Wow no esperaba que la historia si pegara, así que agradezco muchos los comentarios en el capítulo anterior.
CURIOSIDAD
CAPÍTULO 2
Natsuki le dejó en la entrada de su facultad, y aunque tenía el casco puesto todos los que le vieron supieron quién era, se despidió con un beso en la mejilla, mismo que casi le robó un suspiro a la otra y después se retiró. Una vez a solas, Shizuru caminó a su salón, en el trayecto sintió más de una mirada sobre ella, pero no les sonrió como solía hacerlo porque estaba ocupada tratando de resolver su revoltijo emocional.
-¿A Natsuki no le gustó la chaqueta? ¿O por qué tienes esa cara?-. Ni siquiera había notado la presencia de Haruka. -Tierra llamando a Shizuru-.
-Lo siento, estaba distraída-. No podía sacarse aquella imagen de la cabeza.
-No… ¿en serio? Júramelo-. Ignoró olímpicamente el sarcasmo de Haruka. -Oye, ¿estas bien?-. A esas alturas ya le habría devuelto el comentario, más mordaz y elegante.
-Sí, solo estoy algo cansada-. Tomó asiento.
-Si tú lo dices-. Y Haruka se sentó a su lado.
-Hola Shizuru-. Soltó una maldición mental.
-Hola Reito-. El chico le dio una sonrisa "galante" que ella alucinaba.
Reito era para Shizuru lo que Takeda para Natsuki: Un grano en el culo.
-Quiero invitarte a cenar esta noche-. Él se sentía soñado, y hablaba con seguridad, como si no lo hubiese rechazado 30 veces, literalmente. -¿Qué dices? ¿Quieres acompañar a este príncipe?-. Después del intento 20, dejo de intentarlo frente a Natsuki, porque esta le había pegado un puñetazo para que dejará de fastidiar a Shizuru.
-Eres tan amable como siempre-. Forzó una sonrisa más falsa que su heterosexualidad. -Pero ya tengo planeas para está noche-. Reito apenas iba a contestarle. -Y para el resto del año también-.
Quizá hubiera sido mejor otro puñetazo de la oji-verde.
Después de dejar a Shizuru, Natsuki tomó rumbo a su facultad. Le resultaba asombroso el poder manejar sin estrellarse mientras que pensaba en si Shizuru sabía o no su secreto.
Cuando llegó a su salón, deseó no hacerlo.
-¡Feliz cumpleaños cachorra!-. Una pelirroja le golpeó el hombro y después le abrazo con ganas de tronarle los huesos. -Te tengo un regalito-. Su sonrisa hablaba por si sola.
-Nao…-. La empujó para quitársela de encima.
-¡Te gustará!-. Guiñó un ojo con picardía.
-Juro por dios que si es otra suscripción porno, lo lamentaras-. Nao se puso pálida.
-¿Qué te hace pensar eso?-.
-El que te conozco-.
-Te dije que era una mala idea-. Una tercera voz se unió a la conversación. -Feliz cumple Nat-. También abrazó a la oji-verde, pero de un modo más decente.
-Gracias Mikoto-. La chica le entregó una pequeña caja verde esmeralda.
-¡A mí no me agradeciste!-. Su cara de indignada no se la creía ni ella.
-¡Tú cállate araña!-. Le pegó en la nuca, Nao era de esos amigos a los que podías golpear sin miedo a dejarle más idiota.
Porque era imposible que fuese más idiota.
O al menos así era a ojos de Natsuki.
Mientras Nao se sobaba la cabeza, Natsuki abrió la caja. -¡Esta genial Mikoto!-. Sacó un reloj plateado. Resistente al agua, a los golpes y a las tonterías de sus amigas. -Es perfecto-. Le gustó casi tanto como la chaqueta.
Porque nada podía gustarle más que algo proveniente de la castaña
Joder, le gustaba Shizuru a niveles desconocidos por el hombre.
-Sabía que te gustaría-. Y se alegraba de que sí, porque el color plateado se debía a que era de plata, no había sido barato. Por supuesto, Natsuki no sabía de qué estaba hecho su obsequio, o no lo habría aceptado.
-¡Claro!-. Abrazó a la chica. -Esto si es un regalo-. Observó de reojo a la pelirroja, sacándole la lengua.
Nao le mostró el dedo medio. -Con un reloj no puedes mastur…-. Kuga le soltó un puñetazo directo a la quijada.
-Creo que se me pasó la mano-. Dijo viendo el cuerpo en el suelo.
Mikoto hizo un épico facepalm. -Nunca aprenden, par de brutas-.
Nat se encogió de hombros. -Le dije que lo lamentaría-. Nao seguía tirada en el piso y no daba señales de despertar pronto. -La acomodaré en la silla-. Arrastró a su amiga al fondo del salón. -No sería la primera vez que duerme en clases-.
-Nos regañaran por esto-. Y decía "Nos" porque siempre quedaba atrapada en las tonterías de Natsuki y Nao, era así desde que las tres se hicieron amigas al empezar la carrera. ¿Qué estudiaban? Ingeniería mecatrónica, y aunque no lo pareciera, eran buenas en su rama, esa era la razón de que los profesores las aguantaran.
Aunque a veces si querían arrojar a las tres por la ventana.
-Suscripción porno-. Murmuró entre dientes mientras la acomodaba en la silla. -Nao está enferma-.
-Y es una suscripción premium de dos años-.
-¡Realmente enferma!-.
La primera clase la pasaron relativamente en paz, solo porque Nao seguía desmayada, la segunda clase fue un intercambio de patadas bajo la mesa, en la tercera Mikoto se sentó entre ellas, en la cuarta el profesor les arrojó los plumones del pintarron, al final llegó la hora del almuerzo.
-¿Tanto te cuesta madurar Nao?-. Mikoto tenía un tic en el ojo izquierdo, por culpa de esas tontas discusiones tenían tarea extra.
-¿¡Yo!? ¿¡Y Natsuki qué!?-.
-Es su cumple-. La oji-verde sonrió, el 80% de las ocasiones Mikoto estaba de su lado. -Mañana le reclamo por sus pendejadas-. Se le borró la sonrisa.
Esperaron su turno en la fila de la cafetería, era en extremo larga y la comida siempre estaba desabrida, pero le daba pereza prepararse el almuerzo en casa. Cuando por fin fue su turno pidió lo que tenía menos pinta de poder envenenarle, pagó y se encaminó a una mesa, esto mientras que Mikoto intentaba que Nao dejara de pelear con la cocinera.
Iba a media comida cuando sintió un fuerte escalofrió, similar al que le provocaba Takeda. Volteó disimuladamente a ambos lados, pero no vio a nadie, así que tomó un gran trago de su refresco, terrible error…
Unos brazos rodearon su cuello desde atrás. -¡Natsuki!-. Y escupió todo el refresco. -¿¡Estas bien!?-. Tosió intentando no ahogarse, porque sería una muerte muy estúpida.
-¿Qué…-. Logró respirar. -¿Qué quieres Alyssa?-. Ni siquiera quería voltear para no verle.
-A ti-. Susurró en su oído, y sí, sintió otro escalofrió.
Si Takeda era malo, esa chica era el apocalipsis andante.
Solo podría ser peor si Shizuru se enteraba de la existencia de esa loca.
-No estoy de humor para esto-. Bueno, nunca lo estaba, pero Alyssa se pasaba su incomodidad por el arco del olvido. No quería verle a la cara porque sabía que se toparía con unos ojos llenos de deseos cochambrosos.
Hizo una mueca de asco.
Le daba nauseas saberse la fantasía de la rubia.
-Sé que es tu cumpleaños-. Nat quedó pálida del susto, ya veía venir su pendejada de la semana. -Y quiero darte un regalo-. Solo ella podía hacer que la palabra "regalo" sonara a puteria.
-No me gustan los regalos-. Solo amaba con locura su nueva chaqueta y aquel espectacular reloj, regalos de dioses.
-Haré que te gusten- Deslizó su mano, a punto de tocarle la entrepierna…
-¿Huelen eso? Huele a perra en celo-. Alyssa miró con odio a Nao. -Uy, perdón querida, ¿eres tú?-. Dijo desvergonzada, haciendo que la rubia rabiara.
-Es hora de irnos Nat, el aire esta viciado aquí-. Al instante Natsuki se puso de pie, sintiéndose salvada por la campana. -Nao tiene razón, apesta a perra-. Terminó de rematar Mikoto mientras las tres salían de ahí.
-Gracias, esa loca sigue acosándome-. No lamentaba dejar su desabrida comida a medias, pero el conserje no tenía vela en el entierro y había dejado la mesa llena de refresco. -Esta obsesionada conmigo-.
-Es que estas rebuena cachorra-.
-Podía vivir sin saber eso-.
-Pero ya en serio Nat, ¿Por qué Alyssa no te deja en paz?-. Mikoto siempre había sospechado que ahí había gato encerrado.
-Ni idea-
Mentirá, sí que tenía idea de porque, es más, estaba segura del motivo. Y no quería comentarlo con sus amigas porque estaba directamente ligado con su secretito, y ya tenía suficiente con su paranoia de que Shizuru lo sabía cómo para agregarle más líos al asunto.
De las tres clases que seguían tuvo la última libre, así que subió a su motocicleta y se dirigió a la facultad de Shizuru, con un poco de suerte la castaña también estaría libre. Al llegar algunos le vieron con el ceño fruncido, generalmente los de ingeniería solo iban a esa área de la universidad para reñir con los de licenciatura. La diferencia era que ella no tenía nada contra los licenciados, solo le caía mal uno: Reito. No era que le deseara el mal, pero ojalá que cuando cagara no tuviera papel a la mano.
Mientras pensaba en el rey de Roma, apareció. Se cruzaron en el pasillo, ambos se vieron no con odio pero si con repudio. Reito mostraba una mueca de niño mimado y Natsuki le dio una sonrisa altanera.
-¿Qué haces aquí Kuga?-. No le gustaba compartir su aire con la oji-verde, sí, era bastante infantil.
-¿Acaso te molesta mi presencia, niño bonito?-. Metió las manos en sus bolsillos, en una pose relajada.
-No te imaginas cuanto-. Reito tenía pose de… diva.
-Uy que pena-. Su descaro golpeó al chico. -Pero no vengo a verte a ti-. Hizo cara de indignado. -Vengo por Shizuru-. Le dio una última sonrisa antes de seguir caminando al salón de la castaña.
-¡Te detesto Kuga!-. Cuando se mesclaba el complejo de niño mimado con el de diva, el resultado era… Reito Kanzaki
-Como si me importará-. Contestó para sí, riendo.
Encontró a Shizuru guardando sus útiles en su mochila, y al verle, recordó de golpe porque había estado tan asustada en la mañana. -Hola-. Rogó que su voz sonara decente.
-¿Natsuki?-. Quería confirmar que no estaba alucinando, porque se suponía que la oji-verde seguía en clases y todo el día había estado pensando en ella, haciendo mil y un teorías sobre el secretito de Natsuki.
-¿Esperabas a alguien más?-. Bromeó.
-Sí-. Y se le cayó el alma, luego escuchó la risa de Shizuru. -Era broma-. Recuperó el color, pero se fue al otro extremo y se sonrojó por completo. -Que linda te ves sonrojada-.
-¡Shizuru!-.
