Disclaimer:Nada me pertenece. Los personajes que puedan reconocer pertenecen al Señor Warburton y Cartoon Network. Esto lo hago por mera y auténtica diversión.


Disparos


Bailar

(Mover el cuerpo y las extremidades con ritmo siguiendo el compás de una pieza musical).


Cuando Wally entró aquel día a la escuela —atrasado como era algo habitual en él—, pudo darse cuenta del ambiente excitado y bullicioso de los estudiantes. No era como si no fuesen bulliciosos siempre, pero este ruido era diferente. Todos parecían hablar de un mismo tema y aquello le hizo sentir incomodo.

Se acercó rápidamente a su casillero para poder tomar sus cuadernos y salir a su clase antes de que el timbre sonara y lo pillara a medio camino a su próxima clase.

Antes a él no le interesaba llegar tarde, pero, sin embargo, desde que estaba saliendo con Kuki Sanban, todo era diferente. Él siempre quería llegar a clases temprano para verla, incluso había pensado en ir a buscarla para que llegasen junto, pero era casi imposible por el hecho de que él siempre iba tarde. Para Wally Beetles parecía ser imposible llegar temprano a cualquier lugar.

Entonces, cuando él llegó a su casillero, se quedó congelado en su sitio al ver el cartel que resplandecía encima de su casillero.

"Gran baile de invierno.

Este 3 de noviembre".

No necesitó leer más. Tragó saliva con pesadez quitando el asqueroso anuncio de un tirón.

Si hubiese leído aquello hace año y unos pocos días atrás, quizás simplemente hubiese reído e ignorado luego la histeria colectiva. Sin embargo, hoy por hoy era diferente. Porque tenía novia, y una novia que amaba los bailes, y que además, ese maldito 3 de octubre sería su primer aniversario.

Un año siendo novios.

Un año desde que tomó el suficientemente valor para pedirle a la chica cual siempre amó que fuese su novia.

Abrió su casillero con pesar y entonces sacó el libro que necesitaba para su clase.

Y entonces el timbre sonó y él se apresuró para ir hacia su salón. Rogaba llegar antes del maestro y casi atropellando a la mitad de los estudiantes, Wally alcanzó a llegar un segundo antes de que se cerrara la puerta.

Incluso en el salón las cosas no fueron distintas y eso provocaba al rubio una molestia en la boca de su estómago. ¿Qué tenía de especial un tonto y simple baile? Wally no sabía y estaba seguro de que jamás lo comprendería, incluso si su ilusa novia los amara, él definitivamente no iba a amar ningún estúpido baile, e incluso haría lo posible para poder convencer a Kuki de que no era necesario asistir a uno. ¡De seguro que si le daba unos buenos argumentos y le proponía un panorama mejor para su aniversario, Kuki accedería a no ir al estúpido baile!


La risa estridente de Abby se oyó por todo el pasillo de la escuela, Wally cerró su casillero con fuerza y miró molesto a la morena que parecía encontrar muy divertida la situación.

—¿En serio crees que convencerás a Kuki de no ir a su propio baile? —le preguntó la chica cuando pudo al fin detener su risa, soltó un suspiro mientras se limpiaba las imaginarias lágrimas de la comisura de sus ojos—. ¡Es la organizadora, Güero!, ella obviamente querrá ir y tú irás porque sabes que siempre haces todo lo que ella desea, señor romántico.

—No soy romántico —gruñó el muchacho mirando fijamente a su amiga—, y realmente Kuki comienza a organizar cosas como estas casi con un mes de anticipación, para el baile ya tendrá hecho todo su trabajo, no es necesario que vaya al estúpido evento.

—¡Ella ama los bailes! —le dijo aún con la sonrisa en su boca—, creí realmente que la conocías mejor que yo, pero veo que me equivoqué, porque no hay nada en la vida que convenza a Kuki no ir al baile.

—Kuki me ama —dijo con orgullo—, y eso es suficiente para convencerla de lo que yo creo que es mejor.

Abby rodó los ojos.

—Pues, bien, intentalo... ¡Hola, Kuki! —saludó la chica mirando por detrás del muchacho. Wally dio un brinco al oír el nombre de su novia y se giró para hacerle frente.

La hermosa oriental venía caminando con gracia y una sonrisa amable en su pulcro rostro. el australiano no sabía cómo era que lo hacía, pero Kuki parecía siempre estar cada día más y más bella.

—Hey Abby —saludó con una sonrisa en sus labios y luego se colocó en puntillas para alcanzar la mejilla de su novio—, hola Wally, ¿qué sucede? —preguntó con una ceja alzada al ver el claro nerviosismo en el rostro de su novio. Miró a Abby y ella sonrió divertida.

—Iré a buscar a Hoagie, nos vemos por ahí —dijo la muchacha y se perdió entre la marea de estudiantes que seguían parloteando quizás de qué, Wally sabía que muy probablemente estuviesen hablando del maldito baile.

—¿Y? —Kuki enarcó una ceja—, ¿por qué te ves tan nervioso? —le dijo.

—Eh... —tragó saliva—, estaremos de aniversario —dijo y se golpeó mentalmente cuando se dio cuenta que no lo dijo tan firme como quería decirlo, flaqueo desde un principio.

Sin embargo, la chica no lo notó y sonrió aún más amplio.

—¡Sí! —chilló—, un año de estar oficialmente juntos — dijo contenta.

Wally sonrió.

—Sí —y se encogió de hombros, obligándose a parecer relajado—, y sabes qué... Estoy planeando algo muy especial para ese día, en la vieja casa del árbol en la casa de Nigel.

Fue entonces cuando la sonrisa de su novia vaciló.

—¿La casa del árbol? —preguntó con una mirada ligera de decepción—, pero creí que iríamos al baile.

—¡Vamos, Kooks! —sonrió el muchacho—, sabes que no es necesario ir a ese tonto baile —y se rió nervioso—, además será mucho mejor pasar nuestro aniversarios solos, completamente solos en la casa del árbol.

Kuki lo miró con el ceño ligeramente fruncido.

—Pero soy la organizadora, ¿cómo voy a faltar al baile siendo la organizadora? —dijo con la voz más baja de lo habitual.

Wally chasqueó la lengua.

—Sabes que no es necesario que vayas —le respondió.

—¡Claro que lo es, Güero! —dijo esta vez en voz más alta—, además, sería la primera vez que iríamos como pareja a un baile.

—Pero sabes que no me gustan los bailes —se quejó el chico—, además siquiera sé bailar.

Entonces Kuki sonrió y aquello le produjo un escalofrío en la espina dorsal. De seguro no debió decir eso.

—¡Yo te enseñaré! —le aseguró.

Wally se arrepintió de inmediato de aquello y su yo interno se burló de él. 'Claro campeón, ¿creías que tu novia haría lo que tu querrías?, ¡cómo si así hubiese sido siempre!'


Cuando sonó el timbre para acabar las clases, Wally se dirigió de inmediato a su casillero, sabía que Kuki debía estar esperándolo ahí, al menos en eso había quedado, por lo que se sorprendió cuando no la vio. Abrió su casillero y cayó entonces una pequeña nota.

Se quitó su rubio cabello de los ojos con sus manos mientras leía el papel pequeño, su cabello volvió a su punto original como efecto rebote, molestándole ligeramente en los ojos. Sonrió entre divertido y con pesar.

Nos vemos en el tejado.

-K

Maldita sea, él y su gran bocota, y su estúpida esperanza de poder convencer a la chica de no ir al maldito baile.

Caminó con desgana hacia la escalera de la escuela para poder subir hasta el último piso y llegar en donde su novia debía estar esperándolo.

Kuki siempre conseguía que él hiciera las cosas más absurdas y que definitivamente él no quería hacer, pero solo bastaba con una mirada y una sonrisa suplicante por parte de ella para que él se viera rendido a sus pies haciendo cualquier idiotez con tal de hacerla a ella feliz. Y es que siendo ambos tan diferentes como el aceite y el agua era recurrente las veces en las que él y ella no compartían ciertas cosas y al final y acabo terminaba él dándole en el maldito gusto.

Al fin cuando llegó al último piso y la vio en una esquina del lugar conectando una radio con un mp3 en él, no pudo evitar mirarla desde el umbral de la puerta por un rato sin dar a conocer su presencia.

Le asombraba el hecho de que aquella chica lo amase a él y a nadie más que a él.

Su cabello largo y lacio caía como cascada hasta la mitad de su espalda, brillaba incluso bajo las nubes grises del cielo, tenía puesto un vestido verde que combinaba con todo lo que parecía ser ella. A Wally siempre le sorprendió el hecho de que el color verde se le ceñía tan a la perfección, como si hubiese sido un color que existía principalmente para dar luz a la muchacha.

Sonrió divertido cuando ella frunció el ceño y con ello se arrugó su pequeña nariz, golpeó la radio y cuando se encendió sonrió victoriosa.

—Otra misión cumplida para Número Tres, ¿eh? —le dijo él entrando a la azotea vacía.

Kuki se asombró por su antiguo apodo.

Cuando les informaron, para el cumpleaños número 13 de Abby, que ninguno de los del sector V sería decomisado debido a su excelente desempeño y que además sabían que ellos serían siempre fieles al KND incluso siendo un adolescente, tanto a Wally como a Kuki le quitaron un gran peso de encima, ya que no se olvidarían y siempre estarían al tanto de las aventuras que tuvieron junto a sus amigos, como de los sentimientos que tenía el uno del otro.

La pelinegra sonrió.

—Seré una gran maestra, ya lo verás —le aseguró sin borrar su amable sonrisa de su terso rostro.

—Esto es lo más estúpido que me haz hecho hacer, ¿lo sabes verdad? —le dijo con una suave sonrisa en su rostro mientras se acercaba a ella.

Kuki rió y cuando él estuvo justo en frente de ella, la pelinegra le pasó sus dos brazos por el cuello.

—Será divertido, lo verás, y en el baile dejaremos a todos asombrados con nuestros movimientos —le prometió ampliando aún más su sonrisa.

Wally pasó sus brazos por la cintura estrecha de su chica y la acercó aún más a él. El olor a miel y coco inundaron sus sentidos, amaba cómo olía Kuki, siempre su olor le provocó tantas emociones juntas que él no creía poder sentir con nadie más nunca.

Ella le dio un rápido beso en los labios y luego se alejó de sus brazos, dejando a Wally con gusto a poco.

—Pondré esta canción y bailaremos —le dijo la chica arrodillándose frente a la radio para encenderla, colocando la señal para que sonara la música del mp3—, no es muy complicado ya lo verás.

Y la música llenó el ambiente.

Kuki se levantó y entonces estiró su mano. Wally suspiró, ya de por sí la canción era una basura, y él realmente no quería hacer esto.

La sonrisa de Kuki se borró en ese momento y frunció el ceño, sin dejar de estirar su brazo.

—Vamos, Güero, baila conmigo.

Él soltó un suspiro irritado, dejando que la melodía fuese lo único que se oyese en ese momento, aunque fuese una absurda canción de amor.

Wally tomó entonces la mano de su chica con suavidad, ella estiró las comisuras de su labio en una sonrisa, mirándolo directamente a los ojos.

—Pon tu mano aquí —dijo con suavidad guiando su mano hacia la cintura de la muchacha—, y la otra —la elevó un poco junto con la suya, se acercó a él y pasó una mano por su hombro—. Ahora, solo deja que tus pies sigan a los míos.

Y comenzó a moverse de manera lenta y armoniosa, él intentó hacer lo suyo, siguiendo sus pies para no pisarla, atrás, adelante, atrás, adelante, bajó la mirada hacia el suelo y entonces sintió los dedos de la chica en su mentón, elevando su rostro hacia el de ella.

—Tienes que mirarme a los ojos, tonto —se rió con suavidad.

Él frunció el ceño.

—Si te miro a los ojos puedo pisarte —aseguró él.

—No lo harás, Wally —susurró con suavidad.

Y él no pudo rebatirle, porque no tenía cómo, ni tampoco quería quitar su mirada de sus ojos violetas, porque siempre que se miraban ambos de aquella manera, como si estuviesen solos en el mundo, él no podía evitar pensar en lo feliz que era y en lo bien que lo había estado tratando la vida. Sabía, muy bien, que un amor como el que ellos tenían no era fácil de encontrar, incluso sabía que la gran mayoría de las personas no lograban encontrarlo nunca, y que él la haya tenido a su lado desde que era un niño le hacía sentirse jodidamente afortunado. Cuando la miraba a los ojos, entonces, se daba cuenta de que todo aquello era parte de la realidad. Que Kuki era real y que lo había escogido a él, por entre todos los demás chicos.

Siguieron moviéndose con lentitud, luego Kuki hizo que su brazo se saliera de su cintura, tomó ambas manos y se alejó de él para luego, con lentitud, soltar una mano y dar un giro suave sin soltar su derecha.

Luego volvió al sitio inicial y ella no tuvo que decirle que su brazo debía volver a su cintura, él lo adivinó apenas ella volvió a poner su mano en su hombro nuevamente.

—Me alegro mucho de que, lo que sea que haya sido, me haya puesto en tu camino —susurró Wally entonces mirándola de frente. Kuki sonrió.

—Estaba destinado, Wally —le dijo divertida por el ligero sonrojo del muchacho, un año y medio saliendo y un año siendo novios oficiales no bastaban para que el chico no se sonrojase cada vez que le decía algo romántico (aunque según Wally no era romanticismo).

—¿Crees que sea así? —preguntó él, Kuki asintió.

Siguieron con la clase de baile, Kuki le enseñó un par de movimientos más y luego Wally se sorprendió de sí mismo cuando ya podía levantar a Kuki y hacerla girar no de una manera brusca, sino que suavemente y armonioso con la melodía repetitiva de la asquerosa música pegajosa.

Y Wally la tenía firmemente afirmada de su espalda baja, dándole divertidas vueltas mientras ella reía, la lluvia se hizo presente.

No comenzó con pequeñas gotas, ni tampoco se volvió progresiva con el tiempo. La lluvia comenzó como el amor de ambos jóvenes en aquella azotea. Rápida, sin permiso y aunque había sido avecinada nada hizo presagiar la potencia con la que comenzó, pareciendo que nunca terminaría.

El rubio bajó a su novia al suelo nuevamente y miró hacia el cielo, dejando que el agua empapara su rostro.

—Deberíamos de irnos —susurró el muchacho volviendo su mirada hacia ella.

Kuki sonreía ampliamente disfrutando de la lluvia fría de noviembre.

—Bueno —dijo abriendo sus ojos nuevamente y pegándolos en el rostro del muchacho—, pero primero dame un beso.

—Está bien pero si te resfrías luego recuerda que tú...

—Solo dame el beso, Güero —rodó los ojos la chica.

Wally se rió y se estiró hacia ella para posar sus labios en los fríos de la muchacha. Estaban húmedos debido a la fuerte lluvia, él llevó sus manos a la espalda de la muchacha, tocando el vestido mojado que se ceñía a su delgada silueta, ella pasó sus manos por el cabello mojado de su novio, acercándolo más a ella y así profundizar aún más el beso, sus bocas ardiendo. El australiano apretó su cuerpo aún más con la de la muchacha, ya no importaba nada... Solo importaba que estaba ahí, bajo la lluvia besando a su chica.


Cuando Wally llegó a la casa de su novia, por primera vez en su vida a la hora acordada, se preocupó de que no le abriera la puerta cuando tocó por tercera vez. Ya estaba listo con su smoking y una rosa roja —que su madre lo obligó a llevar como regalo de aniversario—, y su cabello lacio cayendo por su frente. Sin embargo, era extraño que Kuki no abriese la jodida puerta de inmediato a penas haya oído el toc toc, ella no es de las que se hace esperar.

Sacó su teléfono celular del bolsillo y marcó rápidamente a su novia.

Tampoco contestó.

Y comenzó a preocuparse.

Y Wally no era bueno con eso de preocuparse, se exasperaba y hacia cosas que realmente no haría si estuviese en sus cinco sentidos. Así que, sin esperar ningún minuto más, forzó la puerta con una de sus tarjetas estudiantiles.

Y luego de los más eternos cinco minutos de su vida, logró abrir la puerta.

Sabía que los padres de Kuki no estarían —nunca estaban— y que Mushi debía estar en casa de alguna amiga para que no se quedase sola. Se sorprendió cuando se dio cuenta que todas las luces estaban apagadas, excepto una luz en el segundo piso.

—¿Kuki? —la llamó preocupado.

Oyó un ruido provenir de la planta de arriba y no evitó sentir un miedo creciente en la boca del estómago, subió de dos en dos sin importarle nada y trotó hacia donde la luz estaba encendida. Frente de la taza del baño estaba Kuki sentada en sus rodillas abrazada al baño, haciendo arcadas con un vestido puesto.

—Hey —susurró Wally preocupado, acercándose a ella—, ¿qué sucede?, ¿estás bien?

Kuki escupió en el escusado y luego se giró a ver a su novio con los ojos llorosos.

—Vomité mi vestido y mi cabello, Güero —y soltó un sollozó.

Él se acercó a ella y la ayudó a levantarse, se fijó en la mancha en medio de su pecho y se aguantó las ganas de hacer una mueca de asco, si lo hacía de seguro Kuki no pararía de llorar en años.

En vez de eso sonrió y la tiró a sus brazos para acariciar con suavidad su espalda.

—Vas a manchar tu traje —hipó la chica.

—No importa —susurró él—, ¿qué pasó?, ¿te sientes mal?

Ella se encogió en los brazos de su novio.

—No lo sé —hipó—, yo estaba casi lista para ir al baile, solo me faltaba mi cabello y me comencé a sentir tan mal, como mareada y todo me daba asco y luego todo dio vuelta y tuve que correr al baño. Creo que me he enfermado del estómago —y volvió a llorar.

—Hey, no te preocupes —besó su coronilla con suavidad—, puedes colocarte cualquier otro vestido y podemos ir si es que quieres, y nos devolvemos cuando te sientas mal nuevamente.

Sacudió su cabeza contra el pecho de su novio.

—Creo que si voy vomitaré toda la pista de baile —sollozó.

Wally soltó una risa pequeña que vibró en su pecho e hizo a Kuki sentirse un poco mejor.

—Entonces nos quedaremos aquí, yo te prepararé un té para que no te vayas a deshidratar mientras tú te das un baño, ¿está bien? —le dijo en un susurro.

—¿No te molesta no ir al baile? —preguntó Kuki con voz gangosa—, escuché que tienes oportunidades de salir rey este año.

El rubio rió nuevamente.

—Por supuesto que no me molesta, recuerda que desde un inicio yo no quería ir, solo iba a ir porque tú querías, así que para mí créeme que será un mejor aniversario que nos quedemos aquí viendo películas los dos acurrucados que cualquier estúpido baile —aseguró.

—¿Lo dices en serio? —ella se alejó unos pasos de él y lo miró, Wally asintió y ella sonrió. —Entonces está bien —susurró bajando su vista al suelo.


Tal y como le había dicho Wally, Kuki se bañó, se lavó muy bien lo dientes y luego se recostó en el sofá junto con su novio, quien le había preparado un té para que no se fuera a deshidratar, sin embargo, el olor del té no hacía más que darle nauseas, por lo que lo dejó a un lado y se acurrucó en el regazo de su novio mientras veían la televisión.

—Feliz aniversario, Wally.

El rubio sonrió y acarició el cabello largo y negro de su novia.

—Feliz aniversario, Kuki.

—Te ves guapo con ese smoking —le dijo la oriental girándose para mirarlo desde abajo—, deberías de vestirte más seguido así.

—Lo haré en mi próxima lección de baile, ¿vale? —le contestó con una sonrisa juguetona en sus labios.

Ella se rió.

—Vale.

Ambos después de eso se recostaron como pudieron en el sillón acurrucándose el uno al lado del otro.


Cuando Kuki llegó el día lunes, sintiéndose aún un poco indispuesta, se asombró al encontrar dentro de su casillero una nota escrita.

Sonrió al saber exactamente de quién era esa nota y sin importarle que a penas tenía unos cuantos minutos para ir a clases, dejó sus libros en su casillero y subió con una sonrisa las escaleras de la escuela para llegar a la azotea.

Cuando abrió la puerta, no pudo evitar ampliar aún más su sonrisa.

Wally se encontraba en medio de la azotea con un pequeño parlante a un lado de él y con una rosa roja en su mano. Lo más sorprendente de todo es que estaba vestido con un smoking y zapatillas deportivas.

Sonrió.

—Ya que te enfermaste justo para tu baile, pues yo te haré uno como regalo de aniversario, ¿te gusta? —sonrió Wally.

Kuki sintió sus ojos humedecer y sin borrar su sonrisa se acercó a él mientras que Wally colocaba el parlante, haciendo sonar la misma música de la vez cuando ella le enseñó a bailar.

—¿Me concede esta pieza señorita? —preguntó el muchacho estirando su brazo hacia ella.

Kuki se rió suavemente, intentando con todas sus fuerzas aguantarse las lágrimas que querían escapar de sus ojos.

—Está bien —respondió ella con la voz temblorosa.

Él la acercó entonces y pasó rápidamente su mano por su cintura para comenzar a moverse al son de la música por todo el lugar, la hizo girar tal y como ella le enseñó y luego la elevó con suavidad, la bajó y puso ambas manos en su cintura para moverse acorde a la melodiosa canción, ella pasó ambas manos por su cuello y lo miró directamente a los ojos.

—Te amo, Güero —susurró con suavidad mirándolo con los ojos brillantes.

Él se inclinó a ella para robarle un pequeño beso en los labios.

—Yo también, Kuki, mucho —le respondió después de separarse por apenas unos centímetros de la chica.

—Gracias por hacer esto.

Siguieron moviéndose con suavidad, balanceándose de un lado al otro.

—No hay problema —se encogió de hombros—, creí que te gustaría.

—Me encanta —susurró—, incluso mucho más de lo que me hubiese gustado ir al baile.

—¿En serio? —preguntó él mirándola fijamente.

Ella asintió.

—En serio. Y además, me sorprende que hayas llegado temprano a la escuela —se rió ella.

Él rió también.

—Bueno —se encogió de hombros—, descubrí que si me lo proponía realmente podría hacerlo.

—Lo sé, Güero, lo sé.

Y nuevamente compartieron un suave beso que los llevó a ambos a la gloria. Porque daba lo mismo el lugar en donde pudiesen bailar, mientras lo hicieran ambos no había ningún problema con nada y todo saldría perfecto.


Tadá!

Este es la segunda viñeta de este fic! Había olvidado comentar con anterioridad que no soy una persona constante con las actualizaciones! Pero no se preocupen, porque me he hecho una promesa a mi misma de no olvidar ninguno de los escritos que he estado realizando desde el año anterior (que al final son solo 3 fanfic) así que aunque me demore mucho tiempo no se preocupen porque no abandonaré esta historia y la terminaré.

Bien, con respecto a esta viñeta, no digamos que es una de mis favoritas, de hecho me costó un poco escribirla porque no tenía mucho drama (la primera tampoco) pero quiero que sepan que soy la reina del drama jajaja me encanta todo lo que tiene que ver con problemas y líos y enredos, porque al fin y al cabo me gusta llevar mis historias a la vida real, y pos, la vida real no es de color de rosa así que sí habrá drama en las siguientes viñetas, de hecho en la próxima (que ya la tengo pensada en la cabeza) vendrá con mucho drama y también un poquito de hurts, para que se preparen jeje.

Bueno, por supuesto tengo que agradecer eternamente a las personitas que me dejaron reviews! Muchas gracias a todos por sus comentarios, me alegraron la vida al darme cuenta que aunque el fandom no es muy visitado existen personas que me leen, y pos, espero entregarles alegrías y apoyar la moción para que esto no desaparezca.

Tengo que agradecer especialmente a Kary por el hecho de recomendarme el comic que hace accel art, dios! es demasiado emocionante! Me encantó, pero será mejor que su historia termine en un Kuki/Wally si no quiere que vaya a donde sea que este y lo rebane dolorosamente! (lo digo con cariño) jajjaaja Muchas gracias por recomendarmelo, estoy ansiosa por leer el nuevo capítulo!

Bien, no creo tener nada más que decir! Espero disfruten este capítulo que a pesar de no ser de mis favorito lo escribí con mucho amor, bueno, todo lo que escribo siempre lo hago con amor pensando en que a alguien más le gustará.

No olviden dejar sus comentarios, me hacen feliz.

Besos y abrazos!

Jell :A