Sin Límites: Porque las barreras dejan de importar.
Disclaimer: El mundo Twilight y todo lo que tú y yo sabemos no me pertenece, es de Meyer. El resto de situaciones y locuras mostradas en la historia son mías.
Summary: Ellos traicionaron la confianza de los que querían, deseando más de lo que está permitido tomar. Un amor que alimenta el alma de dos seres; pero, ¿puede llegar a destruir a los que los rodean? Es difícil dejar pasar el amor por anteponer a los demás.
Agradecimiento especial a Saranya.x que beteo el cap y lo mejoró notablemente .En general, por todo lo que haces siempre apoyándome con mis historias y brindarme incondicional ayuda. Gracias linda, eres maravillosa.
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CAPÍTULO 2
Saliendo de mis cavilaciones recogí mis pertenencias y me dirigí al cuarto de Alice casi por inercia; todo se encontraba oscuro, sólo me podía guiar por la tenue iluminación de la luna que se colaba por el portón de vidrio del corredor que desembocaba en un balcón. Adentrándome en la blanca habitación busqué mi celular para usarlo como linterna acomodando mis cosas en el armario, tomé mis medias tobilleras negras y me las puse para tumbarme en la cama doble junto a mi amiga. Era realmente cómodo sentirme rodeada por la sedosa tela, rozaba mi piel como una suave y acogedora caricia; pero no me resultaba reconfortante.
No podía parar de pensar en él, de pensar en mi absurda situación, pensar en todo…
El daño que me producía pensar en Edward como hombre, desearlo de todas las formas eróticas y prohibidas posibles, sólo hacía estremecerse a mí muy masoquista corazón.
A mi lado durmiendo plácidamente estaba mi amiga ajena a todo, yo no terminaba de imaginar cosas con su padre y Alice me daba esa confianza que sabía por mi parte estaba exterminada mucho antes de siquiera serme otorgada.
Por eso mis noches de sueño se veían truncadas constantemente, mi mente no detenía su sofocante vigilia y saberle tan cerca no ayudaba a mi lánguido autocontrol. Ya no miraba el reloj, sabía que en algún momento de la noche mi cuerpo reclamaría descanso hasta perderme en la inconsciencia.
—¡Bells! —aquel grito ensordecedor me trajo de vuelta al mundo real, sonsacándome de mis maravillosas fantasías. Sentía que algo removía mis sábanas. Gemí ante la tentativa de levantarme. Anoche o mejor dicho, ésta madrugada me había demorado bastante más de lo acostumbrado en acallar mis burdos pensamientos.
—Sé que estás despierta amiga, la mueca en tu rostro te delata —bufé ante mi perceptiva amiga, que daba saltitos a mi lado en el colchón.
Abrí mis ojos pausadamente, adecuándome a la luz filtrada por el gran ventanal que tenía las cortinas totalmente abiertas. Froté mis ojos con mis puños para intentar desperezarme y vislumbré a la pequeña Alice con una iluminada sonrisa en su hermoso rostro de porcelana.
—¡Buenos días, Bells! —chilló la enana y se lanzó a mi cuello en un muy efusivo abrazo —. ¿Cómo dormiste?
Acaso la gente acabada de levantar no era… ¿tranquila? Juro que Alice guardaba Red Bull bajo su almohada, tanta energía no era normal.
—Muy bien —mentí en un intento fallido de no preocuparla.
Alice me miró directamente, como encontrando lo falso de mi argumento. Sabía que estaba mintiendo, su ceño se frunció levemente pero lo dejó pasar y volvió a plasmar esa inmaculada sonrisa en su rostro.
—Alice… cariño— suspiré hondamente —. ¿Por qué no te bañas?
—Eso haré, pero debía encargarme de levantarte antes. Así que báñate aquí y yo me voy para el baño del corredor, nada de horas en la ducha Bells.
Bañarme y arreglarme era una de esas cosas que hacía monótonamente en días de tan poco descanso. Era cuestión de poner el automático y esperar a que Alice hubiese empacado algo cómodo para hoy.
Ella eligió un jean desgastado, una blusa verde oliva y unas flats cafés.
Alice llegó a su cuarto cuando intentaba peinarme, una coleta alta para mí adormecido cerebro era una tarea difícil. Bufé y dejé mi cabello suelto poniéndome una diadema café.
—Bells, en mi armario está tu chaqueta café.
—¿Qué?
—Armario - chaqueta - café —repitió como hablándole a alguien que tenía dos neuronas que no hacían sinapsis; suspiró profundamente y miró mi confusa expresión —Dios mujer, hasta alguien en coma lo entendería.
Rodó los ojos y abrió el armario gigantesco perdiéndose en él hasta lanzarme algo por el aire. Gracias a mis eficaces reflejos la tela me dio en el rostro y Alice soltó risitas.
Tomé la prenda y la inspeccioné, era una chaqueta café con hilo beige muy bonita. Un momento, yo conocía esta chaqueta.
—Alice, ¿qué hacías con mi chaqueta? La había dado por perdida hace más de dos meses.
—No es mi culpa que seas extremadamente despistada Bella — hizo una pausa —deberías pasar por mi armario, hay casi tanta ropa tuya como mía.
Le saqué la lengua y caminamos hacia la primera planta después de que Alice me prestara un bolso para llevar mis cosas de la universidad, que según ella era el único que combinaba con mi hermoso conjunto.
Al entrar a la cocina vislumbré a Emmett desparramado en el desayunador con gafas oscuras y un gran vaso de jugo de naranja en su mano.
—¿Lo acompañas con un vodka? — pregunté posando mi mano en su brazo.
Él volvió su rostro hacia mí e hizo una mueca de asco y un desagradable sonido asemejado al que haces cuando vomitas.
—Que graciosa Bells, estas muy linda hoy y no me gustaría dañar tu hermosa ropa —sonrió mientras tomaba un sorbo de su jugo y se tendía en la mesa.
—Hola Emm —Alice se acercó a su tío en un intento de saludarlo pero arrugó la nariz y se apartó de su lado—. ¡Apestas a alcohol! —sentenció la pequeña y Emmett gruñó.
—¿Podrías bajar la voz? Mi cabeza intenta no reventar.
—Te advertí que no tomaras tanto —acusó burlonamente esa voz, la que cada instante quería sentir susurrándome al oído.
Instintivamente volteé para ver al Dios griego que se presentaba ante mí exigiendo ser adorado. Era tan jodidamente sexy.
Edward tenía unos pantalones de traje con una camisa blanca doblada hasta los codos, su cabello humedecido por la ducha y su rostro resplandecían innata perfección como siempre.
Emmett gimió e ignoró su comentario.
—¡Papá! — Alice abrazó a Edward y le dio un sonoro beso en la mejilla —pensé que ya te habías marchado.
—Hola princesa —respondió Edward apretando a Alice y despeinándola un poco.
—Supuse que no querían ir caminando hasta clases o con su conductor borracho designado, así que hoy las llevare yo —Alice sonrió y se excusó yendo por su ipod ya que lo había olvidado en su cama.
Era tonta, lo sabía. Una simple llevada al colegio no debería hacer que un extraño cosquilleo recorriera mi piel, pero eso era lo que su persona me producía.
—Buenos días, Bella —Edward se acercó a mí y puso lentamente su mano en mi rostro a la vez que sus labios acariciaban mi caliente mejilla; cada poro de mi piel respondía a su contacto de una manera poco sutil.
—Buenos días, ¿cómo amaneciste? —sus ardientes ojos escrudiñaron minuciosamente mi rostro y arrugó el entrecejo.
—Bien y notablemente descansé más que tú Bella, ayer en la noche no tenias estas ojeras.
¿Cómo no adorarlo? Era un hombre tan tierno, amable y se preocupaba por mí "sólo por ser la amiga de su hija" me recordó con saña mi conciencia. Unas cálidas y fuertes manos me sacaron de mis cavilaciones. Edw... —el papá de Alice —acunó mi rostro entre sus manos y con sus dedos pulgares acarició las bolsas bajo mis ojos.
Inconscientemente había dejado de respirar y sólo lo noté cuando él habló.
—¿No dormiste mucho, verdad? —negué tímidamente.
Aún tenía sus manos acariciando mi cara y estremeciendo mi cuerpo; su majestuoso contacto hacía estragos en mi ritmo cardiaco. Inhalé y mis fosas nasales se impregnaron de su masculina y embriagante esencia, Edward olía de una forma exquisita, era como un imán que te llamaba a hundirte en su cuello y volverte adicta a su fragancia.
—Bella debes cuidarte por favor, si Alice no te deja dormir sólo dime y yo…
No lo dejé continuar, no quería que le dijera nada a Alice.
—Alice no tiene nada que ver, es sólo que a veces me cuesta conciliar el sueño.
Ya que ella me interrogaría y estaría más pendiente de mis desvelos y no deseaba que él se preocupara por mi causa. Sin mencionar que no le podía confesar quien era el causante de que no descansara al estar soñando despierta.
—¿Algo te preocupa que no te deja dormir? —me preguntó.
—No, no es nada. Únicamente que… tengo que entregar un trabajo muy importante hoy y eso siempre me pone nerviosa —claro, mi respiración entrecortada no tiene nada que ver con que mantengamos una amena charla con sus manos en mi piel.
—Sí papi, ese trabajo la ha mantenido muy intranquila. Oye, ¿desayunaremos en Delifood como todos los lunes? —volteé mi rostro hacia la fuente de esa melodiosa voz.
Alice se hallaba sentada al lado de Emmett y jugaba con su cabello. No la había oído entrar. Presiento que tuvo que ver con lo absorta que me encontraba poniendo todos mis sentidos a disposición de Edward. Alice me guiñó un ojo y yo no entendí su actitud, ella no tendía a involucrarse en las conversaciones de los demás.
Edward la miró sorprendido como si también acabase de notar su presencia. Quitó las manos de mi rostro, el vacío de su toque no se hizo esperar. Me otorgó una mirada inescrutable y puso la atención en su hija.
Y aunque internamente nunca lo olvidaba, cada vez la realidad me tomaba desprevenida.
Edward era el papá de mi amiga y su atención no era más que la de cuidar a la hija de sus amigos como esperaba lo hicieran con Alice. Él era muy atento siempre con las personas, yo no le era especial o diferente.
—Claro princesa, los buenos hábitos hay que mantenerlos —dijo con una deslumbrante sonrisa que Alice correspondió.
—Emmett, por favor saca la basura — pidió el papá de Alice mientras tomaba su portafolio.
—No estarás hablando en serio. ¿Pretendes que lo haga con el cabrón sol que hay afuera?
—¡Emmett!— llamó Edward en tono acusante.
—¿Qué?— preguntó él sin entender el motivo de su tono.
—Ya sabes lo que pienso de tus groserías frente a Alice…
—Ay Edward… tú dices muchas más groserías que yo —replicó Emmett en un tono que se me asemejó al de un niño regañado.
Edward lo fulminó con la mirada y su mandíbula se tensó.
—Alice ya no es una niña, nada más ayer me hablaba de cosas lésbicas —Emmett continuó —. Además, ella maldice siempre que tú no estás.
Edward giró hacia su hija que tenía una extraña mueca nada apacible en su pequeño rostro; la pobre Alice se debatía entre saltarle a la yugular a su comunicativo tío o empezar a correr hacia la Patagonia ante la mirada enojada de su padre.
—¿Alice? —Edward enarcó una ceja.
—Mmm.. yo…
—¿Tú?
—Yo debo buscar mi libro de geografía —Alice iniciaba su escape pero Edward dijo las palabras ante las que todos advierten que están en problemas.
—¡Alice Marie Cullen Denali! —Sí, su nombre completo.
La enana sabía que su padre odiaba las mentiras y que luego intentara huir para no disculparse. Alice giró su cuerpo y ante mí apareció el mohín más manipulador que había visto en mi vida.
—Oh no señorita, guarda esos pucheros para tu madre —el tono autoritario de Edward reflejaba seriedad; pero percibí una leve sonrisa en su rostro. Él no podía pasar mucho tiempo enojado con su pequeña.
—¿Pero no es una ternurita Edward? No deberías ser tan duro con ella —interrumpió Emmett, intentando resarcir su error defendiendo a Alice.
Yo particularmente hubiese preferido meter la cabeza en la boca de un cocodrilo ante la asesina mirada que le confirió Edward a su hermano, pero supongo que el alcohol todavía controlaba su cuerpo.
—Emmett… sólo... — Edward apretó el puente de su nariz con dos dedos y soltó un sonoro suspiro —sólo encárgate de la basura.
Emmett finalmente entendió que debía callar y asintió volviéndose a recostar en la mesa y abriendo una gaseosa. Alice y Edward salieron a la sala y les di un minuto para que aclararan sus cosas.
—Yo lo lamento papi, intentaré no decir más groserías.
—Está bien princesa, sólo no me gusta sentir que me ocultas esas cosas —Edward le dio un beso en la frente a su hija y miró en mi dirección. —Es hora de irnos o no alcanzaremos las donas calientes.
Alice rió ante el entusiasmo de su padre y salió de la casa hacia la parte de atrás del auto, a ella no le gustaba ir en el asiento delantero. El camino a la cafetería fue ameno. Agradecí que ya todo estuviera bien, cuando Alice peleaba con su papá se ponía muy triste.
Alice insistió en que ella iría sola por nuestras cosas para comer en el auto, yo sabía que le atraía el hijo del dueño que siempre estaba ahí en las mañanas. Ella comería dos donas y tomaría un chocolate caliente, Edward un café y yo un jugo de pera. Cuando Alice se bajó un silencio un tanto incómodo invadió el auto pero era gratamente preferible a no estar a su lado.
—Deberías comer algo más que un café —señalé rompiendo el silencio y arrepintiéndome inmediatamente.
Edward clavó su mirada en mí y pensé que tal vez no teníamos la confianza de que yo le dijera ese tipo de cosas.
—Lo dice la del solitario jugo de pera —Edward sonrió torcidamente y detallé descaradamente su encantador rostro. Sonreí en respuesta. —Creo que iré a comprarme una dona —comentó segundos después —Bella…— Mi nombre en su boca sonaba como una plácida caricia que alteraba mis sentidos —. ¿Deseas algo más?
¿Por qué esas palabras en su sensual voz me hacían pensar en sudor, fricción y múltiples posiciones? Me sentía como vil psicótica ante las impresionantes direcciones que tomaba mi mente, él me hablaba de comida, un inocente desayuno; mi mente no tenía por qué convertirlo en una película para mayores. Claramente cuando él estaba cerca, mi lógica común se extinguía.
—S-sí —murmuré de forma incoherente.
—¿Qué apeteces? — A ti incluyó instantáneamente mi conciencia.
Negué con mi cabeza intentando desechar esos pensamientos. Edward tenía una mirada divertida y aquella sonrisa burlona dibujada en su rostro. Enarcó una ceja y yo apenas capté que estaba esperando mi respuesta.
—Un sándwich de pollo—solté tan de repente que mi ceño se frunció, jamás desayunaba cosas de ese tipo; debía estar más absorta de lo que parecía.
—Listo, enseguida vuelvo.
A los pocos minutos llegó Alice con las cosas.
—Toma tu jugo Bells —Alice me tendió mi bebida y empezó a soplar la espuma de su caliente chocolate. —No me has agradecido por salvarte hace un rato —agregó.
Miré a Alice con el ceño fruncido, ante lo cual, ella aclaró:.
—Ya sabes… la preocupación paternal y cuestionario de hace un rato de papá —. Ella rodó los ojos y yo sonreí de la manera más natural que pude, sintiéndome como una total inepta.
"Preocupación paternal" repetí en mi fuero interno intentando que quedara grabado a fuego en mi mente. Sólo una mierda fraternal, eso era todo.
De repente, sentí que mi delicioso jugo se amargaba.
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¡Hola! Sinceramente lamento la demora con este capítulo. Tuve muchas cosas esta semana, se que está corto y no pasa mucho pero prometo que el otro que ya está en proceso intentara compensarlo :$
Gracias por sus rr, alertas y favoritos. ¡Son geniales!
Celeste te amo, aunque me abandones y seas una mala alma conmigo xD Te dedico este cap.
Y a la personita más loca que existe en el planeta, si Liss de ti hablo. Te adoro corazón, espero sea de tu agrado el corto cap (prometo que el tercero estará pronto) w.w
Que estén muy bien,
Liz
