Todo es propiedad de GRRM.
Titulo: Rosas
Condición: Arpa
Palabras: 426
Los dedos bailaron una vez más sobre las cuerdas, todas tensas y hermosas, como hilos de plata. Entonces hubo un pequeño desperfecto, los dedos resbalaron y la nota salió mal, mientras la carne se abría y dejaba escapar la sangre.
—¡¿Estás bien?! —Margaery saltó de inmediato y tomó la mano de Loras, no parecía muy lastimada.
—Sí, no es nada —la contestación del muchacho fue seca y ruda, escondiendo sus dedos lastimados entre la túnica verde oliva que llevaba ese día.
Su hermana sonrió solo porque sabía lo estúpido que era para él fracasar con un arpa, cosa que ni las espadas habían podido. Le revolvió los rizos castaños y lo abrazó.
—Bueno, Loras, creo que la música no es para todo el mundo. Deberías seguir con la espada.
Loras se revolvió entre los brazos de su hermana, buscando no parecer el niño pequeño que ella siempre veía sino su hermano mayor, el adolescente escudero del señor de Bastión de Tormentas. Ella forcejeó un poco, jugueteando con él hasta que se rindió.
—Sí, lo que tú digas, pequeña espina—comentó levantándose del diván donde ambos practicaban música.
—¿Pequeña espina, cómo es eso? —Margaery se lo tomó a broma, sabiendo que solo buscaba salirse de la embarazosa situación.
—Sí, pequeña, frágil y letal espina Tyrell —antes de darse cuenta, Loras estaba atacándola con cosquillas, arrancándole muchas carcajadas.
—Basta, basta —pidió a media voz, entre risas—. Eres el mejor, lo admito, lo admito.
—¿Soy qué? —pidió Loras, deteniendo su ataque.
—Eres el mejor hermano de todos —le concedió Margaery—, pero eres pésima cosa a la hora de tocar el arpa. Fracasaste como músico, hermano.
Loras sonrió tranquilo, revolviéndole el cabello a ella, para devolverle la atención de un momento atrás.
—Si eso crees tú, pues así debe ser. Yo tengo al guapetón de Renly y tú no.
Ambos se rieron.
—Ganaste con eso.
—Siempre gano.
—¿Siempre?
—La mayoría de las veces, y eso es porque soy el hermano mayor, y tú la pequeña y dulce Margaery.
—Solo mientras no esté casada y tenga todavía a nuestro padre dándome a detalles mi itinerario.
—Y entonces —dijo Loras, haciendo que su voz sonará dos tonos más graves— serás la heredera de la corona de nuestra abuela. Con ustedes, señores, Margaery Tyrell, la Reina de las espinas.
—No es tan malo como suena —comentó ella—. Imagínate, tendría a mi cargo todo el poder de la abuela, además del que yo misma pueda conseguir, y podría ser la reina, la reina de Altojardín.
—Y yo su leal caballero ¿verdad?
