Al principio le costó, pero terminó por arreglar al niño de modo que estuviera presentable para acompañarla al trabajo. Tuvo que transfigurar sus ropas, ya que estaba en pijamas, y mojar su cabello para poder peinar sus rulos, lo cual no surtió el efecto esperado, y en consecuencia tuvo que usar la misma crema mágica que usaba para su cabello.
"Has quedado muy bien, Sebastian."—Dijo ella, orgullosa por su trabajo—"Prométeme que te portaras muy bien en mi trabajo, ¿de acuerdo?"
El niño asintió efusivamente con la cabeza, ansioso por acompañarla. Hermione no se imaginaba por qué estaría tan emocionado por pasar un día con ella en su oficina. Al llegar vía flú al Ministerio de Magia, llevó al niño de la mano a través de los corredores, saludando a colegas y compañeros, que la miraban extrañados, como si no pasara nada. Esperaba que si no daba demasiadas explicaciones, no se le daría tanta importancia al niño y pasaría desapercibido.
Por suerte Sebastian resultó comportarse de forma excepcional, como si fuera un niño mucho mayor. Se quedó callado la primera hora que estuvo en su oficina, mientras ella revisaba papeles; Hermione cada tanto lo miraba para ver que estaba haciendo, y cada vez que lo hacía el niño estaba observándola con una pequeña y tímida sonrisa. Era una situación bastante extraña.
"Debes estar aburrido. No hay mucho que hacer por aquí, ¿quieres leer algo?"
Sebastian asintió, y Hermione le ofreció unas revistas de moda, era eso o los libros y revistas de derecho y criaturas mágicas que adornaban las estanterías de su oficina. El niño pasaba las páginas de la revista sin ningún interés, no llegó ni a la mitad de la revista cuando decidió que prefería observar a Hermione en silencio en vez de continuar viendo aquel catálogo.
"¿Te interesaría más un bestiario?"
"En mi casa hay muchos bestiarios y ya los he leído todos, pero nunca vi un libro de derecho."
Hermione sonrió irónicamente para sus adentros, por supuesto que una familia como los Malfoy no tendría libros de derecho, sino libros para ir contra el derecho. "¿Qué te interesaría más? ¿Un tratado sobre las criaturas mágicas o un compendio de leyes sobre el derecho de los centauros?" Supuso ella que esos dos libros serían los más sencillos que podría leer un niño de esa edad, y los que encontraría más interesantes, pero Sebastian apuntó con su pequeño dedo a un estante muy arriba, donde estaban los libros que Hermione rara vez utilizaba para su trabajo.
"Derecho de Familia."
"Vaya." –Era un libro bastante complicado para un niño de su edad, pero Hermione comprendía por qué le interesaba tanto el tema, y se sorprendió de que el pequeño se quedara leyéndolo—sólo se detenía momentáneamente para asegurarse de que ella continuara en su lugar—durante las restantes 4 horas que quedaban antes del almuerzo.
"¿Encontraste algo de interés?" le preguntó ella mientras lo llevaba de la mano fuera de la oficina, era hora de almorzar y no podía llevarlo a la cafetería—no podría evitar preguntas allí—así que decidió comprarle un emparedado en un local fuera del Ministerio, para que comiera mientras caminaban hacía los tribunales.
"Si, quería asegurarme de poder quedarme contigo. Tu libro dice que si demostramos que no vivo en buenas condiciones con mi padre, puedes reclamar toda mi custodia y no tendré que volver a verlo."
Quizás era mejor no contestar a eso, pensó ella, ya que lo único que podía decirle era que en principio debía tener una custodia compartida—lo cual no era el caso—, y además, debía ser su madre, lo cual tampoco era el caso. Así que decidió inquirir más en el tema de su familia, ya que él lo había sacado.
"¿Y en qué te basas? ¿Por qué no vives en buenas condiciones con él?"
"Porque es muy malo conmigo, me odia."
"¿Por qué dices que te odia? No creo que nadie pueda odiarte, Sebastian, mucho menos tu propio padre."
El niño negó con la cabeza y prefirió mirar al suelo en vez de contestar. Por lo visto era un tema duro para tratar con él. Sería mejor indagar sobre los demás.
"¿Y que hay de tus abuelos? ¿Ellos te tratan bien?"
"Si, ellos si me tratan bien, siempre han cuidado de mi; pero tu tienes prioridad antes que ellos para hacerte cargo de mi."
Sebastian estaba muy convencido de que Hermione se quedaría con él; le rompía el corazón escucharlo tan esperanzado, pero al mismo tiempo sabía que nada bueno saldría de fomentar sus ideas, no podía darle esa esperanza, ni siquiera estaba segura de poder impedir que regresara con los Malfoy, quienes claramente no eran buenos para el muchacho, si este estaba tan desesperado por dejarlos.
"Eso lo decidirá un juez."
Hermione tenía 24 años, se había graduado de abogada hacía unos pocos meses atrás, trabajaba en el Ministerio de Magia, tenía novio y toda una vida por delante, en verdad no podía hacerse cargo de un niño con el que no tenía relación alguna. Lo mejor era dejar que la ley se hiciera cargo de él.
En el departamento de denuncias, Hermione le pidió al pequeño Sebastian que se sentara en la sala de espera mientras ella hablaba con uno de los encargados; era sorprendente cómo obedecía y lo bien que se comportaba. 'Eso de seguro lo ha sacado de su madre.' Dedujo ella, ya que las descriptas no eran características de Draco Malfoy.
"A ver, señorita Granger. Me está diciendo que esta mañana Draco Malfoy abandonó a su hijo en la puerta de su casa, diciendo que no tenía nada que ver con él."
"Así es, Señor Whitlock."
"¿Y usted está segura de que es hijo de él?"
"Es lo que dice el niño."
"Según usted me ha dicho, el niño también creer ser hijo suyo."
"Pero no lo es."
El encargado se quedó mirándola pensativo, Hermione se daba cuenta de que su relato tenía tanto sentido como él del niño. En verdad existía la posibilidad de que no fuera hijo de Malfoy, pero describió tan bien la casa de los Malfoy y a cada integrante de su familia...además estaba el hecho de que era idéntico a Draco.
"¡Tan sólo mírelo! ¡Es la viva imagen de Draco Malfoy cuando era pequeño! En cambio, no se parece en nada a mi."
"Aunque hubiera conocido al Señor Malfoy a esa edad, Doctora, me temo que no puedo basarme en imágenes para comprobar su relato."
"¿Entonces qué pasa ahora?"
"Si Usted declara que no es la madre del niño, y Draco Malfoy hace lo mismo, sólo nos quedará iniciar una investigación y encontrar a sus verdaderos padres. Le informaré cuando los encontremos para que pueda presentar la demanda, Doctora Granger."
"¿Y si no tiene padres?"
"Irá a un hogar sustituto. No se preocupe, no volverá a molestarla."
A Hermione se le hizo un nudo en el pecho al escuchar aquello, por alguna razón no le parecía correcto oír decir que nunca volvería a verlo, el niño estaba tan ilusionado con ella... pero sería lo mejor para ambos, no podía apegarse con cualquier niño que se encontrara, como tampoco podía permitir que cualquier niño se apegara a ella como si fuera su madre; no estaba bien, no era saludable para nadie, sobre todo para él.
"¿Puedo acompañarlo mientras buscan a sus padres? No tiene a nadie... y no creo que le guste ver a Draco Malfoy."
"Puede acompañarlo aquí hasta que terminemos con los trámites necesarios para reubicarlo."
Luego de hablar con el encargado, Hermione fue hacia la sala de espera donde el pequeño Sebastian estaba aun sentado, esperándola con impaciencia.
"Tardaste mucho. ¿Qué hacías?" preguntó con algo de enfado y a la vez curiosidad.
"Estaba hablando con una persona que quiere conocerte. Necesita que le cuentes toda tu historia, y te ayudará a reencontrarte con tu familia, Sebastian."
"Tu eres mi familia." Fue su única respuesta, acompañada por una mirada de confusión.
"Tu verdadera familia, pequeño."
Lo único que consiguió Hermione fue que el muchacho negara con la cabeza, estaba completamente convencido de lo que decía.
"Bueno, si yo soy tu verdadera familia como dices, éste es el mejor lugar para averiguarlo, ¿sabes? Te harán pasar una prueba que demostrará quienes son tus padres."
"Bien; vamos." Tan tranquilo y resuelto como podía mostrarse un niño, Sebastian se levantó de su asiento y tomó a Hermione de la mano para guiarla a la oficina donde el encargado lo estaba esperando.
Tras una exposición de 20 minutos en las que el encargado le hizo todas las preguntas posibles al muchacho, Hermione se compadeció aún más de él. Se rehusó a contestar preguntas atenientes a su madre, sólo permitiéndose indicar que era ella, su excusa para no decir más nada era que no sabía. No sabía su fecha de nacimiento, no sabía el por qué de su ausencia en sus pocos años de vida, no sabía qué había sucedido entre ella y su padre, como tampoco sabía por qué había quedado al cuidado de la familia de su padre. Tanto al encargado como a ella les pareció que estaba omitiendo al menos la mitad de la verdad respecto a lo que proclamaba. Cuando llegó el momento de hablar sobre su padre, en cambio, el niño se aseguró de contar todos los malos aspectos que conocía de él.
"Todos los días toma mucho, mis abuelos lo han obligado a ir a un centro de rehabilitación, pero nunca funcionan."
"¿Siempre fue así?"
"Desde que tengo memoria."
"¿Te ha lastimado?"
"No, porque mis abuelos no le permiten acercarse a mi cuando parece que estuvo bebiendo."
"¿Y cuando está sobrio como te trata?"
Ante esa pregunta, Sebastian se quedó pensando, algo dubitativo. Pareció entretenerse mirando al techo antes de responder. "Suele ignorarme, pero si le hablo me contesta mal y me grita para que me aleje de su vista."—pausó un momento para observar a Hermione, y se dirigió a ella: "Siempre está de mal humor haya tomado o no."
A medida que el niño iba relatando como era su vida—lo cual sólo hacía si se le preguntaba específicamente sobre un hecho—Hermione se compadecía cada vez más de él, al extremo de considerar quedárselo ella misma, pero debía detenerse cada vez que el pensamiento cruzaba su mente, no podía hacerse cargo de un niño, por más desdichado que fuera. Habría miles de mejores familias que podrían encargarse de él. Incluso aunque pudiera ser una buena madre adoptiva, tenía un trabajo del que ocuparse, así como un novio a tener en consideración también, y no estaba segura de que su salario del Ministerio le alcanzara para mantener a otro miembro de la familia, tendría que alquilar un departamento más grande, pagarle una educación, conseguirle una niñera porque además tendría que conseguir otro empleo para poder afrontar tantos gastos...
Un golpe en la puerta detuvo sus cálculos financieros.
"Señor Whitlock?"—La secretaria del encargado entreabrió la puerta para anunciar a alguien. —"Draco Malfoy ha llegado, e insiste en que no perderá un minuto más de su tiempo aquí."
Sebastian pareció congelarse en su puesto por un momento, el encargado miró a la secretaría con incredulidad, y Hermione suspiró. No era extraño de Malfoy hacer un acto de presencia en cualquier lugar pretendiendo llevarse al mundo por delante.
"Bien, hágalo pasar."
Apenas dijo eso, Sebastian se levantó de su asiento y se ocultó a un costado de Hermione, del lado que lo ocultaba de la puerta, de modo que Malfoy no lo vería al entrar. Y en verdad, si Hermione no fuera una mujer adulta acostumbrada a la actitud altanera y despreciativa de Draco Malfoy, también se habría asustado al verlo entrar tempestivamente en la oficina, como si fuera el dueño de ella, y sentarse en la silla que había estado ocupando Sebastian hacía un momento con una clara expresión de disgusto, como si todo lo que viera a su alrededor fuera indigno y además hubiera mal olor en el ambiente. Ni siquiera se molestó en dar los buenos días.
"Señor Malfoy—"
"No tengo hijos. ¿Necesita una declaración jurada? Tengo a mi notario en la sala de espera."
Draco lo interrumpió sin pensárselo dos veces, con la misma arrogancia que siempre lo caracterizó. Hermione giró la cabeza para mirarlo con cara de pocos amigos mientras con una mano acariciaba la espalda de Sebastian, quien temblaba de miedo.
"Es increíble que tengas la cara de venir aquí y seguir con esta farsa, Malfoy." Hermione sólo mantuvo la compostura por tener a Sebastian en la misma habitación, ya que no quería asustarlo por ponerse a gritarle a Draco como le habría gustado.
"¿Cómo te atreves? ¡Tu abandonas a tu hijo en mi casa y me citas para declarar que lo he abandonado a tu merced!"
"¿Mi hijo? ¡Pero si es idéntico a ti!"
"Disculpen—"
"Por favor, Granger, ya déjate de bromas. ¿Qué es lo que quieres? ¿Dinero? Seguro que estás necesitada, pero yo no me haré cargo del hijo de otro. Si no sabes quién es el padre, no es mi problema."
"¡Pero si yo ni siquiera he estado embarazada en mi vida!"
"¿Puedes probarlo?"
"¡Disculpen!" El Señor Whitlock, cansado de escuchar la discusión, se decidió a poner un punto final al altercado. Ambos adultos callaron al oír el fuerte tono autoritario del encargado; pero no dejaron de mirarse con odio, ruborizados por la furia.
"No tenemos registros del nacimiento de Sebastian Malfoy—"
"Porque no hay ninguno." Interrumpió Draco; el encargado lo ignoró y continuó.
"Ni Granger. Tampoco tenemos reclamos de niños perdidos que coincidan con el muchacho en cuestión."
"Básicamente no existe en su base de datos."
"Gran deducción, Granger."
"Oh, ¿por qué no te callas y maduras un poco, Malfoy?"
"Por lo que sólo me queda hacer la prueba correspondiente para averiguar quienes son sus padres."—El encargado pausó para buscar al niño con la mirada, que aún se ocultaba de Draco con Hermione.—"¿Sebastian?"
Sebastian apenas levantó la cabeza para mirarlo. "Tendremos que hacer una prueba de sangre, ¿te importaría?"
"Ven, siéntate en mi falda." Le dijo Hermione mientras lo tomaba de las axilas y lo sentaba encima suyo con algo de dificultad. El niño se miraba a Draco de reojo, asustado aún.
El Señor Whitlock sacó una hoja de papel bastante larga y una pequeña daga del cajón de su escritorio, que mostró con cuidado. "Necesito hacerte un pequeño corte en la mano y verter tan sólo un par de gotas de tu sangre en esta hoja, ¿podrás soportarlo?"
"¿Tengo que quedarme a presenciar esto?" preguntó Draco, exasperado, mientras Sebastian negaba con la cabeza y ocultaba la cara en los cabellos de Hermione.
"Será conveniente que se quede, Señor Malfoy, para poder aclarar todas las dudas."
"¡Pero yo no tengo nada que ver!"
Hermione ignoró la discusión que empezó entre los dos hombres, y se dirigió al pequeño aferrado a su cuerpo. "¿ya sabes en qué casa de Hogwarts quieres estar, Sebastian?" su tono dulce y conciliador le dio las fuerzas al niño para volver a hablar, aunque fuera en susurros que sólo ella podía oír.
"Mi abuelo dice que si lo deseo con muchas fuerzas y si mi sangre Malfoy es fuerte en mi, podré estar en Slytherin; pero si no lo logro, como mínimo iré a Ravenclaw. Por eso me hace estudiar mucho para compensar las falencias de mi sangre."
Hermione se mordió la lengua de la bronca antes de continuar hablando. "Pues yo estuve en Gryffindor. ¿Sabías que es la casa de la valentía?"
Sebastian negó con la cabeza y enseguida agregó: "Si tu estuviste ahí, yo también quiero ir."
"Sabes, estoy segura de que acabarás en Gryffindor si logras pasar esta prueba. Demostrará lo valiente que eres."
El niño pareció considerarlo un momento, y se despegó un poco de su cuerpo para poder mirarla a los ojos. Sus ojitos grises tenían una intensidad asombrosa cuando Hermione lo miró tan de cerca; se veía tan dulce e inocente que otra vez la conmovió.
"¿Si pienso en esta prueba cuando me pongan el sombrero, dices que me pondrá en Gryffindor como a ti?"
"Es lo más probable."
"Entonces lo haré."
Sebastian interrumpió la discusión de los dos hombres ofreciéndole la mano derecha al Señor Whitlock; mientras se aseguraba de reojo que Malfoy no le hiciera nada. Draco, por su lado, miró disgustado al costado contrario, dónde sólo podía observar la pared.
El encargado tomó la mano del niño y le pidió que mirara a otro lado—lo cual hizo, cerrando además los ojos—mientras le acercaba la daga y hacía un pequeño corte del que cayeron apenas un par de gotas al papel. Hermione enseguida le puso un pañuelo en la mano para ocultar la herida.
"¿Ves? A que no ha dolido nada."
Sebastian no dijo nada, sólo negó con la cabeza—aún con los ojos cerrados—y volvió a acomodarse contra el pecho de Hermione. Mientras tanto, el Señor Whitlock apuntó con su varita mágica al papel ensangrentado y murmuró un hechizo. Acto seguido, las gotas de sangre empezaron a acomodarse y transformarse en caracteres que pronto armaron palabras y líneas que formaban un árbol genealógico bastante completo.
"No puede ser..." fue lo primero que dijo ella; haciendo que Draco volviera la cara al frente para ver el resultado; el cual lo dejó mudo.
"Sebastian Malfoy..."—leyó quién había conjurado el hechizo—"...hijo de Draco Malfoy y Hermione Granger, nieto de Lucius Malfoy y Narcissa Black...nieto también de—"
"¿Ves? Te dije que eras mi madre." Susurró Sebastian, ahora satisfecho, más allá de las caras de incredulidad de sus padres.
"Debe estar trucado."
"Razona un poco, Malfoy, los dos presenciamos el hechizo."
Esta vez sin arrogancia ni malas caras, sólo una denotada expresión de incredibilidad y asombro, Draco Malfoy miró a Hermione Granger; quién lo único que hizo fue encogerse de hombros y abrazar tímidamente al niño que tenía encima.
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N/A: Me ha sorprendido la cantidad de reviews que obtuvo el capitulo anterior, me alegra muchisimo que les resulte interesante esta historia. La verdad yo me estoy entreteniendo tanto escribiéndola que estoy dejando de lado las otras. Ahora mismo voy por el cuarto capitulo, ¡tengo mucho en mente! La verdad es que la idea da para mucho más de lo que parece, y tengo mucho que escribir.
Espero que este capítulo también les guste, hacedmelo saber! Me encanta que dejen sus opiniones, criticas o comentarios, no discrimino ni por contenido ni por tamaño. Mientras más dejen, más ganas me darán de subir los nuevos capitulos. :)
Me han dejado algunos reviews con preguntas, les contesto a todos siempre y cuando estén logeados (caso contrario, no tengo la posibilidad), y les recuerdo a quienes quieren seguir la historia que deben ponerla en Story Alert, de otro modo no se enterarán cuando sea actualizada. Por cierto, muchas de las preguntas que me hacen son esenciales para la historia, y no puedo responderlas asi como asi (que impacientes son!).
