(In)Fidelidad
Capítulo 2
El que cocinaba en casa siempre era Sai.
Por ello, Ino no tenía muchas habilidades dentro de la cocina y su almuerzo especial así lo hacían notar, pero Sai había enseñado bien a su hijo e Inojin siempre comía lo que su madre le ponía enfrente con una sonrisa. La exquisitez que debería tener la pasta no superaba la normalidad y su única cualidad especial era la ramita de orégano recién cortado que Ino había puesto encima de su creación. Aquello era amor de madre.
—¿Te ha gustado mi sorpresa? —le preguntó feliz y él asintió llevándose más pasta a la boca. Una boca llena no podía contestar y la cabeza era una respuesta fácil. Ino inmediatamente suspiró, botando afuera todo el aire de los pulmones como si ahorrara energías para continuar.
Inojin la miró en silencio y tras tragar, le preguntó aquello que le parecía extraño.
—Mamá, ¿dónde fue papá?
—Creo que está trabajando, ¿por qué?
—Estoy casi seguro que se fue de viaje —contestó con un poco vacilante y vio que su madre no pudo ocultar la sorpresa—. Pero puedo estar equivocado…
—¿De dónde sacaste eso?
—Lo vi con un bolso antes de que llegaras.
—Ah, si es así supongo que no alcanzó a avisarme y me llegará una notificación en la tarde —dijo Ino mientras tragaba espeso y tras unos momentos de vacilación, levantó su plato y se marchó a la cocina. Inojin la escuchó botar a la basura lo que le quedaba en el plato y dejarlo en el lavabo. Después de eso sólo hubo silencio.
—¿Mamá?
Sai entró en la División de Interrogación con pasos vacilantes. Si bien sabía que Ino estaría preparándole un almuerzo a Inojin en su casa, no estaba del todo feliz de estar haciendo lo que hacía.
El Yamanaka se adentró sin ser un ente extraño en el departamento, muchos ya le conocían y lo saludaron reiteradas veces en su camino hacia su objetivo. Eso le ponía mal, había muchos testigos de su presencia ahí y sin duda, Ino se enteraría cuando llegara a trabajar en la tarde. Debía ser rápido y se vio entrando por un pasillo alternativo. Sin más preámbulos que un saludo a la recepcionista, Sai se permitió entrar a la oficina privada de su esposa.
—¿Necesita algo de la oficina? —preguntó la recepcionista sin tener culpa de ser entrometida, era su trabajo.
—No, en lo absoluto —dijo Sai con su sonrisa preparada y fingida que ella no supo entender—. Es tan solo que quiero dejarle un regalo a mi esposa. Una sorpresa.
—Oh —se le escapó a la recepcionista y decidió guardar el secreto—. Yo lo cubro —aseguró y decidió dejar de verlo, para jugar a su mentira de esposo atento.
Abrió la puerta a la oficina y la cerró tras su espalda con la precaución de dejarle llave encima. El aroma que le vino primero fue a lavanda y sin demoras encontró el ramillete que descansaba sobre el escritorio, a un lado de la foto de Inojin y de él mismo. Sai, como buen Yamanaka convertido, supo a qué se debía esa elección.
—«En quién desconfías, Ino…, ¿de mí y de ti misma? —Sin duda, ella sabía que ese sería su siguiente movimiento.
Se dirigió a la zona del escritorio y vio que encima tenía una caja de pañuelos desechables usada, y un basurero al pie del asiento lleno de pañuelos arrugados y mojados con sus lágrimas. Sai apretó los labios, sin saber si confiar en su esposa y creerle que no había montado ese escenario para que él cayera o descartar sus sentimientos encontrados con la idea de que había llorado por él.
Sai se sentó en el asiento que ocupaba Ino, tomando el ramillete de lavanda para apretarlo debajo de la nariz. Se regaló un momento para contemplar la fotografía, su hijo que era la mezcla perfecta entre Ino y él, y de pronto se sintió sonreír. Sí, Inojin le alegraba la vida.
Dejó la fotografía a donde la había dejado y se sacó del bolsillo una hoja de papel gruesa y con textura que se usaban para dejar recados cortos y elegantes. Buscó la pluma de Ino dentro de su cajonera y procedió a dejarle el regalo que le había dicho a la recepcionista. No había nada que podía hacer en esa oficina, Ino no era tan tonta como para dejarle pistas ahí, eso sería demasiado fácil.
Dobló el papel, apretó la nueva esquina con la ayuda de las uñas y besó largamente su nota antes de dejarla frente a la fotografía, donde antes estaba el ramillete de lavanda que se apropió. Lo olía cada tanto, lo apretaba cada tanto para que las flores se machacaran y se llenaba los pulmones de su perfume. «Desconfianza» rezaba el lenguaje de las flores.
Al salir de la oficina, se despidió amablemente de la recepcionista y se dirigió al piso más bajo de la División porque aún no terminaba su visita a los territorios de su esposa. La persona que buscaba lo reconoció enseguida.
—Lo lamento, si busca a su esposa, está en la hora de su descanso…
—Lo sé, está en casa —le respondió—. Necesito que me digas si puedes devolverme recuerdos que me borraron esta mañana.
Cuando llegó al Cuartel, le avisaron que tenía una llamada en espera.
—¿Sakura?
—¿Con quién más?
—Lo siento, no me esperaba tu llamada, eso es todo —afirmó Ino y la sintió sonreír en la otra línea—. ¿Cuál fue la razón de llamarme al trabajo? ¿Tanto me extrañas?
—La verdad es que sí. ¿Sabes? Me encontré con Temari y quedamos en tomar té helado a la salida, ¿quieres unírtenos?
Ino apretó los labios, sintiéndose culpable.
—No lo sé, Inojin y yo estamos solos en casa y no querría llegar tarde. ¿Qué les parece si van a mi casa? Puedo hacer refrescos de jengibre y menta.
Sakura se oyó vacilar desde la otra línea.
—¿Sai no está? ¿Dónde se metió? —Ino no la escuchaba muy convencida formulando esa pregunta, se sentía obligada, y forzaba a la rubia a hablar de un tema que ella se esmeraba en omitir.
—Inojin me dijo que se fue de viaje aunque no lo sé a ciencia cierta. Espero que durante la tarde llegue una notificación a la casa si es que surgió una misión importante. —Luego añadió—. Realmente dudo que se haya ido sin avisarme, no es tan hijo de puta.
—Oh. —Sakura demoró un siglo en salir de su ensimismamiento—. ¿Nos vemos a la salida entonces?
—Por supuesto.
Y cortaron.
La recepcionista la saludó y la miró durante todo el recorrido a su oficina con una curiosidad rebosante. Ino la ignoró y cerró su puerta con llave para evitar que se le lanzara a preguntarle cualquier tontería.
Luego la vio.
La lavanda que había dejado había sido reemplazada por una nota y aunque esperaba que eso pasara, su corazón se le detuvo en el acto.
Ino leyó la nota que su marido había dejado en su escritorio y no pudo creer lo que había escrito ahí.
—¿«Te perdono por lo de hoy»? —leyó en voz alta, aguantándose las ganas de arrugar la nota y lanzarla lejos—. Debes estar bromeando, Sai… Debes estarlo porque… —La nota se rompió en dos pedazos y luego cuatro, y terminaron por volar por los aires cuando Ino expulsó el grito que tenía atorado en su garganta.
Afuera, la recepcionista saltaba sobre su asiento preguntándose qué clase de regalo había dejado el lúgubre señor Yamanaka a su esposa para que ésta reaccionara de tal manera.
Nota de la Autorísima: ¡Hola! Después de ¿dos días? He aquí la primera actualización de esta historia hermosa. Me encanta en su totalidad y supongo que tiene a Inojin y esa confusión confusa jaja ¿Ahora ya tienen las primeras conclusiones? ¿Qué pasó con ellos?
Las actualizaciones serán rápidas (espero) y no muy extensas, me es más fácil así y es más dinámico. Me encanta :)
Muchas gracias a los comentarios preciosos de Inochan-Uchiha, mi hermosa hermana Sybilla's Song, Rarie-Roo 07, Naoko-eri, Silvin Lewis Uchiha, Vistoria y mi adorada kumikoson4.
Besos, RP.
