Disclamer:
Cualquier aspecto conocido pertenece a Rick Riordan, el restoes parte de mi creatividad. Por favor no publiquen sin nuestra autorización.
"No ha cambiado nada mi sentir, aunque me haces mal te quiero aquí..."
Nunca es suficiente - Natalia Lafourcade
San Miguel
II.- Reyna
By: Ary Hyuga
-Sonríe -se recordó a sí misma.
Aun cuando estaba cansada de aparentar, se armó de fuerza y sonrió.
Aun cuando lo único que quería era correr hacia él y esconderse en sus brazos, camino a paso lento y le sonrió.
Él parecía de mal humor y eso solo la puso más nerviosa.
Lo sabía, no debió haberlo llamado. Quizá él ya tenía planes con ella y por culpa suya los había tenido que cancelar.
O quizás simplemente no quería volver a verla, quizá ella comenzaba a molestarlo...
Se obligó a superar esos pensamientos y a seguir sonriendo, tenía que ser optimista.
-Hola -le saludo. Trato de controlar su voz, pero no pudo, los nervios se estaban apoderando de ella, la ansiedad de no saber si el quería estar ahí o no causaban estragos en su seguridad.
-Hola -fue la respuesta de él. Se veía tan serio, sus labios apretados y ese tono que tanto la irritaba, su tono de fastidio...
-Gracias por venir yo... yo sé que no debí pedirte que vinieras. -El negó con la cabeza, parecía genuinamente confundido, pero Reyna no quiso albergar esperanza alguna, entonces el respondió:
-Ni lo digas, siempre es un placer verte.
Su corazón latió tan fuerte que no pudo evitar que sus mejillas se tiñeran de rojo, algo muy poco usual en ella.
Leo la miraba directamente: ¿Estaba tan enojado? Se había equivocado, no debía haberlo interrumpido... pero era la última vez, seguro lo seria.
-Leo yo... lo siento es que... no tengo nada que decirte, solo quería verte una vez más.
El rostro de Leo se tiñó de confusión que pronto paso a una cara comprensiva;
-No necesitas una excusa para vernos Reyna. -Le respondió el sonriendo. De un segundo a otro Leo pareció olvidar su mal humor y entonces Reyna pudo ver al mecánico que le había robado el corazón. No pudo evitar sonreírle.
- ¿Quieres caminar? -Ella asintió y comenzó a caminar por esa plaza en la que tantas cosas habían vivido.
Había sido en esa plaza donde Reyna se había enamorado; Leo sabía que Reyna siempre había sido desconfiada y dudosa de las personas que sentía no eran honestos con ella, más sin embargo él tenía la intención de que con él fuera diferente.
Así que habían resuelto pasar más tiempo conociéndose, y en uno de esos paseos Leo sugirió que Reyna caminará de espaldas, era un ejercicio de confianza: así pasaron muchos paseos, Reyna caminaba de espaldas, mirándolo a los ojos mientras hablaban de todo y de nada, depositando en cada paso un poco más de confianza en él. Había funcionado, a ese punto Reyna confiaba en Leo más de lo que había confiado en otra persona... incluso después de su separación.
Las palabras salieron de su boca casi sin pensarlo;
-Escuche que Charlie y Siliena se comprometieron, -Leo asintió.
-Sí, hace algunos días, mi madre está muriendo de felicidad. -Reyna se imaginó a Esperanza al recibir la noticia. Le habría encantado estar ahí ¿Habrán hecho alguna cena familiar para decirle? ¿Leo habría llevado a Calipso a esa cena?
Reyna deshecho el pensamiento antes de que la abrumara.
-Me alegra muchísimo, son el uno para el otro...
-...Como lo éramos nosotros -Completó en su mente. Y luego se reprendió ella sola. No podía permitirse seguir teniendo pensamientos tan deprimentes. No era ella, no había sucedido, fin de la discusión, no valía la pena pensar tanto en eso.
Siguieron caminando en silencio. Reyna miraba a Leo a escondidas de vez en cuando, el seguía pareciendo enojado ¿Debería de irse?
-No -se respondió- quizás sea mi último momento a solas con él, no puedo desperdiciarlo.
Así que soltó su mejor carta: -Termine de leer Civil War II
El rostro de Leo se ilumino en automático. La ataco con preguntas como para estar seguro de que ella no estuviera mintiendo, luego intercambiaron puntos de vista, defendieron a sus propios súper héroes y descubrieron que, por primera vez en mucho tiempo, estaban de acuerdo en la mayoría de las cosas.
La conversación fluyo con demasiada facilidad después de eso; Reyna lo conocía demasiado, le era muy fácil seguirle el ritmo y Leo, por su parte, sabía que comentario decir en el momento exacto para robarle una carcajada.
Pasaron demasiado tiempo hablando, el sol se ocultó y Reyna se cansó tanto que necesito tomar un descanso en su banca favorita.
La charla siguió y siguió hasta que su garganta comenzó a dolerle.
-Tenia demasiadas cosas que contarte. -Le confesó a Leo y él le sonrió.
-Lo noté. -Le respondió el y ella se rio; siempre igual de engreído, le dio un manotazo, pero la fuerza fue tan pobre que el tomo su mano en el aire... pero no la soltó.
Tomo su mano entre la suya y así se quedó, sosteniendo su mano.
Reyna no se atrevió a mirar, el sentimiento era tan perfecto que temía romper la burbuja si veía.
El cielo oscurecía cada vez más, la hora de irse estaba cerca y Reyna lo sabía. Sería mejor que terminara con eso de una sola vez;
-Es difícil estar sin ti.
Leo ni se inmuto, un poco de tristeza apareció en sus ojos cuando le respondió un: -Lo sé -pero eso fue todo. Reyna no podía mas.
Le había dado tantas oportunidades, tantas veces le había dicho lo mucho que lo quería, cuanto le extrañaba, el cómo aun lo amaba.
Lo amaba a pesar de todo; a pesar de romper sus promesas, a pesar de haberse alejado, aun después de haberse rendido en lo que el prometió nunca se iba a rendir, a pesar de haber terminado con ella de la manera tan simple en que lo hizo, a pesar de sus enojos sin motivo, de sus celos descomunales, de las horas y horas que siempre llego tarde... incluso a pesar de haberse entregado a otra tan pronto como se deshizo de ella, a pesar de todo eso; Reyna lo amaba.
Y le había dado tantas oportunidades de volver, tantos momentos perfectos para que él se retractara...
Leo había tomado una decisión por los dos; y el mismo había hecho la analogía de que era como dar un salto al vacío... pues bien, Reyna le había dado tantas oportunidades de detener la caída y el las había rechazado todas. Era bastante obvio que él no quería detenerla.
-Él ya hizo su vida y tu deberías de hacer la tuya- Le había dicho Hazel -Tu ya no eres nadie en su vida para estarte molestando por lo que el haga o deje de hacer. Sal ya de tu tonta depresión que él, querida, ya ni te recuerda.
Reyna se había negado a creerlo, pero era más fácil aceptar ese pensamiento que vivir a la espera de algo que, obviamente, nunca iba a suceder.
-Leo yo... estoy cansada de esto.
Él tan solo la miro; Reyna no pudo sostener su mirada, iba a hacer justo lo que siempre se prometió que nunca haría; -Creo que esta vez yo... lo lamento, pero yo no.… yo no me puedo quedar.
Leo solo suspiro y, sin verla, le dijo: -No tengo mucho que decir al respecto, sabes que estaré aquí si me necesitas.
El muy tonto... "No tengo mucho que decir". Un simple "No te vayas" habría arreglado todo, un "Te necesito" claro que la habría mantenido cerca por siempre y un "Lo lamento, estoy equivocado, necesito que vuelvas a mi vida" habría reparado todas las heridas.
Pero no, él no tenía mucho que decir al respecto.
Reyna siguió un impulso y lo beso; sus gruesos labios carnosos se sentían tan suaves como siempre; saboreó el beso tanto como pudo y entonces se alejó.
No lo miro una vez más por dos razones:
1) Su voluntad iba a flaquear si se encontraba con esos ojos cafés.
2) No quería que el la volviera a ver llorar; ella sabía lo mucho que el detestaba verla llorar.
Se alejó del lugar. Caminó sola hasta las orillas del parque a un paso lento; en su corazón aun albergaba la ilusa esperanza de que Leo la siguiera; camino muy lento dándole a él una última oportunidad y se detuvo cuando estuvo al refugio de los árboles que rodeaban el parque. Entonces se giró a verlo.
El seguía sentado en donde ella lo dejo, no parecía muy afectado. Entonces el sacó su teléfono y tomo una llamada; probablemente era ella.
Se quedó ahí observándolo por un momento y entonces saco del bolsillo de su pantalón lo que, hasta ese día, había sido su posesión más preciada.
Era una carta, una carta que Leo le había escrito después de la pelea más grande que habían tenido; una ocasión cuando Reyna había intentado terminar con todo y él había hecho hasta lo imposible por evitarlo.
Desde la mente de Reyna, eso había sucedido en tiempos en los que Leo aun la amaba.
Desdoblo con cuidado la carta, leyó las ultimas líneas, dejo que una lagrima cayera en el papel y la soltó al viento; ya no la necesitaría mas.
"Después de tratar el tema con extremo cuidado, quedamos en que me daría una oportunidad más, una oportunidad de demostrarle que estaba totalmente equivocada, que le quería, que le quería más que todo, que le quería como nunca llegué a imaginar que podía querer y lo más importante... que le amaba, amaba a Reyna y no podía permitirme dejarle ir.
Como lo mencione alguna vez, "yo creo que el universo es básicamente una máquina. No sé quién lo creó, si las Moiras, los dioses, el Dios con mayúscula o quien fuese, pero la mayoría del tiempo funciona como tiene que funcionar. Sí, de vez en cuando, algunas piezas se rompen y hay cosas que se estropean, pero la mayoría de las veces... las cosas ocurren por un motivo" y estaba seguro que había un motivo para yo estropear lo nuestro.
Sé que la amo, estoy seguro de ello, que no la dejaré por nada del mundo, que iría por ella al mismo tártaro, NUNCA la dejaré sola. ¡Es mi universo!"
