Años Después
Corría con todas sus fuerzas en una parte del bosque que le parecía vagamente familiar, a pesar de ser un Hanyou muy rápido apenas y podía escapar de su persecutor. Había sido descuidado y una flecha lo había herido levemente en su pierna izquierda. No era una herida grave, pero era, seguramente, lo que el cazador quería.
Era suficiente para retrasarlo y para ser atrapado. El hombre mitad bestia no podía darse el lujo de tan siquiera disminuir la velocidad un poco o este sería su fin. Inuyasha estaba más que acostumbrado a escapar de los cazadores. Correr por su vida era un sentimiento familiar, pero desde que le pusieron precio a su cabeza todo se había vuelto más difícil, sobrevivir en este mundo que lo rechazaba se había vuelto más difícil.
De reojo volteó hacia atrás solo para darse cuenta que la distancia se cerraba rápidamente entre el y el cazarrecompensas. Estos malditos de la ciudad imperial, seguro jamás lo dejarían en paz, él reconocería ese uniforme negro y dorado donde fuera. Los cazadores montaban caballos, rápidos y fuertes para asegurar así una rapidez que sus víctimas probablemente no podrían superar, y para impedir que su identidad fuera descubierta, cada cazador usaba telas en el rostro y una capucha en la cabeza, así que era imposible ver algo que no fueran sus ojos, llenos de odio y determinación.
Demonios! maldijo Inuyasha, su pierna herida le estaba dando una clara desventaja y el cazador se acercaba. Pero el era un Hanyou, era fuerte, tenía una velocidad inhumana y había salido de peores situaciones, no podía ser que una tan sola persona le estuviera dando problemas ahora. Si no fuera por esa herida en su pierna...Estaba tan medido en sus propios pensamientos que no notó que una pequeña ardilla se metió en su camino. Maldición! El chico perdió el equilibrio y rodó directamente hacia el suelo. El cazador no perdió esa oportunidad y no dudó en saltar rápidamente para lanzarse sobre su presa. Oh la recompensa era suya.
Inuyasha luchó para soltarse del agarre de su enemigo pero al parecer este era fuerte, o quizá solo lo estaba consumiendo el pánico, aunque había huido muchas veces nunca se había encontrado en una situación como esta. Como pudo empujó de lado al cazador y aprovechó la oportunidad para ponerse de pie y correr. Pero no iba a ser tan fácil, Inuyasha fue tomado por las piernas haciéndolo tropezar de nuevo, el agarre de su contrincante era duro, pero Inuyasha también era fuerte y siguió luchando. El chico lanzó un golpe hacia la cabeza del cazador, el impacto del golpe hizo que el las telas que cubría su rostro y protegían la identidad de este salieran volando.
Lo primero que vio Inuyasha fueron unos largos cabellos azabaches que caían sobre los hombros del cazador. Pero no. No era un cazador, era un chica quien apretaba la mano sobre su mejilla para reducir el dolor del golpe, poco a poco sus miradas se encontraron y la rabia que estas reflejaban antes se convirtió en sorpresa.
-Inuyasha!
-K..Kagome….-dijo él, sin aliento. Kagome, su amiga...estaba enfrente de él y se había convertido en la única cosa que ella juró jamás se convertiría. -¿Cómo terminaste así? -él le preguntó.
Siete años atrás
Un joven mitad bestia se encontraba perdido y sin esperanza alguna tras la repentina muerte de su madre, el pobre niño de apenas diez años de edad caminaba en un solitario bosque sin rumbo alguno acompañado solo por la luz de la luna y las estrellas. Su madre era su protectora y ahora que se había ido, se encontraba completamente solo. El imperio rechazaba por completo a los "fenómenos" como el, los buscaban para cazarlos y una vez en sus terribles manos hacían lo que quisieran con ellos, sin importar quienes fueran, sin importar de donde venían, si no eras un humano puro o un Youkai puro, no tenías oportunidad. Si duda había nacido en un mundo que no era el correcto para el. Así que haber sobrevivido tanto tiempo había sido un logro para Inuyasha e Izayoi, Inuyasha estaba consiente de eso, de que el tiempo que habían tenido había sido demasiado generoso para un Hanyou como el...pero ahora su madre, su protectora y la única persona que se había preocupado por él, se había ido y él estaba completamente solo.
-Quizá en otros tiempos, podríamos haber sido felices. Quiza en algun lugar podríamos haber estado seguros, y juntos. -había escuchado a su madre decir una vez, entre sollozos. No parecía hablarle a él o a nadie, pero su mirada se había encontrado fija en el cielo e Inuyasha tenía la sospecha que ella había estado hablando con su padre...A quien nunca conoció y quien nunca supo siquiera de su existencia.
Unos cuantos días tristes y solitarios habían pasado desde la muerte de Izayoi e Inuyasha tuvo que arreglárselas solo y comenzó a hacerse la idea que de ahora en adelante así iban a ser todos los días de su vida, tenía que aprender a vivir por su cuenta.
En silencio, en secreto tenía esperanzas, no sabía ni siquiera de qué pero aunque pareciera completamente imposible ahora, Inuyasha esperaba que todo pudiera mejorar para él, de alguna forma pero...qué derecho tenían los híbridos para soñar?
Quizá la diosa Midoriko se apiadó de él, ya que después de un rato de caminar en ese desconocido bosque encontró una pequeña pequeña cabaña escondida y al parecer abandonada ya que esta estaba completamente oscura. El pequeño le agradeció a los cielos cosa que rara vez hacía, y se aproximó a la cabaña. La puerta se encontraba abierta, sin ningún candado, por lo que se le hizo muy fácil entrar. No había luz que lo ayudara a ver en esa oscuridad, lo cual era algo de esperarse de una cabaña oculta y antigua como esa, aunque se le dificultaba un poco ver no le importó. Cerró la puerta a sus espaldas y se sentó en el piso, al fin podría relajarse un momento, sin preocuparse de que huir de cazadores o de horribles demonios que aparecen en plena oscuridad en bosques como esos. Inuyasha respiró profundo y cerró los ojos, sintió como sus preocupaciones se desvanecían poco a poco al ya no estar rodeado de peligro. Pasaron minutos, quizá un par de horas, Inuyasha no se había movido de su posición a pesar de no ser muy cómoda. Existe un punto entre estar dormido y despierto al mismo tiempo. Inuyasha se encontraba en ese punto cuando escuchó pasos. Pasos y voces que venían de lo lejos, no había que pensar demasiado para darse cuenta de se dirigían hacia la cabaña, era el único lugar al que alguien se dirigiría, el bosque era peligroso y este era el único lugar que podría brindar refugio en un bosque sin piedad como ese.
Las voces se escuchaban cada vez más cerca, por un momento Inuyasha pensó "Acaso me habré metido en las garras del enemigo?" por qué ahora que no tenía aliados, todo el mundo era su enemigo.
Trataron de abrir la puerta del otro lado, pero Inuyasha entró en pánico e hizo fuerza con su cuerpo para impedir que la puerta fuera abierta. "Pero que..?" escuchó decir al otro lado. Ya no había vuelta atrás. El chico siguió tratando de impedir que la puerta fuera abierta, pero aún era pequeño, así que pudieron con el. La luz de una candela iluminó la cabaña y el chico aterrado y aun en el piso pudo distinguir a cuatro personas, una mujer mayor, un anciano, un niño aún menor que él y una niña, quizá más o menos de su edad.
Todos miraron a Inuyasha sorprendidos, probablemente nunca habían tenido un huésped no invitado como el. Después de un silencio que pareció eterno para Inuyasha la señora comenzó a hablar, y él estaba seguro que solo habían dos opciones, uno, lo iban a echar de la cabaña sin piedad, después de todo no era su obligación aceptarlo. Y dos, lo entregarían al imperio de los humanos y probablemente les darían una recompensa decente por eso. Pero Inuyasha no iba a esperar a que eso pasara, no podía confiar en esas personas, sus instintos le decían que solo había una opción. Huir. Se puso de pie listo para correr pero algo lo detuvo.
La señora le dedicó una cálida sonrisa a Inuyasha antes de comenzar a hablar, ella le preguntó amablemente a Inuyasha quien era y qué hacía ahí, le resultó muy difícil dudar de ella, su sonrisa y amabilidad, le recordaban a su madre, nadie a parte de ella había sido amable con el. Inuyasha no les contó a esas personas toda su historia, resumió todo a un simple "Mi nombre es Inuyasha, no tengo donde pasar la noche." Cuando preguntaron por sus padres no hizo más que guardar silencio y bajar la mirada.
-Bueno, Inuyasha, estás más que bienvenido a pasar aquí por el tiempo que te haga falta, puedes contar con nosotros.
Parecían buenas personas de verdad. El no quería incomodarlos, y se preguntó cómo tantas personas vivían en una cabaña tan pequeña, la familia le explicó que ellos no estaban de acuerdo con las reglas y los prejuicios del imperio por lo que habían decidido vivir en un lugar apartado. A Inuyasha le pareció extraño, un poco estúpido quizá...es decir ellos eran humanos! No tenían que temer de nada, ni esconderse de nadie ya que no eran odiados y perseguidos. Podrían haber estado viviendo lujosamente en la ciudad imperial, pero habían decidido no hacerlo porque "no estaban de acuerdo". Había decidido oponerse a las reglas y poner sus vidas en peligro al hacerlo...que personas mas raras...
-Nos encontramos fuera de su mandato, no pueden controlarnos. Si nos encuentran, probablemente nos matan, somos tan fugitivos como tu.
-Kagome! No seas irrespetuosa con nuestro invitado.
-Lo siento… -se disculpó la pequeña niña haciendo un pequeño puchero.
Inuyasha estaba asombrado, nunca nadie lo había tratado como una persona normal, como un invitado. Decidió que el tiempo que se quedara ahí iba a ayudar a esa familia lo más que pudiera. Claro, no es que un pequeño mitad bestia pudiera ayudar en mucho, pero los iba a proteger, el bosque estaba lleno de peligros, se preguntó cómo sobrevivieron tanto tiempo. Aun así, se haría fuerte, cada día iba a entrenar y se volvería fuerte.
No pasó mucho tiempo para que Inuyasha se ganara la confianza y el cariño de toda la familia, aunque no lo dijera en voz alta y no lo demostrara, le encantaba escuchar las historias del abuelo sobre el tiempo que los dioses y los demonios reinaban la tierra. Le gustaba el brillo lleno de admiración en los ojos que aparecía en el chiquillo llamado Souta al verlo entrenar mientras decía "algún día quiero ser tan fuerte como tu!". Pero sobre todo, y lo que menos admitiría en voz alta, le encantaba pasar el tiempo con esa niña...que con el tiempo se había vuelto su mejor amiga, Kagome, ella era increíble. Ella tenía opiniones demasiado fuertes para alguien de su edad, creía en lo que era justo y no discriminaba a nadie, Ni Hanyou, ni humano, ni Youkai, quizá por eso se volvió tan cercana a Inuyasha. Los dos eran bastante diferentes pero tenían mucho en común y mientras el tiempo pasaba, su amistad crecía mas y mas.
Todo parecía perfecto, iban de cacería juntos casi todos los días, Inuyasha les ayudaba en todo lo que podía, además entrenaba todos los días como se lo había propuesto. De noche después de cenar Kagome y él iban a pasar tiempo juntos a un pequeño lago que se encontraba cerca. Jugaban, reían, hablaban o aveces solo se sentaban en silencio, disfrutando la compañía del otro y esperando que esos días felices durarán por siempre
Pasaron uno...dos...tres...cuatro años. Cuatro pacíficos y alegres años juntos, pero un dia de la nada y sin razón alguna, Inuyasha no regresó, y la familia Higurashi jamás supo por qué.
Y ahora después de tres años, Kagome se encontraba de nuevo en frente de él. Pero esta no era la niña con quien había compartido tantas cosas todos esos años atrás. No, esta chica usaba un uniforme de la ciudad imperial, había perseguido a Inuyasha...cazaba a más como él y ahora su rostro mostraba tristeza y vergüenza y Kagome evitaba su mirada.
Mientras tanto, en un lugar no muy lejos.
-Maldición, tonto! Me hubieras dicho que tú también eras material de circo! Jamás debí de haberme involucrado con tigo! –decía una chica de cabellos cortos mientras corría por su vida junto con una chica de cabellos rojos seguidos de un panda.
-Ha! No es como si yo hubiera querido involucrarme contigo! Además de haberte dicho antes me hubieras entregado!
-Y por tu culpa ahora me persiguen a mi también!
-Sabes, Akane – dijo la chica de cabello rojo. -puedes gritarme después pero ahora tenemos que correr si queremos vivir!
-Esta bien, pero aunque escapemos, no te garantizo que vayas a vivir…
Hola y bienvenidos a una nueva historia! ( quienes fueron rebeldes y se saltaron el prólogo y a los que no, hola de nuevo!) espero que este primer capítulo les haya gustado. No dice mucho pero es solo el inicio de una historia que ha estado en mi mente por mucho tiempo pero que solo me anime a escribir gracias a mi hermana (me mata si no la menciono aquí…) La verdad el primer capitulo lo subi y borre hace mucho tiempo, esta vez ya viene editado y mejor hecho, creo yo.
Bueno en fin, esto va a ser un crossover de cuatro de las historias de Rumiko Takahashi; Inuyasha que vendría siendo la principal, Ranma1/2, Kyoukai no Rinne y Urusei Yatsura.
No esta puesta bajo la categoría de crossover ya que ff solo te deja poner dos categorías y de todas formas creo que vendria siendo mas Inuyasha, pero aun asi sigue siendo crossover.
Decidimos ponerle el nombre "The Deviant Hearts" por una canción de la banda Phantasma ya que inspiró en gran parte la trama y creo que representa la esencia de lo que estamos tratando de representar en esta fanfic y bueno, simplemente super recomiendo esta canción que la escuchen y el album completo de paso. Otra canción que influenció mucho este fic al principio cuando todavía era una idea bebe fue tambien "Our Destiny" de Epica y por mucho tiempo la historia iba a ser llamada así hasta que nos decidimos por The Deviant Hearts.
Una cosa mas, les invito a que vayan a visitar esta historia a Wattpad ya que tiene una portada original dibujada por mi, al igual que Symphony que tiene una portada solo para wattpad y dibujos y musica de la historia. ( /florabellas)
Y bueno, eso es todo por hoy, por cierto si aún no ha leído mi otra fanfic Symphony of Oblivion, les invito a que entren a mi perfil y la lean... y a la próxima en esta se nos viene Ranma! :D
