Declaimer: la historia no me pertenece la novela es de la autora Lynne Graham solamente es una adaptación como tampoco los personajes de SCC que son de las maestras del Shojo las CLAMP

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=)

LA NOVIA EMBARAZADA

CAPITULO 2

Unos peligrosos ojos ámbar escrutaron el pálido rostro de Sakura.

-¡Te pierdo de vista un instante y te pones a llamar por teléfono! ¡Estabas filtrando la información! ¡Has traicionado mi confianza! -la condenó Shaoran sin disimular su ira.

A pesar de estar temblando y de tener el estómago agarrotado Sakura no pudo dejar de sentirse fascinada ante aquel temperamento mediterráneo explosivo, volátil y lleno de dramatismo. Le resultaba completamente extraño.

-Señor Li... -comenzó a decir tratando por todos los medios de hacerle comprender que no debía de suponer siempre lo peor.

-Has hecho tu elección, así sea. ¡Voy a destruirte por esto! -añadió Shaoran letal.

-Lo has malinterpretado -protestó ella febril-. ¡Sólo he podido llamar a la operadora!

Shaoran la miró despreciativo y se alejó a grandes pasos. La ira se expresaba en cada movimiento de su cuerpo.

Por un instante Sakura se quedó paralizada, desconcertada. Shaoran la había arrastrado hasta el aeropuerto, la había maltratado y de pronto la dejaba ahí, tirada y sin dinero. Sólo el miedo a lo que pudiera sucederle a Rika la hizo correr tras él.

-¡Apártate de mi camino! -gritó él al verla.

-¡No es lo que tú crees! -explicó Sakura acalorada. Shaoran continuó andando sin hacerle caso-. ¡Eres un cabezota! ¡Lo único que estaba haciendo era una llamada a cobro revertido a mi jefe de la librería, ¿vale?

-¿De qué librería estás hablando? -preguntó Shaoran de mal humor, volviéndose hacia ella de mala gana.

Sakura se quedó mirándolo con el ceño fruncido, notando de repente que faltaba algo.

-¿Qué diablos has hecho con las bolsas? ¡Por el amor de Dios, has salido corriendo y te las has dejado tiradas ahí en medio, ¿a que sí?

Sakura se dio la vuelta y volvió sobre sus pasos. Vio las bolsas en el suelo y se apresuró a recogerlas para volver junto a él.

-¿Qué librería? -repitió Dio sin inmutarse al verla llegar cargada.

-Trabajo en una librería durante el día. Y además vivo justo encima... - Sakura hizo una pausa para recuperar el aliento-. Tengo que hablar con el señor Nagasaki para avisarle de que mañana no iré, si desaparezco de repente llamará a la policía...

-¡Tonterías! Pensará que te has escapado con tu novio. Los empleados de tu edad son de poco fiar -aseguró Dio sin dejarse impresionar.

Ofendida ante aquella respuesta, Sakura respiró hondo y trató de mantener la calma, pero no funcionó.

-¿Sabes? ¡Estoy hasta aquí de ti! -exclamó llevándose la mano a lo alto de la cabeza-. Yo no tengo ningún novio, y además soy una empleada de fiar.

No me subestimes ni me hables en ese tono, yo nunca falto a mi trabajo. Llevo cinco años en el mismo empleo, y durante los dos últimos se puede decir que casi he llevado sola el negocio...

-¿Y entonces qué estás haciendo fregando suelos por la noche? -preguntó él incisivo.

-Necesito el dinero, ¿vale? ¿Es que es asunto tuyo?

-Tu insolencia me pone de mal humor.

-Tú a mí tampoco me gustas... ¿qué esperabas? No he hecho nada malo, sólo he cometido un error, y me estás tratando como si fuera un criminal. Me haces chantaje para que haga cosas que no quiero y... además... no me gusta esa idea de que como soy pobre no debo de ser muy honesta.

-¿Has terminado ya? -Sakura se puso colorada y apretó los labios-. No estoy de humor para soportar estas tonterías, hoy menos que nunca. Vamos, ya hemos perdido suficiente tiempo.

Entonces... ¿me crees? -preguntó Sakura unos segundos más tarde mientras trataba de caminar a su paso.

-Lo único que creo es que te he pillado antes de que pudieras desobedecer mi orden de no acercarte a un teléfono -dijo Shaoran- .Eres pequeña y escurridiza. ¿Por qué no me sorprende?

-¡Yo no soy escurridiza!

-Podías haberme dicho que tenías otro empleo, no soy una persona tan poco razonable -añadió Shaoran has preferido hacerlo a escondidas.

Si volvía a pronunciar la palabra «escurridiza» lo abofetearía, se dijo Sakura con el rostro encendido. Se sentía incapaz de disculparse, pero más aún de pedirle permiso para hacer cualquier cosa. Y aquella llamada era necesaria. Por desgracia iba a tener que contarle al señor Nagasaki una mentirilla delante de él. Sakura no tenía por costumbre mentir. Por el contrario, era incluso demasiado directa y sincera. Conocía bien sus defectos, pero algunos de ellos eran su mejor defensa. Era una persona terriblemente independiente, no le gustaba trabajar en equipo y le encantaba disponer de libertad para decidir por sí misma. Por eso aquellos dos empleos encajaban bien con su personalidad.

Casi una hora más tarde, cuando el tenso silencio de Shaoran estaba a punto de acabar con los nervios de Sakura, un hombre mayor apareció con las llaves de su casa y el pasaporte. Los dos hombres se pusieron a hablar en chino ignorándola por completo.

-Espero que hayas dejado mi casa en orden -recalcó entonces Sakura en voz alta-. Y que la hayas dejado bien cerrada -añadió sin poder evitar que un gemido saliera de su boca-. ¡Por el amor de Dios! ¿Cómo diablos has entrado con la alarma conectada? ¿Has vuelto a conectarla...?

-Mis empleados de seguridad no son estúpidos -alegó Shaoran ofendido-. Lo han dejado todo en orden.

-Debe de ser reconfortante saber que cuentas con empleados tan eficientes como ladrones -comentó Sakura. Shaoran le lanzó una mirada tormentosa-. Es de mala educación ignorar a las personas - añadió ella dándose la vuelta.

Lo cierto era que no era más que una mujer de la limpieza, se dijo Sakura exasperada. El rango más bajo de todo el personal. Y estaba tratando con un hombre acostumbrado a ser servido a todas horas. El hecho de que se comportara desde ese momento como si fuera invisible no abrumó a Shaoran, que evidentemente esperaba que se mantuviera en un respetuoso silencio y que no hablara a menos que le preguntaran. Sin embargo Sakura nunca había sido una persona callada.

De pronto sintió frío, así que sacó el abrigo de la bolsa, le quitó la etiqueta y se lo puso. Le llegaba hasta el suelo. Si se subía el cuello parecería un fantasma.

-Toma -dijo Shaoran tendiéndole su móvil. Sakura parpadeó confusa-. Tu historia encaja. Wei, el que ha ido a tu casa a por el pasaporte, lo confirma. Puedes llamar al propietario de la librería.

Sakura marcó el teléfono. En cuanto escuchó la voz del señor Nagasaki le explicó que faltaría al trabajo un par de días y se disculpó por no haber avisado con más tiempo. Puso de excusa la enfermedad de un amigo. Luego colgó el teléfono. Shaoran la miró de reojo.

-Eres una buena mentirosa, resultas muy convincente.

Unas cuantas horas más tarde Sakura había cambiado de estado de ánimo. Miraba a su alrededor con curiosidad. En el interior del jet los asientos eran de piel de color crema y la decoración elegante. El espacio destinado a los pasajeros parecía más un salón de lujo que un avión. ¿Acaso Shaoran Li se daba cuenta de la suerte que tenía? ¡En absoluto! Sakura observó a su anfitrión. Habían estado esperando a que el aeropuerto les concediera permiso para despegar, y mientras tanto él había recorrido la habitación de un lado a otro rebosante de frustración e impaciencia. Por fin habían despegado, pero él seguía exactamente igual.

Sakura estuvo contemplándolo. Tenía el cabello Castaño achocolatado, perfectamente despeinado, con un estilo que encajaba con la forma de su cabeza. Los ojos, espectaculares, estaban enmarcados por largas pestañas negras. Las pupilas eran del color del ámbar, capaces de brillar como el atardecer. Y los fuertes pómulos le añadían carácter. La nariz, arrogante, parecía advertir de ello. ¿Y aquella boca, generosa y perfecta? Inspiraba pasión y sensualidad. Sakura no pudo dejar de preguntarse cómo tal conjunto de rasgos podían dar lugar a un rostro tan devastador. Para cuando llegó a ese punto de la reflexión se dio cuenta de que estaba excitada, y tuvo que admitir algo que hubiera estado perfectamente dispuesta a negar.

¿A quién había querido engañar al decir que Shaoran Li le producía repulsión? Aquella revelación dejó atónita a Sakura, que hacía años que no se sentía atraída por ningún hombre. Pero tenía que tratarse simplemente de unas pocas hormonas que, mediante trampas, pretendían recordarle que podía ser tan estúpida como cualquier otra mujer.

Shaoran Li resultaba increíblemente sexy aún de mal humor, y si era ella quien se había dado cuenta entonces es que era verdaderamente sexy.

Poseía esa extraña fluidez en los movimientos que tenían los hombres con perfecta conciencia de su propio cuerpo, se movía como un enorme gato sobre patas almohadilladas. Y su cuerpo era perfecto. Hombros anchos, estómago plano y tenso, caderas estrechas, muslos largos y poderosos... Sakura iba tomando buena nota de todos los detalles. Un hombre de ensueño... hasta que abría la boca. O mientras no la dejara cargar con las bolsas o la mirara con aquel infinito desdén sin ocurrírsele preguntar siquiera si tenía hambre o sed. Shaoran Li no era un hombre de sentimientos. Era duro, egoísta, de mente cuadrada y por completo centrado en sus propios deseos...

De pronto Shaoran la pilló mirándolo y frunció el ceño. Sakura se encogió asustada. Los ojos de él iban del ámbar intenso al dorado, observó Sakura sintiendo de pronto que le faltaba el aliento. Sin embargo aquella era una sensación nueva para ella, como si estuviera al borde de la más pura excitación, incapaz de apartar los ojos de él. Era una excitación enfebrecida. El corazón le latía acelerado en los oídos mientras la boca se le quedaba de pronto seca. Una llama ardiente se retorció en su interior dándole color a su semblante.

-Son las tres de la madrugada en China, deberías tratar de dormir -murmuró Shaoran con voz espesa.

El mero sonido de aquella voz profunda y masculina fue como miel para los oídos de Sakura, la hizo estremecerse. Parpadeó y se puso en pie.

-¿Dormir?

Shaoran alargó una mano y pulsó un botón. Sus alucinantes ojos estaban semiocultos por las espesas pestañas. Sakura se sintió intensamente violenta. Mientras se ponía en pie, mirando a todas partes menos a él, apareció una azafata que la guió hasta un compartimento con una cama.

Sakura se dejó caer al borde de ella, desconcertada ante la poderosa reacción de sus pechos y de sus pezones, completamente tensos. Nunca en la vida la había mirado ningún hombre haciéndola sentir una excitación y una urgencia tan fuertes y poderosas. Pero Shaoran Li lo había conseguido.

Sakura estaba perpleja ante aquel descubrimiento, y tan avergonzada de su reacción física que había sido incapaz de controlarse. ¿Acaso se había dado cuenta él de lo sucedido? Cerró los ojos con fuerza. Estaba asustada ante la sospecha de que Shaoran no sólo lo había notado, sino que además había querido perderla de vista precisamente por eso.

Un par de horas más tarde una voz insistente y suave despertó a Sakura de un sueño poco reparador.

-¿Señorita Amamiya...?

Sakura se incorporó y se apoyó lentamente sobre los codos. La azafata asomaba la cabeza por la puerta con expresión insegura y una bandeja en las manos. Sakura se incorporó otro poco más y sonrió aceptando el ofrecimiento.

-Gracias... ¿sí?

-Nosotros... bueno, el personal de vuelo y yo nos preguntábamos si querría usted quizá despertar al señor Li -señaló la azafata-. Aterrizaremos dentro de quince minutos, y naturalmente ninguno de nosotros quiere molestarlo...

-¿Molestarlo? -inquirió Sakura preguntándose por qué le hacía aquel extraño ruego.

-Alguien tiene que despertar al señor Li para que se vista para el funeral.

-¿El funeral? -repitió Sakura.

-Me temo que este vuelo va muy retrasado, señorita Amamiya. Entre el retraso sufrido en Japón y el de aquí, a la hora de aterrizar, no queda tiempo. El señor Li tendrá que asistir al funeral directamente desde el aeropuerto. Espero que no lo considere una intromisión, pero quería decirle que todos nos alegramos mucho de que el señor Li tenga a alguien en quien apoyarse en estos momentos -añadió volviendo a salir.

Sakura se quedó mirando al vacío, completamente despierta. De modo que Shaoran Li viajaba a China para asistir a un funeral. Y ésa era la razón por la que le había comprado tanta ropa negra. El personal de vuelo debía de haber llegado a la conclusión de que ella era una persona importante para Shaoran simplemente por el hecho de que lo acompañaba. Y recordaba haberle oído decir que, precisamente en ese viaje, no deseaba tener compañía. Sakura no podía dejar de preguntarse de quién sería el funeral.

Tras dejar la bandeja del desayuno a un lado Sakura se levantó y se apresuró a entrar en el baño. Le hubiera encantado tomar una ducha, pero no había tiempo. Sacó el traje sastre negro y se lo puso. El aspecto que adquirió con él la dejó atónita. La chaqueta se le ajustaba como un guante, marcándole la cintura, destacándole los pechos. Y la estrecha falda se le pegaba a cada curva. Estaba fantástica. Sakura se ruborizó mientras se miraba al espejo. Aquello era vanidad y superficialidad.

Volvió a la zona de pasajeros y vio a Shaoran dormido en una posición imposible en el sillón. Apenas cabía con aquellas largas piernas. Su corazón se enterneció. Él se había quitado la corbata y la chaqueta, y llevaba la camisa de seda abierta. El escote Bronceado y el mentón, con la sombra de una barba naciente, le hacían parecer más joven, más accesible. Y además parecía exhausto. Le hubiera ido bien la cama de no haber estado ella. Sakura se puso tensa. Todo el personal de vuelo temía molestarlo e inmiscuirse en su dolor, y ella no había hecho otra cosa desde el momento de conocerlo. Se sentía culpable. Era natural que no hubiera estado de humor. Puso una mano sobre su hombro y lo sacudió. Sus largas pestañas se levantaron lentamente. Shaoran suspiró y miró el reloj. Se puso en pie y se dirigió al compartimento en el que estaba la cama.

-¿Señor Li? -lo llamó Sakura. Dio se quedó quieto, pero no contestó-. No sabía que ibas a un funeral.

-¿Es que no lees los periódicos? -preguntó él dándose la vuelta con el ceño fruncido.

-No, no tengo tiempo.

-Es el funeral de mi padre.

Shaoran respiró hondo, pero eso no la hizo sentirse mejor. La circunstancia no podía ser peor. Era natural que hubiera deseado estar solo, pero entonces, ¿por qué había insistido en que lo acompañara? Hubiera deseado comprender por qué aquella información que había oído era tan importante. Shaoran había estado trabajando hasta la noche antes del funeral de su padre. ¿Acaso su muerte había sido repentina? ¿No hubiera debido de estar antes con él?

Eran más de las siete de la mañana cuando Shaoran y Sakura aterrizaron en el aeropuerto de China. El sol lucía brillante. Los guardias los saludaron con gesto grave al pasar la aduana, y pronto una ola de periodistas con cámaras, gritando, se acercó a ellos. Sólo unos cuantos guardias los contenían.

Sakura se quedó helada al sentir los flashes de las cámaras. Shaoran puso un brazo alrededor de sus hombros y la guió por el aeropuerto imperturbable, sin contestar a una sola de las preguntas que le dirigían en todos los idiomas.

-¿Quién es la mujer que lo acompaña? -oyó Sakura que preguntaba un hombre en japonés.

Sakura estaba escandalizada ante el comportamiento de los paparazzi. ¿Qué había sido de la intimidad? Shaoran Li se dirigía al funeral de su padre, ¿acaso lo seguían fuera a donde fuera?

Con frecuencia en el trabajo, durante los descansos, Sakura había oído hablar a sus compañeras sobre la vida privada de Shaoran. Era la comidilla interminable de los titulares y de la prensa amarilla. Había tenido aventuras con las mujeres más atractivas, y se le consideraba todo un dios del sexo.

Pero Sakura siempre se había considerado por encima de todo eso. No le inspiraba el menor interés un hombre al que ni conocía ni podía conocer, así que no había prestado atención. Shaoran y Sakura cambiaron de terminal y entraron en una pequeña sala de espera.

-¿Es siempre así con los periodistas? -preguntó ella.

-Sí, bueno, me temo que hoy tu presencia ha causado más excitación de lo habitual -contestó Shaoran encogiéndose de hombros.

-Pues espero que nadie me reconozca. ¿A qué estamos esperando?

-A un avión que nos llevará a la isla en la que se celebra el funeral.

Otro vuelo, pensó Sakura reprimiendo un suspiro. El viaje parecía interminable.

-¿Otra isla?

-Taipa. ¿Pero será posible que no sepas nada de mí? ¡Es que no sabes nada! -comentó Shaoran sorprendido-. No estoy acostumbrado.

-Pero apuesto a que es bueno para ti... es la prueba de que no eres el centro del universo - musitó Sakura haciendo una mueca-. Lo siento, lo siento, sólo estaba pensando en voz alta.

-Tienes una desastrosa falta de tacto que debe de causarte graves problemas -comentó Shaoran escrutándola con una sonrisa.

-La gente ya me conoce -contestó Sakura tragando, agradecida de que él no hubiera explotado.

-¿Y por qué siempre buscas pelea? Pareces tan delicada y femenina... -continuó Dio sin dejar de observarla.

-¡No, por favor, delicada no...!

-¿Bonita?

-¡Eso es peor! -lo censuró ella-. Los hombres se niegan a tomarme en serio, es el problema de ser castaña y bajita...

-Pero si tú no eres castaña, tienes un pelo muy llamativo -comentó Shaoran con desdén-. Si de verdad no quieres provocar esa actitud en los hombres no te tiñas de ese color.

-Es mi pelo, es natural. Mi abuela era Americana, y castaña -explicó Sakura acostumbrada a las sospechas.

-¿Natural? No te creo. Quítate el sombrero.

Tras unos segundos de vacilación Sakura lo hizo. El color de su pelo brillaba contrastando con el negro del abrigo.

-¿Lo ves? Es natural.

Shaoran miró fijamente aquel cabello. El silencio era tan espeso que podía cortarse. Sakura lo observó con los ojos entrecerrados. Shaoran era alto y reservado, y tan moreno que resultaba exótico. Y el elegante traje le sentaba de un modo impresionante. Pero no podía seguir así.

Sakura se echó a temblar, se daba cuenta de que era incapaz de mantener el control. Cada vez que miraba Shaoran Li sentía una desesperada e inmensa excitación sexual. No podía soportar que le ocurriera eso con ningún hombre. Era una debilidad, algo irracional, humillante...

-¿Cómo es ser una mujer de la limpieza? -preguntó Shaoran de pronto, medio tartamudeando.

-Escucha, no hace falta que me des conversación.

-Ha sido una pregunta sincera.

-Bueno, bien, pues es... aburrido, repetitivo y además está mal pagado -explicó Sakura con insolencia-. Así que si esperabas otra cosa siento decepcionarte.

-Y entonces, ¿por qué lo haces?

-Tengo un buen horario, y además no tengo a ningún jefe pelmazo detrás. No me gusta que me controlen.

-Ya me he dado cuenta. Deberías de solucionar ese problema y tratar de buscar un empleo mejor. Aunque quizá no tengas ninguna preparación ni experiencia en ninguna otra cosa.

-Ya tengo planes, gracias. Soy una mujer ambiciosa, dentro de lo que cabe. No estaré abrillantando suelos mucho tiempo -explicó Sakura burlona.

-No es muy buena idea contarme eso precisamente a mí -comentó Sakura escrutándola con duros ojos ámbar-. Yo nunca bromeo con los negocios, Sakura.

-Ni yo. Los negocios son lo primero en mi vida. Y lo último. Lo son todo.

-¿En serio?

-Sí, y te advierto que ya me debes bastante dinero -informó Sakura amable-. ¿Te has dado cuenta de que espero que me pagues por cada una de las horas que he perdido?

-Naturalmente.

-Con horas extra incluidas -especificó Sakura dispuesta a luchar-. Me tomo muy en serio eso de que me hagan pasar hambre, no me den tiempo para descansar y me tengan despierta hasta las tres de la mañana.

-Eres tu peor enemigo, Sakura -murmuró Shaoran con ojos sonrientes-. Te hubiera pagado mil veces más si te hubieras quedado calladita.

-Bueno, no soy una avara. Y a propósito, cuando dije que no iba a seguir abrillantando suelos durante mucho tiempo no estaba pensando en lo que oí, eso ya lo he olvidado.

-¿Y cómo has podido olvidarlo? -preguntó él incrédulo.

-Aunque hubiera comprendido la importancia de ese comentario, cosa que no es así, soy una persona honesta. Nunca hubiera tratado de aprovecharme de esa información.

-Los peores son los que se pasan la vida diciéndote lo honestos que son.

¡Es evidente que creerás lo que se te antoje, así que adelante! -exclamó Sakura ofendida.

-No puedes culparme por tomar precauciones.

Aquella confiada afirmación llenó a Sakura de resentimiento. ¿A quién se creía que estaba engañando? Él no había vacilado en utilizar su poder como arma, y el hecho de que ella hubiera tratado de ver el lado positivo de la situación no lo alteraba en nada.

-No te atrevas a justificarte, llama a las cosas por su nombre -advirtió Sakura-. Si tú y yo no fuéramos quienes somos yo no estaría aquí. Y si Rika y yo no necesitáramos nuestros empleos te habría mandado a donde te mereces.

-Me lo imagino -soltó él con voz de seda.

-Y sabes muy bien que arrastrarme de este modo... bueno, no es precisamente un trato de ensueño, ¿no crees? No quisiera ser irrespetuosa, pero no me gustan los funerales.

-¡Pues a mi padre le hubieras encantado! -exclamó Shaoran con un brillo en los ojos.

-¿Es que él era de los buenos?

Shaoran volvió a ponerse tenso. Toda la expresión divertida de su rostro desapareció. En silencio, asintió con gesto duro. Luego le dio la espalda a Sakura, que hubiera deseado mantener la boca cerrada. Entonces alguien llamó a la puerta. Era hora de marcharse. Ambos salieron al creciente calor del sol y caminaron hasta embarcar en un pequeño avión. ¿Cómo había podido tener tan poco tacto?

El avión sobrevoló las aguas del Adriático. Sólo el ruido del motor llenaba el silencio. Sakura sintió que los párpados le pesaban. Se hundió en el asiento y se durmió.

Le costó despertar y tardó en comprender dónde estaba. Abrió los ojos confusa. Estaba tumbada en el enorme asiento trasero de una limusina de lunas tintadas. De pronto, con un ruido metálico y caro, la puerta se abrió. Un joven moreno se quedó mirándola.

-Así que tú eres la última conquista de Shaoran... Tengo que decírselo a mi primo, tiene buen gusto. No es de extrañar que no hayas querido entrar en la iglesia, algunos de los parientes de su madre son de estrechas miras. Me llamo Kerberos Clow.

Sakura se incorporó, tensa ante la mirada de aquel joven, fija en sus piernas. Tiró de la falda y contestó:

-¡No soy la última conquista de Shaoran!

-Bien, ésa es una buena noticia -sonrió Kerberos deslizándose por el asiento y cerrando la puerta-. Entonces, si no eres de Shaoran, ¿qué estás haciendo aquí, esperándolo a las puertas del cementerio?

-Trabajo para él, ¿de acuerdo?

-Por mí de acuerdo... -contestó el joven imperturbable ante la helada mirada de ella, alargando un brazo confiado hasta el cabello Castaño miel oso y murmurando contra su mejilla ruborizada -: Eres verdaderamente una muñeca...

La puerta del coche volvió a abrirse, pero en esa ocasión era Shaoran que, echando un vistazo a la escena, aparentemente íntima, rugió de ira. Alargó un poderoso brazo, agarró al joven del cuello y lo sacó de la limusina para echarle un rapapolvo en griego. Sakura, atónita e inmóvil, miró a Shaoran.

-Ella dijo que no era tu chica... ¿crees que me habría abalanzado sobre ella de no ser así? -gritó Kerberos mientras se alejaba echando chispas.

Sakura entró en el coche con expresión seria y rasgos endurecidos, como de bronce, sin decir palabra. Sus ojos brillaron de ira al exclamar con desprecio:

-¡No te he traído aquí para que vayas tendiendo trampas a los hombres!

Hasta aquí! :9

Holaaa a todos Jajaja otra vez se morirán de la intriga… no me mataran por haberlo dejado hasta aqui verdad?

Bueno como ven las cosas se están poniendo color de hormiga en lo que va la relación de saku y shao y también se entenderá que hay algunas que quieren matar a Shaoran por su actitud ¿verdad? No se preocupen yo también jajajaja pero no se puede él es protagonista Jajaja u.u

A todos los que me dejaron comentarios de verdad que estoy muy feliz de que les hayan encantado esta adaptación jejeje!

Gracias a: Haruko Hinako, Didi, Princessmalfoy10, sake22, chinufi-chan, Sakura Anastasia y a Cainat06

Muchas gracias por sus comentarios se les quiere a todas!

Bueno me despido espero que les guste este cap jejeje

Bye!