Ranma ½ y todos sus personajes son creación y propiedad de la célebre artista japonesa Rumiko Takahashi. Esta historia no la escribo con fines de lucro sino como un homenaje a su gran obra que tras muchos años sigue encendiendo de dicha nuestros corazones y de imaginación nuestras mentes inspirándonos siempre gran diversión.
Fantasy Fics Estudios es un grupo de fans reunidos en torno al amor por la creación del fanfiction, la escritura y la fantasía en general, promoviendo el libre uso de la imaginación y luchando contra la dictadura que la realidad y la gris "madurez" que el mundo trata de imponernos aplacando la exquisita diversidad de nuestras almas.
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Ranma entró al baño y descansó el peso del cuerpo apoyándose en el borde del lavamanos. Se miró detenidamente en el espejo y relamiéndose los labios todavía con los ojos caídos tras el lento despertar se frotó el mentón sintiéndolo un poco áspero. Murmuró un quejido con pesar suponiendo que estaría obligado a afeitarse. No alcanzó a abrir la llave del agua cuando sintió el dulzón aroma del arroz quemado. Suspiró y entreabriendo la puerta asomó la cabeza al pasillo fuera del baño.
—Akane, ¿qué estás haciendo?
— ¡El desayuno! —Respondió ella con cantarina voz asomándose también desde la cocina, encontrándose las miradas de ambos de un extremo al otro del pequeño pasillo. Akane tenía la corta melena recogida en un divertido mechón atado con una cinta elástica a un costado de la cabeza, haciéndola ver todavía más encantadora a sus ojos.
Juntó la puerta del baño escuchando todavía el distante eco del chisporroteo del aceite en la sartén, cerró los ojos con fuerza, los abrió mirando el techo y dejó escapar una maldición. Abrió el pequeño botiquín oculto tras el espejo y buscó dentro de una pila de frascos de medicamentos dirigiendo la mano hacia el grupo de la derecha. Levantó uno a uno leyendo las etiquetas: antiácidos, laxantes, tabletas para dolores estomacales, colon inflamable… Cogió cualquiera y destapándolo se echó un par de píldoras a la boca. Por seguridad abrió otro frasco más y se echó un segundo par de tabletas.
—Va a ser un día de esos —susurró de malagana con las píldoras todavía en la boca.
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Fantasy Fics Estudios presenta otra pequeña anécdota escrita por Noham Theonaus.
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Akane entró al baño con las manos empuñadas y el cabello crispado de rabia.
— ¿Lo probaste antes de servirlo? —Se escuchó el grito de Ranma reclamando desde el comedor—, ¿cuántas veces te he repetido que es lo mínimo que debes hacer al cocinar? ¡Sabe horrible!
Ella dio un portazo encerrándose en el baño. Llevándose ambas manos al rostro se lo frotó con fuerza, con la misma rabia se arrancó la cinta elástica del cabello arrojándola al piso y dio dos giros completos por el pequeño espacio del baño como un animal enjaulado llena de nerviosismo susurrando incoherencias. Suspiró profundamente intentando dominarse, ella trataba, realmente trataba de no golpearlo pero él parecía empeñarse en provocarla cuando más hacía esfuerzos por cambiar un poco. ¿Se tomaba siquiera la molestia de criticarla con algo de amabilidad antes de soltarle toda esa sarta de insultos que no merecía? ¿Se preocupó de lo temprano que se había levantado, del cuidado que había puesto, del esfuerzo que hacía intentando cocinarle cada día a pesar de sus constantes fracasos? Sintió un nudo en la garganta y abriendo la llave del agua se mojó la cara. Miró su propio reflejo, se vio patética, exhaló un poco de aire intentando sonreír llena de tristeza. Abrió el botiquín oculto tras el espejo y buscó en la pila de frascos de medicamentos tanteando en el grupo del lado izquierdo. Levantó los envases uno por uno leyendo las etiquetas: Calmante para los nervios, pastillas para la presión, relajantes musculares, sedantes para dormir… Cogió una mezcla de tres y se echó las pastillas a la boca, sin tragarlas todavía las dio vuelta entre los dientes murmurando apesadumbrada.
—Va a ser un día de esos.
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La esposa secuestrada
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"Estrategias"
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La radio vibraba con la música de un antiguo himno militar. El señor Tetsu Noda tarareaba entusiasmado siguiendo la melodía mientras sus ojos se humedecían por la emoción, rememoraba cada una de las imágenes de su infancia que se grabaron con fuego en su mente y que no olvidaba por más años que hubieran pasado. Usando un viejo gorro del ejército del imperio japonés de la segunda guerra mundial mecía la cabeza al son de las marchas. Se detuvo un segundo cuando escuchó a las mujeres hablando desde la cocina y molesto giró la perilla de la vieja radio con casetera que abrazaba celosamente contra su vientre subiendo el volumen.
En la cocina la señora Keiko Noda se sonrió al notar lo que había hecho su marido.
— ¿Estamos incomodando a su esposo? —Akane preguntó un poco preocupada. La joven señora Saotome se encontraba ese día como invitada de la señora Noda en el apartamento de la anciana pareja justo al lado del que compartía con Ranma.
Hacía unos pocos días que la señora Noda descubrió a Akane deprimida sentada en un parque a los pies del edificio cerca del mediodía, y tras una profunda conversación descubrió que todo se debía a un desencuentro que Akane había tenido con su joven esposo Ranma por culpa de la cena del día anterior, una discusión como últimamente muchas se repetían desde que llegaron a vivir a ese lugar. La señora Noda ante el problema se tomó el asunto como un proyecto personal, viendo en Akane la imagen de su propia juventud llena de inconvenientes a los que están expuestos los recién casados, y le ofreció ayudarla para que aprendiera a cocinar.
Notando los nervios de Akane se apresuró a calmarla, suponiendo que la timidez de la joven esposa iba más allá de las molestias que creía provocarle sino debido a una gran falta de confianza en sus propias habilidades culinarias.
—Para nada, Akane, él siempre hace lo mismo. ¿Puedo llamarla así, verdad, solamente Akane?
—Sí, sí, está bien —respondió sonrojada y encantada a la vez por calidez de la señora Noda. Le gustaba la confianza con que ella la trataba además que prefería no escuchar su nuevo apellido en tiempos como esos cuando estaba molesta con Ranma ya que sólo la enfurecía más.
—Te pareces tanto a mi hija.
— ¿Su hija?
—Sí, ella vive en Okinawa con su marido, fue la más reacia a casarse de todos mis hijos y ahora resulta ser la que menos se acuerda de estos pobres viejos, con suerte podría llamarme para las fiestas de año nuevo si nada la distrae —guardó silencio cuando se escuchó desde la sala a su marido cantar un párrafo a viva voz.
— ¿El señor Noda participó en la guerra? —Preguntó Akane curiosa por la fascinación que el anciano demostraba por el pasado.
—No, claro que no, no es tan viejo como aparenta —rió con malicia—, de hecho era un niño todavía en esa época, ambos lo éramos y pertenecíamos al mismo vecindario, aunque él siempre quiso ser un soldado. ¿Te imaginas?, con lo torpe que es lo habrían matado de los primeros y ni siquiera estaríamos casados.
Pensativa evitó los ojos de Akane. Lo que ella no quería decirle era la verdadera razón de la nostalgia que apenaba al señor Noda y que se remontaba a la última gran guerra. Noda tenía un hermano mayor al que admiraba mucho, Akira Noda, el que sí partió al frente de batalla para jamás regresar. Lo poco que conservaba el señor Noda de su hermano era el gorro militar que siempre usaba cuando la tristeza lo invadía y se ponía a escuchar sus viejas marchas militares. Pero ella era comprensiva para entender que por muchos años que pasaran su esposo nunca sanaría del todo la herida en su corazón.
—Quizás vine en un mal momento —insistió Akane nerviosa.
—Oh, no tema, Akane, esto es de todos los días, ignórelo por favor. Bien, ¿terminó de cortar lo vegetales?
Akane sonrió nerviosa y le mostró el resultado de su trabajo. Eran los vegetales más extrañamente rebanados que la señora Noda había visto en su vida y se sintió un poco perpleja tratando de imaginar como ella lo habría conseguido cuando levantó un trozo con los dedos para mirarlo más de cerca. Si no fuera porque se trataba de comida lo habría considerado una bizarra obra de arte.
—Lo siento, ni siquiera esto puedo hacerlo bien.
—No, no me malinterprete se lo ruego, no es que esté mal… quizás un poco original y la creatividad siempre es bienvenida —trató de disculparse tras su evidente sorpresa inicial—. Mejor pongamos el agua al fuego y comencemos a mezclar los ingredientes. Señora Saotome, ¿se encuentra bien?, hoy no la veo tan animada como siempre.
Akane suspiró lánguidamente, la señora Noda tenía razón al pensar que algo le sucedía ya que en otras ocasiones la joven esposa vibraba de entusiasmo por aprender. Era como si ella se estuviera dando por vencida.
—Akane —La señora Noda insistió ante su silencio—, ¿sucedió algo con el señor Saotome?
—Ese tonto… —contuvo un gimoteo llevando la mano empuñada al rostro cubriéndose la boca.
—Oh, ya comprendo, no tiene porqué decirme nada más. Ahora pongamos a cocer las verduras que no tenemos todo el día.
—Pero…
—Vamos, Akane, arriba ese ánimo. Usted no se va a rendir únicamente por un par de fracasos, ¿no es así?
¿Un par de fracasos? Akane no se sintió muy aliviada contando en su cabeza que eran muchas más las derrotas en la cocina que las discusiones con Ranma.
—Pero a él nunca le gusta lo que yo preparo. ¡Ni siquiera es capaz de decirme algo amable cuando lo intento!
—Akane, ¿prefiere que su marido sea una persona honesta en la que pueda creer, o un mentiroso que por fingir agradarla le dirá que todo está bien cuando no es así?
La joven Akane no había reparado nunca en esa diferencia y pensándolo seriamente la miró antes de responder. ¿Cuántos hombres diciendo ser sus amigos o intentando agradarla habían comido sus platillos mintiéndole, diciéndole que todo estaba perfecto cuando no era así? A diferencia de Ranma que jamás se guardó nada para con ella lo que siempre la hizo ganarse su confianza aunque ella dijera ante todos lo contrario para ocultar sus sentimientos.
—Supongo que… —dubitativa se llevó una mano a la mejilla—… prefiero que sea honesto.
—Exacto. Así cuando él diga que le gusta su comida podrá creerle de todo corazón que dice la verdad. Y no sólo en la comida sino en todos los aspectos de la vida, ser honesto o no serlo es la base de dos tipos de matrimonios muy distintos entre sí; uno donde la pareja lleva sus vidas por separado contándose entre sí lo justo y necesario, lo que crean adecuado para mantener la paz y el balance en sus vidas, una vida sólo de apariencias en la que en realidad viven más para sí sin importarles la persona que tienen a su lado.
— ¿Y el otro grupo?
— ¿Los que son tan honestos que llegan a ser un poco irritantes? Pues al final, si sobreviven… —rió traviesa haciendo sonrojar a Akane que sabía a lo que se refería antes de continuar—, pues si sobreviven serán los más felices de todos. Aunque ésa es únicamente mi opinión personal, cada persona debe decidir que la hace feliz y como llevar su vida en adelante, o sus vidas, porque una vez casada una debe pensar por dos, no por uno —suspiró cuando escuchó cantar a su viejo esposo arrancándole un profundo pensamiento—; Y muy en especial cuando los hombres no parecieran saber usar sus propias cabezas y nos obligan a pensar también por ellos. Oh, lo lamento, me dejé llevar pensando en voz alta. Señora Saotome, no, Akane, ¿qué clase de matrimonio desea usted tener?, eso es algo que debe quedar establecido desde el principio de la vida marital si no quiere fracasar en ello, aunque ahora me moleste recurrir a este ejemplo el matrimonio es un poco parecido a una guerra a la que hay que ir preparada; si lo enfrenta sin ningún propósito claro ni menos una estrategia para sortear los problemas de cada día, como batallas que vencer, obstáculos que superar, trabajo en equipo y todo eso pues tendrá muchos problemas. Eso del amor y dejar las cosas al azar está bien al principio, pero no siempre, hay que usar la cabeza. De lo contrario perderá el foco en su verdadero enemigo que son los problemas de cada día y comenzará a ver como a su enemigo a la persona que debería ser su más grande aliado. ¡Use la cabeza, no el corazón!
— ¿La cabeza? —Akane se sintió un poco frustrada creyendo aquellas palabras algo frías cuando se trataban de amor.
—Sí, Akane, hay que usar la cabeza. Con el corazón se siente, pero con la cabeza decidimos qué decir, cómo actuar y de qué manera invertir nuestros sentimientos. ¿No fue con la cabeza que decidió casarse con él, no fue con la cabeza que aceptó esta aventura de vivir lejos de su familia siendo tan jóvenes los dos? No puede dejar nada al azar, debe tener una estrategia para todo, ¡todo!, o no llegará a buen término con su matrimonio.
— ¿El matrimonio debe terminar algún día? —Preguntó con inocencia un poco preocupada.
—Con suerte y felizmente será el día en que me muera —miró por la puerta de la cocina la cabeza de su anciano esposo que se balanceaba al son de la música—, aunque espero que no sea yo la que deje este mundo primero. Quiero tanto a ese porfiado hombre que prefiero ser yo la que viva un tiempo sola que abandonarlo, sé que no sobreviviría un día sin mí, mi pobre Tetsu es tan inútil…
Akane meditó profundamente en todo lo que la señora Noda le estaba diciendo y se sintió conmovida por el cariño que ella le expresaba a su marido. También encontró interesante la idea de visualizar el matrimonio como un combate donde tenía que ver a Ranma como un aliado ante la adversidad y no como su rival al que debía vencer en cada discusión.
—Mujer, ¿está lista la comida? —El señor Noda preguntó dando un potente vozarrón desde la sala.
A pesar de la brusquedad de la voz de Tetsu Noda que preocupó un poco a Akane, la señora Keiko cambió completamente su suavidad para responderle con un grito igual de fuerte.
—Si sigues quejándote comerás arroz amarillo y nabos.
— ¡No te atreverías! —Amenazó el anciano con tono marcial, inspirado quizás por sus marchas.
— ¡Oh, sí, y por todo el mes, viejo terco!
La señora Noda sonrió cuando su marido no respondió de inmediato, sino que al poco tiempo lo escuchó bajar el volumen de la radio y llamarla otra vez pero con voz más suave, lo suficientemente fuerte sólo como para ser escuchado desde la cocina.
—Cariño, Keiko, no me gustan los nabos —se quejó de manera tan infantil y tierna que hasta a Akane se le comprimió el corazón. Pero esto no pareció alterar a la señora Keiko Noda.
—Hombres, no importa los años siempre serán como niños —rió la señora—, y bien, Akane, ¿será capaz de continuar sola? Debo encargarme de mis propios "problemas".
— ¿Sola? Bueno, sí, eso creo.
—Únicamente queda por hacer el arroz, lo demás lo tenemos todo preparado ya para la cena. Estoy segura que su esposo esta vez quedará encantado.
— ¿El arroz? —Akane giró los ojos insegura. "El arroz" había sido justamente la causa de la fuerte discusión que habían tenido en la mañana.
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Ranma se desplomó sobre la silla, ni siquiera se había quitado el traje deportivo que utilizaba como uniforme de instructor en el gimnasio donde trabajaba. Akane notó lo cansado que se encontraba y se preocupó, si en el mejor estado de ánimo no la perdonaba por sus errores en la cocina menos lo haría ahora y se preparó de antemano para una fuerte discusión poniéndose a la defensiva.
— ¿Compraste la cena? —Preguntó el joven secamente. No tenía energías para mostrarse paciente, no después de haber pasado todo el día sin comer.
—No, yo la preparé —le contestó con la misma fría agresividad. Más que un matrimonio parecían dos contendientes a punto de batirse a duelo.
Hubo silencio en la mesa. Ranma sonrió irónicamente. Ella lo consideró un gesto de desconfianza que la ofendió, pero en realidad él se estaba enorgulleciendo de su propio ingenio. Conociendo el espíritu competitivo de su joven esposa supuso que ella en lugar de rendirse lo intentaría otra vez, y por lo mismo no había probado bocado durante todo el día a pesar de la ardua jornada que tuvo sólo para aumentar su hambre y así poder engullir todo lo que Akane le preparara sin reclamar. Observó la mesa y hasta donde podía ver todo le parecía normal; un grupo de fuentes con verduras cocidas, pescado y una abundante porción de arroz servida en un pequeño tazón delante de él. Sabía de las clases que le estaba dando la señora Noda y debió reconocer que por lo menos en apariencia ya no se veía algo tan espantoso como cuando ella cocinaba en casa de su familia. Cogió los palillos muy lentamente. Akane siguió con los ojos cada uno de los movimientos de su esposo. El joven tomó con la punta de los palillos una de las verduras y la alzó en el aire observándola detalladamente curioso por su peculiar forma, ella se molestó por su notoria falta de confianza aunque se contuvo de decir algo, él viendo la incomodidad de su joven mujer también se guardó de hacer comentarios dejando la verdura sobre el montículo de arroz. Cogió el tazón con una mano acercándolo a la boca. Con los ojos afilados miró a Akane, ésta al sentirse descubierta vigilándolo giró el rostro hacia un costado fingiendo distracción.
—Boba —murmuró el joven apenas audible.
—Idiota —respondió ella con un murmullo igual de tenue.
Él se llevó la porción de arroz y verdura a la boca. Ella se tensó empuñando las manos sobre la mesa arrugando con los dedos el mantel. Ranma lo mascó todo muy lentamente y tragó haciendo un fuerte ruido que se sintió en todo el silencioso comedor. Ella esperó. Él la miró y no demostró ningún sentimiento, se llevó otra porción de arroz a la boca y repitió el mismo lento procedimiento. Akane no lo soportó por más tiempo y reaccionó histérica.
— ¿Y?
— ¿Y qué? —Respondió él severamente tratando de aparentar indiferencia.
—Ranma, no te hagas. ¿Acaso no me vas a decir qué tan malo está?
Ranma la miró con curiosidad antes de responderle.
— ¿Y tú no lo sabes? Akane, ¿otra vez no probaste lo que tú misma cocinaste?
Ella se sonrojó con fuerza pero no estaba de ánimo para sus burlas.
—Eso no te importa.
—Entonces tampoco voy a responderte.
El cabello de Akane se erizó pero consiguió contenerse otra vez guardando silencio. Ranma volvió a engullir un bocado esta vez con un poco de pescado, lentamente, muy lentamente, moviendo la comida dentro de la boca con mucha exageración, mascó y tragó, todo con tanta calma que parecía estarla provocando intencionalmente. Cuando Akane con disimulo intentó mirarlo comer descubrió que él la estaba observaba con una ligera sonrisa de triunfo al haberla descubierto otra vez espiándolo, ella golpeó la mesa con ambas manos remeciendo todas las fuentes.
— ¿Vas a hablar o no? ¿O te estás burlando de mí? —Lo interrogó bruscamente.
—Sí, lo estoy.
— ¡Ranma!
—En lugar de esperar a que caiga envenenado, ¿por qué no pruebas primero tu propia comida?
La chica recordó recién su porción de arroz que se estaba enfriando ante ella, avergonzada no quiso tomar los palillos sino que giró en la silla dispuesta a levantarse. Quería salir corriendo de ese lugar, los insultos y los reclamos de Ranma eran mucho mejor que esa versión irónica y burlona de él. Recordó lo que la señora Noda le había dicho, ¿quería ella un matrimonio de mentiras y silencio, quería ella competir siempre con Ranma por un simple halago? Se sintió insegura y herida.
—Está un poco salado —dijo él repentinamente deteniéndola cuando apenas había conseguido despegar el cuerpo de la silla.
— ¿Qué cosa?
—Que el arroz está un poco salado —suspiró bajando los palillos para mirarla con un gesto de sinceridad—, además está algo crudo, pero las verduras están bien.
— ¿Bien? —Ella volvió a sentarse y se enderezó en la silla muy lentamente con las piernas juntas y los labios entreabiertos preguntándole incrédula con mucha desconfianza—, ¿qué tan bien?
—Si tanto quieres saberlo pues te diré que prefiero que quede salado antes que dulce, detesto cuando confundes el azúcar con la sal como hiciste al desayuno. Además crudo es mejor que quemado, y no tan crudo, casi te quedó perfecto. Las verduras están un poco pasadas, pero… —sonrió con tanta alegría que ella se sintió desconcertada—… son mis favoritas, eso nunca lo has olvidado, Akane.
—Ranma, yo…
— ¿Vas a probar o no tu propia comida, boba?
Ella cogió nerviosa los palillos, ¿de verdad había hecho algo a lo menos comestible? Las manos le temblaron y el arroz resbaló de los palillos un par de veces antes de poderlo coger con firmeza y echarse una porción a la boca con algo de desesperación. Al sentir el sabor sus ojos se abrieron por la sorpresa.
—Está un poco salado y algo crudo —repitió la chica.
—Te lo dije.
—Y las verduras un poco pasadas.
—Sí, eso también te lo dije. Pero se me olvidó mencionar un pequeño detalle —Ranma sonrió de una forma que a ella le pareció encantadora, había esperado tanto tiempo escuchar esas simples palabras de él, tanto, que ahora le parecían irreales—, me cuesta un poco reconocerlo, pero qué demonios, a pesar de todo está bastante bueno.
— ¿Lo dices en serio?
Ranma no se preocupó de la sorpresa de su esposa e ignorándola siguió comiendo. De verdad estaba hambriento. Apenas acabó estiró el brazo con el tazón vacío ante ella obligándola a retroceder un poco asustada.
— ¿Hay más? —Preguntó con entusiasmo.
— ¿Más?, ¿de verdad quieres más?
— ¿Qué?, ¿no puedo repetir?
—Sí… ¡Sí!, dame un segundo. ¡Sólo un segundo no te muevas!
—No iré a ninguna parte.
Akane en su desconfianza había dejado la olla en la cocina no esperando a que él quisiera repetir. Ranma dejó descansar la mejilla sobre una mano mirándola moverse con tanta ansiedad que se sintió un poco culpable por haber jugado con ella. Pero se encontraba igual de sorprendido que Akane al descubrir que finalmente había cocinado algo que no lo mataría, por el contrario, no quería halagarla mucho más dado su necio orgullo pero le había gustado tanto como lo que antes preparaba Kasumi. Se arrepintió por haber sido tan injustamente duro con ella, después de todo Akane se estaba esforzando mucho únicamente para complacerlo, ¿y él cómo le pagaba, con insultos? Sintiéndose un idiota se dio un suave golpe en la frente.
Cuando ella regresó con la olla que dejó a un lado de la mesa le sirvió una gran porción de arroz que parecía una montaña sobre el pequeño tazón. Ranma sudó un poco ante lo que tenía en la mano pero la sonrisa de su esposa era tan radiante que sólo pudo responder asintiendo torpemente en señal de gratitud.
Un rato después, tras largos minutos comiendo comenzó a sentirse un poco incómodo por la forma tan atenta con que ella lo trataba.
— ¿Por qué me miras? —Preguntó con un grano de arroz pegado en la mejilla cuando notó que Akane lo único que hacía era sonreír y observarlo comer como si fuera algún tipo de animal exótico en exhibición.
—Nada, nada —respondió con ambas manos en la mejilla y una risilla nerviosa que lo inquietó—, sigue comiendo, por favor.
—Está bien —engulló otra porción de arroz y volvió a preguntar con los palillos en la boca—. ¿Y tú ya acabaste?
—Sí. Oh, pero continua, come todo lo que quieras que hay mucho más. ¿Y cómo está?
—Akane, es la tercera vez que me preguntas lo mismo.
—Anda, dime —insistió alargando las palabras con chispeante alegría.
Ranma entrecerró los ojos como si ya estuviera cansándose de la situación. Aspiró profundamente antes de responder otra vez lo mismo que en las veces anteriores.
—Está bueno.
La chica no dijo nada más, pero el joven creyó imaginar que la sonrisa de su esposa había crecido hasta iluminar toda la sala sintiéndose un poco inseguro.
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Ranma estaba satisfecho, hacía días que no comía tan bien y por fin su humor comenzaba a cambiar positivamente. Acurrucado a su lado del gran futón se estaba durmiendo cuando una vez más su esposa le habló en un susurro.
—Ranma.
— ¿Qué quieres, Akane? Ya son las dos de la mañana.
—Lo siento, ¿puedo preguntarte algo?
Abrió los ojos y los movió como si quisiera ver a su esposa cuando la percibió acercándose suavemente por detrás como si tratara de no molestarlo apoyándose en su espalda, aferrándose con los dedos tímidamente tirando de su sudadera. Ranma movió los labios en silencio como si hubiera pronunciado un largo quejido antes de responderle con un gruñido fingiendo estar medio dormido.
—Dime, Akane.
— ¿De verdad que estaba bueno?
Movió los ojos hacia arriba antes de volverlos a cerrar y responder un poco molesto.
—Sí, Akane, estaba bueno.
Akane se acurrucó en su espalda. Eso lo hizo sentirse tan bien que no se pudo quejar de nada. Comenzó a cerrar los ojos cobijado por el calor de Akane cuando ella volvió a preguntar impacientándolo.
— ¿Ranma?
—Sí, Akane, ¡sí, estaba bueno! ¿Puedo dormir ahora?
—Perdón.
Pasaron otros quince minutos de silencio y Ranma, sintiéndose ahora estúpidamente culpable, le habló.
—Akane.
— ¿Sí, Ranma?
—Estaba bueno.
Ella se rió cuando Ranma giró en la cama abrazándola con fuerza.
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"Estrategias" fin.
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Notas del autor:
Agradezco de todo corazón los muchos mensajes y críticas positivas que he recibido tras la primera entrega de "La esposa secuestrada". Lo que creía un simple experimento y algo creado para mi propio placer y reposo entre largas obras se convirtió en una pequeña aventura que llena mis espacios libres, cada vez que contemplo el viento mecer los árboles de mi jardín o cuando viajo admirando las nubes de verano y sus divertidas formas. Siempre he fantaseado con momentos así de solaz, más que simple comedia mostrar las escenas cotidianas para nuestra querida pareja de siempre. ¿Cómo conseguirlo? Cuando comencé con este proyecto, decididamente tomándomelo en serio dispuesto a publicarlo, recurrí a la fantasía que tenía de mucho tiempo atrás, de ellos viviendo como pareja lejos de todas las "influencias negativas" que significaban sus familias y los a veces tan mal llamados "amigos" (opinión personal, espero no conjurar la ira de nadie). La idea de agregar un matrimonio anciano era la de crear una comparación, una especie de antes y después en dos etapas tan distintas de la vida pero también demostrar que no importando los años los sentimientos siguen siendo los mismos tan puros como en un principio. ¿Seré demasiado idealista? En fin, es fantasía, se puede ser todo lo idealista que uno desee y ser feliz. Además, ¿no es de ideales que vive lo mejor de la humanidad? Bien, dejaré para otro día la mala filosofía que no domino en absoluto.
El tema de la guerra me tenía un poco inseguro al principio, fue una idea que surgió de las muchas conversaciones que tengo a menudo con mi hermano menor (un fanático de la historia que siempre sale con diversos temas, es como si me hiciera viajar en una máquina del tiempo en cada charla), tenía reparos en tomar, aunque fuera de forma tangencial, un tema tan doloroso en una historia trivial de corte ameno y familiar. Pero luego pensé, muy a mi opinión personal, que la vida misma siempre está llena de lo feliz así también como de lo triste. Negar lo segundo nos imposibilitaría de disfrutar plenamente de lo otro, ¿qué mejor manera también de humanizar a los personajes que dándoles al igual que a las personas reales un trasfondo lleno de experiencias agridulces? Es la vida, y lo malo que hemos pasado la hará más bella y disfrutable todavía.
¡Oh!, horrible nota, demasiado larga como para el final de una historia corta, por eso siempre he evitado poner comentarios a los pie de mis historias, soy incapaz de contenerme, espero me perdonen. Ignórenme, se los ruego, sólo es palabrería de un alma nostálgica. Ideas tengo como para dos episodios más, además que todavía no me siento conforme con la narrativa, soy incapaz de sintetizar bien las ideas sin extenderme más de lo debido y no consigo, aún, plasmar sentimientos y lugares con la profundidad que estoy buscando desde el primer episodio sin tropezar con estúpidos errores de continuidad. Por ahora me dedicaré a Ragnarok y daré rienda suelta a toda la tinta y sangre que mi mano desea derramar. (Risa maligna)
De ustedes por siempre,
Noham.-
