DISCLAIMER: Los personajes no son míos. Son de la grandísima J.K. Rowling que tan buena es al prestárnoslo. Los drabbles si son míos y mi ejército de inferis atacará a cualquiera que se atreva a robarlos.
GENERO: Romance.
PAREJA: Sirius Black / Bellatrix Lestrange.
RATING: M
N/A: Siempre me ha gustado mucho esta relación. Creo que son dos personajes con mucha fuerza y, aunque realmente Bella es ocho años mayor, me gusta saltarme la línea temporal para hacer esto posible. Espero que disfrutéis tanto al leerlo como yo al escribirlo.


TODAS LAS NOCHES IGUAL


Desde la habitación de Bella hasta la de Sirius había apenas cinco metros. Cinco metros que Bella recorría cada noche, a eso de las cuatro de la madrugada, para estar con su primo. Y esa noche no iba a ser diferente. La puerta crujió levemente al abrirse y ella supo que Sirius le había oído, aunque no se movió. Caminó sigilosamente hasta su cama y se tumbó junto a él.

Al principio, no se tocaban. Esperaban unos minutos en silencio y entonces Bella comenzaba a acariciar el pecho desnudo de Sirius. Él metía la mano por debajo de la camiseta de ella y le rozaba apenas con la yema de los dedos. Se miraban a los ojos y entonces se besaban. Despacio, tranquilo, calmado. Sirius la agarraba por la cintura y la montaba a horcajadas. Le quitaba la camiseta casi con devoción. Le acariciaba los pechos mientras se seguían besando y se quitaban la ropa, buscando mas piel desnuda. Poco a poco, daban vueltas por la cama y el ritmo iba aumentando.

Bellatrix le marcaba el cuello con mordiscos y la espalda con arañazos. Presionaba su cuerpo contra el de él y acallaba sus gemidos con besos. Se tocaban ansiosos y, a veces, incluso se hacían daño. Y entonces, de repente, Sirius metía su mano bajo la ropa interior de su prima y la avisaba de lo que venía. Se quedaban completamente desnudos y hacían el amor. Sirius embestía una vez y otra y otra. De vez en cuando, Bella tenía que ahogar un grito y le hacía sangre con las uñas.

Cuando todo acababa, Sirius caía exhausto sobre ella y le besaba dulcemente el cuello, los hombros y, finalmente, los labios. Se abrazaban durante un tiempo más o menos largo y entonces Bella se vestía y se iba a su habitación. Todas las noches igual.

La habitación de Sirius olía a sexo. Sus sábanas estaban sucias y su ropa nunca estaba donde debía estar. Walburga muchas veces encontraba sus calzoncillos tirados por el suelo, quizás el pantalón del pijama sobre el escritorio y, más de una vez, aunque no se lo dijera a nadie, había encontrado la ropa interior de Bella bajo la almohada de su hijo. También veía las miradas que se lanzaban en el desayuno y ese mordisco en el cuello que Sirius intentaba esconder. Notaba como su sobrina se relamía cuando se cruzaban en el pasillo. Pero callaba, siempre callaba.

A fin de cuentas, quizás Bella podría traerle a su hijo de vuelta.