Capítulo 2
Veintiun años después...
No podía creer lo que estaba escuchando, acaso su prima Rei se había vuelto loca, siempre había sabido que su belleza la haría llegar lejos, ya que cada vez que estaba en las grandes fiestas de sus amigos de alta sociedad no dejaban de mirarla, pues decían que tenía una belleza sin igual... su larga cabellera oscura y sus ojos color violeta, su cuerpo de una esbeltez envidiable, la hacían la mujer perfecta y la más odiada también; por eso no entendía lo que le estaba diciendo, hace algunos años le había confesado estar enamorada del Conde Yamada y ahora resulta que se casaba con alguien más.
-¿De verdad piensas casarte con un sujeto que acabas de conocer hace un mes?
-Eso es lo mejor Serena, es el hombre perfecto... es rico, guapo, orgulloso y fuerte-diciendo no tan segura.
-Pero siempre has querido casarte con alguien de la nobleza ¿ese sujeto lo es?
-No, pero es él o el Conde Yamada, que es un débil... y prefiero alguien como Darien Chiba.
-Si tú lo dices... ¿qué dice la tía Neherenia de todo esto?-por algún motivo no le creía a su prima, que era una romántica empedernida.
-Pues que voy a decir... ese millonario es el partido perfecto, para sacarnos de esta miseria ¿no tienes nada que hacer Serena?
-Si tía Neherenia, ya casi termino con mis obligaciones-acercándose a la puerta para salir.
-Te recuerdo que no soy tu tía cuando tenemos visita, sino Sra. Dark Moon
-Si señora...la cena estará lista para cuando el invitado llegue.
-No me decepciones Serena, esta será la prueba para dejarte en libertad.
Desde la sala de su departamento, estaba emocionado por lo que se aproximaba, su boda con la hermosa Rei Hino-Dark Moon; sin embargo los rumores acerca de ella y su familia le estaban dando cierta duda por lo que armó el plan perfecto, deseaba tanto creer en ella, que ponerla a prueba era lo ideal para saber si podía confiar en la mujer más hermosa que sus ojos habían visto. Cada vez que la veía no deseaba otra cosa que meterla en su cama... no quería creer en los rumores acerca de ser una cazafortunas y que sería la salvación de su familia sumida en la ruina ¿acaso estaba haciendo algo malo al comprobarlo? Él sentía que no, no había contrato prematrimonial, por eso simplemente quería asegurarse de que no fuera cierto.
-¿Estás seguro de lo que piensas hacer? No quiero que te lleves una decepción amigo mío.
-Ya verás que no Andrew, ella se casará conmigo sea pobre o rico-terminando de atarse la corbata.
-Si tú lo dices... le dirás que no eres un simple millonario, sino su alteza real el Príncipe Darien Endymion Shields Chiba de Ilusión.
-Eso se lo diré después... ahora te dejo que iré a cenar con mi futura esposa.
Cuando el gallardo Darien Chiba llegó a la mansión, pudo observar que estaba decorada con gran esplendor sólo para él, al abrirle la puerta pudo observar a una joven de anteojos con larga cabellera rubia y con lo que creía ser un color muy peculiar de ojos.
-Buenas noches señor Chiba, la señorita bajará en unos minutos, por favor acompáñeme a la sala.
-Por supuesto- viéndola detenidamente, observando cómo le servía un vaso de cognac, caía en cuenta de que la manera de moverse era delicada, femenina y con clase, algo raro teniendo en cuenta que era de la servidumbre- ¿tardará mucho?- viendo como la joven le entregaba el vaso.
-Ya estoy aquí... puedes retirarte Serena-viendo como hacía una reverencia- ¿me extrañaste?
-¿Tú que crees?-dándole un beso en los labios que ella respondió con frialdad- Antes de ir a cenar hay algo importante que tengo que decirte.
-Me lo dirás después... ahora vamos a cenar-guiándolo al comedor- porque muero de hambre.
La mesa estaba decorada con un enorme mantel color negro con hilos plata, la vajilla era de porcelana fina con decorados en tonalidades rojas y la platería brillaba en todo su esplendor, podía ver su reflejo en ellos. Al centro de la mesa había un gran arreglo floral que tenía rosas blancas, azucenas y jazmines, dándole al lugar un aroma embriagador.
Pasada la cena, no cabía duda que la cocinera era excelente, podía competir con los mejores chefs del mundo, los sabores de cada platillo eran exquisitos, como si los mismos dioses lo hubieran hecho; cada vez que se metía un bocado sus sentidos se intensificaban de tal manera que sentía una explosión por todo el cuerpo.
-Mis felicitaciones al chef, todo quedó excelente, principalmente el postre, no pensé que las flores pudieran comerse.
-Muchas gracias querido, yo misma felicitaré a Serena.
En la cocina, no dejaban de hablar de lo buena que estaba la cena, Luna la ama de llaves decía que ella no era para servir una casa, sino para que le sirvieran. La manera de cocinar de Serena era algo que nadie podía entender, era como si la naturaleza misma de la cocina y ella se comunicaran de alguna forma, todos en la casa decían que era la bruja cocinera.
-Lo hiciste excelente Serena, el señor Chiba está fascinado... dice que jamás había probado algo tan delicioso, deberías de verle la cara, parecía estupefacto con todo.
-Ojalá sirva para que tía Neherenia me deje ir... ya no soporto estar aquí- picando la fruta que tenía en su plato.
-Dentro de ti bien sabes que no te dejará ir... por eso en cuanto la señorita se vaya rumbo a la iglesia, tú deberías aprovechar para escapar, no dejes que te lastime de nuevo.
-Lo he pensado seriamente, pero no tengo a donde ir, jamás he salido más allá de los límites de esta ciudad, con trabajos conozco el parque no. 10.. si me encuentra será peor y podría hacerles algo, no quiero ser responsable de eso-levantándose de la mesa para mirar a través de la ventana.
-Por Artemis y por mí no te preocupes, lo único que podría hacer es despedirnos y al final sería lo mejor... sin ti aquí ya no tenemos nada que hacer.
-Entonces... sólo queda una cosa por hacer-viendo la expectativa en sus amigos- esperar que Rei se case.
