Capítulo 2

En el barco

Candy y Neal, se prepararon para el largo viaje a través del océano. En el barco, Candy se rehusaba a hablar con él, pero al no tener a nadie conocido alrededor, no tuvo más remedio que aceptar de mala gana su presencia, Neal insistía en convencerla de desistir de su idea, pero ella siguió empecinada en hacerlo, no importaba cuánto él le explicara lo peligrosa que era la guerra.

Al final, el se rindió y anunció con aire de suficiencia -Por suerte estoy aquí para protegerte, -y añadió con una sonrisa, -¡Yo soy un soldado entrenado!

A él no le importó que Candy pusiera cara de fastidio, ni que le demostrara abiertamente su desinterés en la plática, él continuó hablando de todo lo que había hecho los años que perdieron contacto. Entre otras cosas, le contó la experiencia de unirse al ejército de los Estados Unidos durante un año.

-Durante los primeros meses, yo era de los últimos de la clase, mi desempeño no era muy bueno, pero realmente me esforcé por mejorar -habló con entusiasmo, -Pero, cuando me gradué, fui de los pocos en ser condecorados con la excelencia. -dijo con orgullo, y también le contó que estuvo entre los mejores alumnos de la Universidad y otras cosas más, que le daban lustre a su reputación.

Candy se sorprendió al verse cada vez más y más interesada en su plática, y empezó a contribuir con la conversación.

El siguiente día, las cosas no marcharon muy bien entre ellos, ya que terminaron peleando, Candy lo estuvo provocando con un tema que lo hizo enojar.

-¡Yo no pedí nacer en el clan Ardley, no es mi culpa pertenecer a esa familia! –gritó Neal -¡Tú eres una mujer sin corazón!

-¿Ah sí? -contestó ella muy enfadada -¿Y tú sí tienes corazón?

-¡Más que tú, sí! -le respondió Neal, alzando la voz más de lo que el decoro social dictaba.

Ellos estaban discutiendo en voz alta, tanto así que el personal de seguridad se acercó a verificar si no había problema con estos dos jóvenes pasajeros, y les pregunto si todo estaba bien.

Ellos molestos, se alejaron uno del otro en direcciones opuestas, sin decir nada más. Al día siguiente, Neal se acercó a Candy cuando estaba en su mesa desayunando.

-¿Me puedo sentar? -preguntó con una sonrisa, Candy volteó la cara, molesta y sin dignarse a contestarle. Pero sin tomar en cuenta lo enojada que se veía, él tomo asiento frente a ella.

Al joven le hizo gracia ver cómo la chica atacaba el desayuno con violencia, usando el tenedor para ello.

-Mira Candy, vamos a seguir en este viaje juntos por muchos días más, así que es mejor que disfrutemos lo más que se pueda y tratemos de ser amigos. Además, yo pagué mucho dinero por los boletos.

Candy lo miró con sorpresa…

-De cualquier manera, no es tu dinero, ¿Por qué te preocupa? Todo lo que tuviste que hacer, fue pedírselo a tus papás. Ellos te dan todo lo que necesitas, ¿no es cierto? –dijo con acidez -Es la ventaja de pertenecer a una familia rica.

Neal respiró profundamente y trató de calmarse.

-Eso es lo que he tratado de explicarte desde ayer: yo he usado mi propio dinero, el que yo he ganado gracias a mi trabajo. Como tú sabes, aún estudio en la Universidad, pero en mis vacaciones o tiempo libre, tengo un empleo, –sonrió orgulloso –así es como conseguí el dinero para estos boletos. Yo no pedí nada a mis padres.

Candy lo miró sorprendida y de alguna forma se sintió culpable por la reacción del día anterior, que derivó en pelea.

-Yo no sabía eso… -le contestó la chica, con un tono de voz apenas audible.

-No te culpo, -dijo Neal, -lo primero que piensa la gente, es que los hijos de familias aristócratas, no necesitan trabajar. Pero yo no voy a dejar que eso me pase a mí. Yo voy a trabajar muy duro para formar mi propia empresa.

-¿Por qué…? ¿Qué piensas hacer con tanto dinero? -preguntó Candy, que empezó a mostrar interés en su plática.

-No se trata tanto del dinero –negó el joven con convicción. –En primer lugar, quiero saborear las mieles del éxito. En segundo lugar, es cierto que las empresas Ardley, es un emporio muy poderoso; pero yo no quiero vivir a la sombra de ellos, me pienso independizar. Y lograrlo con mi propio esfuerzo, para poder comprarme los autos más exóticos y lujosos que yo quiera…

«Vaya, es ambicioso y sabe bien lo que quiere» se dijo a sí misma la rubia.

-…también quiero que mi esposa pueda lucir alhajas y ropa, pero mucho mejor que lo que usan las mujeres de nuestra familia.

-¿Tu… esposa? –preguntó Candy con sorpresa, nunca se imaginó que a Neal le interesara ese tipo de cuestiones familiares.

-Bueno, tu esposa tendrá suerte entonces… -y hasta ella se sorprendió del ligero deje de ¿celos? que resonó en su frase.

-Está el puesto vacante, ¿quieres meter tu solicitud? –le respondió Neal, con una pícara sonrisa.

-¡No, gracias!

Candy volvía a estar a la defensiva. Y eso no le gustó a Neal.

-Candy, ¿qué te parece si hacemos una tregua? –se apresuró a decir Neal, esto acompañado de una señal con las manos –Mira, vamos a tratar de disfrutar todas las diversiones que hay en este barco, ¿estás de acuerdo?

Conmovida por la declaración de Neal, acerca de que él compró los boletos con su propio salario y ahorros, Candy estuvo de acuerdo y decidió cooperar. Además ella es una de esas chicas de buen corazón, amable con todos, esa es su esencia. Por lo tanto, ambos estuvieron de acuerdo en ir a divertirse, después de todo, ellos son jóvenes con ansias de vivir.

Tomaron parte en juegos de azar, apuestas, asistieron a juegos, como cartas, dominó, vieron películas mudas y más. Lo mismo sucedió al día siguiente, ellos realmente pasaron buenos momentos juntos.

Sorprendentemente, mientras más pasaba el tiempo con él, más empezó a apreciar su compañía, ella no sabía que Neal era tan divertido, realmente la hacía reír.

Cada vez que Neal ganaba un juego de azar, gastaba su dinero en ella, comprándole pequeños obsequios, eso la hacía sentirse importante y halagada, como hacía tiempo no se sentía.

En la cena Neal le comentó a Candy acerca de un baile de gala en el barco y sugirió que podrían asistir.

-Yo no traje ningún vestido. ¡Voy a la guerra, no de fiesta! –fue la explicación de Candy cuando se negó a asistir.

-Entonces sugiero ir a comprar uno, Candy. Evidentemente, yo tampoco traigo algo adecuado para el baile, así que iremos a comprar lo que se necesite. Yo te ayudaré a escoger tu vestido, soy bastante bueno para eso –de repente, la pícara sonrisa volvió a asomar en su rostro masculino -¡Imagínate: he ayudado a Eliza cuando necesita ir de compras!

Candy soltó una carcajada, entendiendo el mensaje implícito. Si Neal era capaz de hacer que la insufrible Eliza estuviera satisfecha de lo que él elegía para ella; definitivo debía tener un excelente gusto para la moda.

Él sonrió, y le dedicó una mirada que la hizo estremecerse; porque en esos ojos color miel, Candy vio la diversión, pero también su anhelo, pasión y necesidad.

Y no teniendo otra cosa mejor que hacer, Candy estuvo de acuerdo en dejar que la "asesorara" en la compra de su vestido, así que el siguiente día fueron juntos a las boutiques de a bordo.

Ella se sorprendió de lo cuidadoso que era Neal en la selección de prendas. Tomó horas y decenas de vestidos, hasta que eligió uno a su gusto, eso sin mencionar los accesorios para ambos, como zapatos, aretes, collares y demás.

-¿Siempre te lleva tanto tiempo escoger un vestido para Eliza… u otra chica? –le preguntó Candy con incredulidad. Y aunque quiso hacer la pregunta con un tono casual, para su desconcierto, las entrañas se le constriñeron al pensar que otra, aunque fuera su propia hermana; estuviera beneficiándose de las atenciones de Neal.

-Si estoy en ese momento digamos… involucrado con ella, sí. Si no, no nos tardamos más que unos pocos minutos –sonrió ampliamente, rezumando un encantador descaro.

Íntimamente ella disfrutó de esa travesía por las tiendas. Ningún hombre la había llevado a hacer ese tipo de compras, Archie lo hizo en una ocasión, pero con Annie al lado, lo cual no resultó ser muy buena idea; porque ella, en su línea habitual, se comportó como una niña pequeña; demandando atención constantemente y celando con disimulo a Archie.

-Vaya, ¡tú eres tan bueno como Archie! -Candy lo alabó impresionada de su elección para ella.

-¡Eso lo tomaré como un insulto! –Neal fingía estar ofendido, pero en realidad, estaba muy divertido y burlón –yo soy mucho mejor que él, solo que a mí no me importan demasiado las compras. Al menos, no tanto como las chicas guapas… -remató, mirándola ardientemente.

Candy no supo qué responder, así que se limitó a darle la espalda y mirar nerviosamente los zapatos que la dependienta había sacado; para complementar con el vestido y las joyas.

Al día siguiente, Candy se preparó para el baile. Se hizo manicura, maquillaje y peinado, todo eso bajo la supervisión de Neal, que de vez en cuando iba a verla para hacer algún comentario acerca de cómo iba todo y le informaba lo que estaba preparando para él.

Debido a que era casi el único hombre alrededor, muchas mujeres empezaron a notar la presencia de ellos dos y empezaron a hacer comentarios a sus espaldas...

"¡Qué joven tan atento!"…"¡Muy dulce!"… "¡Qué chica más afortunada!"… "¡Yo lo vi ayer en el departamento de ropa, y le compró cosas súper lindas!"… "Yo también"…

Y alguien respondió, desde el otro lado del salón de belleza anexo a la boutique "El sí sabe de estilo"… "¿No piensas que él es muy guapo?"… "¡Me gusta su piel bronceada!"

Esos comentarios llegó a escucharlos Candy y ella sonrió divertida.

Una señora mayor, la tomó de las manos y le dijo en tono maternal -Cuida mucho a ese muchacho, querida, él es uno en un millón.

Candy volvió a sonreír sintiéndose orgullosa de su amigo. No le pareció bien romper la ilusión de la anciana, así que no hizo ninguna corrección a su creencia de que eran pareja.

Cuando ambos estuvieron listos, él pasó a recoger a Candy para dirigirse al baile los dos juntos. Tan pronto como Neal vio a Candy, se quedó sin habla, impresionado con el resultado, sólo atinó a decir -¡Hermosa!

Neal estaba impactado con su belleza. Él ya sabía, desde el primer día que la vio, que era una pequeña belleza; y por eso y muchas más cosas, estaba loco por ella desde entonces. Pero verla ahora, vestida como toda una mujer, mostrando sus encantos con sensual elegancia; fue un revés que lo dejó aturdido un par de segundos.

-¡Estás muy bella! –atinó a decir al final, y la besó en la mano como un verdadero caballero.

Candy en silencio también lo admiró con sincero, descarado y tímido interés, que la ruborizó. De repente, de la nada, ella se dio al fin cuenta de lo guapo que era, alto, atractivo y varonil, como el resto de los chicos Ardley; pero también era distinto a ellos, con su tono de piel y sus ojos ambarinos, que le daban un aire sofisticado. Tal y como dijeron las chicas de la tienda.

Él distaba mucho de parecerse al jovencito caprichoso y delgado de antaño. Ella recordaba esa imagen de chico malcriado en sus ojos, pero ahora lucía radiante y atrevido, lo cual le atrapó en cada fibra de su cuerpo. Y consciente de esa profunda mirada que él le dedicaba, se sintió nerviosa, ella observó sus ojos que deslumbraban y sonrió tímida, lo cual el notó e hizo inmensamente feliz.

Fueron al baile para disfrutar el resto de la noche, durante el tiempo que bailaron, Neal trató nuevamente de convencerla de no ir a la zona de guerra.

-Voy a ir -dijo Candy y volvió a recordar la verdadera finalidad del viaje, los últimos días había estado tan divertida, que casi olvidaba el motivo de éste.

-Es que necesito un cambio –fue la escueta y demoledora respuesta de Candy.

Neal sabía de dónde provenía esa necesidad de cambio. Quiso rodearla con sus brazos protectores, besarla, decirle que con él nunca se sentiría sola y abandonada. Pero, haciendo un esfuerzo tremendo, se contuvo, para hablarle con suavidad.

-Yo estoy a favor tanto de la vida como del amor –dijo Neal, tomándole las pequeñas manos dulcemente. –Y no puedo entender a gente como tú, que por una decepción amorosa, arruinan su vida, por personas que no las valoran.

-¿Qué es lo que quieres decir? –le preguntó Candy –A ver, listillo, ¿qué harías tú en mi lugar?

La rubia le explicó a Neal los problemas que la hacían sufrir –Yo estaba muy ilusionada, pensando que podía confiar en ellos, en cambio, me dejaron. Dudo que tú conozcas este dolor; así que no deberías sacar conclusiones a la ligera.

¡Dios, cuánto amaba a esa mujer!. Por ello, Neal no le tomó en cuenta su pequeño arrebato de ira, y procedió a exponer sus razones de la manera más tranquila que pudo.

-Mira, Candy, las cosas son distintas según el tipo que te haya abandonado. Anthony, por supuesto, no tuvo opción –Neal se detuvo unos segundos, tal vez pensando en su primo que falleció tan injusta y prematuramente.

Pero si yo fuera Terry, –continuó -habría hecho cualquier cosa por seguir a tu lado. Siempre hay solución para cualquier contrariedad, porque el amor que es impuesto por obligación –hablaba de Susana Marlow, sin decir su nombre -¿qué tipo de amor es?

Candy tal vez pensó que el discurso de Neal había terminado; pero estaba en un error.

-Ahora, con respecto a Archie –los ojos color de miel de Neal se encendieron –su caso es todavía más estúpido, él prácticamente se entregó a Annie, sin luchar por lo que él consideraba un amor verdadero; o sea tú, Candy –la chica soltó un pequeño jadeo, emocionada –Si yo fuera él, dejaría a Annie, no miraría atrás, sin importar las consecuencias, lucharía por ti.

El joven estaba a punto de perder el control; pero tenía que sacarlo todo, decirle lo que llevaba años quemándole por dentro.

-Y lo del tío William, francamente, Candy; es el colmo de la estupidez –a Neal le dio igual el gesto de indignación de Candy, por referirse así a su "querido Bert". –Él usó como pretexto su apretada agenda de trabajo, y sus negocios, como excusa para dejarte. Y sí, es un pretexto, cariño: él podía y puede anular lo que quiera o, en todo caso, haberte llevado a sus viajes.

Siguió hablando, adelantándose a las absurdas explicaciones que ella le daría; para defender lo indefendible.

-Y no me vengas con el cuento de que "querría proteger tu reputación"; porque bien que vivió contigo en ese inmundo apartamento. Y, en todo caso, si viajaras con él, podría contratar una doncella que te hiciera de chaperón. Muchas mujeres solteras viajan así; él lo sabe perfectamente.

Candy lo miraba con un incrédulo enojo. Neal siguió explicando.

-Mira de cuánto tiempo disponemos en este barco, durante nuestra larga travesía. Él podía haberte llevado algunas veces, con él; y acercarse a ti en un plano más romántico. ¿Por qué no lo hizo? ¿Acaso no tiene sangre en las venas?

Candy no sabía cómo responder y, entonces, le hizo la pregunta que rondaba hacía tiempo su cabeza.

-¿Y tú… tienes novia? ¿Algún compromiso?

-¡Demonios! –dijo con tono de fastidio, agitando las manos como si tratara de quitarse algo de encima. –Tengo y he tenido, más de las que puedo recordar. Mi madre, en una sola noche, me hizo bailar por horas con tantas chicas, que al final, no pude recordar sus caras ni sus nombres.

-¿Y de verdad no recuerdas a ninguna, Neal?

Él negó con la cabeza.

-Es que ellas no sabían que mientras bailábamos, había alguien más en mi mente.

-¿Y quién es ella? –Candy preguntó con un hilillo de voz. Inexplicablemente, sentía que la duda le carcomía el corazón. ¿Por qué?

-¡Tú! –dijo Neal en un tono serio. Una sola palabra, pero que encerraba tanto sentimiento; y que ella lo percibió así.

-Y déjame decirte una cosa: a diferencia de los idiotas del actorcillo, mi primo Archie, y el tío William; yo sí te propuse matrimonio. Pero nadie me creyó que era sincero. –un rictus de amargura ensombrecía su hermoso rostro –Inclusive tú. Realmente nadie creyó que lo hice porque de verdad te amo.

Candy abrió los ojos y se quedó sin habla, sorprendida por sus palabras. El se le acercó tanto como para recargar su frente en la de ella, pudiendo así aspirar el olor de su aliento, Neal pensó que ella lo podría abofetear y no le importó.

Pero, a diferencia del pasado, ella simplemente no pudo reaccionar. Tal vez debido a ese ambiente romántico, o a la sinceridad de su declaración; o a la honestidad de sus palabras. O tal vez –y la posibilidad le aterró-, porque ella empezaba a conocerlo, apreciarlo y ¿quererlo? mejor. Quizás por el festín que representaba su figura, enfundada en ese elegante smoking, o por los comentarios de esas mujeres en la tienda, o por todo eso junto; daba igual. Ella simplemente se congeló.

-¿Bailamos otra vez? –dijo él finalmente, despertándola así de sus pensamientos.

El siguiente baile era una canción romántica, Neal aprovechó para acercar delicadamente la cabeza de Candy a su pecho, y ella no intentó rechazarlo. El corazón de un emocionado Neal comenzó a latir tan fuerte, al punto que se preguntó si ella lo escucharía, estando tan cerca como estaba.

Al sentirla tan apretada a sus brazos, hizo que su sangre hirviera con pasión y deseara tenerla más cerca de él. Pero, de momento, se conformó con tenerla así; protegida con su fuerte abrazo, porque ello en sí mismo ya era un gran avance.

Cuando el baile terminó, Neal la llevó de regreso a su camarote. En la puerta, él se quedó en silencio mirándola fijamente, profundamente, a los ojos; tentado a traspasar el umbral y poder compartir la noche con ella, y así poderla sentir más y más cerca, más y más profundo.

Candy entonces lo miró y se ruborizó, al ver esa tierna y pasional mirada de ojos color miel; ella ni siquiera se movió para cerrar la puerta. Al verla inmóvil, él se acercó, levantó la mano para tocarle la mejilla, acariciándola suavemente. Después, llevó sus dedos a sus labios, y entonces recordó la promesa de no besarla en el barco. Pero ¡cuánto le gustaría poder besarla! ¡Cómo le gustaría estar dentro de ella, oírla gemir su nombre, y poder amarla sin reservas!

Mantener su promesa era una tortura cada vez más insoportable.

No queriendo arruinar la confianza que en él había depositado, le soltó los labios, puso sus brazos alrededor de su cintura y tiró de ella ligeramente para poder abrazarla. Él cerró los ojos y la acarició con tierna intensidad por un momento; antes de besar su frente y despedirse finalmente.

-Te amo Candy… buenas noches.

Candy pudo sentir la intensa pasión que Neal le demostraba, el ardiente deseo era real y no una mala broma como ella pensaba. Se sintió muy confundida por las nuevas sensaciones que experimentaba al estar cerca de él. Su continua declaración de amor por ella, acompañada de sus acciones, finalmente comenzaron a penetrar profundamente en su corazón; y poco a poco sintió que su resistencia comenzaba a desaparecer.

Chicas , este capítulo es más largo, espero les agrade y quiero agradecer su apoyo con sus reviews, significan mucho para la autora , Kellyelin Elin, Stear's Girl y su servidora ojala este Neal las convenza , y la pareja las atrape, Gracias por seguir leyendo , saludos a tooodas.

Continuará...