Capítulo 2

Y él la extrañaba…

Había seguido adelante con sus viajes. Tras de derramar un par de lágrimas, se impuso seguir como si nada, pero muy en el fondo de sus corazones sabía que algo en él había cambiado. Y es que, después de lo vivido con su Rose nada podía ser igual. La huella que había en su alma era imborrable. Ahora, sentía que ningún lugar del universo sería tan especial como estar con su Rose, ninguna constelación, ninguna galaxia se comparaba con ella. Tenía más de 900 años y se sentía como un jovencito inexperto, padecía de una emoción muy humana, esta sensación se iba apoderando de él día a día y parecía que ya se estaba dando por vencido, estaba total y completamente enamorado, tenía que asumirlo, pero debía olvidarlo. Él era el Doctor, el universo completo necesitaba de él y no podía hacer nada para cambiarlo.

Pero miraba a lo lejos, se quedaba durante mucho rato observando la nada, estaba sólo otra vez, con todo el tiempo y el espacio a su merced y aún así no era suficiente, algo le faltaba, se sentía vacío, incompleto, solo, más solo que nunca. La extrañaba, su rostro, sus risas, sus ocurrencias, era simplemente brillante. Era inevitable, después de haberla conocido, se permitió más de alguna vez soñar con la vida que jamás podría tener. Quedarse en un lugar, formar una familia, pasar inadvertido, tratando de ser un humano más, con una vida común y corriente, con ella.

Jamás antes se lo había planteado, tenía sus ventajas ser el Doctor, y poseer el poder y conocimiento de un dios, pero ahora más bien era como su castigo, quizá por haber condenado a su gente al exterminio. Pero cuán difícil fue tomar esa decisión, él sabía que ese día nada más podía hacerse. Eran los Daleks y los suyos o el universo entero, el precio a pagar fue muy alto. Llevar una vida errante de soledad.

Todo había cambiado para él, eso era un hecho. Lo siguiente era tratar de salir de ese estado. Se preguntaba cómo estaría ella, si aún ocupaba sus pensamientos. Su lógica le decía que debía arrepentirse por las reglas que había roto, se enamoró de una humana e hizo cosas que no debía, pero otra parte de su ser le indicaba que cada vez que pensara en ella, sus pulsaciones irían en aumento.

- Y si tal vez, moviera un par de cosas por aquí, otra manivela por acá y si tiro de esta cuerda para provocar una reacción en cadena que permita que… - se paseaba en su máquina y continuaba - No estaría mal si la viera otra vez, ¡Que puedo hacer! No… y si tal vez… Sí, con esta fórmula… ¡Sí! Eso debiera funcionar… - Hizo que todo empezara a marchar y tiró de la palanca de mando central en su consola y con mirada profunda y decidida, gritó a todo pulmón. - ¡Allons-y!

Y allá iba esperanzado, siendo egoísta, pensando nada más que en ella, corría como un loco, pulsando botones y girando mecanismos. La TARDIS, rechazaba este cambio inesperado en los acontecimientos, dando tumbos a través del vórtice espacial, enfadada. Él sabía que esto pasaría, estaba a punto de abrir una brecha entre mundos sólo por alcanzarla y no iba a ser fácil… sabía que su tiempo de vida no podría ser como el tiempo de Rose pero lo intentaría, quería hacerla feliz el tiempo en que pudieran estar juntos, volvería a romper las reglas por ella, la amaba demasiado, intensamente, como un Señor del Tiempo.