Un nuevo capitulo de Una vez más.

¿Sakura tendrá otra oportunidad? ¿Y si la tiene sabrá aprovecharla? Puede que inevitablemente ocurra lo mismo, y es que el destino no se puede cambiar o ¿si? Sobre eso yo le diría a Sakura... caminante no hay camino, se hace camino al andar... pero ten cuidado que puedes tropezar con la misma piedra que una vez te hizo caer.

Gracias por sus reviews y espero que este capitulo les guste y los atrape.

(Las cursivas son recuerdos del pasado)


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Una vez más

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Shaoran: si la vida no nos reunió, la muerte nos hará inseparables.

1

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Sakura se pasó la mano por el rostro y se limpió la ultima lagrima que descendía por su mejilla. Todavía quería llorar, pero se aguantó. No tenía sentido seguir lamentándose, porque si lo hacía tal vez se pasaría todo el resto de su vida llorando por lo que no pudo ser.

Dio un ultimo vistazo al tumulto de gente en torno a lo poco que iba quedando del agujero profundo donde yacía el cuerpo deshabitado de Shaoran, y tuvo la mala suerte de encontrarse con los ojos profundos de Tomoyo.

Los ojos de la chica se abrieron como plato y la vio coger el brazo de un hombre alto y de gafas, que tenía el cabello azulado. No lo reconoció de inmediato, pero cuando este la miró se dio cuenta de que se trataba de Eriol, el muchacho del que Tomoyo siempre había estado enamorada.

La vio caminar en su dirección, pero Sakura no quería saludarla ni hablarle. No quería saber absolutamente acerca de nadie.

Antes de que se diera cuenta sus piernas se echaron a correr y ya no se detuvo.

Iba tan rápido que no tenia tiempo de disculparse de la gente que pasaba a llevar. NI siquiera sabía a donde ir, sus piernas se movían solas, como si buscaran algún lugar, algún escape.

Desde lejos pudo oír los gritos de Tomoyo y la voz de Eriol pidiéndole que por favor dejara de correr. No iba a detenerse, no tenía motivos para hacerlo, detenerse era como volver a pensar en todo lo que acababa de ocurrir y ella no quería recordar lo que había pasado.

Pronto salió del enorme parque, el césped debajo de sus pies se convirtió en cemento, pero ella no dejó de correr aún cuando oyó, o talvez imaginó, que Tomoyo le decía que tuviera cuidado con la calle.

Si Shaoran se lo pidiera ella se detendría. Dejaría de arrancar de su vida y lo miraría de frente, le sonreiría y le diría al fin que lo amaba. Pero él a ya no estaba y no volvería jamás. Ella en cambio seguía allí, seguía viva y amarrada a su horrorosa realidad. No le quedaba otra cosa que huir, después de todo nadie la echaría de menos si se iba, ella se había encargado de eso durante todos esos años.

Su madre estaba muerta, de su padre no tenía noticias desde hace mucho tiempo y talvez el único que la extrañaría un poco, principalmente porque no vería el plato lleno de comida, sería Kero.

¿Para qué iba a detenerse, entonces?

Tomoyo seguía gritando, pero Eriol se oía más cerca. Sakura lo miró por sobre su hombro y lo vio corriendo a toda prisa, con el rostro rojo por el esfuerzo, y pensó que hacia todo eso, no por ella, sino por Tomoyo. Porque la amaba, porque siempre la había amado.

Una lagrima se escurrió por su mejilla, tan rápida que casi no la sintió. Cerró los ojos con fuerza y le dio el ultimo arranque a sus piernas.

Antes de que pudiera percatarse de que comenzaba a dolerle el pecho, unas luces la encandilaron y el chirrido de un motor la sumió como en un trance. A lo lejos la voz de Tomoyo se rasgó en un grito ahogado, y luego... nada, la realidad se le escapó de las manos como polvo esparcido por el viento.

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2

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Todo pasó demasiado rápido y no se dio ni cuenta. Las luces la encandilaron, el sonido del motor y las ruedas chirriando la sumieron en un trance, donde no había dolor, donde no había nada en realidad. Así como ocurrió, se desvaneció. El peso de su propio cuerpo se convirtió en el de una pluma, liviano, así como el de uno sin energía. Pareció como si flotara, pero eso no era posible. A su alrededor todo se volvió nubarrón de muchos colores sin forma, ambiguos pero muy llamativos. Persiguió el reflejo de una figura negra, alta, que olía raro, como a goma quemada, aunque talvez fuera otra cosa. Una capucha negra le cubría la lánguida figura no humana, desde allí Sakura no podía verla bien, o talvez fuere porque todavía le encandilaba el foco del auto.

Se tendió a su lado y por entre los pliegues de la tela negra unos pequeños ojos brillantes la miraron, la reconocieron, la identificaron. Una sonrisa imitó la humana, y ella quiso hablar, pero no pudo decir nada. Le escoció la garganta por lo que se llevó las manos al cuello. No lo sintió, o talvez lo atravesó con aquellas manos transparentes. Se miró las manos y luego a la figura negra, la misma sonrisa en sus no labios, la misma expresión en aquellos no ojos brillantes, talvez más brillantes que el foco del auto.

- EL tiempo no puede retroceder – oyó la voz provenir de aquella sonrisa que le había gustado, pero a la vez la oyó provenir de si misma. De su pecho, gorgoteando como si tuviera forma y se sintiera - Pero tu si, tu puedes viajar a través de él – agregó la voz, que no era ella pero a la vez lo era.

Le tendió una mano y Sakura la sostuvo pensando que lo atravesaría. Huesos blancos, una mano que era puro hueso se unió a la suya y una fuerza la elevó más alto aún.

Se acercó a su oído y sus labios se sintieron muy fríos.

- Ten mucho cuidado Sakura Kinomoto...- le dijo arrastrando las palabras como un silbido – Hay cosas que ya están escritas y no se pueden borrar...

Su voz se fue achicando hasta que Sakura no pudo oír más que un suave murmullo. Quiso sujetarla de la capa negra, pero sus dedos apretaron el aire.

La sonrisa entre los pliegues de la tela se volvió lejana, y Sakura se dio cuenta de que iba cayendo mientras la extraña criatura se quedaba en las alturas, sonriendo de un modo cómplice, como si entre ellos acabara de cerrarse una especie de trato.

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Sakura se miró al espejo y no le gustó su vestido largo. Se sintió demasiado mojigata al lado de la chica que había llevado Shaoran, que tenía un vestido negro muy corto y ceñido a su estrecha cintura de avispa.

Se llevó una mano a la falda y comenzó a acortarla de a poco, hasta que aparecieron sus blancas piernas y sus rodillas redondas. Sin ningún cuidado tiró de la tela y la rasgó, mientras sus ojos miraban el reflejo del espejo y una sonrisa que no conocía se estampaba en sus labios.

Luego hizo lo mismo con las mangas de tul hasta que su vestido se convirtió en un estrecho traje sin mangas. Se dio una ultima mirada al espejo y se retocó los labios, tratando de resaltar sus atributos lo más posible.

Cuando salió del baño las miradas se posaron en ella como abejas en la miel, y ella misma se encargó de hacer contacto visual con Shaoran, que aún permanecía sentado en la mesa y no había querido sacar a bailar a su pareja.

Su rostro pasó de lo sorpresa al enfado en pocos segundos, pero Sakura no tuvo tiempo de preocuparse, por que unas fuertes manos la cogieron de la cintura y la arrastraron a la pista, donde inició un baile muy provocativo.

Shaoran se puso de pie de un brinco. Sakura deslizó las manos por los cabellos castaños de su pareja y antes de que Shaoran pudiera pisar la pista de baile, lo acercó por la nuca y le dio un fuerte beso en los labios.

Cuando se separaron, Sakura vio a Shaoran desaparecer por la puerta con la muchacha de estrecha cintura muy sujeta a su mano, y esa fue lo último que supo de él.

No volvió a verlo nunca más.

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3

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Despertó por instinto, y ya era de día.

Miró a su alrededor esperando encontrarse en su habitación, pero vio un escenario de paredes blancas, una enorme ventana cubierta por una persiana gris, y ella acostada en una cama de sábanas celestes.

Estaba en un hospital. En la palma de su mano derecha se perdía el tuvo de una manguera delgada que se conectaba con una bolsita de suero.

Recordó entonces que había tenido un accidente. Un carro se había estrellado contra ella lanzándola lejos, pero en el momento del impacto ella pensó que había muerto. No en realidad, estaba segura de que había muerto. ¿Y esa criatura que le habló qué tenía que ver con el accidente? No era humana, parecía sacada de su imaginación, pero al mismo tiempo era muy real. Su voz rasposa susurrándole algo al oído ¿Por que no podía recordar lo que dijo?

Se llevó las manos a la cabeza, se tocó el rostro con los dedos en busca de algún indicio de lo que había sucedido, pero nada. Cuando levantó las sabanas comprobó que tampoco tenía vendajes, ni magulladuras, ni si quiera un hueso roto. No había dolor físico, salvo un poco de sed y un extraño escozor en la garganta, como si estuviera aguantando las ganas de llorar.

Entonces un recuerdo cruzó su mente provocándole un escalofrío. Ella cruzando la callé corriendo, pensando en él y sus piernas no querer detenerse. Antes de impactar contra el automóvil y que todo se volviera oscuro, había estado pensando en la muerte de Li Shaoran.

Se llevó la mano al pecho, pero antes de que pudiera echarse a llorar la puerta se abrió despacio y el rostro regordete de una enfermera entrada en años se asomó enseñando una sugerente sonrisa.

- ¿Tienes hambre? - preguntó con voz dulce, aunque talvez demasiado ensayada. No esperó a que Sakura respondiera y se apresuró a entrar llevando una bandeja en su mano derecha.

La vio replegar una mesa sobre su regazo y dejar la bandeja sobre ella, todo esto sin dejar de sonreír.

Sakura movió la boca para hablar, separó los labios resecos pero no pudo decir nada. No tuvo dominio sobre si misma cuando sus ojos se llenaron de lagrimas y se echó a llorar. Una mano le acarició la cabeza con cuidado y una voz le dijo despacio que estuviera tranquila, que solo había sido una recaída.

Sakura entonces abrió los ojos insegura. ¿Una recaída? Pero si casi la había arrollado un coche que iba a varios kilómetros por hora.

- Pensé que iba a morir...- susurró más para sí que para la mujer.

En realidad la idea de muerte no le parecía tan mala ahora que Shaoran no estaba, y por un momento sintió la furia de encontrarse aún con vida.

- Estabas bastante deshidratada, pero nada que no tuviera solución – le dijo la enfermera con cierto tono de diversión.

Sakura negó con la cabeza de inmediato, pensando que esa mujer se había vuelto loca. Buscó de nuevo indicios de heridas en su cuerpo, alguna fractura cuyo dolor todavía repercutiera, pero no las encontró antes y ahora tampoco.

Si no había tenido un accidente al salir del cementerio entonces… quizás Shaoran tampoco estaba muerto. No, eso era absurdo. Ella lo había visto, había visto como su cuerpo se perdía debajo de la tierra, tan elegantemente protegido por el ataúd de madera de roble y tan muerto.

- Debí morir – dijo con la voz ahogada – Para estar con él, debí morir...

La mirada incrédula de la enfermera la enfureció, y cuando esta quiso calmarla con una caricia, Sakura se apartó bruscamente.

- Creo que aún estas un poco inestable – dijo la mujer cambiando el tono de voz por uno de preocupación, y acto seguido presionó el botón del interfono en el panel que estaba sobre la cama.

Sakura ignoró sus movimientos y sus palabras. Sabía que eso era un sueño, que ella estaba en realidad de camino al lugar donde Shaoran la estaría esperando para estrecharla en sus brazos como nunca hizo en vida. Ella iba a reunirse con él, y sonrió al pensar que volvería a verlo.

- Shaoran – escapó de sus labios de forma soñadora.

Su vista perdida no reparó en que la enfermera había alejado la bandeja de comida y que revisaba la máquina en busca de algún desorden. Pronto llegó el doctor y la mujer le dijo algo al oído.

Una mano se acercó para tocarle la frente, pero Sakura la rehuyó en el acto.

- No debo estar aquí – balbuceó.

- Sufrió una descompensación, Señorita Kinomoto – le explicó el doctor con voz profesional. Las manos volvieron a acercarse a su rostro, pero esta vez la sujetaron firmemente para que Sakura no volviera a apartarse – Ahora tiene fiebre y está alucinando.

No, Sakura movió la cabeza de un lado a otro, negándose a creer que aquello estuviera pasando.

- Estoy muerta. Shaoran me espera, debo irme...- pero cuando terminó de decir aquello una sensación de vértigo la invadió y su cuerpo se desmoronó.

Antes de cerrar los ojos y perderse en el vacío, oyó la voz del doctor dándole ordenes presurosas a la enfermera.

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4

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- Buenos días – dijo una voz y Sakura abrió los ojos con cuidado. Aquella voz le parecía familiar, pero no podía recordar donde la había oído antes. Cuando sus ojos enfocaron a la persona que estaba frente a ella, su corazón dio un vuelco y casi se quedó sin respiración.

- Shaoran! - gimió llevándose una mano a la boca. Él le enseñó una sonrisa y se acercó un poco más a ella.

Sakura contempló sus ojos ámbar llenos de vida. Shaoran estaba frente a ella y estaba vivo, sano como lo recordaba e igualmente atractivo. Tuvo el impulso de acercarlo por la nuca y nadie se lo impidió. Antes de que fuera verdaderamente conciente de lo que hacia ya lo había atraído hacia ella y le plantaba un beso en los labios.

Él se apartó con cuidado, algo sorprendido, pero Sakura no se disculpó por su actuar. Al contrario, le enseñó una sonrisa.

- Me alegra que hayas venido a verme – susurró mirándolo a los ojos. Él le devolvió la sonrisa.

- Por supuesto que iba a venir a verte – respondió – Te desmayaste en medio de la clase.

Sakura estaba absolutamente incrédula. Shaoran llevaba el uniforme del instituto y lucía como el joven de 17 años que ella recordaba, pues no volvió a verlo después de que se graduaron. Sin embargo, era imposible que en realidad fuera él y que ella hubiera retrocedido 8 años en el tiempo hasta regresar al instituto. Ella creía firmemente en las leyes de la naturaleza, y aquello violaba cualquier ley conocida.

- Estoy un poco mareada – dijo masajeándose la cabeza. Algo en su interior le exigió que despertara, pero sus sentidos estaban todo menos dormidos.

- Descuida – le dijo Shaoran acariciándole el cabello castaño con sus largos dedos – Cuando pasen los efectos del medicamento te sentirás mejor.

Ella asintió y volvió a enseñarle una sonrisa. El contacto con Shaoran se sentía demasiado real, como la enfermera cuando le tocó la frente, o el doctor cuando la sujetó de las manos para que no se moviera. Pero ninguno de ellos era real, no podían ser reales. Y en el caso excepcional de que lo fueran, ¿como era posible que ella hubiera retrocedido en el tiempo?

Los dedos de Shaoran buscaron los suyos y Sakura los sujetó con fuerza, carne con carne, piel con piel. ¿Dónde demonios estaba? ¿Acaso había muerto y ese era un juego de su mente?

- Descansa un poco – le dijo la voz de Shaoran.

Le hizo caso y cerró los ojos, pero a pesar de que no quería dormirse, no tardó en sumergirse en un sueño profundo.

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5

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Tomoyo se moría por entrar a ver a Sakura, y estaba arrepentida de haber cedido su visita a Shaoran, que todavía no salía de la habitación y ya llevaba varios minutos.

Aunque por otro lado, tenía el presentimiento de que algo interesante estaba pasando allí adentro lo que le servia de consuelo a sus impacientes piernas.

Eriol le pidió que tomara asiento, pero Tomoyo se negó. Su vista estaba pegada a la puerta blanca, y cuando esta finalmente se abrió ella dio un brinco de emoción.

Shaoran apareció erguido sobre su metro ochenta y algo, y Tomoyo percibió una suave sonrisa en sus labios, aunque podía ser solo idea suya. Lo interrogó con los ojos, y él solo se limitó a decir que Sakura estaba aún bajo los efectos del calmante, pero que pronto estaría bien.

- ¿Y? - preguntó Tomoyo yendo directo al grano.

Shaoran la miró confundido y Eriol rodó los ojos.

- Tomoyo no es momento para...

- Por supuesto que es momento – se adelantó Tomoyo callando a Eriol en el acto – Sakura no estará bien hasta que este despistado le diga...

Pero la enfermera hizo sorpresivo acto de aparición y los interrumpió, haciendo que Tomoyo se cruzara de brazos molesta por no poder sacar ninguna información.

- El doctor vendrá a hacer el último chequeo y la señorita Sakura podrá irse a casa esta misma tarde – informó con una sonrisa que parecía estampada permanentemente en sus labios - ¿Algún familiar de la paciente para que firme el registro?

- Su madre – respondió Tomoyo – Ya debe estar por llegar.

La enfermera asintió haciendo una suave reverencia con la cabeza, y despidiéndose de los 3 muchachos, desapareció entre la gente, siguiendo el camino del largo corredor blanco.

Tomoyo aprovechó entonces para retomar el tema, pero Shaoran esquivó la situación con la excusa de que debían volver a la escuela. Como no eran amigos precisamente, a Tomoyo no le quedó otra opción que dejarlo marchar.

- ¿No te vasta lo preocupado que estaba por ella? - le preguntó Eriol mientras lo veían alejarse.

Tomoyo soltó un bufido de resignación.

- Mientras Sakura no lo sepa, no tiene ningún sentido – respondió. Ella se preocupaba mucho por Sakura, más incluso de lo que se preocupaba por si misma, y le dolor de su amiga era como su propio dolor, la desesperación por no tener a Shaoran era como su desesperación. ¿Qué clase de amiga era si no podía hacer nada por evitar que Sakura sufriera?

Sakura y Shaoran estaban hechos el uno para el otro, pero ¿cuando iban a darse cuenta?

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Shaoran contempló el cielo azul con los ojos entornados, respirando dificultosamente, sintiendo como iba de a poco comprimiéndosele el pecho hasta que casi ya no entraba nada de aire.

Podía oír una sirena a lo lejos, y sentir la tierra bajo su cuerpo vibrar. ¿Esa era una ambulancia? No estaba seguro

Alguien le pedía que fuera fuerte. Que resistiera un poco más, pero él no sabía como hacerlo, no sabía como obedecer. La sirena más cerca, su respiración más agotada, a penas un silbido que escapaba de sus labios entre abiertos.

No le dolía nada, o le dolía todo el cuerpo. También el corazón, estaba triste.

¿A donde se iría cuando no pudiera mantener otro rato los ojos abiertos, cuando estos se cerraran para siempre?

Alguien trató de reanimarlo. Shaoran resiste, no te vayas. Pero él ya se estaba yendo, su cuerpo seguía tendido sobre la dura tierra, pero su alma se estaba yendo lejos.

A algún lugar de sol eterno, de brisa fresca, de césped verde bajo los pies descalzos, cesped verde como sus ojos. Como los ojos de ella... ¿Donde estaría ella? Le habría gustado verla una ultima vez.

Shaoran, unos segundos más, resiste. Pero él se había ido antes de que sus ojos se cerraran para siempre.

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Continuará!

Ahora que Sakura está de regreso, podrá conseguir que Shaoran se quede a su lado o volverá a dejarlo escapar como lo hizo la primera vez? ¿Y qué es eso de que algunas cosas estan escritas y no se pueden borrar? Será que talves no están destinados a estar juntos? Aunque yo me niego a pensar que todo es cosa del destino...