Ángeles y Demonios.
Capítulo 2:
Definitivamente esto es lo último que se me pasaría por la cabeza que me pudiera pasar algún día de mi vida. Creo que estoy empezando a arrepentirme de desear tanto un cambio en mi vida, creo que al desearlo con tantas fuerzas Kami-sama me está enviando el castigo. A veces extraño estar tranquila y aburrida. Desde ese día no he tenido ni un solo día de soledad o de aburrimiento.
Porqué me encontraba yo, corriendo por las calles oscuras de Tokyo, siendo perseguida y acorralada por tres demonios, sí. Porqué desde que Inuyasha me explicó cómo sería mi vida desde ese día recibo constantes ataques de esos demonios.
* Flash Black*
¡Joder! Me volví a levantar tarde. Ya será el segundo día que no volveré a llegar en hora. Los martes mamá no está en casa, así que no me ha podido levantar de mi preciada cama. Y no sé qué le pasa al jodido despertador que se ha roto. Seguramente Sota lo rompió y por miedo a que le diga algo y le cause un trauma de por vida –ya que a nadie le gustaría verme enojada, ay no, soy horrible y a veces digo cosas sin pensar que luego me arrepiento- pues no me ha dicho nada. O simplemente se le han acabado las pilas. Espero que sea esa opción, si no ya me veo encima de Sota reclamándole que me compre un nuevo despertador.
Cuando me dispuse a levantarme, me propuse observar que dificulta que mi despertador suene, me encontré con una escena… Como lo diría, muy extraña y algo irritante.
Tenía a Inuyasha vestido con el uniforme del colegio delante de mí, me pregunté cómo diablos había podido entrar en mi casa si yo siempre cierro con llave la puerta principal. Entonces vi que la ventana estaba abierta, no hay que ser un genio para darse cuenta de que entró por la ventana. Sí, lo más extraño del mundo, pero Inuyasha es un fenómeno, así que la idea no fue tan absurda. Pero lo más incomodo de todo es que tenía mi despertador en sus manos y soltaba de vez en cuando algún improperio, entonces me vio y su cara fue un poema. Se puso blanco y trató de explicarme la situación.
Pero yo no entendía de explicaciones, mucho menos a las 8:00 de la mañana.
-¡INUYASHA!- Solté un grito que por poco desgarra mi garganta. Fue un grito seco y muy agudo, si tuviera vecinos seguramente todos me hubiesen escuchado, doy gracias a que vivo en un templo apartado a 101 escalones de la ciudad. A parte del grito, Inuyasha también recibió un golpe que dejó su preciosa cara estampada contra la madera del suelo de mi habitación. Seguramente dejaría marca de por siempre en ese suelo. Me arrepentí, pero solo un poco.
-Yo-yo Kagome verás… Toqué la puerta pero nadie me contestaba y supuse que aún dormías, así que entré por la ventana y el despertador empezó a sonar, ¡No sé cómo te puedes levantar con ese pitido molesto! Me irritó y me puse nervioso, entonces sin pensar le di un golpe suave…Muy muy suave ¡Pero esa cosa es muy delicada! Así que bueno se le soltó una pieza y…
Entonces cogí el despertador y se lo arrojé a la cara, junto con cojines y todo lo que estaba a mi alcance en ese momento. Le lanzaba improperios y regaños sobre que no se debe entrar así en las casas de los demás, que no se debe despertar a las personas que duermen tan tranquilamente en su preciado sueño, ni que puede romper un despertador. Supongo que después de todos los moratones que le dejé aprendió la lección.
Después de que le curara los rasguños que le dejé y le sirviera un té – ya que no íbamos a llegar al instituto después de todo, esperaba ir a la siguiente hora- soltó de repente…
-Hoy no irás al instituto.
Su rostro reflejaba tranquilidad. No sé si se estaba burlando de mí o me lo estaba diciendo en serio. Yo notaba que mi vena se salía de mi frente. ¡Después de que mató a mi preciado despertador ahora dice que no íbamos a ir al instituto!
-¿Qué clase de idiotez acabas de decir? ¿Estás tonto?
-Kagome, tengo que enseñarte de dónde provengo.
-¿Y a mi qué dónde vivas?
-Kagome, esta ni siquiera esta es mi apariencia.- Hizo una larga pausa, ¿Esa no era su apariencia? Me quedé quieta, esperando a que continuara- Tengo una casa cerca de la tuya. La situación en la que nos encontramos es delicada y tienes que informarte un poco. –Su voz era algo misteriosa, y eso despertó mi curiosidad. Así que cómo no iba a hacerle cambiar de opinión sería mejor seguirlo. Simplemente asentí, terminamos de beber el té en silencio y salimos de mi casa en dirección a la de Inuyasha.
El trayecto fue silencioso, con alguna que otra palabra estúpida. Yo estaba ansiosa de llegar, presentía que estaba por descubrir un secreto, y mis presentimientos casi nunca fallan.
La casa de Inuyasha era normal, digo normal porqué nada de él es normal. Yo me esperaba que dentro de la casa hubiera más fenómenos o cosas antinaturales, pero no. Era una casita mona, cuando entrabas había un pasillo con unas escaleras a la derecha en forma de espiral, seguimos el pasillo que conducía al salón, con dos sofás color crema y un televisor bastante grande. A la izquierda estaba la cocina, muy pequeña, y toda blanca. Volvimos a las escaleras en espiral, subimos y habían cuatro puertas; una la habitación de Inuyasha, otra conducía al baño, y la de la derecha me dijo que era para invitados.
-¿Y esa puerta? ¿Por qué tiene llave?
-Esa puerta… No tiene importancia.
-¿Cómo?
-Esa puerta no es de tu incumbencia. Vámonos a mi habitación, hay cosas que debes saber.
Iba a reclamarle que quería saber que era lo que había en esa puerta que fuera tan importante para que estuviera echada la llave. Soy muy curiosa, a veces hasta demasiado… Igualmente quería saber de qué va todo esto en lo que me han metido.
Asentí para que empezara a explicarme, tomo una bocanada de aire, supuse que sería largo. Me condujo hasta su habitación y nos sentamos en su cama azulada.
-Lo que esos sujetos quieren es algo que tu llevas en tu interior llamado la perla de Shikon. – Empezó a relatar la historia.- La razón por la que la llevas tú es porque eres la antepasada de Kikyo. –Cuando dijo ese nombre su rostro pasó a ser uno algo melancólico, como si no quisiese recordar.- Los sujetos que te atacaron ayer son demonios, pero estaban en su forma humana. Ellos viven en el infierno, en un castillo llamado Jigoku y su jefe se llama Naraku. Es… el ser más horrendo que existe en el infierno, capaz de asesinar a alguien sin piedad de la manera más cruel y dolorosa que te puedas imaginar. Naraku te necesita a ti y a la Shikon para salir del infierno. Ya que a diferencia de los demás demonios a Naraku lo castigaron a estar en el infierno eternamente sin conexión al exterior.
-¿Quién? –Me atreví a preguntar.
-Kikyo… Nosotros los ángeles vivimos en un lugar específico del cielo, en Tenshin. Muy poca gente ha visto a nuestro ángel supremo, pero hay tres superiores que se encargan de transmitir y dirigir las órdenes de nuestro Kami. Adoptamos esta forma para que los humanos no sepan quiénes somos y ocultar nuestro poder, cuando sea el momento te mostraré mi verdadera forma. Kikyo perteneció alguna vez a Tenshin. Cuando nos invadieron los demonios ella creó la Shikon con el fin de encerrarlos a todos en el infierno y sin ser capaces de utilizar al cien por cien sus habilidades en la Tierra.
-Ya veo… Pero ¿Yo que tengo que ver en todo esto?
-Kagome que tu tengas la Shikon significa que tienes grandes poderes como Kikyo. Nuestro deber como ángeles es proteger y evitar que seas un ángel caído. Porqué tú también eres uno de los nuestros.
-¿Y-yo?
-Sí. El error de Kikyo fue que se convirtió en un ángel caído y eso trajo la destrucción en Tenshin. Pero acabó arreglándolo con la Shikon… Kagome no debes dejar que se apoderen de la Shikon.
-¿Soy un ángel?
-No exactamente, estás en proceso de ser uno. Aún hay muchas cosas que tienes que pasar. Y la primera es que salga la Shikon de tu interior… Aunque desconozco como hacerlo.
Asentí levemente, mi cabeza aún está procesando toda la información recibida en ese instante…
-Dije que no te entrenaría, pero necesitarás saber alguna que otra cosa para defenderte.
Después de eso me condujo a su gran y verdoso jardín. Allí aprendí a dar alguno que otro golpe y a defenderme por si me los dan a mí, no fue mucho pero algo es algo. Gracias a dios que hace tres años me apunté al club de arquería y me puedo defender con eso. Inuyasha me dijo que me iría dando clases de defensa y algo de ataque, por precaución más que nada. También me dijo que si las cosas se ponían feas tomaríamos un entreno cuotidiano.
Se hizo tarde, Inuyasha insistió en acompañarme a casa, yo obviamente me burlé de él ya que mi casa estaba a tan solo un par de cuadras. Le dije que no hacía falta, él aún insistió más así que le di un golpe, nos discutimos y al final me fui bien molesta de esa casa. Sé que es peligroso, pero soy capaz de defenderme perfectamente sola.
*Fin del Flash Black*
-¡Soy una completa idiota! ¡Si tan solo hubiera dejado que me acompañara el tonto de Inuyasha no estaría en problemas! – Pensé en voz alta. Los tipos de la otra vez volvieron a hacerse presentes delante de mí, pero sin aquél muchacho de cabello negro azulado. Me pareció muy extraño, tenía que estar alerta por si aparecía por algún lado.
-Kagome –Me habló la mujer del grupo, me llamó de una manera que me recorrió un escalofrío por toda la columna. –Esta vez que no está Ryou, así que te cogeremos y te llevaremos con Naraku y verá que no somos tan inútiles como Ryou.
-Ka-kagura… Sigo pensando que esto es una mala idea… Si Ryou se entera podría matarnos. –Habló con clara voz asustada uno de ellos, parecía ser el más pequeño de los tres, aunque Kagura le respondió con una simple risa y un "No te preocupes, él está durmiendo"
Se iban acercando, Kagura se sacó una pequeña pluma que traía en el coletero del cabello, y cuando la sacó se convirtió en una espada. Me miró con ojos sádicos, estaba segura que me quería matar. Me aterré. ¿Qué podía hacer? Inuyasha no estaba, y no puedo defenderme de una arma porqué no tengo mis flechas aquí. Pensé que estaba perdida, pero de repente aparecieron unas grandes alas negras delante de mí.
-¡Se puede saber qué demonios haces escoria! –Rugió el chico, entonces se giró, estaba segura que era ese tal Ryou, pero ahora no tenía los reflejos azulados que traía en el cabello la otra vez, esta vez lo tenía negro completo y esos ojos grises se convirtieron en unos rojos llenos de sed de sangre. Supuse que esa era su forma demoníaca.
Se formó una gran bola de energía negra en su mano, como aquella vez, saltaban las chispas y sus supuestos compañeros estaban lloriqueando de miedo. ¿Sería capaz de matar a sus compañeros? Eso era imposible…
-Ry-Ryou escúchame n-no nos mates por-por favor – Pidió el más pequeño al borde de las lágrimas. Al parecer Ryou hizo oídos sordos.
-Detente.
La bola de energía de desintegró, él se giró y me miró con clara sorpresa en los ojos. Poco a poco sus alas fueron desapareciendo, su cabello volvió a tomar el color negro-azulado de antes y sus ojos volvieron a ser grises como dos perlas.
Se rió. ¿Qué le causaba tanta gracia?
-¿Tú? ¿Te das cuenta que han estado a punto de asesinarte chiquilla?
Tragué saliva, tenía razón. No sé por qué lo dije, simplemente no quiero que nadie muera, eso es todo. Más ninguna palabra salió de mi garganta. Se volvió a girar a sus compañeros.
-Largaos de aquí. –Nadie se movió, Ryou frunció el ceño y rugió -¡QUE OS LARGUÉIS HE DICHO! –Entonces sí se fue todo el mundo, todos desplegaron sus alas negras, se abrió un agujero en el suelo que desprendía diferentes tonos de luces rojas y negras, le envolvía un aura demoníaca horrible, entraron en ese agujero y desaparecieron de ahí.
-¿Por qué me has salvado?
Volteó su cabeza y me miró sin expresión alguna en la cara y cerró los ojos, como pensando su respuesta. Estaba esperando, pero me cansé, cuando iba a abrir mi boca abrió los ojos y pasó algo inesperado, en menos de un segundo lo tenía delante de mí con sus garras pegadas a mi cuello, asfixiándome. Tenía sus ojos perla clavados en mis ojos chocolates, como buscando algo dentro de ellos.
-¿Y ahora? ¿Me temes? –Me dijo con voz ronca que me hizo estremecer, un escalofrío me recorrió de pies a cabeza. Sí, tenía miedo, pero yo no soy de esas chicas que se rinden tan fácilmente y menos delante de ese demonio. Así que como pude fingí una de mis sonrisas burlonas y sacando aire de donde creía inexistente dije un flojo "No".
Vio la determinación en mi, más él sabía que estaba mintiendo, mis ojos se lo estaban diciendo, nadie podía leer mis ojos. Él sí. Me sentía desnuda ante él.
Sabía que no me mataría, pero las marcas que me iba a dejar me las tendría que cubrir a base de quilos de maquillaje. Maldije por dentro ese punto.
Me soltó y me miró de pies a cabeza, seguramente buscando la perla. Obviamente no encontró nada. Yo estaba recuperando mi aire perdido en el suelo tosiendo y sin previo aviso una mano se posó enfrente de mí, ayudándome a que me levantara.
Me sorprendí, ese demonio no era igual que los demás.
-Tú en verdad no eres tan malo.- Solté de la nada, como si fuera algo casual. Él me miró divertido, yo no encontraba la gracia.
-No sabes lo que dices. Quizás después de un tiempo te arrepientas de tus palabras.
Yo me quedé pensativa, tenía razón, si no fuera mala persona no estaría en el infierno. Tampoco daría tanto miedo, parecía un cínico o un sádico, quién sabe… El silencio reinó en esa oscura calle, se hizo incómodo. Yo me quería ir a casa cuanto antes, aunque extrañamente no sentía miedo estando a su lado.
-Te acompaño a casa.
Soltó de la nada, lo miré incrédula. ¿Estaba de broma? ¿Él no quería dañarme? Empezó a andar, no estaba segura, no me podía fiar de él, Inuyasha me dijo que no me podía fiar de ningún demonio. Pero entonces pensé que me podían atacar otros demonios y entonces él me protegería. Curioso. Me protege porqué no me puede tocar en una semana. Me reí ante mi estúpido pensamiento.
-Chiquilla date prisa, no tenemos toda la noche.
Quería preguntarle el por qué me quería acompañar a casa, pero seguro soltaría alguna estupidez que no tenía nada que ver. Porqué lo que sí sé de ese tal Ryou es que le rodean demasiados misterios que muy poca gente, para no decir nadie, debe saber.
Y corrí detrás de él.
-¿Por qué estás en el infierno y no en el cielo? –Pregunté como una niña pequeña, me parecía raro que ese sujeto que me transmitía miedo y seguridad al mismo tiempo fuera un demonio de verdad.
-He matado a muchas personas. –Respondió sin ganas de seguir hablando. Claramente esa no era una respuesta suficiente para mí. Y estaba segura de que ese no era el motivo.
-¿Algún día me dirás la verdadera razón?
Esbozó una sonrisa melancólica. –Eres lista, pero a menos que lo descubras tú sola no lo creo chiquilla.
-Aún tienes esperanza. –Solté de la nada al cabo de un rato. La verdad no sé por qué dije eso…
-Cállate – Me ordenó con voz dura. Iba a decir algo más, pero su mirada de odio me impidió hablar. Después de todo era un demonio.
Llegamos a mi casa, yo iba algunos pasos delante de él. Cuando llegué a la puerta me giré. Lo vi recostado en un pilar cerca del árbol sagrado, con los ojos cerrados, parecía que dormía. Llamé a la puerta y salió mi madre con una sonrisa, por suerte mi cabello azabache cubría las marcas que anteriormente Ryou me había dejado en el cuello, supuse que no era muy tarde porqué no se preocupó. Me volví hacía Ryou para decirle adiós, pero él ya no estaba.
Continuará…
Gracias por la atención y seguir leyendo!
