, comprenden para dónde apunta mi AU, si logran entenderlo espero que sepan que mi noñez dulce y diabética va a aparecer en el final, confíen (?)
¡espero les haya gustado! hasta la próxíma actualización~
