No puedo esperar por leer la batalla de los Dragon Slayers *-* (Gajeel tiene que estar increíble. ¡¿Me leíste Mashima?! ¬¬). Capítulo 2. :3 Siento haberme tardado, estaba haciendo un dibujo del equipo más fuerte de Fairy Tail y terminando otro capítulo de "Madness, Love". Espero comprendan n_n''''
Disclaimer: Todo lo relacionado a Fairy Tail es propiedad del magnífico y grande Hiro Mashima.
Capítulo 2: ¿Gajeel McGarden y Levy Redfox?
Levy respiraba entrecortadamente, sosteniéndose como podía de los bordes del lavabo. Estaba pálida. No se separaba del espejo, viendo surostro. Ese no era su rostro. Pero no podía dar crédito a lo que veían sus ojos. Tocaba sin parar su largo cabello negro.
—¿Qué rayos? ¿Qué rayos? ¡¿Qué rayos?! —se decía alterada—. Tranquila Levy, todo está bien. Sólo estás soñando.
Caminó a trompicones hacia la puerta del baño, decidida a regresar a la cama.
—Cuando despiertes todo volverá a la normalidad. Sólo es un sueño —se repitió cerrando los ojos.
Al momento de dar un paso, casi se tropieza con algo. Más bien, con alguien.
—¡¿Qué sucede?! —un pequeño gato apareció con rapidez frente al pelinegro.
La McGarden abrió los ojos, aún más sorprendida.
—¡Lily! —exclamó descubriendo su nueva voz—. ¿Qué haces aquí?
El Exceed arqueó una ceja.
—Aquí vivo. Pero si quieres me voy.
—¡No! —dijo agitando las manos en al aire—. No me malentiendas. Quiero decir, pensé que ya te habías ido —mintió sin saber todavía lo que pasaba.
—Pues te oí gritar —afirmó Pantherlily—. Un grito muy extraño a decir verdad. ¿Qué ocurrió?
—Eh bueno, yo… —tragó saliva tratando de pensar en una excusa—. Tuve una pesadilla.
—¿Una pesadilla? —inquirió el gato con un deje de incredulidad.
—Sí —desvió la mirada a otro lado.
—De acuerdo, no preguntaré nada más —aclaró Lily—. Estaré abajo. Vístete para irnos a Fairy Tail —y se fue.
—¿Vístete?
Miró hacia abajo y distinguió que sólo llevaba puestos unos bóxers grises. Se sonrojó con fuerza. Se había alterado tanto que se olvidó de la poca ropa que traía en ese momento.
—Oh por Dios, ¡oh por Dios!
Respiró profundamente, intentando tranquilizarse mientras aceptaba lo que sucedía. Estaba en el cuerpo de Gajeel Redfox. Estaba en su casa, en su habitación, tenía su ropa y ahora hasta Lily la acompañaba.
—¿Acaso también le sucedió lo mismo? ¿Gajeel está en mi cuerpo ahora?
Se sentó sobre la cama y comenzó a cavilar sobre todos los motivos posibles por los cuales terminó en esa situación. No había leído o dicho ningún hechizo que lo provocara. No le había caído un extraño rayo de otro mundo. Y que ella supiera, no la habían raptado en la noche para hacerla parte de un rito maléfico. Sus opciones se acababan. No había comido nada. No había bebido na-. Se detuvo en seco. Abrió los ojos con desmesura.
—¡La malteada! ¡Ayer me tomé esa malteada de fresa! —frunció el ceño, comprendiendo ahora—. Ese maldito —pensó apretando los dientes—. ¡Ese maldito hizo que terminara en su cuerpo! ¡Jet tenía razón, era una broma! ¿Por qué lo hizo? ¡Gajeel! ¡Ésta me las vas a pagar!
Se incorporó con prontitud pasando por alto los detalles del lugar donde estaba. Encontró la túnica del Dragon Slayer en el armario. Se vistió con ella como pudo y ajustó un cinturón. Encontró sus grandes botas a lado de la cama y se las puso. De inmediato, bajó corriendo por unas estrechas escaleras hasta dar con una sala y una cocina por un lado.
—¿Estás listo? —cuestionó Lily viéndolo aparecer—. ¿Por qué tanta prisa?
—Te veré en el gremio después —respondió el Redfox—. Recordé que tengo unos asuntos pendientes qué arreglar.
—¿Otra vez te vas a pelear con alguien? ¿Tan temprano? —el Exceed suspiró—. ¿Debo llevar algunas vendas en caso de que te den una paliza?
Pero sólo recibió un portazo como respuesta. Gajeel ya se había ido. Pantherlily volvió a suspirar.
—Llevaré el botiquín…
-o-o-o-
—¡Ese pervertido! De seguro hizo todo esto para divertirse y burlarse de mí. Si le dice a alguien alguna estupidez estando en mi cuerpo, mi vida quedará arruinada.
Levy corría hacia, en realidad no sabía hacia dónde, sólo corría. Sabía que Gajeel vivía cerca del parque de Magnolia, así que se dirigió al norte. Llegó hasta Fairy Tail, deteniéndose frente a la gran puerta de madera. Miró a través de una ranura, donde por suerte, lograba divisar a los miembros ya presentes. Buscó por todos lados, buscando una peli azul. Pero sólo pudo distinguir a Juvia y a Wendy, que ya habían llegado al gremio.
—No está aquí —se dijo—. ¿Entonces? —pensó durante un momento—. ¡Fairy Hills! ¡Oh no! Si las demás se enteran…
Volvió a acelerar el paso, con dirección a los dormitorios.
-o-o-o-
Gajeel seguía pálido. No comprendía lo que estaba pasando. ¿Por qué? ¿Cómo? ¿Qué demonios? Eran las preguntas que inundaban su cabeza. Se hallaba sentado sobre una cama que no era suya. En una habitación que no era suya. Rodeado de cosas que no eran suyas. Y sobre todo, estaba en un cuerpo que no era suyo. Permaneció inmóvil sobre aquel suave colchón. Su mente estaba en blanco. No sabía qué hacer. Y ahora estaban también todas esas locas. ¿Qué tal si alguna de ellas se enteraba de lo que sucedía? O peor aún, ¿qué tal si ya lo sabían? Tragó saliva. Normalmente arreglaba los problemas con los puños. Pero nunca antes había estado en una situación de este calibre.
—¿Qué carajo hago ahora? —lo meditó durante un momento—. Si estoy en el cuerpo de la enana, ella debe de estar en el mío. Tengo que encontrarla, digo, ¿encontrarme? ¡Bah! ¡Lo que sea! Debo salir de aquí.
Se acercó al marco de la ventana, y cuando estaba a punto de irse, un sonido conocido lo detuvo.
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La McGarden tocaba con todas sus fuerzas frente a la entrada de Fairy Hills. Después de un par de minutos que le parecieron infinitos, una pelirroja apareció abriendo la puerta.
—¿Qué ocurre? —cuestionó somnolienta restregándose un ojo con la mano.
Vestía un pijama conformada por un short y una blusa de tirantes de color azul claro. Estaba descalza, parecía que acababa de despertarse.
—¿Gajeel? —inquirió reconociendo al Dragon Slayer—. ¿Qué haces aquí?
—Buenos días Erza —Titania se sorprendió por su extraña amabilidad—. ¿Sabes dónde está Ga…? Quiero decir, ¿sabes dónde está Levy?
—¿Levy? No lo sé. Me acabo de levantar. Tal vez siga en su habitación.
—¡Tú! —una voz proveniente del piso superior interrumpió la conversación—. ¡No te muevas, maldita!
La Scarlet arqueó una ceja.
—Genial —dijo con sarcasmo—. Apenas me despierto y ya van a pelear. Allá ustedes —y desapareció en el pasillo.
Poco después apareció una peli azul furiosa, caminando nada femeninamente y empujó con brusquedad a la pelirroja que regresaba a su habitación.
—¡A un lado, Titania! —le espetó.
Erza volvió a arquear la ceja. ¿Desde cuándo la llamaba Titania?
—Qué genio. Es verdad que sólo Gajeel puede hacer que se comporte de esa manera —pensó mirándola caminar iracunda—. En fin —se encogió de hombros—, volveré a dormir —y se perdió en las escaleras.
Levy llegó por fin a la entrada.
—¡Tú! ¡Enana, ¿qué me hiciste?! ¡¿Qué son éstos?! —dijo sujetándose los pechos con ambas manos.
—¡Kyaaaa! ¡No hagas eso! —le gritó Levy bajando los brazos de ella de aquel lugar.
Inmediatamente miró hacia todos lados, asegurándose que nadie había visto aquella vergonzosa escena.
—¡Pervertido! —le gritó.
—¿Qué? ¡Olvídate de eso! ¡¿Qué me hiciste?! —inquirió más fuerte.
—¿Yo qué te hice? —cuestionó escéptica por sus palabras—. ¡Mira quién habla!
—¡¿Qué diablos haces en mi cuer-?!
Levy le tapó la boca con una mano.
—¡Cállate! ¡No podemos hablar de esto aquí!
Se jaló a sí misma hacia la parte trasera de los dormitorios.
—Parece que estamos solos —y Levy dejó que el Redfox terminara su pregunta.
—¡¿Qué diablos haces en mi cuerpo?!
—¿Qué hago en tu cuerpo? —repitió—. ¡¿Tú qué haces en el mío?!
—¡Y yo qué sé! ¡Me desperté y ya estaba así! ¡Explícame que está sucediendo!
—Tú deberías saberlo, señor malteada de fresa.
—¿Qué?
—No te hagas el tonto, Gajeel. ¿O debería decirte, Levy? Gracias a tu broma con tu querida malteada, terminé así.
—¿De qué demonios hablas? —preguntó él confundido.
—¡De la malteada de fresa que me mandaste ayer! ¡Y que por desgracia, me tomé!
—¡¿Cuál malteada de fresa?! ¡Yo no te mandé nada!
—¿Eh? —la McGarden se desconcertó—. ¿Entonces fue Lily?
—¿Qué? —Gajeel frunció el ceño—. No sé de qué rayos estás hablando. Ni Lily ni yo te mandamos ninguna maldita malteada.
Levy se quedó quieta, comprendiendo quién había sido la responsable, mientras el mago aún se quejaba por lo que sucedía.
—¡¿Por qué estoy en tu cuerpo?! ¡¿Y por qué estás en el mío?! Recuerdo que ayer sólo estaba en el gremio bebiendo con tranquilidad una cerve-… —se detuvo, dándose cuenta también.
Ambos se miraron con duda.
—Mirajane —dijeron al mismo tiempo.
El peli azul hizo rechinar los dientes.
—¡Esa maldita camarera se las verá conmigo! —aclaró tronándose los nudillos.
—¿Y qué se supone que le harás siendo yo?
Gajeel miró hacia abajo, viendo su nuevo cuerpo.
—Mierda —soltó—. ¿Por qué tienes que hacer tan enana?
—¡No es momento para eso! Tenemos que hacer algo.
—¿Hacer qué? Sabes que la única que puede respondernos es esa maldita y loca maga.
—Por más que lo deteste, estoy de acuerdo contigo —confesó Levy—. Y sí, te apoyo en que está loca. Pero lo que quiero saber es por qué lo hizo.
—¡Pues vamos a averiguarlo!
Y comenzó a caminar en dirección al gremio.
—¿Planeas irte en pijama? —preguntó incrédula—. ¡Ponte por lo menos un brassier! ¡Yo me vestí con tu tonta túnica!
—Sí, y te la pusiste al revés —dijo haciendo que la pelinegra se ruborizara—. ¡Y no pienso tocar tu asquerosa ropa interior!
—¡¿Asquerosa?! —exclamó ella ofendida—. ¡Está cien veces más limpia que la tuya!
El Redfox sólo la ignoró. Lo siguió por detrás a regañadientes. Después de algunos minutos llegaron a Fairy Tail. Levy abrió de un portazo ante la mirada sorprendida de los que ya estaban presentes.
—No hagas ninguna escena —le murmuró la McGarden al oído—. Nadie debe enterarse de lo que sucede.
—Ya sé, ya sé.
Ambos caminaron hasta la barra. Los demás los observaron expectantes. Era poco común ver llegar a esos dos juntos. Y era aún menos común que Levy llegara en pijama, sin la bandana que recogía su cabello y con unas pequeñas pantuflas.
—¿Levy? —cuestionaron Jet y Droy desde un extremo.
Pero ella no les hizo caso y siguió caminando. Gajeel la siguió por detrás tratando de actuar normal. Una peliblanca apareció a través de la puerta que daba a un almacén. Levy y Gajeel la tomaron por ambos brazos, arrastrándola de nuevo al mismo lugar.
—Oh, oh —murmuró Lucy, que yacía sentada en una mesa—. Parece que Mira-chan volvió a liarla.
Después de que desaparecieran, el resto del gremio volvió a sus asuntos.
—Tú, maldita camarera —habló el peli azul—. Regrésanos a la normalidad.
—Vaya, vaya —murmuró Mirajane con una sonrisa—. Parece que alguien se levantó con el pie izquierdo.
—Me levanté con mucho más que un pie izquierdo —aclaró con furia—. ¡¿Qué nos hiciste?!
—Tranquilízate ya —le dijo Levy con calma—. Mira-chan, ¿qué nos has hecho?
—Qué extraño —dijo aún con su sonrisa—. ¿Una Levy malhumorada y un Gajeel amable? Esto sí que es inusual.
—¡Sabes a la perfección que estamos en el cuerpo del otro! —exclamó el peli azul con frustración.
—¿Qué? —la Strauss fingió sorpresa—. ¿Cómo es eso posible?
—Dínoslo tú —intervino la McGarden—. ¿Malteada de fresa? —inquirió.
—¿De qué hablas? —preguntó la oji azul con inocencia.
—¡No te hagas la idiota! —Gajeel trató de tomarla por el vestido, en vano—. Maldición. Este cuerpo es realmente enano.
—¡Deja de criticarme! —le gritó la pelinegra.
—¡Olvídalo! ¡Tú! —apuntó a Mirajane con un dedo—. Regrésanos a la normalidad. Ahora.
—¿Yo? Pero si yo no he hecho nada.
—Mira… —le habló Levy con reproche—. ¿Por qué? —volvió a preguntar.
—Bueno, un pajarito me dijo que no se estaban llevando muy bien últimamente.
—¿Un pajarito? —cuestionó el Redfox frunciendo el ceño—. Debes estar loca, los pájaros no hablan.
Levy se golpeó la frente con una mano.
—¡Ese no es el punto! Mira, ¿qué quieres decir con eso?
—Puede que sea hora de que empiecen a llevarse un poco mejor —dijo reemplazando su sonrisa por un rostro serio y aterrador—. Ahora si me permiten… —los hizo a un lado, dispuesta a regresar a su trabajo.
—¡Espera! —la McGarden se paró frente a ella deteniéndola—. ¿Qué hacemos para regresar a la normalidad?
—Quién sabe —Mirajane recuperó su sonrisa—. Tal vez llevándose bien logren algo.
—Claro, ¿quién puede discutir con esa lógica de mierda? —se quejó el peli azul.
—¿Y sólo si hacemos eso regresaremos a nuestros cuerpos? —siguió Levy.
—Posiblemente…quizás no —dijo la peliblanca.
—¡¿Qué?! ¿Como que quizás no? —Gajeel apretó los dientes.
—Sí —dijo la Strauss—. Tal vez haya una solución diferente.
—Maldita seas —el peli azul la fulminó con la mirada—. Ahora tú también eres parte del problema. En cuanto vuelva a ser yo, juro que te mataré.
—Si es que vuelves a ser tú —ella la miró alegre.
—¿Si es que vuelves…? —repitió la McGarden—. ¿A qué te refieres, Mira?
—Tal vez ya no puedan deshacer el hechizo. Entonces se quedarán así para siempre.
Para siempre. Retumbó en las mentes de ambos. Los dos palidecieron.
—Entonces, ¿debería empezar a llamarlos Gajeel McGarden y Levy Redfox? —comentó divertida.
Les dio la espalda y salió por la puerta, dejando plantados a los magos que la observaban con los ojos como platos.
¿Qué tal? No sé ustedes, pero es la primera vez en toda mi vida que puedo decir que me gustó todo lo que escribí en el capítulo. Mirajane es una demonio n_n xD. Veremos qué tal se ponen las cosas en lo que viene, que ya les tengo planeados un montonal de problemas (buahaha, sí, soy tan mala como Mirajane).
Y bueno, sé que usé mucho las cursivas, pero fue para resaltar los hechos. De ahora en adelante, espero que no sea complicado. Cada vez que los llame por su nombre (Levy, Gajeel, la McGarden, el Redfox) sabrán que serán ellos pero se lo imaginarán en el cuerpo del otro. Espero que esto quede claro, cualquier cosa, díganme. ¿Reviews por favor? C:
