Bueno, perdón por el retraso, pero esperaba recibir otro review. Ni modo. Espero que este sea de su agrado. Nos veremos en la parte baja con los agradecimientos.
La Vida Que no Elegí
Zero no Tsukaima
Todo era normal con ella. Iba a terminar la Universidad, su familia era pacífica y nada podía alterarla. ¿Un accidente, tal vez? Cambio de vida, nuevos desafíos y peligros. Secretos ocultos acerca de su pasado y ahora presente. Se le ha encomendado una misión que ni ella misma está segura de poder cumplir. Ha perdido su libertad, ahora vive con miedo de ser herida o herir a otros. Ya ha perdido mucho y no está dispuesta a perder más. Mucho menos ahora que el amor ha vuelto a golpear en su puerta, mas sin embargo, no es un rostro desconocido. ¿Qué serías capaz de hacer para proteger al amor de tu vida y a la vez, mantener a salvo el mayor tesoro familiar¿Qué darías por su bienestar y protección?
-…- (Diálogos)
-"…"- (Pensamientos)
Blah blah blah (Flashbacks)
(…) (Notas de la autora)
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen. Sólo hago uso de ellos para crear una historia que me mantenga entretenida durante toda la tarde, al igual que a ustedes, los lectores.
Cáp. 2: Lo que el tiempo trajo consigo.
Un tímido rayo de sol se coló por la ventana, iluminando quedamente el piso de la habitación. Algunos sonidos sonaban fuera de esta, posiblemente en el jardín. Un bulto se movió de entre las sábanas, soltando algunos gemidos somnolientos. Una mano apareció de repente, mientras tomaba la orilla de la colcha, topándose más arriba, donde los rayos solares ya comenzaban a llegar. Se escucharon unos pasos en los pasillo y la joven que allí dormitaba maldijo internamente, sujetando con más firmeza las sábanas. Dos toques resonaron en la habitación, viniendo desde la puerta de madera. Con refunfuñes la pelirosa se fue irguiendo, mientras se tallaba un ojo con una mano y con otra ahogaba un bostezo. Medio se acomodó el cabello con los dedos, antes de contestar.
-Pasa—fue todo lo que dijo, haciendo su mayor esfuerzo por no volver a dormirse.
Una joven de cabellos azulados entró, con una mirada calmada y serena. Una tímida sonrisa adornaba su rostro, y vestía con un uniforme de mucama de color azul marino. Todos los sirvientes a la familia Velliére usaban ese conjunto, sin importar el país donde se encontrasen. Hizo una reverencia ante la chica, antes de caminar hacia la ventana y halar las cortinas, abriendo la ventana de par en par, permitiendo a los ases entrar de golpe, cegando a la medio dormida chica por unos segundos.
-Espero que haya dormido bien, mademoiselle Valliére—decía girándose, mientras su sonrisa se ampliaba un poco más. La chica aún algo deslumbrada intentó corresponder la sonrisa, pero el brillo de la ventana no le dejaba enfocar bien. La chica se acercó, mientras comenzaba a recoger una que otra cosa que se encontraba en el piso—Su hermana, mademoiselle Eleonor le espera en el comedor—añadía llevándose la ropa recogida—Por cierto…--recordó de repente, ya parada en la puerta—Feliz cumpleaños, Louise…--finalizó, saliendo de la habitación.
-Gracias, Tabitha—respondió en un susurro, mirando por donde había desaparecido una de sus más cercanas amigas.
-¡Louise!—gritó alguien de suave voz, corriendo hacia su hermana menor, quien le respondió con una sonrisa antes de sentir como la rodeaba en sus brazos--¡Feliz cumpleaños!—exclamaba estrechándola con fuerza. La joven cumpleañera correspondió el gesto, abrazándola también.
-Gracias, hermana—respondió cuando la soltó.
-Hoy cumples veintitrés—decía analizando cada palabra—Te estás haciendo vieja, nena—añadía guiñándole un ojo con ternura.
-¡Catleya!—chilló la chica molesta por el comentario. Su hermana no solía hacer ese tipo de bromas, pero cuando por azar del destino se le ocurría, cómo le hacía enojar.
-Louise…--dijo alguien entrando a la habitación. Ambas pelirosas se giraron, encontrándose con la mayor de las tres, con su típica mirada seria y calculadora. Pero ahora, también la preocupación se reflejaba en sus rosáceos orbes—Felicidades—agregó cuando ya estaba frente a ella y dándole un rápido abrazo, al que la joven no pudo ni corresponder.
-Gracias, Eleonor—dijo viéndola confundida.
-Ven, acompáñame a la biblioteca, tengo algo que decirte—decía girándose para dirigirse a dicha habitación. Louise se giró hacia su hermana mayor, quien ahora también poseía esa mirada llena de angustia. Esta pareció sentir su mirada y la miró por el rabillo del ojo. Ese fue el único gesto que hizo, antes de caminar también hacia la biblioteca. Parpadeó confundida, observándolas partir. Y con paso algo desconfiado las siguió, no era propio de sus hermanas comportarse así en su cumpleaños, menos de Catleya. Algo grave debía de ocurrir.
-Siéntate—pidió la rubia, cuando la puerta se había cerrado. Estaban solas en la habitación, observándose las unas a las otras. Un ambiente demasiado tenso para el gusto de Louise. Comenzó a sentirse nerviosa, mordiéndose una y otra vez el labio inferior.
-¿Sucede algo?—preguntó intentando sacarles algo a sus hermanas, que parecían haberse arrepentido de lo que fueran a decirle.
-Necesitamos explicarte algo que ya no puede esperar más—dijo de repente Eleonor, mirando como hipnotizada a la chimenea que flameaba cerca de los estantes. El silencio volvió a reinar.
-¿Y se puede saber qué es?—volvió a preguntar Louise, cada vez más preocupada.
-Louise, ¿el abuelo te dio algo en día en el que enterraron a nuestros padres, cierto?—cuestionó Catleya, sentada en frente de la jovencita.
-Sí…--respondió insegura.
-¿Te comentó algo acerca de lo que era en realidad?—seguía ahora Eleonor.
-No, sólo que era un tesoro familiar que pasaba durante generaciones para ser custodiado—dijo muy segura—Y que ustedes tenían los suyos que proteger—añadió.
-Lo sabía…--murmuró la rubia, cerrando los ojos—Esto ya se está saliendo de nuestras manos…--seguía diciendo más para sí misma que para las otras--¡Maldita sea, por qué nosotras!—gritó de repente, asustando a las otras dos.
-Eleonor, tranquilízate—pidió la pelirosa, acercándose a ella para intentar abrazarla, pero su hermana se lo impidió, girándose y mostrando una mirada fiera.
-¿¡Cómo quieres que me tranquilice si nos han impuesto algo de lo ni siquiera nosotras estábamos concientes!?—gritó frustrada--¡Nos han sentenciado!—añadía, apretando los puños.
-Eleonor, por favor…
-¡No!—chilló alejándose--¡Entiende, nos dejaron la carga, el trabajo pesado, prácticamente están esperando a ver cuando cedemos para matarnos y pensar a quien pasarle la maldita sentencia!—decía, comenzando a sollozar.
-¿Cómo?—preguntó anonadada Louise, quien no había dicho ni una palabra desde que iniciaron a conversar. Ambas se giraron y Eleonor se acercó, encarándola.
-Los dizque tesoros familiares, son eso, tesoros, pero no precisamente pertenecientes a nuestra dinastía—explicaba con seriedad—Miles de organizaciones andan en su búsqueda, puesto que ellos son la llave para poder abrir la bóveda donde se cree que se guarda el arma suprema—seguía—Los tres collares que poseemos, son la clave para encontrar la verdadera llave, y por eso lo mejor fue alejarlos, pero…--cayó, bajando la mirada—Nunca pensamos que dichos tesoros terminarían, los tres, dentro del repertorio familiar—murmuraba ahora, sintiéndose cada vez peor—Para protegerlos, se fueron pasando de generación en generación y los que les poseían, debían de cuidarlos a costa de su vida y protección de la familia…
Ya no pudo más, sintió desvanecerse y se dejó caer de rodillas, derramando lágrimas.
-Nuestro padre fue el último que poseyó uno de los medallones, y por eso les mataron—seguía explicando entrecortadamente—¡Sin siquiera saber si le poseía en ese momento o no!—sollozó fuertemente.
-Shh, tranquila, cálmate—pidió Catleya, hincándose junto a ella, logrando abrazarla protectoramente. De nueva cuenta, se formó un incómodo silencio. Louise apretó con más fuerza su agarre contra el sillón. ¿Todo eso era verdad? ¿Sus padres habían muerto por ese medallón? Comenzó a jadear. ¿Acaso ellas correrían por el mismo destino?
-¿El que tengo yo, perteneció a nuestro padre, cierto?—preguntó la menor de las tres, llevándose una mano al pecho, donde bajo la ropa sentía el dichoso medallón, colgando de su cuello.
-Sí—respondió Catleya, mirándole.
-¿Él nunca lo tuvo esa noche, cierto?—volvió a preguntar.
-No, al parecer estaba resguardado en la casa y sólo el abuelo sabía donde hallarlo—explicaba—Y cuando sucedió esto, automáticamente buscó alguien quien le pudiera custodiar y…
-Me eligió a mí—interrumpió con seriedad. Su hermana asintió, regresando su mirada a Eleonor, que parecía ya calmarse.
-Y ahora las tres tenemos los tesoros y creemos que esto es algo demasiado tentador para los que los buscan—añadía, ayudando a la rubia a ponerse en pie.
-Lo entiendo—respondió la joven, intentando parecer lo más calmada posible—Entonces lo que sugieren, es que nos separemos, ¿cierto?—cuestionó, buscando algún tipo de respuesta.
-En efecto—dijo al fin la mayor, tomando un poco de aire.
-¿No existe otra solución?—preguntó Louise, mirándola--¿Desaparecerlos, por ejemplo?—intentó.
-¿Qué sería peor, que te encontraran con ellos o sin ellos?—respondió su hermana, secamente. Sea cual sea la respuesta, no era buena para ellas.
-Entonces, ¿dónde iremos?—preguntó la chica, resentida y algo resignada.
-Cuanto más lejos estemos las unas de las otras, creo que será mejor—dijo Catleya, algo triste por el desolado panorama—Y lo mejor escondidas posible—agregó.
-Sí…--respondieron al unísono las otras dos, bajando la mirada.
Toc-Toc-Toc
-Adelante—dijo Eleonor, sentándose.
Una joven pelirroja entró, vestida con el vestido azul marino que distinguía a los sirvientes de los Valliére. Hizo una reverencia ante ellas, antes de comenzar a hablar.
-El desayuno está servido—dijo sonriendo un poco, mientras miraba a Louise y le guiñaba un ojo.
-En un momento iremos, Kirche—respondió Catleya, poniéndose de pie. La chica asintió, saliendo de la habitación.
-¿Entonces?—preguntó Louise.
-Hoy en la noche me iré a Suiza—dijo Eleonor, levantándose—Y Catleya ha decidido irse a Australia en un par de días—seguía explicando—Sólo faltas tú—finalizaba, mirándola.
-Piensa al lugar donde te irás, peor de cualesquier modo, ten en mente varios, puesto que posiblemente necesitaremos muchos lugares ya que estar en un solo lugar puede ser arriesgado—pedía la pelirosa, observando a su hermana menor, quien asintió con la mirada perdida.
Las dos mayores salieron, dejándola solo por unos minutos. Cuando todo quedó en silencio, se dejó caer de rodillas, sintiéndose débil. Con lentitud fue sacando el collar de debajo de su blusa para mirarlo con recelo. Todo por su culpa. Lo apretó con ciega furia, mientras lo maldecía en su mente. ¿A dónde iría? Miró a su alrededor, intentando que algo le diera la respuesta, sin mucho resultado. Comenzó a convulsionarse un poco por los nacientes sollozos que ella intentaba retener. No sabía a dónde ir. Si era verdad lo que sus hermanas le habían dicho, en todo el maldito mundo podría estar en peligro. Golpeó el piso con el puño, sintiendo como las orillas del collar se clavaban en su palma. Una lágrima rodó por su mejilla, hasta terminar en la alfombra, dejando una amarga marca de desesperación.
Este definitivamente, era el peor cumpleaños de su vida…
Todo el día se había pasado volando, y ahora, ya pasada la media noche, aún se encontraba despierta, observando el techo de su habitación. A su lado, en el buró, estaba el collar. Se mordió el labio inferior, moviéndose inquieta en la cama. Su hermana hacía pocos minutos que se había ido, y en unos cuantos días Catleya también y ella se quedaría sola en esa casa. Podría quedarse allí, pero pondría peligro a todos los que ahí habitaban. ¿A dónde podría ir? ¿Dónde? ¡Maldita sea, necesitaba una señal!
Un repentino sonido irrumpió su silencio, haciéndola voltear. Su celular vibraba junto al collar, mientras que una aguda melodía sonaba una y otra vez. Levantó una ceja, mientras tomaba el aparato y revisaba quien le había llamado. Leyó el contenido del mensaje y parpadeó sorprendida, y observó una y otra vez el remitente cómo sin creérselo aún.
Feliz cumpleaños, bruja.
¡Ya estás vieja!
Jajaja, 23 añotes… ¡bah!
De todos modos sigo siendo mayor que tú
Je, perdón por no haberme comunicado contigo antes.
Bueno, adiós bruja, espero que te la hayas pasado bien.
Te cuidas, jajaja, te quiere…
Saito
El celular se deslizó por su mano, hasta caer en el colchón. ¿Saito? Su corazón pareció dar un vuelco al leer ese nombre. ¿Cómo es que…? Comenzó a inhalar y exhalar aire, para calmarse un poco. No era posible… Desde hacía más de tres años que no comunicaba con él, sólo de uno que otro mensaje y a medias. Se llevó una mano a su mejilla, sintiéndola caliente y con la cabeza dándole vueltas se dejó caer entre las almohadas. Su mente formulaba miles de hipótesis y razones para que ese muchacho se haya acordado de su cumpleaños en ese mismo instante pero…
¿Querías una señal, no? Ahí la tienes…
Cerró los ojos, e inhaló una bocanada de aire. Sólo esa frase se repetía en su cabeza y no tenía otra opción más que aceptarla e intentar no buscar más razones. Cuando abrió los ojos, éstos poseían un singular brillo y su corazón volvió a latir con violencia. Ya sabía a dónde ir, pero… ¿Era la decisión correcta? No lo sabía, sólo el tiempo lo diría, por ahora, sólo quería dormir y soñar inconcientemente en un chico de ojos azules y encantadora sonrisa.
Continuará...
¡Ahí está! Je, bueno, no tengo mucho qué decir, así que sólo pasaré a los agradecimientos:
kiosé (nee-chan): no comments xD era de los reviews que esperaba de cajón o que ya tenían hasta su lugar apartado. Bueno, aquí ´ta el cáp. 2 (aunque ya lo leíste ¬¬) ¡de todos modos, deja review, sip!
Silvemy89: ¡holas, holas! jejeje, no te esperé aquí, pero me agradó mucho ver tu review. Me alegra que te gustara lo que va de la historia (aunque no hallas visto la serie, de hecho, no tiene mucho que ver con la serie, ya que es Universo Alterno)
atte: TanInu
(((REVIEWS)))
