DISCLAIMER: ni soy dueña de nada del Universo de Harry Potter, ni recibo pago alguno por lo que publico a continuación. La historia es 100porciento salida de mi imaginación e impulsada por la saga de HP


#2. Explicar

Bajaron juntos las escaleras hacia la sala común, como casi todos los días. Remus iba malhumorado porque para ser sinceros, sí le apetecía quedarse y leer un largo rato, para distraerse de ciertas cosas que le rondaban por la mente últimamente y le hacían sentirse angustiado, confundido. Y "esas cosas" caminaba pegado a su hombro hablando sin parar.

-…así fue Lunático, nunca he visto a James reír tanto como ese día- hizo una pausa en la que una sonrisa enorme se instaló en sus labios –No, joder, me retracto. El día que Cornamenta más se ha reído fue aquella vez en que ¿recuerdas Remus? Ese día que Quejicus…-

Y justo después de la mención de ese nombre, el cerebro del licántropo se desconectó de la realidad por un momento. Mantuvo el paso lento que Sirius estaba marcando, y le miraba como si le estuviera escuchando e incluso asentía con la cabeza de vez en cuando de manera automática pero no oía absolutamente nada. Todo era un murmullo molesto como el de un mosquito.

Remus a veces siente que se ahoga. Sirius lleva una larga lista de chicas con quienes ha salido (nunca nada serio, por Merlín, es Sirius Black) y se rumora por ahí que los hombres tampoco se escapan de su encanto, y que se lo digan a él. Ni siquiera puede estar seguro cuando empezó a sentirse tan diferente respecto a su amigo. Pudo ser en cualquier momento, desde que eran unos críos corriendo por los terrenos del castillo, cuando lo vio con la primera chica y Remus se sintió… irritado, por llamarlo de alguna forma, o tal vez fue después de cualquier luna llena, cuando Black pasaba buena parte del día sentado junto a su cama en la enfermería contándole lo bien que les había ido en algún partido o la magnitud de la última broma contra cierto Slythering Pudo ser cuando lo vio volando por primera vez, o cuando lo vio caer y corrió a la enfermería con el corazón en las manos, y más probablemente alguna de las veces que lo escuchó reír alto y profundo, y sincero. Porque así es él y cualquier momento es bueno para enamorarse de Sirius Black.

Pero no para él, porque él tiene que ser su amigo incondicional, el que esté en la buenas y en las malas, al que le cuente su ultima noche con cualquier Revenclow, una que otra Huffelpuf o sus favoritas, las leonas. Deben estar juntos cuando salgan del colegio y tengan que enfrentarse codo a codo a lo que les espera fuera de aquellas antiguas paredes de piedra. Y si Remus sigue en ese estado, la cosa se tornará más difícil de lo que ya es.

-Remus- su tono ya no era emocionado como la última vez que le prestó atención. Indignado, Sirius golpeó el hombro de su amigo en busca de la atención merecida. Estaban en la entrada del Gran Comedor y el licántropo sonrió a modo de disculpa, apenado.

-Lo siento Sirius ¿qué pasa?

-Que ni James ni Peter o yo hemos desayunado antes de venir y deben estar muriendo de hambre- abrió una de las puertas del hall y dejó a Lupin pasar por delante de él y después le siguió –supongo que les apetecerá algo para llenar sus estómagos.

Llegaron hasta la mesa de Gryfindor y tomaron cuanto les cupo en las manos, para retornar su camino hacia el gran comedor.

-¿qué deberes tienes para el lunes, Moony?- Sirius no se tragó ni lo más mínimo aquella excusa y es que el licántropo no deja la tarea para más del viernes. Algo se traía entre garras el muy cojonudo y él iba a averiguar qué era, pues el comportamiento de su amigo le estaba empezando a desesperar. Se la pasaba rehuyéndole, casi no le veía a los ojos y además le ignoraba múltiples minutos mientras él solo trata de hacerle platica, de ponerlo al día, porque además últimamente se encierra entre los doseles de su cama y no sale por horas y horas.

James y él han hablado de eso una y otra vez a pesar de los insistentes comojodescanuto que le regala Potter entre risas cada vez que tiene intensiones de tocar ese tema. Cornamenta le dice en repetidas ocasiones que le de espacio, que es la luna llena, que son los deberes, que ya sabe como es Remus que se ahoga en un vaso de agua, que está nostálgico por su familia. Excusas, excusas, excusas.

Y él está harto.

Así que lleva a Lupin a los campos para distraerlo, para intentar sonsacarle la verdad y si no lo logra, está casi seguro que en el despacho del profesor Slurgon hay un poco de veritaserum. Sonríe malicioso.

-Tengo eh… un ensayo de Encantamientos y necesito practicar algunos hechizos que no se me dan- es malo. No, es pésimo mintiendo y está seguro de que Sirius se ha dado cuenta pero a lo hecho pecho así que sigue caminando como si nada hubiera pasado.

-Irás a Hosmade la semana entrante?- siguen caminando con toda la comida en los brazos y le mira de reojo, de cuando en cuando. –Porque se me ocurre que tal vez podíamos hacer algo que tú quisieras esta vez- se ríe entre dientes –ya sabes que siempre que vamos a Hooneydocks, Zonko y luego a Cabeza de Puerco.

Remus frunce ligeramente el ceño extrañado por el comentario de su amigo. ¿Lo que él quisiera? Se le ocurrían algunas cosas que involucraban a ambos pero no precisamente en medio de una tienda de bromas o de un pub, ni mucho menos. Sacudió un poco la cabeza, tratando de distraer su mente de aquellos pensamientos que la verdad, no le ayudarían mucho.

-Pues, me gustaría ir a la librería del pueblo. Lily me ha recomendado algunos ejemplares que quisiera comprar.

Sirius asiente con la cabeza, como anotando mentalmente el detalle y sigue caminando sin prisa, con su amigo a un costado y los brazos de ambos igual de repletos del desayuno. Llegan a las puertas del castillo y Sirius se echa a reír por la estupidez de ambos, tan anclados en sus pensamientos que no se les ocurrió un hechizo reductor, así que hizo uno y metió todas las cosas en la mochila de Remus, quien llevaba su libro por si se aburría de verles jugar (cosa que el licántropo mismo sabe que jamás pasará, pero para guardas las apariencias claro) y abrió las puertas del castillo, dejando pasar a Lupin y después imitando sus movimientos.

Una vez fuera, el frío de diciembre les recibe agradablemente, despejando un poquito la mente de Remus y haciéndole sonreír. Blanco se ha vuelto todo donde posen sus ojos. Siguen caminando a paso lento, como si no tuvieran rumbo fijo y Sirius, impaciente como es, rompe la tranquilidad.

-Remus…- titubea, porque no sabe si es el mejor momento. Pero él nunca ha sido el racional de los dos, así que continua -¿qué cojones te pasa últimamente?

Lupin no detiene su caminar, ni abre los ojos con sorpresa, como si Sirius le hubiera preguntado por el clima.

¿Qué pasa? Sencillo. Y extremadamente complicado.
Desde hace un tiempo, tiempo que no puede siquiera definir, el licántropo ya no puede ver a su amigo a los ojos, el corazón se le acelera cuando le huele venir, todo el tiempo le mira de reojo, cuando se encierra en su cama y trata de leer es interrumpido por el mismo pensamiento noche tras noche. Le solapa a él y a todos los Merodeadores sus bromas pesadas, le ayuda con las tareas, le pasa los apuntes, le deja copiarle en los exámenes, se preocupa por él, le va a ver cada partido, sin hablar de las veces que ha despertado pegajoso por soñar con el –si, no sólo por el sudor-.

Imposible de explicar.

Son hasta cosas inconscientes. Porque Sirius es magnético y Lupin es metalico. Si están en la misma habitación, aunque los rodeen cien compañeros más, él siempre termina cerca de Black.

Demasiadas cosas son las que pasan por su mente, rápido, haciendo ruido, rodeándole el cuerpo y mareándolo intensamente. Las palabras se le agolpan en la garganta y le hacen querer gritar mucho, hasta terminar afónico, para ver si de una vez por todas logra desahogarse de esos sentimientos. Porque estar enamorado de tu mejor amigo, no es cosa simple.

-Nada Sirius ¿por qué lo preguntas?- la voz le ha salido rasposa del esfuerzo, haciéndose paso entre aquellas cosas que realmente le gustaría decir, pero al menos lo logró.

Sirius sigue sin tragarse ni una pizca de todo lo que le dice Remus, pero decide que lo mejor es esperar un poco más. Porque tiene una ligera idea de lo que sucede y esa sensación le molesta en el pecho y todas las noches. Y espera, por Merlín, que sea lo que él cree, porque lo que hará dentro de un rato sería difícil de justificar si Remus no está pasando por lo mismo.

Llegaron a los campos de quidditch y subieron hasta las gradas, donde Peter, James y Lily les esperaban. Dejaron toda la comida que cargaban en brazos y se sentaron a comer todos juntos.

-¿Cómo has logrado traerlo Canuto?- preguntó James riendo, para después darle una mordida al pastel de calabaza que sostenía en la mano derecha.

-Tengo mis técnicas Cornamenta- y Sirius levanta las cejas insinuante y James vuelve a soltar una carcajada, coreado por Lily, porque ella los conoce bien (especialmente a Remus) y sabe lo que se traen entre brazos, además de que siempre le ha sorprendido e irritado a partes iguales la naturalidad que tiene Black para ciertas cosas.

Remus finge indiferencia ante el comentario pero Sirius puede jurar que lo vio de reojo sonreír.

-Entonces qué ¿listo para morder el suelo?

-Venga, pero lo único que morderás es mi traser

James y Sirius se pusieron de pie de un brinco, tomaron sus escobas, y mientras corrían por las gradas, alzaron el vuelo. Reían y hacían piruetas por todo el campo como si tuvieran nuevamente 11 años y nada de lo que les esperaba fuera del colegio fuera verdad. Porque para Sirius, estar en el aire era como dejar en el suelo todos los pensamientos. Buenos y malos. Excepto uno.


Así va la cosa.
Un beso monumental;

Taniz(: