N. de la A: Primeramente, gracias por sus comentarios. No pensé que habría tantos debido a lo "inusual" del emparejamiento :) Luego, respondiendo a las dudas del Doc, Seras y demás, pues diré que esos son los cambios que le hice a la historia jaja. Está ambientada al final del manga, pero con varias modificaciones. Una de ellas es el tema de Walter y del Doc, a este último lo necesitaba vivo para otros planes que ya verán; así como también necesitaba a Seras fuera del camino. Si no, ¿cómo explicar la captura de Integra? En fin, este capítulo es el comienzo de dichas explicaciones, en el próximo se entenderá mejor. Lamento que sea corto, pero es una historia relativamente pequeña, cuyos capítulos no superaran las 2000 palabras, creo.
Otro aviso importante: el capítulo 3 va a demorar, aún no sé cuánto, pero no esperen verlo dentro de una semana o dos. Esto debido a que estoy pasando por uno de esos bajones existenciales y esas burradas, que me impide concentrarme a plenitud en mis cosas. Lechuga necesita un abrazo :c y una taza de helado de chocolate :D
*Para quienes leen mis otras historias en esta página, no las actualizaré POR AHORA, no hasta que acabe esta*.
Cualquier cosa pueden enviarme un PM :)
Capítulo 2
Si Hans de pronto hubiera desaparecido y la hubiera dejado sola, abandonada a su suerte en el mar de pasillos del zeppelin, o si de una puerta secreta hubiera aparecido el Mayor junto al Doc para atarla y practicar con ella mil y un experimentos, Integra no se hubiera asombrado; es lo que se esperaba por lógica. Pero no estaba sucediendo ni lo uno, ni lo otro.
El peliblanco solo caminó en silencio y con rumbo fijo, mientras ella aceleró el paso para no perderlo, aun con la sombra de una enorme duda sobre sus intenciones. Le llamó la atención la soledad aparente con la que se encontraron, ¿dónde se había metido todo el mundo? Ella juraría que aún quedaban varios soldados del Tercer Reich que deambulaban por aquí.
¿Habrían salido para atacar lo que quedaba de Londres? ¿Iban a matarla? ¿Qué diría la Reina? El hilo de sus pensamientos se vio interrumpido cuando una mano fuerte la atrapó por el brazo y la mantuvo apegada a él, sin cambiar la expresión. Integra levantó la vista, odiaba que él fuera tan alto, casi tanto como…pero entonces los escuchó; dos guardias venían charlando por el otro extremo del pasillo, a punto de encontrarse de frente con ellos. El Capitán la jaló del brazo y siguió su rumbo, como si nada. Los dos hombres les dirigieron miradas interrogantes, pero toda pregunta murió en la boca al ver la expresión seria del hombre lobo. Si él la llevaba, sería porque el Mayor lo requería.
Se encogieron de hombros y siguieron su camino, luego de haber hecho un leve saludo militar ante su capitán. Cuando sus voces se perdieron tragadas por uno de los tantos recovecos de los pasillos, Integra se vio libre de nuevo. Iba a decir algo, pero ya estaban frente a una gran puerta que, a juzgar por su apariencia, debía ser la salida trasera del zeppelin. Hans la abrió para ella, y dos minutos más tarde estaban los dos de pie a una distancia prudente de la fortaleza de Montana, contemplándola mientras se distinguía entre el montón de escombros de lo que una vez fuera un radiante barrio inglés.
Integra se giró hacia su compañero.
"Si fueras tan amable de decirme qué hago aquí".
El hombre le devolvió una mirada neutra, casi aburrida. ¡Pero es que ese hombre nunca decía nada, maldita sea! Inhaló aire para protestar, cuando vio que él le tendía la mano, con algo que parpadeaba de un color rojizo en la palma.
Lo cogió por inercia.
Un detonador.
De haber sido otra chica, Integra hubiera dejado caer la mandíbula; pero como se trataba de ella, se contuvo con abrir mucho los ojos ante el asombro del descubrimiento. Miró aturdida al hombre silencioso ante ella, que le devolvió la mirada tranquilo, casi como si sonriera, casi. Su pulgar rozó el botón rojo, tentado a ejercer presión.
Pero, ¿por qué? Era esa la pregunta que rondaba cual fantasma en pena por su cabeza, ¿por qué él? ¿Por qué? Pero no había tiempo para cuestionamientos morales ni para buscar respuestas profundas, así que optó por lo más aceptable —porque sí—.
La explosión envió lenguas de fuego hacia el azul del cielo nocturno, y una oleada de aire caliente que se azotó contra la piel de su cara, echándole a volar los cabellos. Todas las instalaciones del dirigible nazi fueron consumidas por la nube de fuego que lo masticó hasta reducirlo a simples escombros que crujían lamentándose mientras cedían a la sed devoradora de las llamas. En un par de segundos, la gran fortaleza de Montana se vio reducida a cenizas, con su propio Comandante y todos sus seguidores adentro.
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Integra miró a su acompañante mientras caminaba a su lado. No había ninguna señal extraña en sus facciones, estaba sereno, normalmente serio. Acababa de traicionar a su Comandante y entregarlo a la muerte a manos de la mujer que se supone debía detestar (porque eran enemigos, ¿cierto?) y sin embargo, iba allí sin la menor gota de arrepentimiento, o al menos este no se visualizaba. Se preguntó hacia dónde caminaban ahora.
"Bueno, me estoy cansando de tanto misterio. ¿A dónde se supone que vamos ahora?"
Ella era una mujer de poca paciencia, tener que caminar con un desconocido, ex enemigo y que además ni le dirigía la palabra estaba resultando desconcertante. Para su desesperación, Hans se encogió de hombros y señaló hacia adelante; buscó con su mirada y lo único que vio fue una calle larga y solitaria en donde aún brillaban algunos focos rotos.
"¿Vamos a mi mansión?" Ahora que lo recordaba, ella no sabía si su casa habría sido destruida o no. Seras le había informado que Zorin los había atacado y solo habían logrado sobrevivir algunos contados miembros de los Gansos, ella misma lo había logrado gracias a que Bernadotte había dado su vida en pos de la suya. Espera…
"¿Dónde está Seras Victoria? ¿Qué hiciste con ella?"
El peliblanco parpadeó como si no comprendiera.
"Seras, la vampiresa bajo mis órdenes. La última vez que la vi estaba por enfrentarse a ti".
Un estrechamiento en los ojos rojizos le demostró que sabía de quién le hablaba, y como segunda señal él se llevó momentáneamente la mano sobre el pecho, como recordando. Luego volvió a mirar hacia adelante y siguió caminando.
"¡Espera! Maldita sea, ¿por qué no habla? ¿A dónde vas?"
La calle llegaba a su final y luego no había más que campo abierto. La paciencia de la rubia terminó por agotarse. Muy agradecida por salvarla podía estar, pero él aún seguía siendo un misterio y un desconocido, uno que además ni siquiera se dignaba a hablarle. ¿Sería mudo?
"Okey, esto es todo. Yo me largo" —dijo sentándose sobre un poste caído y mirando desafiante al hombre que se detuvo un poco más allá, dándose la vuelta para mirarla.
Hans ladeó la cabeza, y señaló el camino una vez más, pero ella no se movió.
"Si no me dices AHORA hacia dónde vamos, no sigo. Me cansé".
Vaya terquedad de mujer, aunque no podía culparla. Eran enemigos hasta hace unos minutos, ¿cómo iba a confiar 100% en él todavía? El peliblanco suspiró, ¿cómo hacerle saber hacia dónde la llevaba sin la necesidad de hablar? Y de pronto se le ocurrió; ella había preguntado por la draculina, la chica rubia con la cual se había enfrentado en ese combate tan…inusual.
Se devolvió hacia la mujer que lo miraba sentada con el ceño fruncido y de brazos cruzados, y le hizo una seña. Integra lo miró…y abrió los ojos ante su mueca.
Hans estaba…tratando de mostrarle algo.
Puso ambas manos delante de su pecho, ahuecadas, como si agarrara dos cosas redondas, dos grandes cosas… "¿Seras? ¿Sabes dónde está?" —Integra se había puesto de pie de inmediato. Hans asintió con la cabeza, y luego se llevó la mano hacia la cara, tapándose el ojo izquierdo. Integra se sorprendió— ¿…Pip? ¿Cómo…?
Ahora que había recobrado su atención de nuevo, él siguió andando, y ella lo siguió.
"Más te vale que no me estés engañando".
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La oleada invasora de ghouls no había llegado hasta los campos aledaños de la ciudad, gracias a dios, y estos se hallaban relativamente en buen estado. Integra pudo ver varias casas diseminadas a lo largo del valle en perfecto estado, aunque dudaba que tuvieran gente en su interior.
Al cabo de unos minutos más, estaban de pie ante el jardín olvidado de una antigua casona pintada de verde. Hans abrió la puerta de metal y caminó por el sendero empedrado. Integra miró desconfiada a su alrededor.
La mano grande dio tres toques con la aldaba, y a los pocos segundos alguien parecía correr en el interior antes de abrir la puerta.
"Oh, es usted".
Integra escuchó el sonido de un arma apoyarse contra el piso, y esa voz…caminó hacia adelante, haciendo a un lado el cuerpo alto del capitán nazi para ver mejor.
"¿Seras?"
"¡Lady Integra! —la chica saltó a sus brazos— ¡Estás viva!"
Luego la revisó por todos lados, inspeccionado que no tuviera ningún daño, casi como haría una mamá con sus pequeños. Integra carraspeó, y Seras se alejó riéndose.
"Lo siento, Sir. Es que, pensé que usted… —luego miró al hombre junto a ella— ¿usted la salvó? ¿Y el Mayor?"
"Muerto —respondió Integra con total simpleza— volamos el zeppelin en mil pedazos".
Los ojos de la chica se abrieron con asombro, miró a Hans y luego a su jefa, para luego sonreír abiertamente y tomarla de la mano para hacerla entrar.
"Venga, Sir. Hay muchas cosas de las que debo hablarle".
"No tengo duda de ello".
"Y, ¿qué hacemos con el Capitán?"
Integra se dio media vuelta para mirar al hombre de pie en la puerta, estudiándola con la mirada. Repasó los últimos acontecimientos en su mente, trató de hallar algunas respuestas, y finalmente suspiró.
"Él se quedará con nosotros, Seras. Vamos a necesitarlo".
...continuará...
